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Tag Archives: PRI

Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

Para hombres y mujeres comunes, la percepción pesa más que cualquier intento de explicación racional de por qué ganó el PRI en Veracruz. En el imaginario colectivo parece ser obvio, sin mayor explicación, que dos factores hasta ahora no suficientemente desmentidos fueron determinantes: la tradicional compra de votos y la inducción del sufragio mediante los programas asistencialistas aplicados estratégicamente en los sectores económicamente más vulnerables.

Para los conocedores del paño electoral, con información histórica, ambos factores estaban más que previstos con bastante anterioridad a los comicios del 7 de junio en la entidad. No hay forma de que sea derrotada maquinaria y estrategia electoral, legal y extralegal del PRI, se dijo, argumentándose que de antemano se operó con eficacia ablandando y dividiendo a la oposición, a más de la oportunidad de capitalizar el amplio espectro de opciones electorales que fragmentaría y pulverizaría la intención del sufragio.

Se argumentó también que el abstencionismo y el voto nulo de castigo, operaría a favor de la estrategia tricolor.

Todo esto en el terreno de la especulación y en un primer análisis lineal previo a la elección, que se confirmaría en los hechos.

Sin embargo, hacía falta un análisis ex post más preciso, respaldado con números duros, para tener claro a nivel distrital el éxito o derrota lo mismo de la estrategia seguida que de la operación de la aplanadora priísta y, en su caso, su equivalente en los terrenos opositores en los que se confiara en el clima de descontento y hartazgo sustentado en la percepción negativa del desempeño de un gobierno fallido.

Corresponde al destacado economista Hilario Barcelata Chávez, el dar una respuesta coherente, congruente y sólida a la interrogante de por qué ganó el PRI la diputación federal en 16 distritos dejándole a sus opositores únicamente 5, repartidas entre el PAN, PRD y Morena. El también Coordinador del Doctorado en Finanzas Públicas de la Universidad Veracruzana, con números duros en exhaustivo y puntual análisis pone en contexto lo que sucedió el domingo 7 de junio.

En el ensayo de su autoría, titulado “Por qué ganó el PRI en Veracruz”, Barcelata Chávez apoyándose en el estudio realizado por la empresa Parametría, que mediante encuestas identificó las características que definen a las personas que votan por cada uno de los partidos políticos en México, para definir el “perfil del votante mexicano”; destaca y desmenuza a detalle tres factores que fueran determinantes para el pírrico triunfo del tricolor: El perfil del votante; El poder del abstencionismo y, La insensatez del voto nulo. Destacando como variables comunes el peso de la pobreza, el nivel de escolaridad, y el de ingresos de los votantes en cada uno de los 21 distritos electorales.

Mapeo electoral que coincide con el grado de desarrollo regional relativo en la entidad y el innegable estancamiento económico, educativo y cultural por el que atraviesa Veracruz. Y que sin duda, refleja también la validez de la opinión sustentada en números duros de diversos expertos, que coinciden en señalar que la entidad veracruzana vive una profunda crisis económica que repercutiendo en la vida social de la población, no es ajena al pésimo desempeño de la administración pública y al endeudamiento creciente del gobierno estatal.

Para quien escribe estas líneas, el análisis del Dr. Barcelata, por su contundencia y oportunidad, no debe ser ignorado. Más allá de propósitos y objetivos electorales, da una idea precisa de cuales deberían ser las prioridades tanto en el combate de la desigualdad y pobreza como en el rescate y fortalecimiento tanto del quehacer económico como de un tejido social en franco deterioro. Si para el PRI la pobreza e ignorancia es un aliado estratégico para sus fines, para Veracruz es un lastre que debe ser superado.

Hojas que se lleva el viento

Y a propósito del partido en el gobierno, se está publicitando a bombo y platillo la llamada “Escuela de cuadros” del PRI en la entidad, como medida de renovación de la estructura jerárquica de la maquinaria tricolor. Medida sustentada en la incorporación de una nueva camada de operadores electorales con mayor nivel de escolaridad y capacitación político-electoral. Sobre ello vale la pena considerar lo siguiente:

Perdida la brújula ideológica liberal con la que el PRI por más de 70 años mantuviera hegemónico rumbo y destino, y no habiendo aún asimilado los nuevos paradigmas neoliberales en que se sustenta el modelo de país que se promueve desde Los Pinos, a lo único que podría aspirar hoy día el priísmo, es a trasmitir a las nuevas generaciones de cuadros partidistas paradigmas de simulación, saqueo, corrupción, impunidad, y un cínico y descarado pragmatismo ajeno a principios y valores éticos. Está en su naturaleza y no se puede apartar del guión en su afán por sobrevivir.

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La especulación, el chisme y la descalificación a priori, ganan terreno al análisis serio de lo que Veracruz espera de su próximo gobernador, perdiéndose la oportunidad para revisar y enmendar entuerto tras entuerto en la entidad. Curiosamente, el ambiente de cotorreo que domina en el anticipado proceso sucesorio, queda restringido a los círculos políticos y periodísticos en los que por inercia y sin duda intereses creados, dan por hecho que la competencia por la gubernatura de dos años una vez más habrá de decidirse cupularmente en los círculos del poder real, ignorándose tanto lo que los votantes potenciales piensen y opinen al respecto como las siempre variables e impredecibles circunstancias políticas y sociales tanto en el ámbito nacional como local. El sonado affaire de la evasión del ahora más buscado capo del narcotráfico internacional, así como el brutal e inimaginable monto del endeudamiento del gobierno duartista, juegan en el proceso sucesorio, sumándose como un elemento más a considerar en las bolas de cristal de los adivinadores. Al tiempo.

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Al agitado cotarro de la grilla veracruzana, ahora se introduce en el tema de la sucesión el factor confusión. Como un distractor más, se auspicia mediáticamente la multiplicación de aspirantes a “candidatos independientes” a la gubernatura de 2 años en la entidad, haciéndole el juego a la estrategia priísta de dividir para vencer, sabiamente precedida por una cuestionada reforma legal que estableciendo nuevos candados para dificultar aún más el registro de los “independientes” da lugar a un falso debate. Pretendiendo con ello dar la impresión de que el partido en el gobierno teme a dicha opción electoral. El nuevo elemento distractor es muy burdo, pero no faltarán los que se vallan con la finta. Veracruz da para eso y más.

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Primero saquean a PEMEX, lo castigan fiscal y presupuestalmente hasta dejarlo en la lona y hoy día, con todo cinismo y descaro el gobierno de Peña Nieto nos dice que la empresa propiedad del Estado mexicano no tiene dinero para participar en las licitaciones de la Ronda Uno. Igual se nos dijo que no se privatizaría el petróleo, hoy en los hechos se afirma lo contrario evidenciando lo que Cuauhtemoc Cárdenas califica como traición a lesa patria.

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Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

En Yucatán, reza el sentido común que en noches sin luna no intentes recoger una piedra en el camino, podrías embarrarte los dedos.

Con apenas una votación a su favor del 13 por ciento de la lista nominal del electorado veracruzano con derecho a sufragar, el PRI ensoberbecido confronta a la mayoría ciudadana aprobando en el Congreso local cuanta ocurrencia propone el titular del poder ejecutivo.

Asumiéndose como mayoría con un triunfo pírrico obtenido el pasado 7 de junio, la primera minoría se siente con derecho y legitimidad, para aprobar al vapor un nuevo reglamento de tránsito, inconsulto y con serias contradicciones que, por principio no se corresponde con la realidad cultural y de infraestructura urbana de los veracruzanos, no educa y si castiga y reprime, a más de que es rechazado por la población por considerársele medida recaudatoria, y no respuesta al por más de diez años problema no resuelto de movilidad urbana en las principales ciudades de la entidad.

O el nuevo Código electoral, presuntamente destinado a homologar la legislación electoral estatal con la federal, pero que, de facto resulta ser una adecuación de las reglas del juego aprobadas en el 2012 a la estrategia duartista de la sucesión en 2016; poniéndole más piedritas en el camino a la aprobación de las candidaturas independientes, y facilitándose la creación de nuevos partidos políticos locales que contribuyan a la dispersión del voto con la intención de favorecer al partido gobernante.
Y ni se diga de las iniciativas de reformas a las disposiciones legales en materia de salud pública y Código Penal, que habrá de aprobarse por mayoriteo del tricolor en la Legislatura local, con las que sin aviso y consulta previa, la administración pública pretende abatir por decreto el alcoholismo entre los jóvenes.

Medidas todas estas que para el imaginario colectivo, constituyen políticas públicas autoritarias y recaudatorias que presuntamente contribuirían a alivianar las quebradas finanzas del gobierno duartista. Mismas que no se puede ni debe contextualizárseles al margen del tempranero proceso electoral sucesorio, como distractores auspiciadores de un falso debate en perjuicio de una discusión seria y a profundidad de la problemática que en todos los órdenes acusa Veracruz.

Con o sin reformas lo mismo al Código electoral que al penal o la ley de salud, los problemas de desigualdad, pobreza, desempleo, bajos salarios, inseguridad, analfabetismo, alcoholismo y, en general, deterioro del tejido social y estancamiento económico, persistirán en el tiempo a lo largo y ancho de la entidad, en tanto no exista voluntad política y honestidad intelectual para modificar el actual estado de cosas.

Basta con leer lo que a petición de parte publica el cada vez más estrecho círculo de texto servidores al servicio del fidelismo-duartismo, para percibir propósito e intención de desviar la atención, minimizando lo urgente y necesario para rescatar de su marasmo a Veracruz.

Ante la necesidad de un diagnóstico estatal y su consecuente modelo programático de rescate, mediáticamente se privilegia el intercambio de dimes y diretes sobre las reglas del juego electoral, vialidad urbana y freno a los tragos a deshoras en lugares públicos. Lo importante y urgente se minimiza y lo trivial se impone como distractor mediático en los tendidos.

Esto como frágil y sutil vestimenta que destaque mediaticamente la fortaleza y mano firme de un gobernador –fallido- que presuntamente debería entregar en su momento cuentas claras y un estado medianamente próspero a su sucesor, pero que ha fracasado en el intento.

Vana simulación. Lo que no se hizo y logro en cuatro años y medio de mal gobierno, no se espera se logre en seis meses escasos. Ni fortaleza, autoridad política y moral en quien gobierna, ni confianza y credibilidad en el partido gobernante, es expectativa válida en el ánimo de una sociedad lastimada y defraudada para lo que resta del sexenio duartista.

Manotazos autoritarios sobre el escritorio no substituyen buen gobierno, hay que tenerlo claro. El caprichoso autoritarismo fuera de lugar y de tiempo, mañana seguramente se revertirá. Alguien terminará por embarrarse los dedos si a pedradas se insiste en abatir desencanto, frustración y hartazgo.

Luego cabe entonces para los veracruzanos el tomar conciencia de la necesidad de cambio, partiendo de valorar responsablemente y a fondo el actual estado de cosas que priva en la entidad, para actuar en consecuencia en los años venideros; haciendo caso omiso de especulación, chismes, dime y diretes, legislación y políticas públicas controvertidas inscritas en la estrategia distractora duartista para alcanzar una sucesión tersa, que favorezca la continuidad del proyecto transexenal “Herrera-Borunda”. En pocas palabras, no irse con la finta prestándose a un juego sucesorio encaminado al repudiado más de lo mismo.

Hojas que se lleva el viento

El senador José Francisco Yunes Zorrilla considera que Veracruz requiere de un gobernante decente. No teniendo cola que le pisen, salvo haberse disciplinado tomando partido a favor de las reformas privatizadoras presuntamente estructurales del Sr. Peña, su dicho le enaltece ante la audiencia. Sin embargo, estimo que no basta ser decente para bien gobernar a Veracruz. Las Méndez eran decentes, aflojaron y se las llevaron al baile. Otros atributos son indispensables, como el compromiso con el pueblo que elije, inteligencia, congruencia y honestidad intelectual para reconocer y aceptar explícitamente la realidad que hoy día se vive en la entidad; dejando claro sin tapujos ni demagogia, qué es posible rescatar y que no, comprometiéndose a un cambio verdadero en rumbo y destino en el que el abatimiento de desigualdad, pobreza, desempleo, entre otros lastres, tengan prioridad por sobre compromisos y pactos en lo oscurito, valores entendidos, disciplina partidaria y fe ciega en un modelo de país, neoliberal y privatizador que frena crecimiento económico y desarrollo humano.

Es exigible que una persona decente encabece un gobierno ajeno a la corrupción impune, pero la decencia a secas, no impide que se ofrezca más de lo que se puede cumplir, como hasta ahora se observa en quienes aspirando a la gubernatura de dos años, no paran mientes en comprometerse en todo y con todos para ganarse a un electorado que hoy por hoy ya no cree ni en los santos reyes. Con que ojos, mi querido tuerto, si las finanzas públicas están desfondadas, es lo primero en que se piensa al escuchar el manido discurso preñado de ofertas y promesas.

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Ya que en la capital veracruzana se pretende dar gato por liebre, sustituyendo un plan racional de vialidad urbana nunca concretado, con medidas coercitivas derivadas del reglamento estatal de transito ahora reformado, sería oportuno establecer el frente de la vivienda del alcalde Zúñiga Martínez como espacio reservado a talleres mecánicos, tianguis y mercados sobre ruedas, para alivianar la vialidad en nuestra ciudad. Y siguiendo con la misma tónica, asignar a las encueradas de los 400 pueblos el frente de la residencia de Elizabeth Morales en el fraccionamiento Monte Magno, para sus patéticas exhibiciones, librando al centro histórico de su repudiada presencia.-
Cd. Caucel, Yuc., 5 de julio de 2015.

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Pulso crítico

Enrique Olivera Arce

El sorpresivo triunfo electoral de Morena en Xalapa y Coatzacoalcos, tiene necesariamente que inscribirse para su análisis no sólo en la permanencia de Andrés Manuel López Obrador en el ánimo de los votantes, como factor nacional, y el trabajo pie a tierra, casi subterráneo, de los candidatos en un caldo de cultivo estatal de descontento y rechazo social, propicio para enfrentar con relativo éxito a sus adversarios. También y de manera determinante, en una coyuntura en la que tanto el PRI como el PAN en Veracruz subestimaron a Morena a la hora de seleccionar sus candidatos.

Sin menosprecio del triunfo con el que se estrena Morena en Veracruz o de sus candidatos, así como de la capacidad vigente de convocatoria del lópezobradorismo, otro gallo cantaría si los candidatos ganadores se hubieran enfrentado a adversarios de mayor nivel y presencia, que los hay, postulados por el PRI y el PAN. Luego no cabe ni triunfalismo ni el escuchar el falso canto mediático de las sirenas, y sí, con toda responsabilidad, hacer un balance de aciertos y errores, casilla por casilla en el mapa electoral de resultados en los distritos conquistados, aprendiendo de este primer ejercicio como Instituto Político con registro nacional.

Aceptando que la magra pero suficiente votación para salir airosos, no es la suma de un voto duro propio ni consecuencia de un trabajo electoral a fondo, sino fruto de circunstancias que le favorecieran. Aprender para crecer en el marco adverso de unas reglas del juego dispuestas para obstaculizar y frenar electoralmente, a una oposición consecuente que refleje malestar, rechazo y resistencia de amplios sectores de una sociedad que, exigiendo un cambio auténtico del régimen político vigente, le apuestan a nuevas alternativas para avanzar.

Aprender de los errores y aciertos propios, pero también los de sus adversarios, su estrategia y su maquinaria electoral construida a lo largo de más de medio siglo, si es que Morena en Veracruz aspira a crecer y participar con relativo éxito en elecciones venideras. Sin perder de vista que la fuerza electoral del nuevo partido descansaría en su vinculación con la sociedad y, específicamente, en los movimientos sociales surgidos del seno de los sectores más desprotegidos a los que el partido aspira a representar, y no en una estructura burocrática remedo de la existente en prácticamente todos los partidos políticos a los que se opone y enfrenta.

El hacer suyas, sin temor, las reivindicaciones y aspiraciones de los sectores movilizados, evadiendo posiciones soberbias de dogmatismo así como prácticas clientelares o excluyentes que reproduzcan el fenómeno tribal del PRD, es a mi modesto entender el camino para Morena. Esto sustentado en un programa mínimo que sin perder de vista el amplio horizonte del largo plazo en una estrategia de transformación y cambio, en la coyuntura electoral responda a denominadores comunes que auspicien liderazgo, organicidad, unidad y congruencia en el amplio movimiento social contestatario, hoy fragmentado y disperso.

Esto, entendiendo que izquierda como etiqueta, es solo eso, una manida etiqueta y no una forma de vida partidista, colectiva e individual que se construye con participación y compromiso cotidiano entre toda la militancia, bajo los auspicios de una dirección respetuosa e incluyente.

La suma aritmética de militantes y simpatizantes no hace al todo; partido, programa, militancia y dirección es el edificio a construir en el día a día. La unidad en torno a ello es el crisol ético y moral en el que se funde la fuerza política a que se aspira. De no avanzarse en estos campos, el triunfalismo sin sustento y el ondear de banderas al paso del viento, es el camino al fracaso.

Un paso a la vez. Hay tiempos para reír y tiempos para llorar; que el trabajo cotidiano haga la diferencia. El voto llegará por añadidura.

Hojas que se lleva el viento

De los resultados de la elección del7 de junio, los votantes también tenemos mucho que aprender, asimilar la experiencia y reflexionar sobre la diferencia entre un voto mecánico y un voto razonado. El gobierno peñista, con pleno conocimiento de causa, intencionalidad y propósitos, logró su objetivo obteniendo la ansiada mayoría para Peña Nieto en la Cámara baja del Congreso de la Unión. Su estrategia de dividir y dispersar la opción electoral le funcionó; con diez opciones partidistas y “n” número de candidatos independientes, dividió a los electores; así como también le diera resultado el fortalecer la intencionalidad del sufragio a favor del PRI y sus satélites en los distritos con menor densidad de población de clase media urbana, poniendo en el asador toda la carne previamente sazonada en el medio rural con programas sociales inductivos y amenazas de cancelar beneficios. La pregunta obligada es si el voto de la pobreza a favor del PRI y sus satélites, es equiparable al beneficio tangible y medible que esperan recibir los que votaron a favor de lo mismo.

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La señal mandada por el gobernador de Veracruz de dar por cerrado el capítulo de las denuncias en contra de la corrupción y saqueo durante la gestión de Fidel Herrera y la suya propia, se hace acompañar del silencio de la Contraloría Superior de la Federación. A buen entendedor pocas palabras, de ahí que insista en que ya no hay nada que decir en torno al gobernante fallido. Seguir dándole vueltas a la noria sería necedad, pérdida de tiempo e infantilismo político. Si el pueblo acepta y confía en el borrón y cuenta nueva, que con su pan se lo coma.

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Pulso crítico
J. Enrique Olivera Arce

En el marco del policromo escenario de un país forzado a conjugar desigualdad y pobreza con expectativas de desarrollo y una cuestionada prosperidad relativa, todo es posible, incluso un régimen político sustentado en el secuestro de la democracia representativa y el escamoteo de derechos sustantivos de los mexicanos.

Y es en este escenario en el que nunca como hoy, la partidocracia se viera enfrentada a la ciudadanía en un proceso electoral que en unos días desembocará en la elección nacional de diputados federales, así como en diversas entidades federativas gobernadores, diputados locales y alcaldes.

Días contados para poner toda la carne en el asador en un horno que no estando para bollos, lo mismo exuda lo mejor de una sociedad en movimiento, que los detritus de una partidocracia que en un país sin rumbo se revuelca en su miseria moral y política.

Si ya para el análisis simplista y lineal basado en experiencias previas de procesos electorales, resulta harto difícil plasmar en letra de molde lo que entre brumas dicen tantas bolas de cristal como opinadores existen, cuantimás si la complejidad de la elección en puerta reviste ya no sólo incertidumbre y confusión por lo que está en juego en el todo nacional, también por hacerse acompañar de elementos inéditos, como el estar insertos, y a la vez perdidos, en una crisis mundial multidimensional y globalizada con sus secuencias de deterioro económico, político y social que todo lo trastoca.

Y a ello, el sumarse en México una también inédita confrontación en varios frentes entre el régimen político vigente y su partidocracia, contra lo mismo una delincuencia desbordada que con una ciudadanía marcada por descontento y hartazgo que está diciendo basta.

Todos contra todos sin un mínimo de claridad que deslinde lo que es la disputa por el poder político y la confrontación entre intereses creados en la esfera de los poderes fácticos, en tanto que para las mayorías empobrecidas lo que se vislumbra es un intento por el rescate para todos lo mismo de la democracia secuestrada que de un modelo de país sustentado en justicia social y bienestar para todos.

En este complejo galimatías tanto partidos políticos, candidatos y la mayoría de opinadores, tratan en vano de acomodar las piezas, optando los más por la comodidad del análisis simplón, haciendo prevalecer más el interés coyuntural y protagónico de los actores en contienda, que el análisis serio y de profundidad que, con visión de futuro, vislumbre y comparta lo que a México depara de seguir marchando por el camino equivocado.

Lo que se disputa, a mi juicio, va más allá de la simple confrontación electoral entre partidos, candidatos y electores potenciales. Ubicándose ya en un universo más amplio de desconfianza en las instituciones, dualidad de poderes en cada vez más extensos territorios, ingobernabilidad y movilización contestataria. Es en este terreno y no otro es en el que estimo se habría de ubicar al actual proceso electoral y los venideros.

Considerar de manera simplista que es y será lo que antes fue, no tiene sentido. El México de hoy es otro y su circunstancia política por lo consiguiente es diferente. No es por nada el que las campañas electorales transiten por un sendero y, en paralelo, la sociedad ajena a propósitos, objetivos y propuestas de la partidocracia, reivindique el derecho y voluntad mayoritaria de darse un nuevo pacto social que contemple un nuevo régimen político. Cobrando una inédita connotación lo que se conoce como “elección intermedia”.

Plebiscito

A manera de plebiscito ciudadano, el 7 de junio próximo habrá de conocerse a pie de urna, profundidad y alcance de tal confrontación entre un régimen político agotado y una ciudadanía que despierta.

En este contexto lo inédito manda y, seguramente, es por ello que no se alcanza a percibir con objetividad el por qué para la clase política y la gran mayoría de los medios de comunicación, así como para partidos políticos y candidatos, las estrategias electorales a escasos diez días de la elección, entre el lodo topan con pared; las campañas no prenden en el ánimo de los votantes potenciales en la medida de lo esperado, diluyéndose entre pinceladas de una realidad nacional que, reflejada en una percepción en el imaginario colectivo cada vez más arraigada y más amplia, parece indicar que es el régimen político vigente y su partidocracia el adversario a vencer en las urnas. El 7 de junio por la noche se sabrá si lo que cuenta es tal percepción o los votantes se inclinan por el cómodo más de lo mismo, avalando una marcha sin destino cierto.

Hojas que se lleva el viento

En Veracruz no se tiene más nada que perder y si todo por ganar dándole la espalda a la continuidad de un estado de cosas que ya no se resuelve con dinero. La clase política, sin excepción válida, agotada se revuelca entre corrupción e impunidad mientras sociedad y economía aceleran su caída. Y esto no es especulación ni protagónico y mal intencionado cuento chino para amarrar navajas. Los números duros lo confirman.

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Erradicar corrupción e impunidad a periodicazos, sin sentido y pérdida de tiempo. A las ratas públicas y privadas las reproduce, prohija y cobija un sistema económico y social cuyo motor es la apropiación privada de la riqueza social, por el medio que sea. No tiene rostro ni patria, y sus principios éticos y morales se sustentan en la ganancia y la acumulación. Por ello resulta hasta cómica lo mismo la denuncia mediático-protagónica que el discurso anticorrupción de los corruptos. O se combate al sistema corrupto y corruptor o se toleran a las ratas, he ahí el dilema para una sociedad que a trompicones avanza sin rumbo y sin destino.

Cd. Caucel, Yuc., mayo 26 de 2015
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Pulso crítico

Enrique Olivera Arce 

Atendiendo únicamente al tema de la seguridad pública y su cauda de violencia,  el destacado periodista Luís Velázquez interpretando el sentir de la audiencia, califica a la situación que se vive en Veracruz como horrenda.

Esto sin considerar el clima de deterioro de la vida económica, política  y social que, de la mano de la quiebra financiera de la administración pública veracruzana apunta a un desastre generalizado.

El gobernador Duarte de Ochoa, en siete minutos pretendió desmentir  al diarista y a quienes comparten su “catastrofista” visión.  Como siempre, todo está bajo control; “… no hay, no habrá, para el Gobierno de Veracruz más alto compromiso o prioridad que la armonía y la paz social, con emoción ética, social y de justicia”,  expresó quien dice gobernar. 

La sociedad lo valora, alimentando su percepción de un gobernador fallido que no puede, no ha podido, o no ha querido,  ejercer el poder del que fuera investido para brindar a sus gobernados,  seguridad, confianza y expectativas de progreso. En el imaginario colectivo resulta reprobado.

Y en tanto Veracruz sufre un mal gobierno, la prensa nacional difunde el último reporte de Indicadores de Imagen y Posicionamiento de Gobernadores elaborado por la consultora Covarrubias y Asociados S.C., en el que se da cuenta de la  última medición de la opinión pública realizada del 16 de febrero al 30 de marzo de este año, destacando que Rolando Zapata Bello, mandatario yucateco, obtiene la calificación más alta entre sus pares, siendo nominado como “Gobernador líder en México.

¿Qué tiene de extraordinario el joven gobernador yucateco, que no tengan los demás gobernantes, cuando el denominador común que a todos los iguala es la desigualdad, pobreza y exclusión?

¿En qué se  diferencia de los demás cuando todos están marcados tanto por la corrupción impune como por el divorcio entre gobernantes y gobernados a que ha dado lugar un régimen político caduco? 

Blanca paloma no es ni las trae todas consigo. La calificación obtenida en la evaluación es de 7.5 en una escala de 10 y, sin embargo, destaca entre sus pares como “gobernador líder”. ¿En dónde entonces está la diferencia que lo separa del resto?

No hay que ir muy lejos para obtener la respuesta. Si con un 7.5 es el mejor gobernador, es porque los demás califican por abajo del mandatario yucateco pero además, y eh aquí lo destacable, es porque son los ciudadanos de cada entidad federativa, encuestados por la Consultora Covarrubias y Asociados, S. C, quienes otorgan la calificación. Cobrando entonces un peso significativo la percepción que los gobernados tienen de sus gobernantes. Factor subjetivo que no necesariamente está respaldado por la realidad real pero que políticamente es determinante si de medir desempeño y aceptación de un mandatario se trata.

Lo interesante es conocer el porqué de tal percepción y aquí es donde cobra plena validez no sólo la comparación entre un gobernador y otro, sino también el contexto nacional con el específico dentro del cual se evalúa a cada uno de los gobernadores en México. Y para eso es que se debe considerar lo que al respecto señala el estudio de referencia:

“Los yucatecos respaldan con su confianza al gobierno de Rolando Zapata Bello por el trabajo que realiza en los ámbitos de la seguridad pública, la educación, el campo, el apoyo a las personas más necesitadas y el combate a la pobreza”.

Se podrá o no estar de acuerdo con lo que la gente percibe, cuando en Yucatán domina un clima de desigualdad,  pobreza y una marcada discriminación para con la población indígena que, en mayor o menor medida,  le iguala con el resto de las entidades federativas, empero, es evidente que en materia de seguridad el gobierno está haciendo su trabajo. Lo que no sucede en Veracruz.

El municipio de Mérida es asiento de más del 50 por ciento de la población estatal y, su cabecera es considerada  a nivel internacional como “ciudad de la paz”. Los yucatecos están orgullosos de ello y la mayoría pone su granito de arena para conservar tal status, respaldando con credibilidad y confianza las políticas públicas que impulsadas por las autoridades contribuyen al clima de seguridad y armónica convivencia. Esto en una entidad federativa en el que el gobierno estatal surge de las filas del PRI, en tanto que la ciudad capital es gobernada por el PAN. El color de la camiseta no impide respeto,  colaboración, complementariedad y esfuerzos comunes para hacer de Yucatán y de Mérida, ejemplo en materia de seguridad, paz social  y buen gobierno. Lo que no se observa en Veracruz y su capital, gobernados por un mediocre priísmo.

Nos dice la conseja popular que toda comparación es odiosa. A mi juicio no siempre es así cuando se mide con la misma vara, en este caso las mismas preguntas para todos, formuladas por la Consultora le habilitan. Son las respuestas de los encuestados las que marcan la diferencia. No es lo mismo la percepción que la ciudadanía tiene de  un “gobernador líder” ,  que aquella  que, en el imaginario colectivo, se tiene de un gobernador fallido en una entidad federativa en la que la situación que se vive se califica como “horrenda”.

Hojas que se lleva el viento

Como “garantía” de que el Sistema Anticorrupción va a fondo y en serio, se exhibe la cínica y descarada impunidad del partido verde ecologista en materia electoral. A sabiendas del papel que el gobierno peñista  le asigna en el proceso electoral en marcha para asegurar mayoría en la Cámara baja del Congreso de la Unión, no se duda ni tantito en violentar la ley. Si de un partido opositor se tratara ya estaría en curso el retiro del registro.

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Sin pena ni gloria para México, tuvo lugar en el Caribe mexicano el Foro Económico Mundial para América Latina. Tan es así que a su clausura con la representación presidencial participó un funcionario de medio pelo del staff de Peña Nieto y no alguno de los gurús económicos de primer nivel del gabinete.

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El PRI en Veracruz ni suda ni se acongoja. Metido de cabeza en un proceso electoral que a nadie quita el sueño, salvo a la clase política y a una prensa que vive de ello, sin el menor rubor ignora lo que a los votantes potenciales aqueja en su vida cotidiana. El no pasa nada dictado desde palacio, lo hacen suyo apostándole a ganar la elección para, de inmediato, concentrarse de lleno en la brega de la sucesión del gobernador fallido. Si la gente sale a votar o se queda en casa le tiene sin cuidado, usos y costumbres le aseguran de antemano un cuestionado pero al fin legal triunfo en las urnas. En tal tesitura, bien se guarda de decir esta boca es mía metiendo las manos al fuego en respaldo al primer priísta de la entidad.

Lo curioso del caso es que con el silencio de la cúspide de la pirámide partidista, validan la opinión cada vez más generalizada de que Duarte de Ochoa es más un estorbo que capital  político electoralmente redituable.

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La fuerza de la costumbre o una necesidad de asegurar el futuro, obliga a la mayoría de los medios de comunicación a emprender una batalla a fondo en contra del Fiscal del estado y del secretario de Seguridad Pública, señalándoles como responsables de la violencia impune que se vive en Veracruz y exigiendo su renuncia. Por razones obvias, se pasa por alto que ambos funcionarios son empleados del  Poder  Ejecutivo, trabajan o dicen trabajar para  quien los nombrara y sostiene en el puesto y, por tanto, se deben al gobernador y no a los veracruzanos. El responsable legal del desaguisado es por tanto el que dice manda en Veracruz y no sus subordinados. Quien debe abandonar el cargo es Javier Duarte de Ochoa y con el un gabinete mediocre que no ha sabido estar a la altura de las circunstancias.

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Y el alcalde xalapeño, semioculto por la cortina de humo mediática, nadando de a muertito. Si en Veracruz no pasa nada, en su capital por lo consiguiente. Y ahí la lleva mientras el descontento y el hartazgo crecen ante una violencia criminal cuya impunidad se solapa.-
Cd. Caucel, Yuc., mayo 13 de 2015
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Pulso crítico

Enrique Olivera Arce 

El domingo próximo pasado se desató la parafernalia electoral que desembocará en la elección del 7 de junio. En cada una de las entidades federativas el proceso tomará cauces diferentes. De acuerdo al sapo será la pedrada sin perder su carácter atípico, nada será igual a experiencias similares en el pasado.

La sociedad mexicana ha cambiado y el régimen político que conocemos sigue siendo el mismo; los mismos rostros, las mismas mañas y la misma cauda de corrupción impune. No más empatía y correspondencia entre sociedad y un régimen político caduco y corrupto que ha perdido credibilidad y sustento social.

De ahí a mi juicio lo atípico del proceso electoral en curso. Ya no será la clásica contienda entre los partidos políticos que conforman la partidocracia para repartirse el pastel, este escenario quedó atrás con el cuestionado triunfo electoral de Enrique Peña Nieto y secuencia de desavenencias entre el poder formal y la sociedad.  Luego es de esperarse que partidos y candidatos hayan de confrontarse de principio a fin con una ciudadanía que ya hace sentir  el peso específico de la movilización social, el descontento y el hartazgo.

Habiendo permanecido ciego, sordo e insensible ante el cambio social, el régimen político y  la partidocracia se enfrentan hoy no sólo a su propia fecha de caducidad. La elección de diputados federales evidenciará la profundidad de su crisis de legitimidad frente a una sociedad que  por principio rechaza el más de lo mismo y que así lo hará sentir a lo largo del proceso.

A los dueños de las canicas las reglas del juego dispuestas para mantener secuestrada a la voluntad popular, pienso habrán de revertírsele. A mayor número de opciones electorales mayor dispersión del sufragio y, con ello también pulverización y dispersión de la base social en que se sustenta cada partido. Luego es de esperarse que ningún partido político en contienda alcance una sumatoria destacable de votos que le acerque a un mínimo de legitimidad democrática.

Si a ello se agrega abstencionismo, “candidatos independientes” y votos nulos, en su conjunto el espectro partidista en la elección del 2015 no alcanzará  más del 50% del padrón electoral vigente, quedando en minoría frente al resto de la sociedad.

Habrá ganador, la simulada democracia mexicana así lo dispone en las reglas del juego que no contemplan segunda vuelta, dándose por sentado que el PRI se levantará con el triunfo electoral, pero éste representará en la Cámara de diputados a una minoría de mexicanos que socialmente será insuficiente para legitimar objetivos y propósitos del presidente Peña por más control que tuviere del Congreso de la Unión.

Las primeras encuestas en el proceso electoral en curso, señalan que las campañas de partidos y candidatos inician con una intención del voto favorable al PRI. Con un 33 % de votos potenciales en el arranque el partido gobernante se enfrenta a un 67% de intención negativa fragmentada y dispersa. De continuar creciendo la falta de credibilidad y confianza, así como la percepción de inseguridad (67.9%) en la población, el 33 % a favor del PRI podría derrumbarse para terminar el 7 de junio con un escaso 20%, suficiente para un triunfo legal pero insuficiente para alcanzar el mínimo de legitimidad democrática requerido para frenar la caída en la aceptación de la sociedad de un Enrique Peña Nieto, que ya no resiente lo duro sino lo tupido.

El Sr. Peña y sus asesores  lo saben o lo intuyen. No es circunstancial que se valga del “partido del niño verde” para intentar construir mayoría en la Cámara baja. Siempre es sano y deseable tener la bacinica bajo la cama por lo que pudiera ofrecerse.

La mayoría dispersa, hombres y mujeres de a pie, en la calle y mostrando el músculo, antes y después de los comicios habrá de marcar la agenda en la vida política de la nación; frente a la escalada en la profundización de la movilización social de protesta y resistencia la partidocracia impotente, será incapaz de controlar y contener a una fuerza política que viene por lo suyo.

Renglón aparte del grado de incertidumbre social existente en torno al proceso electoral y sus resultados en las urnas, cabe considerar que cantidad y calidad de los candidatos participantes en la justa electoral son imagen y semejanza de los partidos que les postulan. La gente lo sabe, de antemano les descalifica y se prepara para actuar en consecuencia. Si se vota el 7 de junio no es por convicción de que las cosas van a mejorar y, mucho menos de que el proceso electoral tenga significado trascendente en la construcción de una auténtica democracia representativa. Se vota porque no hay de otra y  porque participar ejerciendo el derecho al sufragio es el pase de lista de cada mexicano comprometido con su país. Es hacerse presente como  primera fuerza política ante un régimen político tan sordo, ciego, caduco y corrupto, como incapaz de brindar esperanza y expectativas de cambio real para una sociedad frustrada que exige mejor destino.

Partidocracia versus sociedad, es la tónica. Peña Nieto y el partido gobernante  perderán ganando la elección. Difícilmente se recuperará en las urnas confianza y credibilidad en un régimen político que ya no da más. La revolución silenciosa y pacífica de un pueblo retomando el sendero democrático está en marcha.

¿Y Veracruz?

Respecto a la aldea poco queda por decir. La percepción generalizada es de una nueva y abrumadora derrota cuantitativa y cualitativa para el PRI. El Sr. Duarte de Ochoa y la quiebra de las finanzas públicas estatales bien se han encargado de ello sin medir las consecuencias.- Cd. Caucel, Yuc., 08/04/2015

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Pulso crítico

Enrique Olivera Arce 

Dado que en Veracruz existe aceptación legal y de facto de la gubernatura de dos años para el período 2016-2018, tanto para el priísmo en la aldea como en círculos periodísticos que marchan a la zaga de éste, no existe duda al considerar que la titularidad del ejecutivo se disputara entre los dos senadores de extracción tricolor.

No hay otras opciones válidas con peso y probabilidades, se dice.

Dándose por sentado que la mayoría de los electores potenciales seguirán votando en el 2016 por los candidatos del PRI. Bien sea por la fuerza de la costumbre o bien, por la fuerza de la maquinaria avasalladora del tricolor que, a diferencia de los partidos opositores, se estima cuenta con una estructura sólida a lo largo y ancho de la entidad veracruzana.

Con el sólo peso numérico del llamado voto duro, fuere como fuere el PRI ganará la elección, se argumenta. Minimizándose las posibilidades reales y potenciales que al respecto pudiera  abrigar la oposición. Con mayor razón si el tricolor repite la fórmula de alianza formal o de facto con el PVEM.

Esto no obstante que en el imaginario colectivo existe otra percepción que se contrapone a los optimistas cálculos del priísmo veracruzano, aquella que considerando el pésimo resultado de la gestión gubernamental lo mismo a nivel federal y, con mayor razón en el orden estatal niega toda posibilidad de triunfo al partido gobernante.

S el mayor capital político electoral del  PRI descansa en la actuación y nivel de aceptación del presidente Peña y el Sr. Duarte de Ochoa,  no puede dejarse de considerar esta percepción y sus posibles consecuencias en las urnas.

Cuestión de enfoques en una sociedad polarizada inmersa en una crisis en la que los poderes públicos se encargan y empeñan en ponerle más leña al fuego.

A mi juicio lo lógico entonces sería esperar a conocer los resultados de la elección de junio próximo para entonces sí, contar con mayores elementos de juicio para fundamentar un pronóstico razonable. Empero, la soberbia y triunfalismo en la cúpula priísta estatal no lo considera  así, persistiendo en ésta  la idea de que la elección de diputados federales será de mero trámite dándose por hecho un triunfo inobjetable de los candidatos de la alianza PRI-Verde Ecologista y, por ende, la elección de gobernador de dos años en el 2016 no tiene por qué tomar un camino diferente. 

Considerando el clima de incertidumbre, resultado de una dinámica de constante cambio y transformación de la realidad que se vive en México, bien haría el PRI en prever que las cosas no son tan en automático ni se puede recurrir a un análisis simplista y lineal para sustentar su predicción; percepción es política, pesa y pudiera ser determinante para inclinar el voto en su contra. Si el partido gobernante no ve, no escucha el clamor popular de descontento y hartazgo, ¿por qué espera una respuesta positiva de la sociedad en las urnas? Es la pregunta obligada.

Correlación de fuerzas

Es un hecho ampliamente reconocido en los círculos del poder real y formal que la población, desconfiada e incrédula, lo mismo descalifica los actos de gobierno emanados del modelo neoliberal en voga que la actuación de los partidos políticos que, en su conjunto, todos por igual marchan de espaldas a la sociedad. Esto a mi modo de ver las cosas, obliga a pensar en una ruptura en la correlación de fuerzas políticas en el país, polarizándole. Por un lado se observa el deterioro de la fuerza político electoral partidista y, en el extremo opuesto, el fortalecimiento de la movilización social que no por dispersa, ayuna de organicidad y programa común para la acción, deja de expresar una substancial modificación en la correlación de fuerzas que está inclinando la balanza a favor de la resistencia popular.

Los mirones de palo ya no son tales. Participación y movilización popular marca su huella en el escenario político hoy día. Ignorarlo es insistir en negar la realidad.

Veracruz no tiene por qué y con qué escapar a éste fenómeno social y político. El deterioro económico generalizado, acompañado de una percepción de inseguridad pública en la entidad así como la ausencia de respuestas congruentes del poder público a las justas demandas de la sociedad veracruzana, es el pan nuestro de cada día. La incapacidad manifiesta de una administración pública estatal y municipal, agobiada por la corrupción impune, el endeudamiento creciente  y quiebra financiera para frenar este proceso de descomposición,  cierra el círculo perverso, confirmando polarización y divorcio entre sociedad y gobierno.

A esta realidad es que debe enfrentarse lo mismo el PRI que los partidos  opositores, hoy desplazados por una nueva e inédita correlación de fuerzas políticas que favorece a movilización y resistencia popular,  y que habrá sin duda de reflejarse en las urnas lo mismo en junio próximo que en el 2016.

Luego no hay que echar las campanas al vuelo la víspera, al PRI podría volteársele la tortilla cuando menos lo espere, enfrentándose a un voto de castigo que podría dejar fuera de la gubernatura de dos años al mejor posicionado de los Yunes rojos. Más si estos insisten en sustentar su proselitismo tempranero en medias verdades y medias mentiras, políticas públicas y medidas de una falsa austeridad de un presidente Peña que va cuesta abajo. Secundando, por si fuera poco, el aquí no pasa nada que ha popularizado el gobernador fallido de Veracruz.

La elección del 7 de junio, dará la medida. Si cabe reflexionar la decisión a tomar en las urnas, con mayor razón vale la pena esperar a que se aclare el panorama.

Chelem, Yuc.- marzo 31 de 2015.

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Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

Vagos recuerdos de mi niñez vienen a mi memoria en estas tardes lluviosas de un Xalapa impredecible, por su veleidoso clima y porque uno nunca sabe cuál va a ser la declaración del día de quien se dice manda o gobierna Veracruz. Reunidos en torno a la cama de mi abuela, anciana heredera de la sabiduría del pueblo náhuatl, media docena de primos y quien esto escribe, embelesados escuchábamos de ella mil y un historias lo mismo de la revolución y los sufrimientos del pueblo trabajador que de las andanzas del abuelo Miguel como sindicalista y luchador social. Las frías y húmedas tardes invernales en Santa Rosa, hoy Ciudad Mendoza se prestaban para ello, despertando en nuestra niñez imaginación y deseo por conocer más del México bronco y su expresión obrera en la región. La asistencia casi obligada a las veladas culturales que entonces promovía y auspiciaba el sindicato de la fábrica, acicateaban esta infantil curiosidad al escuchar la fogosidad de los oradores.

De estos recuerdos viene a mi memoria una lección que nunca dejaba de repetir la abuela: “… nunca gastes más de lo que ganas y si lo haces, no te presentes en público con los zapatos rotos y lustroso el fondillo del pantalón, pues la gente no va a juzgar tu miseria sino tu ignorancia”.

Sabia lección de economía doméstica que proyectada al mundo de la política y los negocios, deja entrever cuánta razón asiste en múltiples ocasiones al sentido común, por sobre rebuscadas teorías que juzgan a este de escasas luces y poco entendimiento hermano menor de la filosofía. Como te ven te tratan, juzgando no tu escaso bagaje pecuniario sino tu ignorancia para administrar con relativo éxito tu magra economía.

Lección nacida de la sabiduría popular que el Sr. Dr. (en economía) Javier Duarte de Ochoa, gobernador de Veracruz, jamás ha escuchado o pasa por alto en sus afanes triunfalistas exhibidos hasta el cansancio en el discurso oficial sin sustento. No preocupa tanto a los veracruzanos el saber que la economía estatal atraviesa por un bache de respetable dimensión, ya se ha pasado por esto en múltiples ocasiones obligando a todo mundo a apretarse el cinturón, lo que preocupa y es cada vez mayor el consenso que a ello concita, es el hecho de que su gobernante no acepta ni actúa en consecuencia ante eventos que ponen a flor de piel la profundidad de la crisis que hoy aqueja a la entidad.

No estaría de acuerdo si dejándose llevar por prejuicios y especulaciones, se pensara que el gobernante actúa de mala fe o movido únicamente por aspiraciones tan mundanas como mezquinas como el acumular riqueza a costa de sus gobernados. Sería una interpretación muy ligera y lineal de su desempeño al frente de la administración pública. Empero, a mi juicio, el Sr. Dr. si exhibe ignorancia lo mismo en los terrenos de la política que en los de orden económico y social. Mostrándose ante su pueblo con los zapatos rotos y lustrosos los fondillos de su pantalón, evidenciando no saber administrar con inteligencia y buen juicio, lo mismo el capital político que los recursos presupuestales que el pueblo de Veracruz y de México le han confiado.

En lugar de humildad para aceptar los hechos, exhibe soberbia negándolos, no obstante que la realidad le desmiente día con día; el discurso simplón o la declaración banquetera no tapan el sol con un dedo ni contribuyen a tapar el pozo tras el niño ahogado. Números duros, que devienen de la estadística oficial de la Federación, o de los análisis serios de estudiosos e investigadores de la Universidad Veracruzana, como el Dr. Hilario Barcelata Ramírez, entre otros, nos hablan de que más que zapatos rotos, lo mismo en finanzas públicas que en la economía estatal en su conjunto, lo que se exhibe y debemos observar, entender y juzgar es la proximidad de un colapso sin precedente.

El triunfalismo sin sustento tiene límites. Percepción es política y cuando ésta rebasa los límites permisibles de credibilidad y confianza que la sociedad se da, las consecuencias son de orden político, como política es la respuesta de un pueblo cansado, descontento y harto de escuchar día con día la misma retahíla de mentiras o, en el mejor de los casos, medias verdades y medias mentiras trasmitiendo el falso mensaje de que vamos bien, aquí no pasa nada, cuando en la desfondada nave las llamas alcanzan ya a los aparejos. Esta respuesta no espera a manifestarse en las urnas en junio próximo, se da ya de manera constante y en crescendo a lo largo y ancho de la entidad, sin que por parte del poder público sea escuchada y atendida.

Se cosecha lo que se siembra.

El S. Javier Duarte de Ochoa cosecha lo que ha sembrado a lo largo de cuatro años de ineptitud, despilfarro, corrupción y pésima administración; es el que gobierna pero no el que manda, se dice al comentar la composición espuria de candidatos del PRI a la diputación federal y la presunta injerencia de su antecesor y padrino en el palomeo de las listas de beneficiarios.

Frente a propósitos y objetivos implícitos o explícitos del proceso electoral en curso, la llamada sociedad civil para el gobernante es mirón de palo, infante de lento aprendizaje cuya opinión ni pesa ni cuenta en la toma de aquellas decisiones que le competen y hoy lastiman.

Lo que sí cuenta es el voto para satisfacer la demanda presidencial, y de ahí el proselitismo ramplón asegurando por anticipado bajo la luz de los reflectores públicos el triunfo del partido en el gobierno, aunque para la democracia secuestrada o la ingente necesidad de enderezar el rumbo, el sufragio sea irrelevante. Y es que en la búsqueda tardía del voto que le avale, el Sr. Dr. en economía (ya dudo de que lo sea), el priísta Javier Duarte de Ochoa se vanagloria mediáticamente de que Veracruz va a la cabeza en la generación de nuevos empleos cuando la realidad muestra que es todo lo contrario, el estado como los números duros indican, está a la cola entre las 32 entidades federativas de México en este rubro, como también en muchos otros en los que se nos quiere vender la idea de un Veracruz de pie, próspero y pujante.

Frente al desastre no aceptado por el poder público estatal, me quedo con la lección de la abuela. A nada bueno conduce gastar más de lo que nuestros ingresos lo permiten. Cualquier ama de casa lo sabe, en ello radica la fortaleza de la mujer trabajadora que con inteligencia y buen juicio, administra la economía familiar en un país en el que trabajo humano y salario son permanentemente devaluados y expoliados.- Xalapa, Ver., marzo 11 de 2015.

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Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

Imagen mediática: México transformado en un espectáculo circense, en el que los ciudadanos son simples mirones de palo.

El tema de la inseguridad y estrategias adoptadas para combatirle con relativa eficacia, cede prioridad a corrupción e impunidad, no porque ya se diera el primer paso en la reforma constitucional aprobada por el Congreso de la Unión que culminará con la creación de un inicuo sistema nacional anticorrupción, sino porque tras esta cortina de humo mediática, la realidad, siempre la terca realidad que nos agobia hoy día se impone, mostrándonos con toda crudeza los alcances del proyecto neoliberal de país que promueve Enrique Peña Nieto.

PEMEX dejándose morir por inanición y saqueo; distribución y expendios de gasolina serán propiedad de Coca Cola; la Fiscalía General de la República y la Cámara de diputados bajo la influencia del duopolio televisivo; el rumbo de la educación determinada por la cúpula empresarial. Y aún hay más. La anormalidad democrática, la improvisación, despilfarro de recursos públicos e ineficiencia, por sobre los principios básicos de la democracia representativa, llegaron para quedarse gracias a las presuntas reformas estructurales del Sr. Peña, avaladas por el Congreso de la Unión.

La economía no repunta; el desprestigio del aparato gubernamental del Estado crece, y el malestar y precarización de la sociedad se expresa en la calle sin ser escuchado y atendido.

¿Hasta cuándo?

Hasta que el pueblo quiera, sería la respuesta a esta interrogante si éste estuviera dispuesto a recuperar para sí la representación popular y la conducción del Estado mexicano hoy secuestrados por una partidocracia al servicio de los poderes fácticos.

Palabras mayores muy lejos de posibilitarse. La dispersión e inorganicidad de los movimientos sociales que están por la resistencia y un cambio verdadero lo impiden. Descontento, hartazgo y un legítimo deseo de cambio, no son suficientes para modificarle la plana al régimen político vigente, en tanto la movilización social no cuente con organización unitaria y un programa mínimo que estableciendo denominadores comunes consensuados, convoque a una acción orgánica consecuente para rescatar lo que en principio es del pueblo para el pueblo.

Esto viene a colación en virtud de que son muchas las voces que, a partir de la condición actual de la resistencia social, expresan con conocimiento de causa que por la vía electoral las cosas seguirán igual. El PRI en alianza con el bodrio verde que le sirve de comparsa y cómplice, tiene ganadas de antemano las elecciones de junio y con ello el fortalecimiento de políticas públicas y desplantes legislativos, que no conduciendo positivamente a ningún lado, profundizan las contradicciones de un modelo de país neoliberal que las mayorías por principio rechazan.

Conocedores del paño, al derecho y al revés, del centro a la periferia y de la periferia al centro, politólogos y analistas con amplia experiencia en lides electorales, lo afirman sustentándose en el hecho por ahora irrefutable, de que el partido en el gobierno gana por el sólo hecho de contar con una maquinaria estratégica legal y extralegal que, a lo largo y ancho del país mantiene el control de un voto duro que es suficiente para mantener el actual estado de cosas. La pulverización del sufragio auspiciada por el régimen, sustentada en 10 partidos políticos con registro nacional, la figura electoral de los candidatos independientes, y n número de votos nulos o los que se le otorguen al “gato Morris” entre otros, como candidato no registrado, da cuenta de ello.

Paradójicamente, el abstencionismo jugaría a favor de la alianza PRI-PVEM.

Siendo el PRI-gobierno dueño de las canicas, son sus reglas las que habrán de prevalecer en el juego, y el que no le guste que tome su ropa y abandone la fiesta.

En la farándula electoral de junio próximo, el afiche deseado anunciando a Enrique Peña Nieto Vs. Descontento y hartazgo en la contienda por la mayoría absoluta en la Cámara de diputados, no se verá.

La lógica más elemental así lo indica. La estructura o maquinaria electoral construida a lo largo de más de ocho décadas no contempla competencia alguna que pueda surgir de una oposición partidista dispersa, pulverizada, sin liderazgos de peso y además, financieramente en desventaja. Y ni qué decir de los movimientos sociales, sin acceso real al juego electoral y sin posibilidad alguna de modificarle la plana al Sr. Peña en su intención de contar con mayoría legislativa absoluta que avale la profundización de su proyecto neoliberal contrario a soberanía e independencia nacional.

La voz de la experiencia parece tener razón, hay que reconocerlo. ¿Por quién van a votar los ciudadanos descontentos ya en el límite del hartazgo, para expresar por la vía electoral su deseo y voluntad de cambio? No hay opción. Se vote por quien se vote, el resultado de la elección de diputados federales a favor del PRI pareciera ya un hecho irreversible.

Luego, sin renunciar al derecho conquistado a votar y ser votados, mexicanos de a pie, hombres y mujeres comprometidos con la necesidad de cambio, están en la tesitura de tener que buscar caminos alternos que forcen al régimen a modificar un statu quo contrario al interés nacional. Caminos sólo viables si se transitan con unidad orgánica de propósitos, estrategia y táctica comunes que hagan prevalecer el peso de lo que hoy por hoy es la principal fuerza política llamada a mover a este país. Esta asignatura pendiente es la que hay que enfrentar.

El adversario no está en el circo de los enanos de enfrente sino en el seno mismo de la movilización social y combatirlo con responsabilidad, talante democrático y visión de largo plazo es la tarea. Un paso a la vez, haciendo camino al andar sin perder de vista el objetivo de rescatar a México, librándolo de las cadenas que hoy le atan a un modelo de país contrario al sentir y voluntad de los mexicanos.

Sufragar sí, mostrando masivamente el músculo como primera fuerza política de este país, con un voto razonado que exprese que la civilidad y aspiraciones democráticas no están reñidas con el descontento y el hartazgo. El PRI no es eterno y hay que hacérselo saber.

A decir de los expertos consultados en nuestra aldea, esta es una realidad que no puede ignorarse por más optimismo y confianza en la vía electoral que domine en el escenario de una movilización social de rechazo y resistencia.

En este supuesto Veracruz podría ser la excepción. El horno no está para bollos y de aquí al día de la elección podría estallar el cohete ya cebado, dejando al PRI en la estacada.

Hojas que se lleva el viento

El deterioro político, económico y social está presente en todo el país. Con mayor o menor incidencia, en todas las entidades federativas está dejando huella, ninguna está a salvo lo mismo en inseguridad, corrupción impune e ineficiencia para enderezar el rumbo. El principal obstáculo para enfrentar el deterioro creciente es el no reconocer el fenómeno y actuar en consecuencia. En la aldea, lo mismo la administración pública que partidos políticos en los cuernos de la luna; el aquí no pasa nada cuando la lumbre llega a los aparejos es cosa de todos los días. El beneplácito mediático oficial para con un estado de cosas que con números duros apunta al desastre, es inaudito. Vamos bien, la estrategia adoptada es la correcta, es la respuesta, dejando para mañana lo urgente ante lo importante de un proceso electoral ya no del 2015, sino el que viene en 2016. La sucesión del inepto Dr. Duarte de Ochoa se impone por sobre la alerta del derrumbe, sin que entre los aspirantes a la gubernatura de dos años tengan la menor idea del cómo y con qué sacar al buey de la barranca. Muchos son los que aspiran y nadie de entre ellos parece tener conciencia de que la urgencia por atender es hoy y no mañana.

-ooo-

El pasado sábado se realizó el festejo del primer aniversario del portal Sociedad 3.0 con nutrida asistencia de directivos, miembros fundadores, colaboradores y amigos que brindaron expresando su beneplácito por los logros alcanzados por la empresa periodística a lo largo de los últimos 12 meses y deseándole larga vida a un portal veracruzano que en muy corto tiempo, se ha posicionado como uno de los más visitados en la WEB.- Xalapa, Ver., marzo 3 de 2015.

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Enrique Olivera Arce

Dicen que autoelogio es vituperio. Acepto el riesgo.

Siempre dentro de la esfera subjetiva de la percepción me anticipe observando que negros nubarrones en la vida de la Nación anunciaban el tocar fondo de un régimen político sustentado en una partidocracia en crisis; los partidos políticos habiendo perdido confianza y credibilidad se desbarrancaban y con ellos la incipiente democracia representativa que el pueblo de México se ha dado, y así lo publique en diciembre del 2011 en un maquinazo que llevaba por título: “ ¿Crisis del régimen político en México”.

Me colgaron la etiqueta de tremendista y “contreras”. Pareció exagerado lo que en mis juicios se contradecía con una realidad en la que no pasaba nada; argumentándose que el seguro retorno del PRI ante el mal gobierno de Felipe Calderón, aseguraba el rescate del Estado-nación, afrontando con responsabilidad los estropicios de la alternancia, dando un nuevo rumbo a la economía, a la política y a la vida social del país.

Con el arribo de Enrique Peña Nieto al gobierno de la república, la integración de un gabinete federal de experimentadas chuchas cuereras y un experto economista al frente de la secretaría de hacienda, así como posteriormente la aprobación en cascada de reformas presuntamente estructurales ampliamente difundidas como panacea para sacar a México del ostracismo, mi reiterada insistencia en una crisis que sólo en la forma pareciera inexistente, fue suficiente motivo para ser objeto de burla y descalificación.

Aguanté la burla sin quitar el dedo del renglón, la crisis política percibida se profundizaba, ahora acompañada de descalabros concretos en la economía e incremento de conductas antisociales radicales que la guerra declarada de Calderón en contra de la delincuencia organizada exacerbó. Guerra que Peña Nieto continuó, con otra estrategia igual de ineficaz.

Hechos posteriores ratificaron la percepción vertida en mis maquinazos; politólogos y analistas en la prensa nacional con mayor información y mejores elementos de juicio y olfato político concentraron sus baterías en un proceso galopante de descomposición política, deterioro de la economía y malestar social. Persistiendo en quienes siguiendo llamándome “contreras” la idea de que no pasaba nada, antes al contrario, en México se respiraba un aire de seguridad, certidumbre, bonanza y prosperidad bajo la conducción priísta del país que se reflejaba en Veracruz. El PRI si sabe gobernar, me insistían.

Peña Nieto desestimó la gravedad de la crisis

En el gobierno federal el estado crítico del régimen fue desestimado, así como sobreexpuesto por el llamado “Pacto por México”. La crisis hizo crisis, arrastrando consigo a todo el régimen político en su conjunto con consecuencias directas en credibilidad y confianza en las instituciones republicanas así como en el consenso social en torno al gobierno peñista. En este marco de deterioro, Ayotzinapa jugaría el papel de detonador del descontento y hartazgo acumulado, abriéndose la caja de Pandora y exhibiendo la carencia de capacidad de respuesta del régimen político vigente para administrar el control de daños, primero, para posteriormente mostrar las llagas de una sociedad enferma paradigmáticamente conducida por una cleptocracia corrupta, voraz y sin llenadera.

El considerado “crimen de Estado” por lo acontecido en Iguala, paralizó al gobierno, enmudeció a los partidos políticos y desató una movilización social sin precedente en las últimas décadas; aflorando abiertamente en una sociedad lastimada, los signos inequívocos de la corrupción e impunidad en las altas esferas del gobierno y una resistencia creciente en la base de la pirámide poblacional. A ello siguió la brusca caída en el precio del crudo mexicano, el deterioro de las finanzas públicas en los tres órdenes de gobierno, el recorte al presupuesto federal aprobado por el Congreso de la Unión, el estancamiento del crecimiento y la paulatina pero constante pérdida del empleo y poder adquisitivo del salario así como el punto de quiebre de las fuerzas político-electorales. Los negros nubarrones en la percepción de un tundeteclas provinciano se materializaron en una compleja y muldimensional crisis del Estado mexicano que el gobierno de Peña Nieto parece o pretende ignorar o subestimarle.

México vive hoy lo que la maestra Dulce María Sauri Riancho, ex presidente nacional del PRI calificara como “la tormenta perfecta”. Pasada esta –cuándo, quien sabe- Es de esperarse el inevitable “tsunami” y el pago de los platos rotos por los mismos de siempre.

Mi observación no estaba del todo errada; mi percepción personal de la crisis es apenas pálido reflejo de estudios más agudos y profundos de analistas y politólogos calificados, que por diversos caminos están llegando a la conclusión de la necesidad impostergable de un proceso de rescate y renovación ya no sólo del régimen político, sino de la estructura misma del Estado mexicano como un todo, proponiendo un Congreso constituyente que dé a México una nueva Constitución Política para el Siglo XXI que de viabilidad a la refundación del Estado.

El régimen político rebasó su fecha de caducidad

Hoy día, la crisis de representación tanto de los partidos políticos como de la administración pública en sus tres niveles de gobierno, ya no anida sólo en la percepción colectiva; objetivamente en hechos concretos se exhibe como tal en todo el territorio nacional. El régimen político, alcanzó su fecha de caducidad, los partidos políticos sin excepción han perdido su razón de ser, están divorciados de la sociedad con el agregado de que la llamada clase política se niega a reconocer la gravedad de una crisis con síntomas de padecimiento terminal. El Sr. Peña Nieto y sus “reformas estructurales” pagan el costo de la imprevisión, impaciencia y ausencia de un diagnóstico preciso de la realidad nacional, en medio de un torbellino que se refleja en estancamiento económico, creciente deterioro del tejido social y una movilización de hartazgo y resistencia.

No es la economía ni la crisis globalizada del neoliberalismo, como muchos piensan la que arrastra al resto en este proceso de deterioro, en México es a mi juicio, la política política que ha perdido rumbo, principios y justificada existencia. Bajo este supuesto, la elección de junio próximo no es la mejor salida para corregir el entuerto, antes al contrario, agudizará las contradicciones del régimen con resultados nada optimistas.

Con preocupación aquellos que me llamaran “contreras”, expresan el existir de un consenso cada vez más amplio de que Peña Nieto llevó a las muchachas al baile equivocado y que eso habrá de reflejarse en las urnas.

¿Y de Veracruz y su pésima administración pública?

Bajo el título: “Duarte un peligro para Veracruz” en mayo del 2010 y en plena campaña electoral del entonces candidato priísta a la gubernatura de Veracruz, ya advertía que nada bueno esperaba a la entidad.

El 25 de diciembre del mismo año, ya siendo gobernador el Sr. Duarte de Ochoa, en otro maquinazo expresé que: “Javier Duarte de Ochoa está obligado a poner las barbas en remojo;  por lo que publican los medios de comunicación el joven gobernador tiende a seguir el mismo camino de su antecesor, improvisando, errando el camino, y apoyándose, con honrosas y contadas excepciones, en lo más nefasto de la llamada clase política y cúpula sindical, en aras de un inconsciente deseo de legitimarse con exacerbado protagonismo y falso triunfalismo; a sabiendas de que la situación que guardan las arcas públicas, la reducida captación y déficit fiscal que le hace dependiente en grado superlativo de las aportaciones federales, el cada vez mayor endeudamiento público, así como el deterioro creciente de la economía veracruzana, obliga a gobernar con cautela, mesura, humildad  y buen juicio”.

Rematando, en abril del 2011, ya siendo del dominio público la tendencia de la nueva administración pública veracruzana a cargo del Sr. Dr. Duarte de Ochoa, bajo el título El discurso de Javier Duarte. Entre la realidad y la utopía en un maquinazo más expresé: “… La honestidad de un gobierno no sólo radica en cuidar el buen manejo de las finanzas públicas y que nadie le meta mano al erario en provecho propio. Eso es relevante, pero no substituye a la honestidad intelectual que exige el reconocer, con humildad y buen juicio, que la siempre necia realidad supera nuestras fortalezas y posibilidad de transformarle por decreto. No reconocer nuestras debilidades es engañarnos a nosotros mismos y, en su caso, como conductor de la vida política, económica y social de Veracruz, es engañar al pueblo que en usted confía.”

Percibiendo que el gobernante veracruzano transitaba ya por el delgado hilo de un triunfalismo desbocado y sin sustento, colocándose en la cúspide del arco iris ocultando o pretendiendo ignorar la realidad de la entidad y de su propia administración. “La prosperidad” consolidada, como cortina de humo mediática, pretendiendo ocultar el arribo de lo más atrasado y corrupto de la llamada clase política al gobierno de la entidad, confirmándose que el Dr. Duarte efectivamente resultaba ser y es un peligro para Veracruz.

Ya en los prolegómenos del quinto año de gobierno del Sr. Dr. Duarte de Ochoa, la realidad, sí, la necia realidad se está encargando de exhibir todo el daño que un gobierno fallido puede acarrearle a una sociedad ávida de progreso, seguridad y bienestar. Hechos concretos, no palabras que se lleva el viento, así lo confirman. No me equivoque advirtiendo de la proximidad de la llegada del lobo, los números duros hablan por sí de ineficiencia, desorden administrativo y “una licuadora” financiera que no logra ocultar a los ojos de la Auditoría Superior de la Federación el saqueo de que ha sido objeto el erario público veracruzano. Mis detractores ahora coinciden en que el peor legado de Fidel Herrera Beltrán ha sido el haber impuesto a su delfín.

Si el autoelogio es vituperio, asumo el riesgo de escupir para arriba. Está confirmado que el nuevo PRI no sabe gobernar. Mis maquinazos a lo largo de los últimos seis años, han pecado de congruencia, así como de una atinada y oportuna crítica sin más ánimo que contribuir con un granito de arena a despejar el fétido ambiente político que ahoga a México y a nuestra entidad.- Xalapa, Ver., febrero 22 de 2015.
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