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Tag Archives: PRI

Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

Vagos recuerdos de mi niñez vienen a mi memoria en estas tardes lluviosas de un Xalapa impredecible, por su veleidoso clima y porque uno nunca sabe cuál va a ser la declaración del día de quien se dice manda o gobierna Veracruz. Reunidos en torno a la cama de mi abuela, anciana heredera de la sabiduría del pueblo náhuatl, media docena de primos y quien esto escribe, embelesados escuchábamos de ella mil y un historias lo mismo de la revolución y los sufrimientos del pueblo trabajador que de las andanzas del abuelo Miguel como sindicalista y luchador social. Las frías y húmedas tardes invernales en Santa Rosa, hoy Ciudad Mendoza se prestaban para ello, despertando en nuestra niñez imaginación y deseo por conocer más del México bronco y su expresión obrera en la región. La asistencia casi obligada a las veladas culturales que entonces promovía y auspiciaba el sindicato de la fábrica, acicateaban esta infantil curiosidad al escuchar la fogosidad de los oradores.

De estos recuerdos viene a mi memoria una lección que nunca dejaba de repetir la abuela: “… nunca gastes más de lo que ganas y si lo haces, no te presentes en público con los zapatos rotos y lustroso el fondillo del pantalón, pues la gente no va a juzgar tu miseria sino tu ignorancia”.

Sabia lección de economía doméstica que proyectada al mundo de la política y los negocios, deja entrever cuánta razón asiste en múltiples ocasiones al sentido común, por sobre rebuscadas teorías que juzgan a este de escasas luces y poco entendimiento hermano menor de la filosofía. Como te ven te tratan, juzgando no tu escaso bagaje pecuniario sino tu ignorancia para administrar con relativo éxito tu magra economía.

Lección nacida de la sabiduría popular que el Sr. Dr. (en economía) Javier Duarte de Ochoa, gobernador de Veracruz, jamás ha escuchado o pasa por alto en sus afanes triunfalistas exhibidos hasta el cansancio en el discurso oficial sin sustento. No preocupa tanto a los veracruzanos el saber que la economía estatal atraviesa por un bache de respetable dimensión, ya se ha pasado por esto en múltiples ocasiones obligando a todo mundo a apretarse el cinturón, lo que preocupa y es cada vez mayor el consenso que a ello concita, es el hecho de que su gobernante no acepta ni actúa en consecuencia ante eventos que ponen a flor de piel la profundidad de la crisis que hoy aqueja a la entidad.

No estaría de acuerdo si dejándose llevar por prejuicios y especulaciones, se pensara que el gobernante actúa de mala fe o movido únicamente por aspiraciones tan mundanas como mezquinas como el acumular riqueza a costa de sus gobernados. Sería una interpretación muy ligera y lineal de su desempeño al frente de la administración pública. Empero, a mi juicio, el Sr. Dr. si exhibe ignorancia lo mismo en los terrenos de la política que en los de orden económico y social. Mostrándose ante su pueblo con los zapatos rotos y lustrosos los fondillos de su pantalón, evidenciando no saber administrar con inteligencia y buen juicio, lo mismo el capital político que los recursos presupuestales que el pueblo de Veracruz y de México le han confiado.

En lugar de humildad para aceptar los hechos, exhibe soberbia negándolos, no obstante que la realidad le desmiente día con día; el discurso simplón o la declaración banquetera no tapan el sol con un dedo ni contribuyen a tapar el pozo tras el niño ahogado. Números duros, que devienen de la estadística oficial de la Federación, o de los análisis serios de estudiosos e investigadores de la Universidad Veracruzana, como el Dr. Hilario Barcelata Ramírez, entre otros, nos hablan de que más que zapatos rotos, lo mismo en finanzas públicas que en la economía estatal en su conjunto, lo que se exhibe y debemos observar, entender y juzgar es la proximidad de un colapso sin precedente.

El triunfalismo sin sustento tiene límites. Percepción es política y cuando ésta rebasa los límites permisibles de credibilidad y confianza que la sociedad se da, las consecuencias son de orden político, como política es la respuesta de un pueblo cansado, descontento y harto de escuchar día con día la misma retahíla de mentiras o, en el mejor de los casos, medias verdades y medias mentiras trasmitiendo el falso mensaje de que vamos bien, aquí no pasa nada, cuando en la desfondada nave las llamas alcanzan ya a los aparejos. Esta respuesta no espera a manifestarse en las urnas en junio próximo, se da ya de manera constante y en crescendo a lo largo y ancho de la entidad, sin que por parte del poder público sea escuchada y atendida.

Se cosecha lo que se siembra.

El S. Javier Duarte de Ochoa cosecha lo que ha sembrado a lo largo de cuatro años de ineptitud, despilfarro, corrupción y pésima administración; es el que gobierna pero no el que manda, se dice al comentar la composición espuria de candidatos del PRI a la diputación federal y la presunta injerencia de su antecesor y padrino en el palomeo de las listas de beneficiarios.

Frente a propósitos y objetivos implícitos o explícitos del proceso electoral en curso, la llamada sociedad civil para el gobernante es mirón de palo, infante de lento aprendizaje cuya opinión ni pesa ni cuenta en la toma de aquellas decisiones que le competen y hoy lastiman.

Lo que sí cuenta es el voto para satisfacer la demanda presidencial, y de ahí el proselitismo ramplón asegurando por anticipado bajo la luz de los reflectores públicos el triunfo del partido en el gobierno, aunque para la democracia secuestrada o la ingente necesidad de enderezar el rumbo, el sufragio sea irrelevante. Y es que en la búsqueda tardía del voto que le avale, el Sr. Dr. en economía (ya dudo de que lo sea), el priísta Javier Duarte de Ochoa se vanagloria mediáticamente de que Veracruz va a la cabeza en la generación de nuevos empleos cuando la realidad muestra que es todo lo contrario, el estado como los números duros indican, está a la cola entre las 32 entidades federativas de México en este rubro, como también en muchos otros en los que se nos quiere vender la idea de un Veracruz de pie, próspero y pujante.

Frente al desastre no aceptado por el poder público estatal, me quedo con la lección de la abuela. A nada bueno conduce gastar más de lo que nuestros ingresos lo permiten. Cualquier ama de casa lo sabe, en ello radica la fortaleza de la mujer trabajadora que con inteligencia y buen juicio, administra la economía familiar en un país en el que trabajo humano y salario son permanentemente devaluados y expoliados.- Xalapa, Ver., marzo 11 de 2015.

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Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

Imagen mediática: México transformado en un espectáculo circense, en el que los ciudadanos son simples mirones de palo.

El tema de la inseguridad y estrategias adoptadas para combatirle con relativa eficacia, cede prioridad a corrupción e impunidad, no porque ya se diera el primer paso en la reforma constitucional aprobada por el Congreso de la Unión que culminará con la creación de un inicuo sistema nacional anticorrupción, sino porque tras esta cortina de humo mediática, la realidad, siempre la terca realidad que nos agobia hoy día se impone, mostrándonos con toda crudeza los alcances del proyecto neoliberal de país que promueve Enrique Peña Nieto.

PEMEX dejándose morir por inanición y saqueo; distribución y expendios de gasolina serán propiedad de Coca Cola; la Fiscalía General de la República y la Cámara de diputados bajo la influencia del duopolio televisivo; el rumbo de la educación determinada por la cúpula empresarial. Y aún hay más. La anormalidad democrática, la improvisación, despilfarro de recursos públicos e ineficiencia, por sobre los principios básicos de la democracia representativa, llegaron para quedarse gracias a las presuntas reformas estructurales del Sr. Peña, avaladas por el Congreso de la Unión.

La economía no repunta; el desprestigio del aparato gubernamental del Estado crece, y el malestar y precarización de la sociedad se expresa en la calle sin ser escuchado y atendido.

¿Hasta cuándo?

Hasta que el pueblo quiera, sería la respuesta a esta interrogante si éste estuviera dispuesto a recuperar para sí la representación popular y la conducción del Estado mexicano hoy secuestrados por una partidocracia al servicio de los poderes fácticos.

Palabras mayores muy lejos de posibilitarse. La dispersión e inorganicidad de los movimientos sociales que están por la resistencia y un cambio verdadero lo impiden. Descontento, hartazgo y un legítimo deseo de cambio, no son suficientes para modificarle la plana al régimen político vigente, en tanto la movilización social no cuente con organización unitaria y un programa mínimo que estableciendo denominadores comunes consensuados, convoque a una acción orgánica consecuente para rescatar lo que en principio es del pueblo para el pueblo.

Esto viene a colación en virtud de que son muchas las voces que, a partir de la condición actual de la resistencia social, expresan con conocimiento de causa que por la vía electoral las cosas seguirán igual. El PRI en alianza con el bodrio verde que le sirve de comparsa y cómplice, tiene ganadas de antemano las elecciones de junio y con ello el fortalecimiento de políticas públicas y desplantes legislativos, que no conduciendo positivamente a ningún lado, profundizan las contradicciones de un modelo de país neoliberal que las mayorías por principio rechazan.

Conocedores del paño, al derecho y al revés, del centro a la periferia y de la periferia al centro, politólogos y analistas con amplia experiencia en lides electorales, lo afirman sustentándose en el hecho por ahora irrefutable, de que el partido en el gobierno gana por el sólo hecho de contar con una maquinaria estratégica legal y extralegal que, a lo largo y ancho del país mantiene el control de un voto duro que es suficiente para mantener el actual estado de cosas. La pulverización del sufragio auspiciada por el régimen, sustentada en 10 partidos políticos con registro nacional, la figura electoral de los candidatos independientes, y n número de votos nulos o los que se le otorguen al “gato Morris” entre otros, como candidato no registrado, da cuenta de ello.

Paradójicamente, el abstencionismo jugaría a favor de la alianza PRI-PVEM.

Siendo el PRI-gobierno dueño de las canicas, son sus reglas las que habrán de prevalecer en el juego, y el que no le guste que tome su ropa y abandone la fiesta.

En la farándula electoral de junio próximo, el afiche deseado anunciando a Enrique Peña Nieto Vs. Descontento y hartazgo en la contienda por la mayoría absoluta en la Cámara de diputados, no se verá.

La lógica más elemental así lo indica. La estructura o maquinaria electoral construida a lo largo de más de ocho décadas no contempla competencia alguna que pueda surgir de una oposición partidista dispersa, pulverizada, sin liderazgos de peso y además, financieramente en desventaja. Y ni qué decir de los movimientos sociales, sin acceso real al juego electoral y sin posibilidad alguna de modificarle la plana al Sr. Peña en su intención de contar con mayoría legislativa absoluta que avale la profundización de su proyecto neoliberal contrario a soberanía e independencia nacional.

La voz de la experiencia parece tener razón, hay que reconocerlo. ¿Por quién van a votar los ciudadanos descontentos ya en el límite del hartazgo, para expresar por la vía electoral su deseo y voluntad de cambio? No hay opción. Se vote por quien se vote, el resultado de la elección de diputados federales a favor del PRI pareciera ya un hecho irreversible.

Luego, sin renunciar al derecho conquistado a votar y ser votados, mexicanos de a pie, hombres y mujeres comprometidos con la necesidad de cambio, están en la tesitura de tener que buscar caminos alternos que forcen al régimen a modificar un statu quo contrario al interés nacional. Caminos sólo viables si se transitan con unidad orgánica de propósitos, estrategia y táctica comunes que hagan prevalecer el peso de lo que hoy por hoy es la principal fuerza política llamada a mover a este país. Esta asignatura pendiente es la que hay que enfrentar.

El adversario no está en el circo de los enanos de enfrente sino en el seno mismo de la movilización social y combatirlo con responsabilidad, talante democrático y visión de largo plazo es la tarea. Un paso a la vez, haciendo camino al andar sin perder de vista el objetivo de rescatar a México, librándolo de las cadenas que hoy le atan a un modelo de país contrario al sentir y voluntad de los mexicanos.

Sufragar sí, mostrando masivamente el músculo como primera fuerza política de este país, con un voto razonado que exprese que la civilidad y aspiraciones democráticas no están reñidas con el descontento y el hartazgo. El PRI no es eterno y hay que hacérselo saber.

A decir de los expertos consultados en nuestra aldea, esta es una realidad que no puede ignorarse por más optimismo y confianza en la vía electoral que domine en el escenario de una movilización social de rechazo y resistencia.

En este supuesto Veracruz podría ser la excepción. El horno no está para bollos y de aquí al día de la elección podría estallar el cohete ya cebado, dejando al PRI en la estacada.

Hojas que se lleva el viento

El deterioro político, económico y social está presente en todo el país. Con mayor o menor incidencia, en todas las entidades federativas está dejando huella, ninguna está a salvo lo mismo en inseguridad, corrupción impune e ineficiencia para enderezar el rumbo. El principal obstáculo para enfrentar el deterioro creciente es el no reconocer el fenómeno y actuar en consecuencia. En la aldea, lo mismo la administración pública que partidos políticos en los cuernos de la luna; el aquí no pasa nada cuando la lumbre llega a los aparejos es cosa de todos los días. El beneplácito mediático oficial para con un estado de cosas que con números duros apunta al desastre, es inaudito. Vamos bien, la estrategia adoptada es la correcta, es la respuesta, dejando para mañana lo urgente ante lo importante de un proceso electoral ya no del 2015, sino el que viene en 2016. La sucesión del inepto Dr. Duarte de Ochoa se impone por sobre la alerta del derrumbe, sin que entre los aspirantes a la gubernatura de dos años tengan la menor idea del cómo y con qué sacar al buey de la barranca. Muchos son los que aspiran y nadie de entre ellos parece tener conciencia de que la urgencia por atender es hoy y no mañana.

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El pasado sábado se realizó el festejo del primer aniversario del portal Sociedad 3.0 con nutrida asistencia de directivos, miembros fundadores, colaboradores y amigos que brindaron expresando su beneplácito por los logros alcanzados por la empresa periodística a lo largo de los últimos 12 meses y deseándole larga vida a un portal veracruzano que en muy corto tiempo, se ha posicionado como uno de los más visitados en la WEB.- Xalapa, Ver., marzo 3 de 2015.

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Pulso crítico

Enrique Olivera Arce

Dicen que autoelogio es vituperio. Acepto el riesgo.

Siempre dentro de la esfera subjetiva de la percepción me anticipe observando que negros nubarrones en la vida de la Nación anunciaban el tocar fondo de un régimen político sustentado en una partidocracia en crisis; los partidos políticos habiendo perdido confianza y credibilidad se desbarrancaban y con ellos la incipiente democracia representativa que el pueblo de México se ha dado, y así lo publique en diciembre del 2011 en un maquinazo que llevaba por título: “ ¿Crisis del régimen político en México”.

Me colgaron la etiqueta de tremendista y “contreras”. Pareció exagerado lo que en mis juicios se contradecía con una realidad en la que no pasaba nada; argumentándose que el seguro retorno del PRI ante el mal gobierno de Felipe Calderón, aseguraba el rescate del Estado-nación, afrontando con responsabilidad los estropicios de la alternancia, dando un nuevo rumbo a la economía, a la política y a la vida social del país.

Con el arribo de Enrique Peña Nieto al gobierno de la república, la integración de un gabinete federal de experimentadas chuchas cuereras y un experto economista al frente de la secretaría de hacienda, así como posteriormente la aprobación en cascada de reformas presuntamente estructurales ampliamente difundidas como panacea para sacar a México del ostracismo, mi reiterada insistencia en una crisis que sólo en la forma pareciera inexistente, fue suficiente motivo para ser objeto de burla y descalificación.

Aguanté la burla sin quitar el dedo del renglón, la crisis política percibida se profundizaba, ahora acompañada de descalabros concretos en la economía e incremento de conductas antisociales radicales que la guerra declarada de Calderón en contra de la delincuencia organizada exacerbó. Guerra que Peña Nieto continuó, con otra estrategia igual de ineficaz.

Hechos posteriores ratificaron la percepción vertida en mis maquinazos; politólogos y analistas en la prensa nacional con mayor información y mejores elementos de juicio y olfato político concentraron sus baterías en un proceso galopante de descomposición política, deterioro de la economía y malestar social. Persistiendo en quienes siguiendo llamándome “contreras” la idea de que no pasaba nada, antes al contrario, en México se respiraba un aire de seguridad, certidumbre, bonanza y prosperidad bajo la conducción priísta del país que se reflejaba en Veracruz. El PRI si sabe gobernar, me insistían.

Peña Nieto desestimó la gravedad de la crisis

En el gobierno federal el estado crítico del régimen fue desestimado, así como sobreexpuesto por el llamado “Pacto por México”. La crisis hizo crisis, arrastrando consigo a todo el régimen político en su conjunto con consecuencias directas en credibilidad y confianza en las instituciones republicanas así como en el consenso social en torno al gobierno peñista. En este marco de deterioro, Ayotzinapa jugaría el papel de detonador del descontento y hartazgo acumulado, abriéndose la caja de Pandora y exhibiendo la carencia de capacidad de respuesta del régimen político vigente para administrar el control de daños, primero, para posteriormente mostrar las llagas de una sociedad enferma paradigmáticamente conducida por una cleptocracia corrupta, voraz y sin llenadera.

El considerado “crimen de Estado” por lo acontecido en Iguala, paralizó al gobierno, enmudeció a los partidos políticos y desató una movilización social sin precedente en las últimas décadas; aflorando abiertamente en una sociedad lastimada, los signos inequívocos de la corrupción e impunidad en las altas esferas del gobierno y una resistencia creciente en la base de la pirámide poblacional. A ello siguió la brusca caída en el precio del crudo mexicano, el deterioro de las finanzas públicas en los tres órdenes de gobierno, el recorte al presupuesto federal aprobado por el Congreso de la Unión, el estancamiento del crecimiento y la paulatina pero constante pérdida del empleo y poder adquisitivo del salario así como el punto de quiebre de las fuerzas político-electorales. Los negros nubarrones en la percepción de un tundeteclas provinciano se materializaron en una compleja y muldimensional crisis del Estado mexicano que el gobierno de Peña Nieto parece o pretende ignorar o subestimarle.

México vive hoy lo que la maestra Dulce María Sauri Riancho, ex presidente nacional del PRI calificara como “la tormenta perfecta”. Pasada esta –cuándo, quien sabe- Es de esperarse el inevitable “tsunami” y el pago de los platos rotos por los mismos de siempre.

Mi observación no estaba del todo errada; mi percepción personal de la crisis es apenas pálido reflejo de estudios más agudos y profundos de analistas y politólogos calificados, que por diversos caminos están llegando a la conclusión de la necesidad impostergable de un proceso de rescate y renovación ya no sólo del régimen político, sino de la estructura misma del Estado mexicano como un todo, proponiendo un Congreso constituyente que dé a México una nueva Constitución Política para el Siglo XXI que de viabilidad a la refundación del Estado.

El régimen político rebasó su fecha de caducidad

Hoy día, la crisis de representación tanto de los partidos políticos como de la administración pública en sus tres niveles de gobierno, ya no anida sólo en la percepción colectiva; objetivamente en hechos concretos se exhibe como tal en todo el territorio nacional. El régimen político, alcanzó su fecha de caducidad, los partidos políticos sin excepción han perdido su razón de ser, están divorciados de la sociedad con el agregado de que la llamada clase política se niega a reconocer la gravedad de una crisis con síntomas de padecimiento terminal. El Sr. Peña Nieto y sus “reformas estructurales” pagan el costo de la imprevisión, impaciencia y ausencia de un diagnóstico preciso de la realidad nacional, en medio de un torbellino que se refleja en estancamiento económico, creciente deterioro del tejido social y una movilización de hartazgo y resistencia.

No es la economía ni la crisis globalizada del neoliberalismo, como muchos piensan la que arrastra al resto en este proceso de deterioro, en México es a mi juicio, la política política que ha perdido rumbo, principios y justificada existencia. Bajo este supuesto, la elección de junio próximo no es la mejor salida para corregir el entuerto, antes al contrario, agudizará las contradicciones del régimen con resultados nada optimistas.

Con preocupación aquellos que me llamaran “contreras”, expresan el existir de un consenso cada vez más amplio de que Peña Nieto llevó a las muchachas al baile equivocado y que eso habrá de reflejarse en las urnas.

¿Y de Veracruz y su pésima administración pública?

Bajo el título: “Duarte un peligro para Veracruz” en mayo del 2010 y en plena campaña electoral del entonces candidato priísta a la gubernatura de Veracruz, ya advertía que nada bueno esperaba a la entidad.

El 25 de diciembre del mismo año, ya siendo gobernador el Sr. Duarte de Ochoa, en otro maquinazo expresé que: “Javier Duarte de Ochoa está obligado a poner las barbas en remojo;  por lo que publican los medios de comunicación el joven gobernador tiende a seguir el mismo camino de su antecesor, improvisando, errando el camino, y apoyándose, con honrosas y contadas excepciones, en lo más nefasto de la llamada clase política y cúpula sindical, en aras de un inconsciente deseo de legitimarse con exacerbado protagonismo y falso triunfalismo; a sabiendas de que la situación que guardan las arcas públicas, la reducida captación y déficit fiscal que le hace dependiente en grado superlativo de las aportaciones federales, el cada vez mayor endeudamiento público, así como el deterioro creciente de la economía veracruzana, obliga a gobernar con cautela, mesura, humildad  y buen juicio”.

Rematando, en abril del 2011, ya siendo del dominio público la tendencia de la nueva administración pública veracruzana a cargo del Sr. Dr. Duarte de Ochoa, bajo el título El discurso de Javier Duarte. Entre la realidad y la utopía en un maquinazo más expresé: “… La honestidad de un gobierno no sólo radica en cuidar el buen manejo de las finanzas públicas y que nadie le meta mano al erario en provecho propio. Eso es relevante, pero no substituye a la honestidad intelectual que exige el reconocer, con humildad y buen juicio, que la siempre necia realidad supera nuestras fortalezas y posibilidad de transformarle por decreto. No reconocer nuestras debilidades es engañarnos a nosotros mismos y, en su caso, como conductor de la vida política, económica y social de Veracruz, es engañar al pueblo que en usted confía.”

Percibiendo que el gobernante veracruzano transitaba ya por el delgado hilo de un triunfalismo desbocado y sin sustento, colocándose en la cúspide del arco iris ocultando o pretendiendo ignorar la realidad de la entidad y de su propia administración. “La prosperidad” consolidada, como cortina de humo mediática, pretendiendo ocultar el arribo de lo más atrasado y corrupto de la llamada clase política al gobierno de la entidad, confirmándose que el Dr. Duarte efectivamente resultaba ser y es un peligro para Veracruz.

Ya en los prolegómenos del quinto año de gobierno del Sr. Dr. Duarte de Ochoa, la realidad, sí, la necia realidad se está encargando de exhibir todo el daño que un gobierno fallido puede acarrearle a una sociedad ávida de progreso, seguridad y bienestar. Hechos concretos, no palabras que se lleva el viento, así lo confirman. No me equivoque advirtiendo de la proximidad de la llegada del lobo, los números duros hablan por sí de ineficiencia, desorden administrativo y “una licuadora” financiera que no logra ocultar a los ojos de la Auditoría Superior de la Federación el saqueo de que ha sido objeto el erario público veracruzano. Mis detractores ahora coinciden en que el peor legado de Fidel Herrera Beltrán ha sido el haber impuesto a su delfín.

Si el autoelogio es vituperio, asumo el riesgo de escupir para arriba. Está confirmado que el nuevo PRI no sabe gobernar. Mis maquinazos a lo largo de los últimos seis años, han pecado de congruencia, así como de una atinada y oportuna crítica sin más ánimo que contribuir con un granito de arena a despejar el fétido ambiente político que ahoga a México y a nuestra entidad.- Xalapa, Ver., febrero 22 de 2015.
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Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce 

Entre tanta simulación, engaño y descaro, ya no sabe uno si lo declarado por políticos y servidores públicos en su cotidiano bombardeo mediático de imagen personal, es broma o persistencia en considerar a los receptores del mensaje como colectivo de estúpidos.

Crónica del Poder, portal digital veracruzano, publica uno más de estos petardos mediáticos bajo el título “Xalapa será modelo en la reconstrucción del tejido social: Cristchfield Hernández”. En el cuerpo de la nota se despliega el absurdo, destacándose que nuestra ciudad capital servirá de ejemplo para replicar las Jornadas de Justicia Alternativa a los 212 consejos municipales de seguridad pública como un modelo que promueve la reconstrucción del tejido social.

Si la nota formara parte del clásico “Alicia en el País de las maravillas”, no habría purrum; para los lectores amantes del surrealismo no sería motivo de asombro, estaría dentro del contexto de la obra de Lewis Carroll. Pero, no, gobierno estatal y Ayuntamiento xalapeño lo insertan como un hecho real incidiendo en la penosa realidad de Xalapa.

El universo objetivo del modelo por aplicar se refiere a 10 colonias de los varios cientos que conforman el escenario de exclusión, pobreza, desigualdad social y económica y altos índices de abandono e inseguridad de una ciudad perdida como Xalapa. A estas 10 colonias se enfocan programas asistencialistas con carácter más de corte electorero que de búsqueda real de resolver rezagos e insuficiencias, soslayándose el hecho inobjetable de que el deterioro social no es privativo únicamente de las colonias más jodidas entre las jodidas, sino de la sociedad entera. Al igual que dicho deterioro es consecuencia histórica de políticas públicas erráticas, erróneas y sin respaldo democrático de las mayorías y no necesariamente, referidas a la problemática de seguridad pública que aqueja a toda la ciudad.

El deterioro del tejido social en nuestra ciudad capital, así como en todo el territorio estatal y nacional tiene un origen, desenvolvimiento y consecuencias multifactoriales que necesariamente deben ubicarse tanto en la esfera económica como en las políticas de exclusión, clientelismo electoral y supresión de derechos políticos y sociales que dan marco a un caldo de cultivo del que devienen conductas antisociales. Pretender que el problema del deterioro del tejido social se resuelve con el fortalecimiento de la seguridad pública basado en una simulada participación ciudadana, honestamente equivale a orinarse fuera del tiesto.

Más, si tal deterioro es percibido y ubicado en los terrenos de la población económica y socialmente más vulnerable, cuando para todo mundo está claro que dicho deterioro permea de arriba hacia abajo conforme la corrupción e impunidad entre las élites priva a la población subordinada lo mismo de bienes básicos para la supervivencia que de expectativas de vida digna. Si hubiera una real intención de promover el rescate del tejido social, se empezaría de arriba hacia abajo en la pirámide social, más no es así, todo es simulación en época electoral y complicidad del alcalde Américo Zúñiga, más preocupado por mantener una costosa política de proyección mediática de su imagen que en atacar de fondo la problemática que mantiene a la capital veracruzana en el ostracismo y abandono.

Y ya que se toca el tema del deterioro del tejido social en Xalapa, vale señalar que la autoritaria y absurda medida del Ayuntamiento de “actualizar” el catastro predial de los bienes inmuebles en el municipio, fijando unilateralmente y sin consulta previa a los interesados un valor nominal que no se corresponde con el abandono en que se tiene a la capital veracruzana, ha generado no sólo irritación en los afectados, también daños patrimoniales lesionando la economía de los xalapeños. Lo mismo podría decirse del incremento en el pago del servicio de “agua potable”, saneamiento y alcantarillado en cientos de colonias en las que el servicio prestado es deficiente o inexistente. Estos abusos no se resuelven con “Jornadas de Justicia alternativa” en comunidades en la que precisamente la justicia social está ausente y sí, exhiben el afán desmedido de cargar sobre las espaldas de la población el costo de la ineficiencia, corrupción y quebranto financiero de la administración pública municipal. Fenómeno que se hace extensivo a todos los municipios veracruzanos.

Sirvan estos comentarios para ilustrar el por qué en la capital veracruzana electoralmente el PRI ha perdido presencia y posibilidades de triunfo ante la proximidad de los comicios intermedios federales de junio próximo, obligándose este partido político al reciclaje de personaje así como de vetustas y corruptas y amañadas prácticas antidemocráticas para mantenerse en el poder, como ya se observa en las colonias periféricas y no precisamente únicamente en las 10 en las que se dice se reconstruirá un tejido social en franco deterioro.

Hojas que se lleva el viento

Irrelevante la visita presidencial a San Andrés Tuxtla, Veracruz. Discursos anodinos y parafernalia electorera priísta con el clásico acarreo y entrega de “apoyos”, porra y matraca, no fueron suficientes para desvanecer en la percepción colectiva los oscuros nubarrones que ensombrecen el horizonte mediato para una entidad federativa empobrecida con un gobierno fallido. “Veracruz próspero sin hambre” a dos años de gobierno del Sr. Peña y cuatro del Sr. Dr. Duarte de Ochoa, fue la puntilla.

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Uno de los pocos lectores de quien esto escribe, enardecido comenta que exagero en mis maquinazos al colocar a toda la llamada clase política en el mismo canasto de la corrupción e impunidad, ya que México y Veracruz cuentan con políticos honorables y comprometidos con las mejores causas de la sociedad. Cuestión de enfoques, efectivamente no todos los políticos traen al cuello la etiqueta de corruptos impunes, empero las contadas y honorables excepciones confirman la regla, sin olvidar que tanto peca el que mata la vaca como el que le agarra la pata, bien por comisión o por omisión, puesto que el silencio cómplice o el importamadrismo dejando hacer, dejando pasar para no hacer olas y perder posición y estatus, también es manifestación de corrupción.- Xalapa, Ver., febrero 18 de 2015.

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Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

 Al calor de la guerra sucia electoral con la que  la partidocracia en disputa pretende mantener la hegemonía de un grupo selecto de notables por sobre los intereses de la mayoría, todo es posible hasta el destapar no una sino varias Cajas de Pandora pretendiendo que no pasa nada. Exhibiendo  con todo descaro y cinismo el nauseabundo flagelo de la corrupción impune que tiene a este país de rodillas.

Todos contra todos, los secuestradores de la democracia representativa,  se hacen uno en la nefasta tarea gatopardista de cambiar fachadas, dejando intactos los carcomidos cimientos de un régimen político rebasado por la realidad de una sociedad que está harta del más de lo mismo.

Como si el tiempo no hubiera transcurrido ni la estructura social hubiere sufrido cambio alguno, la ramplona y corrupta llamada a sí misma clase política, de espaldas a la realidad opera electoralmente con la misma tónica y  bajo los mismos anquilosados moldes  del México de antaño. El mismo que tantos dividendos acarreara a la “familia revolucionaria” a lo largo de más de ocho décadas.

Mostrando en hechos y discursos  que no existe la más mínima voluntad de un cambio real que modifique el statu quo dominante; antes al contrario, exhibe sin pudor un manifiesto propósito de dar marcha atrás a las manecillas del reloj, en aras de consolidar privilegios y prebendas a favor del reducido grupo de notables que, por décadas, ha saqueado al país,  comprometiendo lo mismo soberanía e independencia que los escasos avances democráticos que la sociedad ha conquistado.

Vivimos los tiempos del alemanismo -me comentaba un viejo politólogo-, en el que el paradigma dominante en la política nacional era el saqueo de las arcas públicas en beneficio de familiares y amigos. Corrupción impune en todo su apogeo en el usufructo de la Revolución secuestrada e interrumpida, sin medias tintas que pudieran maquillar cinismo y descaro. De ese tamaño es el retroceso que se vive hoy día.

Basta con estar medianamente enterado de lo que la prensa nacional destaca sobre hechos irrefutables de corrupción oficial y enriquecimiento más que explicable en los círculos del poder, para constatar que nuestro experimentado amigo no sólo se queda corto en su apreciación, sino que la realidad nacional supera su dicho. Tanto que la violencia de una criminalidad desbocada y desplegada en gran parte del territorio nacional,  palidece ante el daño que la corrupción impune causa a un país que mereciera mejor destino.

La llamada delincuencia organizada está focalizada, identificada  y tipificada, sus horrendos crímenes como carta de presentación, sin justificación alguna es objeto de repudio generalizado y el abatirle está consensuado en el seno de la sociedad. No así la corrupción que anidando en la estructura del poder político, domina en todo el territorio nacional, penetra a la chita callando  bajo la cobertura de la simulación y la demagogia cual humedad a todos los rincones de la vida económica y social, causando un mayor desasosiego, incertidumbre e incontables atentados contra la integridad física y espiritual de millones de mexicanos que aquellos grupos antisociales de malandros que generando el clima de inseguridad que todos percibimos,  el Estado dice combatir a sangre y fuego.

Explicable, no justificable y condenable el terror impuesto por la llamada delincuencia organizada, pero también explicable, no justificable y condenable la conducta impune de quienes desde el poder sacrifican a las mayorías en aras de un insaciable afán de saqueo y enriquecimiento, condenando a millones de mexicanos a subsistir en condiciones de pobreza y pobreza extrema, sino es que a una muerte lenta pero segura,  privándose  de expectativas de vida digna, inclusión y progreso a las mayorías.

Ríos de tinta se han vertido para justificar la bondad de las presuntas reformas estructurales que impulsa el gobierno del Sr. Peña, a la par que se ignora o se hace de lado el que la verdadera reforma estructural que México requiere y la población demanda, es aquella que coadyuvando con el abatimiento del flagelo de la corrupción, reduzca desigualdad y pobreza fortaleciendo tejido social y  confianza en las instituciones. Esta sí reforma estructural, no se contempla en las altas esferas del poder; en las revueltas aguas ganancia de unos cuantos, los mismos que se oponen a un cambio verdadero en las estructuras políticas, económicas y sociales de un Estado que ronda peligrosamente los límites de lo fallido.

Paradigma neoliberal y crisis

Privatización del bien público y socialización del quebranto como paradigma neoliberal en boga, es lo dominante en el México de hoy. Esto en el marco de una crisis muldimensional y multisectorial del mundo globalizado que no ofrece ni encuentra salida viable en sí misma. Antes al contrario, en un proceso de profunda retroalimentación que lo mismo va del centro a la periferia que de la periferia al centro en la aldea global, profundiza crisis y contradicciones, agudizando desigualdad y pobreza en lo local.

Lo verdaderamente grave es que entre más se agudiza la crisis mayor es tanto el desaliento y resistencia de la población como la ostentación de la corrupción e impunidad que, bajo la envoltura de una riqueza mal habida, trasmina el hedor que ahoga a una sociedad en franca descomposición, sin que en la voraz partidocracia existan visos de enmendar rumbo y destino.

En este escenario cabe preguntarse si existe posibilidad alguna de retomar por la vía institucional el camino truncado de la Revolución Mexicana y sus reivindicaciones secuestradas o,  si estando inmersos en una nueva revolución silenciosa, jalonada por un cada vez mayor número de movilizaciones sociales en resistencia, es posible el poner en primer plano el objetivo trascendente de erradicar de raíz el andamiaje corrupto e impune de un régimen político que marcha de espaldas a la historia.

La respuesta viene de lo profundo de la sociedad mexicana. Desde abajo, organizado y consecuente el pueblo dirá la última palabra.

Hojas que se lleva el viento

Veracruz celebra su carnaval en medio de un estado de cosas negativo que sólo la alegría jarocha es capaz de olvidar momentáneamente para darle vuelo a la hilacha. Pasadas las carnestolendas  la resaca obligará a retomar el hilo cotidiano del descontento, desesperanza y hartazgo social que acompaña a un gobierno fallido que navega a la deriva entre el aquí no pasa nada, el atraso económico y la violencia delincuencial.- Xalapa, Ver., febrero 12 de 2015.

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Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

Cuando el descontento y hartazgo de amplios sectores de la sociedad se tiñen de rojo, ni perdón ni olvido, es el mensaje a la nación que, en contrario a los llamados del presidente Peña, está moviendo a México.

La percepción que anidando en el imaginario colectivo se objetiviza en hechos concretos, cobra día con día más amplio consenso. La nave navega al garete en medio del desconcierto de un proceso mediático de construcción fallida de administración y control de daños. El gobierno de México en sus tres órdenes que le componen, no logra recuperar confianza y credibilidad entre las mayorías de una sociedad dolida e indignada. Antes al contrario, entre más se insiste en minimizar la crisis de Estado, mayor es la convicción de que el poder público carece, además de brújula, de la necesaria y urgente voluntad política para recomponer el tiradero, empezando por aceptar la gravedad de lo que se vive en el país entero.

Inmersos ya en el proceso electoral que desembocará en los comicios de junio próximo, falto de imaginación el caduco y superado régimen político lo más que alcanza a blandir como argumento justificatorio de su torpe y errática conducta, es que no pasando nada, cuando pasa es fruto de politización, manipulación y complot desestabilizador; partiendo siempre de la premisa de que el pueblo de México, además de ignorante y falto de entendimiento, es ciego y sordo, presa fácil de manipuladores e ideologías extra lógicas relacionadas con la izquierda electoral.

El país está de cabeza. Los caricaturistas críticos lo ilustran como un país en ruinas, y para allá vamos, en tanto que los responsables del desaguisado lavándose las manos, se preocupan y ocupan por dar vialidad a un proceso electoral de antemano cuestionado, pretendiendo que no hay relación alguna entre indignación y hartazgo social con objetivos y propósitos de la democracia representativa.

No sintiendo lo duro sino lo tupido, el Sr. Peña con el índice de aceptación por los suelos (El pantano mexicano), vuelve a exhortar al olvido de lo que lastima y ofende y sí a recordar y valorar lo positivo de los logros gubernamentales. Carpetazo con borrón y cuenta nueva, para retornar al clima de expectativas y esperanzas en las bondades de sus llamadas reformas estructurales. Insensibilidad y torpeza que a su vez da marco para alentar descalificación de la protesta y movilización social, autoritarismo y represión, como ya se observa en orquestado bombardeo mediático condenando y exigiendo se aplique todo el peso de la ley a quienes promuevan o participen en marchas y protestas.

Ni perdón ni olvido, es la respuesta de un cada vez mayor número de mexicanos.

¿Sabe gobernar el PRI?

“El PRI si sabe gobernar”, se decía hasta el cansancio en la elección presidencial que sacaría al PAN de Los Pinos en alusión al mal desempeño de Vicente Fox y Felipe Calderón. Hoy día el PRI no está en condiciones de refrendarlo y, para completar el escenario, ningún partido político de los que animan el cotarro como comparsa, tendría tamaños para construir un buen gobierno. Peor aún, ratificando que no saben de sus pequeñeces y limitaciones, PRI, PAN y morralla acompañante, lejos de asumir una autocrítica constructiva, insisten en seguir dándole vueltas a la noria, profundizando su crisis de representatividad y confianza en un duelo sin cuartel blandiendo la ya clásica bacinica rebosante de improperios y descalificaciones.

Cual convidados de piedra, los mexicanos observan, reflexionan y sacan conclusiones. A la luz del desastre, convencidos ya de que el PRI no sabe gobernar, tampoco encuentran opción válida en las llamadas izquierdas o derechas del espectro partidista. Dubitativos frente al bombardeo mediático, entre la incertidumbre y el ya basta, sin condiciones para construir un auténtico, legítimo y pacífico cambio desde abajo, están a la espera de un cambio desde arriba. Milagro este último no contemplado en las esferas del poder real y sueño inalcanzable para las mayorías.

Y en esas estamos.

Hojas que se lleva el viento

Mal de muchos, consuelo de tontos, reza la conseja popular, sirviendo de marco para que la administración pública veracruzana acelere su deslizamiento en el tobogán de la ineficiencia, ineficacia y saqueo impune. Veracruz no es Guerrero o Michoacán afirma ufana nuestra aldeana clase política, y al amparo de una descomposición política y social en la mayor parte del todo nacional, se pretende pase desapercibido el pésimo desempeño del poder público en la entidad. Todo a su tiempo dice la ciudadanía, en junio ante las urnas se cobrará la factura a un PRI cuyo principal capital político reside en la imagen mediática de un gobernador que no las trae todas consigo.

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J. Enrique Olivera Arce

Como si en efecto nada alterara la buena marcha del país, la llamada clase política nacional profundiza su distanciamiento con el resto de la sociedad, aferrándose al “aquí no pasa nada” cuando todo indica que si pasa y pasa con extrema gravedad.

Quién no reconoce estar enfermo se niega a sí mismo la oportunidad de encontrar alivio y cura a su padecimiento, verdad de Perogrullo que no viaja en las alforjas de políticos y funcionarios públicos a todos los niveles que, en el no pasa nada, justifican lo mismo gris desempeño que la más absoluta indiferencia ante lo crítico de la situación que aqueja a un país cuyo deterioro económico y social es más que evidente.

La autocomplacencia les ciega a la par que fortalece su optimismo en un triunfalismo sin sustento, convencidos del poder de una mentira que, de tanto repetirse, consideran verdad inobjetable, ajenos a la metástasis que erosiona la salud de la nación.

En éstos descansa la vida política de México; a ellos nos debemos cual mirón de palo en la construcción de un edificio de oropel, soportado por falsos cimientos hundidos en el lodo de la corrupción impune.

Las voces de alerta y manifestaciones de descontento, hartazgo y rechazo de las mayorías de un pueblo ofendido y lastimado, para ellos, políticos y funcionarios públicos en la cúspide de la pirámide, es irrelevante; lo que resiste apoya, dicen y, bajo esta falsa premisa, más se empecinan en proclamar a los cuatro vientos, con tambores y fanfarrias que aquí no pasa nada, el enfermo es el de enfrente que no cuenta con reformas estructurales panacea.

Ciegos y sordos ante el clamor popular, criminalizan la protesta disidente. Su verdad es la de todos, salvo para aquellos que confunden prosperidad con el desastre. A estos últimos, desprecio por orates o ignorantes.

Compañeras de camino que no de destino, minorías que entienden por buen gobierno al salpique generoso, dejando hacer dejando pasar, con la cabeza oculta bajo la arena se suman al estruendo del discurso de las élites; tampoco ven, no escuchan, salvo el tintinear en el bolsillo de las 30 monedas pago del silencio compartido. Con estas y para estas se gobierna, su voto en calidad y cantidad es suficiente como base social de apoyo, para “legitimar” más saqueo, más corrupción y más impunidad en el tobogán del ignominioso aquí no pasa nada.

Políticos y funcionarios públicos, en la cima del “pinche poder”, parafraseando al delincuente impune, autocomplacientes en estas minorías sustentan su perpetuidad, ajenos al clamor de un pueblo para el que nada es eterno, salvo la incesante búsqueda de libertad para todos.

Hojas que se lleva el viento

Ni uno ni dos, ya son los tres senadores veracruzanos, José Yunes, Héctor Yunes y Fernando Yunes, los que están desbarrancando el proyecto transexenal “Herrera-Burunda” que impulsa el Sr. Dr. Javier Duarte de Ochoa en nuestra próspera aldea. El tema no es sólo electoral, el gobernador de Veracruz al ser descalificado por lo más representativo de la llamada clase política veracruzana, está a un pie de tirar el arpa. Perdió la escasa autoridad moral y política, así como el control sobre las diversas fuerzas político-electorales con que contaba en su afán de imponer el proyecto fraguado por Fidel Herrera Beltrán. De paso, medios informativos oficialistas y texto servidores se encuentran más que descobijados ante la evolución de la “rebelión en la granja”; habiendo perdido credibilidad y prestigio ya no encuentran la manera de enmendar la plana.

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Si percepción es política, en esta debería sustentarse el quehacer partidista encaminado a la elección de junio próximo. Más no es así, todos los partidos políticos confiados en que nada ha cambiado, construyen candidaturas a su real entender y conveniencia. Todo es permisible en tanto se respeten las reglas del juego que ellos mismos se han dado. Es el acceso al poder por el poder mismo lo que les mueve, ajenos a lo que la gente piensa y califica ya no sólo de su actuación y desempeño, también de un proceso electoral amañado en el que los propios partidos, sin nada que les distinga entre sí, son juez y parte en el reparto del pastel.

Y en esas andamos… Hombres y mujeres de a pie en la disyuntiva ya no de sufragar a favor del menos peor, sino de votar o no votar, confiando más que ingenuamente en que el castigo justificado y merecido está en las urnas y no en el día a día participando, exigiendo y construyendo ciudadanía como primer paso en el rescate de la democracia secuestrada. Organización desde abajo es la tarea; paciencia virtuosa confiando en el nosotros sin olvidar que sufragar es un derecho que se consolida en su ejercicio.

Si para la clase política se nos tiene tomada la medida y en ello confía, voltear la tortilla es el camino. No permitamos más simulación y engaño, ni compra de votos y conciencias ni confianza en más promesas incumplidas. Que en las urnas quede constancia del desencanto y hartazgo, saliendo todos a votar con plena conciencia de que en la participación responsable queda inscrito el ya basta que nos mueve a resistir.- Cd. Caucel, Yuic., enero 18 de 2015.

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J. Enrique Olivera Arce
“Lo más seguro es que quien sabe…” Sabiduría popular

La imagen del México de hoy que se ofrece tanto en el orden interno como en el exterior, se ilustra con pinceladas mediáticas en las que se reflejan lo mismo hechos objetivos irrefutables, que percepciones subjetivas de una agobiante realidad de un país sin rumbo ni brújula.

Lo objetivo y lo subjetivo se entrelazan y se retroalimentan, mostrando una realidad única que para unos guarda tintes de optimismo y de esperanza en tanto que para otros, los más, lo que domina es un pesimismo justificado e incertidumbre ante un futuro incierto que, ofreciendo más de lo mismo, apunta a un desastre.

En un país plural, con altos índices de desigualdad, cada quien ve lo que quiere ver, según le va en la feria. Lo mismo trátese de quienes teniendo todo, o aspiran a tenerlo, que quien no tiene nada, salvo una mísera existencia, pasando por una clase media, ya no tan media y en proceso constante de empobrecimiento, cuyas expectativas de un futuro próspero se antojan canceladas.

Y en este marco referencial, en el que lo objetivo del diario acontecer nacional fortalece la visión subjetiva de la realidad real que alimenta al imaginario colectivo, la llamada clase política vela armas ante la contienda electoral en puerta, bordando al margen de una realidad que no ve, no entiende, o considera irrelevante para sus propósitos y objetivos cortoplacistas.

La mayoría de medios de comunicación masiva, se hacen eco de este ignorar de la realidad, lo mismo de la objetiva que la subjetiva que anida en la percepción de los presuntos votantes. Privilegiando lo accesorio y circunstancial del momento por sobre lo sustantivo de un país en crisis cuya salida no descansa precisamente en las urnas.

Tan es así, que al actual proceso electoral se le ubica en un contexto históricamente superado, sin aceptar que el México de hoy ya no es el mismo en el que se pretende aplicar rancias estrategias electorales que si bien dieran resultados en el pasado, en el presente carecen de agarraderas. La población sobre la que operan los partidos políticos es otra; mejor informada, más participativa y más consciente, hoy la población sabe a ciencia cierta lo que significa confiar o no confiar en su llamada clase política.

Y en este saber colectivo, es más que evidente que los partidos políticos ya no cuentan con credibilidad, confianza, legitimidad y beneficio de la duda. Como también carecen de una estructura orgánica que pueda con eficacia revertir en el corto plazo lo que con deshonestidad intelectual, corrupción impune y descarado cinismo cada partido político ha construido para ganarse la animadversión del electorado.

De ahí que cabe preguntarse entonces si en este nuevo e inédito escenario, los partidos políticos de espaldas al sentir de la gente, podrán ser competitivos sin recurrir a la compra de votos y dignidades.

El Instituto Nacional Electoral (INE), se anticipa asegurando que en el peor de los escenarios, bastaría con que un partido político se levantara con el 5% de la votación total para ser declarado ganador. Y a eso le apuesta la llamada clase política. La elección sería legal, pero como siempre careciendo de legitimidad democrática; de ahí que en los círculos políticos la crisis nacional lo mismo en lo económico que en lo social, vale madre en tanto no interfiera con el proceso electoral.

En este orden de ideas, cabe preguntarse también si bajo este esquema de inmoralidad política, en el que la legitimidad lo mismo que el sentir de las mayorías pasa a segundo término, vale la pena el preocuparse u ocuparse en elegir a un diputado federal.

Así como también obligado es preguntarse para qué sirve un diputado federal en el régimen presidencialista, si no es más que para levantar el dedo aprobando lo que en principio lesiona el interés más general de la nación. El desempeño de los actuales diputados en el Congreso de la Unión, atentando contra el patrimonio de todos los mexicanos, nos da la respuesta.

Y si bien existen honrosas excepciones que levantaran más que el dedo la voz, en contra de las iniciativas presidenciales, estas voces son contadas y los resultados obtenidos del discurso opositor son irrelevantes, como irrelevante es la gestión de un diputado para que se pavimente una calle o se instale una farola cuando en lo sustantivo no cumple con su encargo.

Luego, para que queremos diputados, si la representación popular está secuestrada por una partidocracia oportunista, corrupta, impune e insensible, que no quiere, no puede, o no le interesa el cómo salir de una crisis de Estado que hoy por hoy no tiene más salida que el dejar hacer, dejar pasar, hasta que reviente por el hilo más delgado.

Hojas que se lleva el viento

Imprevisión, improvisación, y palos de ciego frente a la crisis globalizada y la que en lo específico vive el Estado mexicano, parecen ser las variables que sustentan la errática política energética de la actual administración pública federal. Sólo así se explica el que en un escenario internacional negativo para la mezcla mexicana de crudo, se privilegie el mercado externo por sobre el mercado interno de los energéticos que mueven al país. Persistiéndose en vender barata la materia prima e importar caro y en dólares, gasolinas y gas industrial y doméstico, dañando lo mismo a la industria, el transporte y distribución de mercancías, que a la economía familiar.

Petróleo crudo barato para el exterior y combustibles caros para el consumo nacional, es la tónica que nos receta el “hombre del presidente” desde la Secretaría de Hacienda.

Y en este marco de lo absurdo, el Sr. Peña Nieto desde Oaxaca afirma que en el presente año se verán los resultados positivos de la llamada reforma estructural energética, sin parar mientes en que lo que el país requiere son refinerías que generen nuevos empleos y combustibles a precio accesible para consumidor final y no ventas de garaje de nuestra materia prima básica.

Lo verdaderamente grave de este absurdo proceder, es que en una economía petrolizada como la de México, el bien estratégico de la nación sea administrado bajo una óptica de improvisación y saqueo en nombre de un modelo de desarrollo del país que para el Sr. Peña es el idóneo para “mover a México”.

Muere un periodista, grande entre los grandes. Descanse en paz Julio Scherer.-

Cd. Caucel, Yuc., enero 7 de 2015

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J. Enrique Olivera Arce

Fuera de contexto las palabras del Sr. Senador Héctor Yunes Landa no dejarían de considerarse tremendista y franco rompimiento con el Sr. Dr. Javier Duarte de Ochoa y una escalada más en la rebelión al interior del PRI veracruzano. En el boletín de prensa difundido el pasado viernes, Yunes Landa por conducto de los medios informativos bajo el título “Primera estocada a la democracia está dada”, Yunes Landa dice a los lectores:

“La aprobación por parte del Congreso del Estado de Veracruz de una próxima gubernatura de dos años pervirtió la democracia, expresó el Senador por Veracruz, Héctor Yunes Landa quien refirió que lo grave será que se afectará la economía, se comprometerá la seguridad pública y se cancelará el bienestar de millones de veracruzanos…”

Palabras fuertes en el marco de la sumisión que no respeto, de la clase política veracruzana y en especial el priísmo, a la primera autoridad en la entidad. Empero, más allá de su efecto mediático en el contexto de la realidad real que se vive en el país y específicamente en Veracruz, no pasan de ser balandronada demagógica que lejos de hacer mella en el ánimo del Sr. Dr. Duarte de Ochoa, le fortalecen ante los ojos del Sr. Peña Nieto, como un gobernante que se suma con eficacia al tendido de la cortina de humo con la que se quiere ocultar el estado crítico del Estado mexicano.

Para empezar, “la estocada a la democracia” no es la primera ni la única. El pueblo de México vive bajo una democracia secuestrada, pervertida a lo largo de los últimos cien años, víctima de la simulación, el engaño, la corrupción e impunidad como ha quedado evidenciado con el destape de la cloaca a que diera lugar el crimen de Iguala.

Por cuanto a la economía, peor no puede estar en México bajo la conducción de un régimen político en crisis, ciego, sordo y torpe. Veracruz no es la excepción, registrando estancamiento y recesión bajo el mandato de un señor que no alcanza a ver más allá de su ombligo.

Por los mismos senderos transita la seguridad pública, cuando el crimen se combate con palos de ciego en las cañerías de la sociedad mientras los verdaderos malandrines, los de cuello blanco, en las alturas saquean impunemente al país, generando inseguridad, incertidumbre y un “Jesús en la boca” de millones de mexicanos.

¿Cancelar el bienestar de millones de veracruzanos con una gubernatura de dos años?

Con perdón de ustedes, los pocos que siguen estos maquinazos, el Sr. Senador quiere tapar el sol con un dedo orinándose fuera del tiesto. ¿Cuál bienestar? Más jodida ya no puede estar la gran familia veracruzana, ahora “beneficiada” con un incremento salarial para el 2015 de unas míseras monedas. ¡Ni la burla perdona!

Con un gobierno estatal de dos, tres, o seis años, las cosas seguirán igual. Ya llevamos diez de un pésimo mandato, caracterizado por el saqueo de las arcas públicas y un permanente desentenderse de la vida cotidiana de esos millones de veracruzanos que rondando la miseria extrema, para el Sr. Senador un capricho no exento de oscuros intereses del Sr. Dr. Duarte de Ochoa pone en riesgo su bienestar.

Así, contextualizado, lo expresado por Yunes Landa no se diferencia en nada de las ¿estupideces? de la señora que en la entidad pastorea al PRI. La gubernatura de dos años estipulada en la reforma constitucional aprobada por una mayoría casi absoluta de lacayos en el Congreso local, ni perjudica ni beneficia al pueblo de Veracruz, sino todo lo contrario parafraseando a Luís Echeverría. Son los intereses personales y de grupo de una clase política pandilleril los que están en juego y así se refleja en el pseudo debate y desgarre de vestiduras que la prensa difunde. Simple cortina de humo que no logra acallar el descontento y hartazgo de una sociedad lastimada que está diciendo ¡Basta!

Así los veracruzanos deberíamos considerar lo que en el seno de la clase política se cocina y, si queremos ir más lejos, es el pleito elevado al absurdo entre Fidel herrera Beltrán y Miguel Ángel Yunes Linares en la disputa por el botín. Irrelevante para los veracruzanos todos, si no fuera por sus nefastas consecuencias que a lo largo de ya diez años, viene padeciendo la entidad.

Que con su pan se lo coman Javier Duarte y las mafias partidistas en contienda, que para las mayorías los comicios del 2015-2016 y 2018, son episodios circunstanciales que no contribuyen al esfuerzo de rescate de democracia y buen gobierno.

Arribamos al final del 2014 e iniciamos el 2015 con más de lo mismo. Ni los agravios se olvidan ni la lucha legítima por el rescate de nuestra incipiente y hoy secuestrada democracia, cede. La crisis multifactorial del Estado mexicano y su expresión en la debacle de la partidocracia, no varía en lo más mínimo, antes al contrario, se profundiza arrastrando a toda la nación. Frente a una más de las cortinas de humo que al pueblo de México el régimen corrupto y senil receta, abrir los ojos, ampliar la visión de futuro, que resistir es el camino.- Xalapa, Ver., diciembre 21 de 2014.

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J. Enrique Olivera Arce

El que manda, manda y si se equivoca vuelve a mandar, sin importar cuantas veces se equivoque… Qué lejos estamos del mandar obedeciendo que propone el zapatismo. Reflexión personal.

Hace algunos meses comentaba que con la imposición de Elizabeth Morales al frente del CDE del PRI en la entidad, era de esperarse una “rebelión en la granja” al interior de este instituto político. Confirmándose mi dicho con un desatado fuego amigo, patadas bajo la mesa y una nada disimulada descalificación tanto de tirios como troyanos, duartistas y no duartistas, en una abierta y futurista lucha interna por el poder, que la señora ex alcaldesa de Xalapa no pudo ni ha podido controlar y mucho menos parar, cuando ella misma es juez y parte al aspirar a una diputación federal en el 2015.

Y en este ríspido escenario en las entrañas del tricolor en Veracruz, la crisis nacional se les dejó caer, tomándoles por sorpresa y con los pantalones en las corvas. Resultado: inmovilidad y confusión que se ha venido incrementando en la medida de que, esperando señales del primer priísta de la entidad, hasta ahora éste no daba color. Tampoco hoy se da por enterado de los graves acontecimientos que están sacudiendo al país, poniendo en jaque la unidad de su partido.

“No pasa nada”, la crisis política, social y económica ni por asomo nos toca. Y, bajo esta aventurada tesis, el PRI en Veracruz dale que dale a lo suyo, arreciando el fuego amigo con vías a los comicios del 2015 y 2016; confiando en que su mafiosa estructura, como los priístas le llaman a un corporativismo a modo, manipulación de la pobreza y compra de votos, así como dinero, mucho dinero de dudoso origen, es suficiente para enfrentar con éxito a una “oposición” venida a menos.

Y en esa estaban, con un ojo al gato y otro al garabato, cada quién cuidando lo suyo y procurando pisarle la cola al de enfrente, ajenos a una ominosa realidad nacional, cuando de sopetón, inoportuna y fríamente calculada por el círculo cercano a Fidel Herrera Beltrán, cual balde de agua fría llega al Congreso local la iniciativa de ajuste y actualización de la legislación político electoral, en la que entre otras cosas, se oficializa la idea de una gubernatura de dos años al término de la gestión del gobernante actual.

Y que se arma la batahola. ¿Gubernatura de dos años?

Clase política, priístas y no priístas, así como la prensa, oficialista y no, en un más que abierto debate rasgado de vestiduras, dimes y diretes, ruedas de prensa y el fuego amigo, directo o cruzado, a todo vapor, sacudiendo la vida política veracruzana.

Todos los partidos políticos metiendo baza, en pro o en contra de la iniciativa, haciendo bailar la perinola y deshojando la margarita, evaluando no la conveniencia o inconveniencia para la entidad de una gubernatura breve y transitoria, sino sus intereses en juego; se olvidan de 2015 y enfocan sus baterías a lo que seguramente aprobará el Congreso en los próximos días para los comicios del 2016.

Tal cual lo hemos venido señalando en nuestros maquinazos, al margen de la prioridad presidencial y de espaldas tanto a la ciudadanía como a la realidad real, de un Veracruz sufriendo el recular de una economía que ya se refleja en los bolsillos de las mayorías, nada más inoportuno e inconsecuente que imponer un capricho tras el cual se pretende ocultar el interés por dar continuidad al proyecto transexenal Herrera-Borunda.

Y ahora sí. La “rebelión en la granja” al interior del PRI, desnuda, cruda y explícita, ignorando las formas, se expresa a gritos y sombrerazos, blandiendo en un todos contra todos las bacinicas, mientras a la par la nación se desquebraja en medio de una crisis multifactorial impulsada por la presión social, la caída del precio internacional de la mezcla mexicana del petróleo exportable, la devaluación del peso, el incremento de la inflación, el deterioro de las finanzas públicas, y los palos de ciego de un gobierno para el que ya no es lo duro sino lo tupido, lo que le mantiene inmóvil e incapaz de enderezar el rumbo.

El que manda, manda y mando una absurda iniciativa al dócil y mediocre colectivo de diputados en el que el PRI y sus partidos secuaces mantienen mayoría, con la consigna de que cuanto antes, con consenso o sin este, sea aprobada. Bajo esta tónica pretextando fortalecimiento de la democracia en la entidad, en medio de la “rebelión” el CDE del PRI en Veracruz por boca de Elizabeth Morales se declara partidario de la enmienda constitucional propuesta que, por cierto, también contempla la permanencia en el cargo del procurador (de injusticias) por un período de 9 años y la criminal reelección de diputados hasta por cuatro períodos consecutivos.

Y por si fuera poco, con el posicionamiento de la cúpula del tricolor esta se confronta con las “estructuras paralelas” al partido que, bajo el control de los senadores Yunes Landa y Yunes Zorrilla, se declaran en franca rebeldía contra la sola idea de una gubernatura bianual.

Si para algunos en Veracruz el PRI no acusaba crisis interna que diera lugar al encendido de focos rojos, no sé cómo éstos podrían calificar lo que al interior del tricolor sucede no sólo en la entidad veracruzana, sino en todo el país, reduciendo las posibilidades de que el instituto político recobre hegemonía como es del interés del Sr. Peña Nieto; ya lo apuntan recientes encuestas que indican una estrepitosa caída en las preferencias del respetable por un partido que, entre otras cosas, se opone a que se legisle en contra de la corrupción oficial.

“Rebelión en la granja tricolor”. Sí señor, en pleno proceso electoral y en medio del estancamiento y recesión de la economía así como de la crisis terminal del régimen político nacional. Y Si el Sr. Peña Nieto esperaba contar con la contribución de la entidad veracruzana para alcanzar mayoría absoluta en la Cámara baja del Congreso de la Unión para el 2015, el Sr. Dr. Javier Duarte de Ochoa ya le responde con la señal de que aquí quien manda en Veracruz, primero antepone el interés mafioso de grupo a los buenos deseos presidenciales.

Y mientras el PRI se desgarra en lucha intestina, para cada vez más amplios sectores de la sociedad veracruzana, si el próximo gobernador lo será por dos, tres, o cinco años, le tiene sin cuidado. De todas maneras a paso lento o en forma acelerada, “nos van a seguir saqueando”, es la opinión que cobra fuerza en la entidad.

Hojas que se lleva el viento

Aunque los resultados de las encuestas son apenas un pálido reflejo de la realidad, no dejan de ser indicador válido para medir las preferencias electorales en los tendidos populares. Es por ello que llama la atención el que en las últimas mediciones Morena, calladito y sin aspavientos, ya como partido político, en Veracruz está creciendo y calando hondo en el ánimo de los electores, mientras que el PRD se desdibuja, pierde presencia como opción electoral de las llamadas izquierdas institucionales y se enfrenta al rechazo público.

Ahora que si Morena quiere mantener el ritmo de crecimiento que se observa, la tarea aún pendiente a concretar en los próximos meses es el demostrar que no todos los partidos ni todos los políticos, son iguales y, para eso, no basta con denunciar e insistir en que el pueblo de México se enfrenta a una estructura de mafiosos. Más organización, más reflexión, más honestidad intelectual y visión de Estado, así como una mayor confianza en lo que se cocina en el seno del pueblo, son asignaturas pendientes.

-ooo-

Compañeros Internacionales de Periodistas y Editores A.C (CONAPE), condenamos enérgicamente los lamentables hechos sucedidos a nuestro compañero VICEPRESIDENTE DE CONAPE EN ECUADOR, JORGE GUSTAVO PROAÑO RAMÍREZ, al cual le fue confiscado su equipo de trabajo por parte de LA POLICÍA DEL MUNICIPIO DE ESMERALDAS. Desde estas líneas expreso mi solidaridad para con el compañero y amigo Proaño Ramírez.

Xalapa, Ver., diciembre 14 de 2014.

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