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Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

De acuerdo con las reglas del juego impuestas por la partidocracia, en materia electoral palo dado ni dios lo quita. Enrique Peña Nieto es presidente y no hay vuelta de hoja, por más que se compruebe a toro pasado que para asumirse triunfador de la elección presidencial del 2012, incurriera en falta al excederse en 12 veces el gasto de campaña autorizado. Con el estoque adentro sólo queda la satisfacción de que, en su oportunidad ante lo evidente una mayoría contestataria pusiera el grito en el cielo dándose por robada frente al fraude percibido.

Así que ni llorar es bueno. Sólo queda ante “el fraude”, ahora comprobado, del entonces candidato del PRI a la presidencia de la república, reconocer que de acuerdo a las reglas del juego vigentes su mandato es legal; pero no por ello es legítimo y, por tanto, obligado está el Sr. Peña a ganarse la confianza ciudadana con un buen desempeño.

Lo que obviamente no está haciendo al obtener en el corto tiempo de su gestión más rechazo que aceptación al imponer reformas legislativas presuntamente estructurales que, a más de impopulares, no están incidiendo positivamente en mejorías tanto en el orden económico como en un deteriorado tejido social dominado por la desigualdad, pobreza, inseguridad, corrupción y barruntos de gobernanza fallida.

Peor aún, la ilegitimidad de su mandato polariza a los mexicanos;  dividiéndoles más que acercarlos a un principio de unidad y consenso en torno a instituciones republicanas y políticas públicas, con el propósito de  impulsar crecimiento y desarrollo para salir del bache del subdesarrollo. En este escenario, las reformas aprobadas no aterrizan, perdiéndose oportunidad e ímpetus iniciales ahora reducidos a manido discurso reiterativo y ruido mediático que aleja más que acercar a la ciudadanía.

El lastre del subdesarrollo.

Tras cada traspiés legislativo y reforma planteada y aprobada, surge la necesidad de muchas más que den viabilidad a las primeras, mientras el país entero espera resultados que ni por asomo llegan.  Si bien no se le puede ni debe regatear sus hasta ahora exitosos logros en el combate a los varones de la delincuencia, éstos no son suficientes para tranquilizar el ánimo de la ciudadanía; descontento y hartazgo ya pesan más que los aún efímeros  resultados cortoplacistas del Sr. Peña.

El histórico rezago estructural se impone al ambicioso proyecto de modernización y consolidación neoliberal del mandato de un Peña Nieto  enfrentado  -parafraseando  a Vicente Fox-, hoy, hoy a la amarga realidad de patos por doquier disparándoles a las escopetas. El libre mercado como paradigma de su gobierno, no resuelve por sí lo que el lastre del subdesarrollo dependiente construye en el día a día de la pobreza y desigualdad, antes al contrario, lo agudiza.  A mayor valor de la riqueza producida, mayor en México es su concentración en pocas manos,  fórmula que traduciéndose en una  también mayor indefensión económica y social de un pueblo postrado y expoliado, hace nugatorias las reformas presuntamente estructurales por muy ambiciosas que estas sean.

Estado de derecho.

Para fortuna del PRI y sus micro satélites, la oposición perdida en sus propias contradicciones internas, dividida y confrontada en torno a las rebanadas del pastel que las reglas del juego le asignan, carece de fuerza, voluntad y autoridad moral y política para afrontar con energía lo que, en otros países medianamente civilizados sería motivo para desconocer el mandato presidencial. El excederse  en más de cuatro mil millones de pesos en gastos de campaña, además de ruin y escandaloso,  rompe con los principios de equidad,  legalidad y certeza de una elección presuntamente democrática. Con ello, el Estado de derecho se vulnera y hace de la impunidad regla de oro para un país sin ley.

Pero estamos en México. La ley es tan elástica como el titular del poder ejecutivo federal quiera y convenga. A estas alturas, Peña Nieto con el sartén por el mango, hace lo propio. Como también está en sus manos, sin oposición al frente, el ofertar a México en el tianguis internacional del capital. Está en su derecho, visto esto desde la óptica de las reglas del juego político de quienes son los dueños de las canicas.  Más no siendo legítimo, debe aceptarse que en la pseudo democracia representativa ante mirones de palo audacia es el juego  y al que no le guste es, en lenguaje coloquial, “su pedo”.

Y sobre estos últimos, que no son precisamente uno ni dos, vale la pena preguntarse si reconociendo la legalidad del mandato del Sr. Peña, pero convencidos de que carece del mínimo de legitimidad, estarían dispuestos a aceptar sumarse a un cuestionado liderazgo que más que pedir, exige e impone el peso de la autoridad para obtener magros consensos y unidad en torno a un proyecto económico y social del que se derivan reformas legislativas y políticas públicas contrarias al interés nacional y al espíritu del pacto social que el Estado mexicano se ha dado.

A toda acción corresponde una reacción.

Y en este marco, cabe preguntarse también cuál será la respuesta de una indignada, frustrada y lastimada ciudadanía  frente a las urnas en las próximas contiendas electorales,  a sabiendas del  carácter fraudulento y antidemocrático de éstas. Mi opinión es que seguramente no será favorable ni al PRI ni a sus candidatos, juzgados ya desde ahora como delincuentes electorales. Pero tampoco favorable al PAN o al PRD que cogobiernan, si es que tiene validez alguna aquella conseja popular que nos dice que tanto peca el que mata la vaca como el que le agarra la pata. Desde ya la balanza se inclina a favor de la abstención y el voto en blanco.

Salvo, claro está, que nuevamente nos falle la memoria. Estamos en México y esto suele suceder para nuestro infortunio como país,  con harta frecuencia.

Hojas que se lleva el viento.

Si algo caracteriza al Sr. Dr. Javier Duarte de Ochoa es su proclividad a ser políticamente inoportuno. Con la filtración de la información al diario local de mayor circulación en la capital veracruzana sobre el cese de dos connotados funcionarios públicos de primer nivel -por cierto muy cercanos anímicamente al ex gobernador Fidel Herrera Beltrán y públicamente señalados por su ostentoso enriquecimiento-, el Dr. Duarte le gano la de ocho a Peña Nieto y su celebración del 78 Aniversario de la Expropiación Petrolera. Fue mayor el interés que despertara en la opinión pública veracruzana el “manotazo” que todo lo que tenía que decir el Sr. Peña en Cosoleacaque.

-ooo-

El alcalde de la capital veracruzana está invitando a la ciudadanía a participar en los foros previos a la elaboración y, en su caso, aprobación del Plan Municipal de Desarrollo. Lo que en principio suena bien, abonando a las buenas intenciones del joven Américo Zúñiga, sin embargo surgen de inmediato dudas: ¿La invitación va acompañada del diagnóstico sobre la situación que guarda el Municipio de Xalapa, que a estas alturas ya debe estar sobre el escritorio del munícipe? ¿Con cuanto contante y sonante contaría el Ayuntamiento para financiar un plan de cuatro años? Estas y otras más que surgen cuando se habla de un ambicioso plan en el que deben considerarse el qué, por qué, para qué, cómo, quién, en que tiempo  y con cuánto.

Sin un marco de referencia que centre participación y debate, una vez más se estaría bordando en el vacío y tapándole el ojo al macho con una manifestación más de simulación. Tenemos no una Xalapa, sino cuatro, con necesidades reales y sentidas de primer orden  cuya prioridad es limpiar el cochinero existente antes que hablar de grandes y ambiciosos proyectos. ¿A qué orden de prioridades deben atender entonces los participantes en el foro?, partiendo del supuesto de que hay más deudas que dinero líquido en las arcas públicas municipales. ¿Lo explicitó el alcalde xalapeño al invitar a participar?

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Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

Junio 23 de 2011

 “Hoy creo que como ciudadanos, más allá del diálogo sordo del presidente y su gabinete, dimos un paso porque nos paramos de frente y exigimos justicia.  Nos paramos frente a las autoridades para evidenciar su incapacidad política   Darwin Franco

 Hace unos días en referencia al Movimiento “15-M” y su acampada en la Plaza del Sol de Madrid, me refería a la necesidad de considerar la otra cara de la moneda en mi percepción de la crisis por la que atraviesa en sistema político en México, anotando que se observa la gestación de una crisis de crecimiento en el imaginario social en concordancia con lo que acontece en Europa. Esto último parece confirmarse con lo que podemos considerar como un insólito hecho histórico: el diálogo entre Felipe Calderón y el Movimiento conocido como “Marcha por la paz con dignidad y justicia”, representado por el poeta y luchador social Javier Sicilia y familiares de las víctimas de la guerra contra la delincuencia.

 Televisado, a la luz de toda la Nación, por primera vez en la historia contemporánea de México, hasta donde tengo conocimiento, los mandantes exigen cuentas a su mandatario, de frente y sin tapujos, haciendo valer el principio de un gobierno del pueblo para el pueblo, establecido en nuestra Carta Magna.

 Para los integrantes y simpatizantes de la marcha, no fue Javier Sicilia y sus acompañantes los interlocutores en el histórico diálogo con el titular del Poder Ejecutivo federal, sino el Movimiento social a través del cual el pueblo de México está diciendo “Ya basta”.

 El hecho en sí, aunque para algunos no parece haber logrado nada, siguiendo las cosas igual, de entrada pone en evidencia a partidos políticos, líderes sociales orgánicos, gobernadores, senadores y diputados, que han sido rebasados como interlocutores de la sociedad frente al gobierno federal calderonista.

 El intercambio de miles de mensajes en las redes sociales durante el desarrollo y posteriormente al evento, así lo ponen de manifiesto en una acción colectiva, caracterizada por la horizontalidad, espontaneidad y una toma de conciencia en ascenso, que habla por sí misma de la construcción en marcha de un nuevo imaginario social, que empieza por la desacralización  de las estructuras formales del poder. Embrión de la toma de conciencia de la necesidad de cambio, que encuentra terreno abonado en la indignación.

 La presidencia de la República, como institución paradigmática del poder formal en México, con el diálogo sostenido entre el movimiento social y Felipe Calderón Hinojosa, cobra su exacta dimensión en un régimen democrático representativo, en el que los mandantes exigen cuentas a su mandatario. El mensaje es un no más al poder autoritario y omnímodo de los representantes de la voluntad popular por sobre ésta.

 Los mandatarios deben mandar obedeciendo, como tanto han insistido los indígenas zapatistas en Chiapas.

 Y aunque esta nueva percepción popular en el imaginario social, tiene carácter embrionario y está inscrito en un proceso desigual de toma de conciencia en el pueblo de México, la desacralización materializada en el diálogo de Chapultepec seguramente actuará como catalizador en un ascenso de masas cada vez más evidente, agudizando las contradicciones contenidas tanto en la crisis del sistema político nacional como en su contraparte, el imaginario social; precisamente en los prolegómenos de la madre de todas las batallas electorales en México, como será la elección presidencial en el 2012.

 El cambio de la estafeta presidencial será por ello atípico, en un escenario nacional sin precedentes, en el que la desacralización de las estructuras de poder en el imaginario social modificarían las tradicionales reglas del juego electoral en el marco de una nueva realidad nacional, en el que el pueblo, válgase la expresión, tiene mucho que decir.

 ¿Cómo operará esta crisis de crecimiento en el imaginario social frente a la profundización de la crisis de la partidocracia, cada vez más aguda? Está por verse, confirmándose que la elección de julio próximo en Edomex efectivamente será un auténtico laboratorio social, a tomarse en cuenta en la elección presidencial del 2012. Lo que no puede hacerse de lado es el hecho de que la debilidad manifestada por Calderón Hinojosa cediendo al diálogo ante un movimiento social, lo mismo puede manifestarse en el futuro inmediato a favor o en contra de toda expresión de participación ciudadana exigiendo cambios profundos tendientes a modificar el actual estado de cosas.

 No se puede ignorar que el paso dado puede revertirse a partir de que los oportunistas de siempre pretendan capitalizar en su provecho la aviada de la movilización popular, como ya ha acontecido con “Morena”, movimiento encabezado por Andrés Manuel López Obrador. Reproduciéndose más que modificando las condiciones de corrupción, atraso ideológico y carencia de auténtica legitimidad y representatividad democrática.

 Así como tampoco, nos guste o no, podemos olvidar que Calderón Hinojosa es el presidente de México y en sus manos está el optar por una salida pacífica y civilizada dejando en libertad al libre juego democrático, ó inclinarse a favor del autoritarismo y la represión cancelando expectativas populares de lucha y crecimiento en pro de la democratización del país.

 En este marco, llama la atención, por lo que se refiere a nuestro aldeano terruño, la advertencia del gobernador Javier Duarte de Ochoa en entrevista banquetera y en relación a la investigación del asesinato del periodista Miguel Ángel López Velasco, de  “…que no va a permitir que ninguna crítica flagele la seguridad que se vive en Veracruz, mucho menos la coordinación que el gobierno estatal mantiene con la federación para combatir a la delincuencia organizada”. Advertencia que choca con la tónica asumida por calderón Hinojosa, quien tuvo que apechugar con la crítica directa e indirecta, que a su administración  elevara el movimiento social por conducto de Javier Sicilia y los medios de comunicación, en relación precisamente al tema de la inseguridad y estrategias gubernamentales asumidas en el combate a la ola delincuencial que padece el país entero.

 Si lo expresado por el gobernador de Veracruz reflejara la posición del PRI en el orden nacional, rasgándose las vestiduras sus prominentes expresiones cupulares, y poniendo el grito en el cielo por la desacralización de las estructuras institucionales del poder formal, seguramente este instituto político presionará al titular del poder ejecutivo federal para que frente al movimiento social en ascenso, se opte por la mano dura.

 Ante la cercanía de la confrontación partidista en el 2012, bien podría darse el traslado del énfasis hoy puesto en el tema de la seguridad y guerra frontal contra la delincuencia, al terreno del combate focalizado a la insurgencia popular, agudizando las contradicciones ya existentes tanto en el sistema político nacional como en su contraparte social.

 Los acontecimientos venideros, de aquí a la elección de gobernador en Edomex, y los conflictos post electorales esperados, marcarán la pauta.

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Primera mujer presidenta de Brasil

Líder brasileña  extiende la mano a partidos de oposición

Brasilia.- La flamante presidenta brasileña, Dilma Rousseff, asumió este sábado el poder y se comprometió a erradicar “la pobreza extrema” en Brasil, un flagelo que afecta a 20 millones de personas en el país de más de 190 millones de habitantes.

“Una importante movilidad social ocurrió en los años de gobierno de Luiz Inacio Lula da Silva, pero aún existe una pobreza que avergüenza a nuestro país”,. No voy a descansar mientras haya en Brasil brasileños sin alimentos en su mesa, y niños pobres abandonados a su propia suerte”, prometió. En el campo político, Rousseff volvió a hacer un llamamiento a la unión nacional, al reiterar -tal como hizo el 31 de octubre, cuando se confirmó su victoria en las urnas- su disposición de “tender la mano” a los partidos de la oposición y a los sectores sociales que no la apoyaron en los últimos comicios. Además, buscó disipar los temores a que apoyaría una legislación para limitar la libertad de expresión, al asegurar que prefiere “el ruido de la prensa libre al silencio de las dictaduras”. El Universal / Venezuela

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