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Archivo de la etiqueta: PRI

Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

De acuerdo con las reglas del juego impuestas por la partidocracia, en materia electoral palo dado ni dios lo quita. Enrique Peña Nieto es presidente y no hay vuelta de hoja, por más que se compruebe a toro pasado que para asumirse triunfador de la elección presidencial del 2012, incurriera en falta al excederse en 12 veces el gasto de campaña autorizado. Con el estoque adentro sólo queda la satisfacción de que, en su oportunidad ante lo evidente una mayoría contestataria pusiera el grito en el cielo dándose por robada frente al fraude percibido.

Así que ni llorar es bueno. Sólo queda ante “el fraude”, ahora comprobado, del entonces candidato del PRI a la presidencia de la república, reconocer que de acuerdo a las reglas del juego vigentes su mandato es legal; pero no por ello es legítimo y, por tanto, obligado está el Sr. Peña a ganarse la confianza ciudadana con un buen desempeño.

Lo que obviamente no está haciendo al obtener en el corto tiempo de su gestión más rechazo que aceptación al imponer reformas legislativas presuntamente estructurales que, a más de impopulares, no están incidiendo positivamente en mejorías tanto en el orden económico como en un deteriorado tejido social dominado por la desigualdad, pobreza, inseguridad, corrupción y barruntos de gobernanza fallida.

Peor aún, la ilegitimidad de su mandato polariza a los mexicanos;  dividiéndoles más que acercarlos a un principio de unidad y consenso en torno a instituciones republicanas y políticas públicas, con el propósito de  impulsar crecimiento y desarrollo para salir del bache del subdesarrollo. En este escenario, las reformas aprobadas no aterrizan, perdiéndose oportunidad e ímpetus iniciales ahora reducidos a manido discurso reiterativo y ruido mediático que aleja más que acercar a la ciudadanía.

El lastre del subdesarrollo.

Tras cada traspiés legislativo y reforma planteada y aprobada, surge la necesidad de muchas más que den viabilidad a las primeras, mientras el país entero espera resultados que ni por asomo llegan.  Si bien no se le puede ni debe regatear sus hasta ahora exitosos logros en el combate a los varones de la delincuencia, éstos no son suficientes para tranquilizar el ánimo de la ciudadanía; descontento y hartazgo ya pesan más que los aún efímeros  resultados cortoplacistas del Sr. Peña.

El histórico rezago estructural se impone al ambicioso proyecto de modernización y consolidación neoliberal del mandato de un Peña Nieto  enfrentado  -parafraseando  a Vicente Fox-, hoy, hoy a la amarga realidad de patos por doquier disparándoles a las escopetas. El libre mercado como paradigma de su gobierno, no resuelve por sí lo que el lastre del subdesarrollo dependiente construye en el día a día de la pobreza y desigualdad, antes al contrario, lo agudiza.  A mayor valor de la riqueza producida, mayor en México es su concentración en pocas manos,  fórmula que traduciéndose en una  también mayor indefensión económica y social de un pueblo postrado y expoliado, hace nugatorias las reformas presuntamente estructurales por muy ambiciosas que estas sean.

Estado de derecho.

Para fortuna del PRI y sus micro satélites, la oposición perdida en sus propias contradicciones internas, dividida y confrontada en torno a las rebanadas del pastel que las reglas del juego le asignan, carece de fuerza, voluntad y autoridad moral y política para afrontar con energía lo que, en otros países medianamente civilizados sería motivo para desconocer el mandato presidencial. El excederse  en más de cuatro mil millones de pesos en gastos de campaña, además de ruin y escandaloso,  rompe con los principios de equidad,  legalidad y certeza de una elección presuntamente democrática. Con ello, el Estado de derecho se vulnera y hace de la impunidad regla de oro para un país sin ley.

Pero estamos en México. La ley es tan elástica como el titular del poder ejecutivo federal quiera y convenga. A estas alturas, Peña Nieto con el sartén por el mango, hace lo propio. Como también está en sus manos, sin oposición al frente, el ofertar a México en el tianguis internacional del capital. Está en su derecho, visto esto desde la óptica de las reglas del juego político de quienes son los dueños de las canicas.  Más no siendo legítimo, debe aceptarse que en la pseudo democracia representativa ante mirones de palo audacia es el juego  y al que no le guste es, en lenguaje coloquial, “su pedo”.

Y sobre estos últimos, que no son precisamente uno ni dos, vale la pena preguntarse si reconociendo la legalidad del mandato del Sr. Peña, pero convencidos de que carece del mínimo de legitimidad, estarían dispuestos a aceptar sumarse a un cuestionado liderazgo que más que pedir, exige e impone el peso de la autoridad para obtener magros consensos y unidad en torno a un proyecto económico y social del que se derivan reformas legislativas y políticas públicas contrarias al interés nacional y al espíritu del pacto social que el Estado mexicano se ha dado.

A toda acción corresponde una reacción.

Y en este marco, cabe preguntarse también cuál será la respuesta de una indignada, frustrada y lastimada ciudadanía  frente a las urnas en las próximas contiendas electorales,  a sabiendas del  carácter fraudulento y antidemocrático de éstas. Mi opinión es que seguramente no será favorable ni al PRI ni a sus candidatos, juzgados ya desde ahora como delincuentes electorales. Pero tampoco favorable al PAN o al PRD que cogobiernan, si es que tiene validez alguna aquella conseja popular que nos dice que tanto peca el que mata la vaca como el que le agarra la pata. Desde ya la balanza se inclina a favor de la abstención y el voto en blanco.

Salvo, claro está, que nuevamente nos falle la memoria. Estamos en México y esto suele suceder para nuestro infortunio como país,  con harta frecuencia.

Hojas que se lleva el viento.

Si algo caracteriza al Sr. Dr. Javier Duarte de Ochoa es su proclividad a ser políticamente inoportuno. Con la filtración de la información al diario local de mayor circulación en la capital veracruzana sobre el cese de dos connotados funcionarios públicos de primer nivel -por cierto muy cercanos anímicamente al ex gobernador Fidel Herrera Beltrán y públicamente señalados por su ostentoso enriquecimiento-, el Dr. Duarte le gano la de ocho a Peña Nieto y su celebración del 78 Aniversario de la Expropiación Petrolera. Fue mayor el interés que despertara en la opinión pública veracruzana el “manotazo” que todo lo que tenía que decir el Sr. Peña en Cosoleacaque.

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El alcalde de la capital veracruzana está invitando a la ciudadanía a participar en los foros previos a la elaboración y, en su caso, aprobación del Plan Municipal de Desarrollo. Lo que en principio suena bien, abonando a las buenas intenciones del joven Américo Zúñiga, sin embargo surgen de inmediato dudas: ¿La invitación va acompañada del diagnóstico sobre la situación que guarda el Municipio de Xalapa, que a estas alturas ya debe estar sobre el escritorio del munícipe? ¿Con cuanto contante y sonante contaría el Ayuntamiento para financiar un plan de cuatro años? Estas y otras más que surgen cuando se habla de un ambicioso plan en el que deben considerarse el qué, por qué, para qué, cómo, quién, en que tiempo  y con cuánto.

Sin un marco de referencia que centre participación y debate, una vez más se estaría bordando en el vacío y tapándole el ojo al macho con una manifestación más de simulación. Tenemos no una Xalapa, sino cuatro, con necesidades reales y sentidas de primer orden  cuya prioridad es limpiar el cochinero existente antes que hablar de grandes y ambiciosos proyectos. ¿A qué orden de prioridades deben atender entonces los participantes en el foro?, partiendo del supuesto de que hay más deudas que dinero líquido en las arcas públicas municipales. ¿Lo explicitó el alcalde xalapeño al invitar a participar?

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J. Enrique Olivera Arce

Se escuchó hasta el cansancio la frase acuñada por Calderón Hinojosa: “López Obrador es un peligro para México”,  y de ello derivó el rechazo de amplios sectores de clase media a las aspiraciones del político tabasqueño de alcanzar la primera magistratura del país en la elección presidencial del 2012. La izquierda se equivocó con la postulación de López Obrador, si se hubiera inclinado a favor de Marcelo Ebrard, demócrata sensato y bien portado, Peña Nieto no se levanta con la presidencia, se dijo en su momento.

Hoy esa misma clase media ramplona se desgarra las vestiduras ante los excesos de corrupción en la administración calderonista, que demuestran que el  verdadero enemigo residía en Los Pinos.

Seis años antes, esa misma clase media votó en contra de Andrés Manuel convencida de que nada bueno podía esperarse de un candidato que viendo moros con tranchete, resumía toda su propaganda electoral denunciando a las mafias que, desde los poderes formal y fáctico, saqueaban a la nación. Dos frases del tabasqueño fueron suficientes para concretar el rechazo: “Al diablo con sus instituciones” y,  “Ya cállate chachalaca” en referencia a los constantes y estúpidos exabruptos del presidente Vicente Fox,  abriéndole el camino a Felipe Calderón.

Hoy día, esas mismas clases medias, empobrecidas, frustradas en sus intentos de movilidad social y ascenso económico, son las primeras en reconocer y aceptar que López Obrador tenía razón al calificar en lenguaje llano como “chachalaca”,  a un presidente que aún ahora en su carácter de ex, no controla ni la  lengua ni a su familia. Así como acepta y lo expresa de diversas formas, en privado o en la calle, que las corruptelas que no cesan, o las  políticas públicas aprobadas y puestas en práctica por el poder formal respondiendo a los dictados e intereses mafiosos del poder fáctico,  tienen al país en un brete.

 Así como se reconoce en amplios sectores de la clase media,  que en el actual estado de cosas las instituciones republicanas se corresponden con un pacto social que para México resulta ya anacrónico y obsoleto. “Al diablo con sus instituciones”, es un sentir cada vez más generalizado entre esas clases medias que le abrieran la puerta a una trunca transición política que hoy de manera casi explícita, nos lleva a un nefasto bipartidismo bajo la conducción de un PRI que, con Peña Nieto como presidente,  retoma del viejo régimen y recicla  centralismo, autoritarismo y simulación.

Siendo evidente en la sociedad de un México plural que ya no es la del 2006 o 2012, el rechazo a partidos políticos,  organismos electorales, de defensa de los derechos humanos, de trasparencia y acceso a la información, de seguridad, procuración y administración de justicia, de asistencialismo social, entre otras instituciones del Estado,  y ni que decir, de las municipales, hacendarias y de promoción económica tiende a polarizar a la sociedad. Ausencia de credibilidad y confianza en las instituciones republicanas, es la constante.

Estado de derecho, instituciones públicas  y conducción política, han dejado de ser referentes del pacto social que históricamente nos diera identidad, pertenencia, cohesión y unidad como Estado independiente y soberano. El México de hoy, como en su momento afirmara Andrés Manuel López Obrador, requiere de un nuevo pacto entre los mexicanos que responda a las necesidades de nuestro tiempo; no basta con reformas presuntamente estructurales ni mucho menos con una reforma política ajena al sentir y necesidades de participación ciudadana, cuyo único beneficiario es una parasitaria partidocracia. El país exige un cambio verdadero desde abajo, democratizando la vida de la nación.

Vueltas que da la vida, a 12 años de distancia, el “al diablo con sus instituciones” y el “ya cállate chachalaca”, con un “¡Ya Basta!”  Y,  “que se vayan todos”, refrendan su valia,  dándoles plena vigencia en un México que día con día cambia para seguir igual.

Hojas que se lleva el viento

Definitivamente la humildad no es virtud en la administración pública veracruzana. No se quiere aceptar que en una cajetilla para 20 cigarrillos no caben 500 ni haciéndolos talco. Ni con toda la infraestructura hotelera y restaurantera con que cuenta la entidad, es posible en la conurbación Veracruz-Boca del Río, alojar y dar de comer  a 2 millones de visitantes durante los tres días que dura el carnaval jarocho. Euforia y triunfalismo sin sustento continúan siendo la tónica en una administración pública estatal que gobierna con anuncios de ocasión.

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No se quiere aceptar que lo primero es lo primero. En el orden de prioridades de la agenda veracruzana los medios de comunicación ya impusieron el tema de la sucesión por sobre la búsqueda de soluciones a problemas ingentes de la población. O no quieren al Sr. Dr. Duarte de Ochoa y ya les urge que se vaya, o bien, toman parte en la construcción de una cortina de humo que desvíe la atención de los veracruzanos para minimizar denuncia, protesta y reclamo social que sube de tono. Y en este escenario, la consigna parece ser la de confrontar y desgastar en el camino a los dos senadores priístas y el solitario  del PAN que aspiran a la gubernatura. Xalapa, Ver., Marzo 1 de 2014.

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J. Enrique Olivera Arce

El horno no está para bollos. Ante la prevalencia de opacidad y simulación la especulación y el rumor se imponen. Descomponiendo aún más un escenario político que, en Veracruz,  entre barruntos de inseguridad pública y conflicto de intereses entre medios de comunicación y gobierno estatal inciden en el deterioro creciente del tejido social.

El Sr. Dr. Javier Duarte de Ochoa anunció la renuncia del procurador y el nombramiento como encargado del despacho en favor de la persona que considera idónea para la tarea en esa por ahora cuestionada dependencia.

La oficialización de tal designación fue precedida por filtraciones, rumores y especulación en las que se incluye la hasta este momento presunción de otro cambio en la secretaría de desarrollo social y la remoción de  la Coordinadora de Comunicación Social, dejando muy mal parado al mandatario ante la opinión pública, en la medida en que se le regatea un acto de gobierno resultado de su decisión personal, atribuyéndose el ajuste en su gabinete lo mismo a una instrucción no escrita del gobierno federal que a una recomendación expresa del ex gobernador Fidel Herrera Beltrán.

Una u otra versión hablan de una enorme debilidad del Sr. Dr. Duarte, arrinconado y atado de manos para decidir por sí mismo lo que mejor conviene a su gobierno y a Veracruz, ante la andanada de críticas de que ha sido objeto por parte de amplios sectores del gremio periodístico, nacional y local, como consecuencia del artero crimen que cobrara la vida de un conocido comunicador del sur de la entidad, el décimo de la fúnebre lista de periodistas ultimados en lo que va de su administración.

Lo menos que se dice es que no cuidando los tiempos, por falta de oficio político se apresuró a sacar de la jugada tanto al procurador como a la vocera del gobierno estatal, dando la razón a sus detractores sobre el mal desempeño de sus colaboradores en el manejo del trágico caso.

La amplitud del rumor sobre los presuntos cambios, que desde el sábado pasado corriera como pólvora, se vio fortalecida tanto por lo publicado por la revista Proceso sobre seguridad y justicia en Veracruz, como por la decisión del Gobernador de asumirse como su propio vocero, en la conferencia de prensa del lunes.

Ante esta situación, tanto el cambio ya anunciado como los que se espera ocurran en los próximos días, ha dado lugar lo mismo  a cuestionamientos a priori de los funcionarios que resulten beneficiados con la decisión de la primera autoridad del estado que a ilusorias expectativas respecto a la sucesión del ahora gobernador de la entidad.

Lo grave, a mi juicio, es que se especule que con los nuevos nombramientos se acomodan las fichas para la consolidación del proyecto transexenal de Fidel Herrera Beltrán, ninguneando la autoridad del Sr. Dr. Duarte de Ochoa a la par que dejando fuera de la futura sucesión a los dos senadores que, desde las trincheras del PRI,  vienen aspirando a la gubernatura de Veracruz.

Y lo considero grave en tanto clase política y medios de comunicación hacen suyo rumor y especulación, consolidando no el pretendido proyecto político del ex gobernador que por ahora no pasa de ser ingenua leyenda urbana ante la tendencia centralizadora del gobierno federal, sino el orden de prioridades en la agenda de nuestra aldeana vida política jarocha, privilegiándose afanes electoreros tempraneros en los que ya se da por sentado que el gobierno estatal seguirá en manos del PRI.

Pasando a segundo plano el interés superior de Veracruz en los esfuerzos por abatir desigualdad, pobreza y exclusión, así como el encausamiento de la entidad por los caminos del crecimiento económico y bienestar de la gente.

Si de por sí resulta complejo el que en dos años y medio el Sr. Dr. Duarte de Ochoa reponga el tiempo perdido enmendando limitaciones, deficiencias, desatinos y políticas públicas equívocas o anti populares, el no tener control sobre las legítimas aunque madrugadoras aspiraciones de sus más cercanos colaboradores, anuncia un desastre como escenario para lo que resta de su mandato. Veracruz no se lo merece.

Como arriba lo señalo, la dañina especulación y el rumor respecto al quehacer de la administración pública, nace de la opacidad y la desinformación. Más cuando en este fenómeno social  alcanza a los medios de comunicación, asumiéndose estos como portavoces del rumor popular en un escenario negativo de confrontación entre prensa, autoridad y madrugadores aspirantes.

Lo que me motiva a insistir en que más que cambios de funcionarios o ajustes en el primer círculo del gobernante, que en primera y última instancia dan la impresión de cambiar para seguir igual o peor, lo que con carácter de urgente se requiere resolver es el tema de la estrategia de Comunicación Social de la administración a cargo del Sr. Dr. Duarte de Ochoa;  transparentando el quehacer gubernamental de frente a la ciudadanía y alejándose del triunfalismo sin sustento.

La actual estrategia no ha funcionado a lo largo de más de tres años, antes al contrario, lo que se ha ganado como resultado es la pérdida creciente de credibilidad, confianza no sólo en los servidores públicos,  sino aún más grave, en las instituciones. Por ahí debería empezarse si lo que se busca es fortalecer la base social que da sustento a certidumbre y gobernabilidad.- Xalapa, Ver., Febrero 19 de 2014.

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J. Enrique Olivera Arce

Dada la situación que está viviendo la sociedad mexicana, considero de mal gusto hablar de la soga en casa del ahorcado. La sola mención de la palabra “cadáver” crispa los nervios de más de uno, quizá por ello los excluidos del PRD en la aldea, autodenominados “amarillos”  para diferenciarse de sus correligionarios “rojos” uncidos al gobierno estatal, se niegan a reconocer  públicamente que el partido del sol azteca tiempo ha es fiambre insepulto, en Veracruz cuando menos.

Si así lo hicieran, en congruencia lejos de desgastarse inútilmente en una ramplona pelea que no lucha, al interior de su instituto político, tendrían por principio de cuentas que reconocer que la fuerza electoral de la izquierda ya no está en los partidos que,  en la geometría política nacional  se asumen como exponentes, representación y voz autorizada  de los intereses de una ciudadanía opositora en desacuerdo con las políticas públicas que vulneran soberanía, democracia y bienestar de la gente.

Si su corta visión les permitiera ver más allá de lo electoral y de los beneficios personales, prebendas y canonjías  que acarrea el ejercicio de la política y el servicio público, actuarían en consecuencia identificando quienes son en la realidad los electores que materializan en las urnas sus apetitos de acceso al poder formal. Y sin embargo, no parece tengan claro que la fuerza electoral real de la izquierda electoral no radica ni en las dirigencias espurias ni en una raquítica militancia que ha sido desplazada por los movimientos sociales contestatarios que, al margen de siglas y color de camisetas partidistas, optan por la autodefensa de sus más caros intereses, lo mismo de inclusión y participación solidaria y democrática en las tareas del desarrollo nacional que en aquellos asuntos que les afectan trastocando su vida cotidiana en el seno de las comunidades que les son propias.

Defensa popular a la que los partidos autodenominados de izquierda son ajenos, como bien se constata con  las diversas movilizaciones sociales que pugnan por hacerse cuando menos escuchar por las autoridades de los tres órdenes de gobierno.

A estos movimientos sociales lo electoral les vale un cuerno. Pero sus integrantes ejercen su derecho a votar a sabiendas de que la democracia representativa es un mito, en tanto esta esté secuestrada por la partidocracia y que el gobierno en sus diversas esferas de la administración pública está para servir a los poderes fácticos y no al mandato de la voluntad ciudadana recibido en las urnas. Pero también recurren por la libre en la defensa de sus legítimos intereses.

Lo mismo les vale un rábano la pugna entre amarillos y rojos al interior del PRD en la entidad o la tribal que se da a nivel nacional, que para el caso es lo mismo. Identificado como partido palero, coparticipe en el diseño y aprobación de políticas públicas antipopulares y contrarias al interés nacional, más que como un aliado de valía al que otorgarle un voto de confianza, se le ve como un obstáculo más a enfrentar en el accidentado camino de la lucha social.

Los perredistas honestos y bien intencionados, que los hay, no quieren o no pueden ver que con la reforma política peñista, o sin esta, los dueños de las canicas son quienes por la buena o a la mala, imponen sus reglas y que, en éstas, la izquierda partidista es un mal necesario al que hay que acotar, usar y desechar cuando así convenga en oposición a la izquierda social y sus pretensiones de inclusión y participación en un juego al que no está invitada. Que, por tanto, como un bien utilitario al servicio de los poderes fáctico y formal, hay que cultivar y conservar compartiéndole clientelarmente algunas de las migajas que ofrece el servicio público a la servidumbre leal y bien portada.

Falta de visión y de ubicación política, que a esta militancia bien intencionada  le lleva a confiar y actuar en consecuencia en una confrontación electoral que no ofrece futuro y, de ahí, el que se preocupen y ocupen en dirimir diferencias internas que les restan presencia y peso en el escenario electoral; paseando de cuerpo presente  a un corrompido difunto que habiendo cumplido su ciclo en el escenario político nacional, exige ya, con urgencia, cristiana sepultura.

Tanta es su miopía que marginados de la lucha social trascendente, día con día alimentan odios y rencores al interior del partido, absurdamente a sabiendas de que en tanto la militancia no renuncie a la estructura tribal y se sacuda a “los chuchos”, todo queda en inútiles amentos.

Por cuanto a las dirigencias espurias del sol azteca, hace ya un buen tiempo que espaldas de la militancia se olvidaron del cadáver, utilizando el petate del muerto para mantener vigente la posición de dependiente utilitario  y el disfrute de prerrogativas, prebendas y canonjías que en vida le fueran concedidas al difunto.

Para la izquierda electoral no hay dilemas. Cumplió en su momento con el papel asignado por el Estado mexicano al sacar del closet a la izquierda histórica en la clandestinidad, extirpándole los dientes. Cumplido su ciclo y auto marginada de la lucha social de las mayorías empobrecidas y lastimadas, sólo le queda un camino, el de sepulturero de su propio despojo.

Hoy la sociedad es otra en un México que paradójicamente, se transforma para seguir igual en su estructura desigual y excluyente. Los tiempos presentes son para la izquierda social que, expresándose en un cada vez mayor número de movilizaciones de la más diversa índole, reclaman para sí el espacio  que venían ocupando los “partidos tradicionales de izquierda electoral”.  Y esto, pese a mi simpatía explicita para con Andrés Manuel López Obrador y su persistente llamado al cambio verdadero, va también para el Movimiento de Regeneración Nacional (Morena), aspirante aún a partido político, en tanto no represente a la auténtica izquierda social y haga suyas, sin eufemismo, medias tintas y al margen del juego electoral,  las demandas de las mayorías hoy movilizadas;  en un programa mínimo para la acción, que incluya, unifique y de sentido con visión de largo plazo a las buenas intenciones que hoy animan a las fuerzas contestatarias de este país que se oponen al modelo neoliberal expoliador.

Hojas que se lleva el viento

No nos engañemos, la autodefensa no sólo se expresa en el ámbito de la seguridad pública, ni la mejor expresión de este fenómeno se da en terrenos michoacanos. Es una realidad nacional que cotidianamente se expresa en todos los órdenes de la vida social; los mexicanos vivimos día a día auto defendiéndonos de abusos, agravios e injusticias que derivan de un estado de derecho imperfecto, vulnerado y copado por la corrupción,  impunidad, intereses fácticos, pobreza y desigualdad e ineficiencias de un gobierno fallido. Y en este escenario, quien tiene más saliva come más pinole.- Xalapa, Ver., febrero 9 de 2014.

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J. Enrique Olivera Arce

Para el dirigente nacional del PRI es un hecho irrefutable  que para el 2015 su partido se lleve carro completo en los 21 distritos electorales de Veracruz. Vistas las cosas sobre la condición que guardan los partidos opositores en la entidad, no anda tan equivocado el Sr. Camacho, no por las políticas públicas del gobierno federal y el desempeño de la actual administración pública estatal, o la designación de Elizabeth Morales como dirigente estatal como se quiere interpretar, sino por la carencia de una oposición sólida que en materia electoral pudiera impedirlo.

 Es  público y notorio que lo mismo el PAN que el PRD como opositores mayoritarios no viven su mejor momento. Pérdida de identidad, de rumbo y pugna facciosa a su interior, así como su cada vez mayor alejamiento de las necesidades reales y sentidas de la población, les imposibilitan el poder transitar en sentido contrario a las expectativas de triunfo a que hiciera referencia el ex gobernador de Edomex.

Aún en el caso de que tuviera tiempo la oposición para recomponerse, el peso específico de su pérdida de confianza y credibilidad ante un electorado mejor informado y participativo, le imposibilitaría el poder hacer un papel decoroso en la próxima contienda electoral.

Así las cosas, a mi juicio tenemos PRI para rato.

Esto si nos atenemos a las reglas del juego tradicionales, que circunscriben el comportamiento de la ciudadanía en las urnas  a un reflejo del quehacer de las diversas fuerzas político electorales en contienda. Otros factores que marginalmente pudieran entorpecer el libre tránsito del PRI en sus afanes hegemónicos, no se contemplan en el escenario triunfalista que hoy pone de relieve el Sr. Camacho.

Entre ellos, el cada vez mayor hartazgo ciudadano con respecto ya no sólo a la partidocracia y lo que políticamente esta representa para nuestra incipiente y vulnerable democracia representativa. La frustración y hartazgo ciudadano también está referenciado al comportamiento errático del Estado mexicano ante los grandes y complejos problemas nacionales que afectan, en primer término, a los sectores más débiles e indefensos de la sociedad, como es el caso de la inseguridad, corrupción, impunidad, disminución de derechos individuales y sociales, desempleo y pérdida del poder adquisitivo del salario. Frustración y hartazgo cuyo origen no se identifica con el Estado como tal sino que es atribuible al gobierno, a la administración pública en sus tres estamentos de autoridad y a la pésima imagen de los actores políticos que les encabezan.

Para la mayoría el Estado es una abstracción poco entendible. Lo concreto, cuestionable, sujeto a valoración y al alcance de todos, es el gobierno que, a su vez, se nutre del sistema prevaleciente de partidos políticos. Luego a estos, indistintamente del color de la camiseta, se le atribuyen culpas y responsabilidades.

Hoy gobierna el PRI tanto a nivel federal como en la mayoría de los estados y municipios del país. Lo que pase o deje de pasar en los meses que faltan para los comicios federales del 2015, se atribuirá a este partido y es aquí en donde el triunfalismo priísta podría topar con pared,  enfrentando un nada despreciable voto de castigo ó, en el mejor de los casos, al fantasma del abstencionismo que no mella en lo legal pero que si priva de legitimidad.

Escenario que, en el caso concreto de Veracruz es más que previsible y viable, si nos atenemos al estado de cosas  que guarda una administración pública estatal disminuida, así como evidente corrupción impune en el ámbito de de los gobiernos municipales.

Luego a mi juicio,  el triunfalismo del Sr. Camacho habría que entenderse como un gesto de cortesía para con el Sr. Dr. Javier Duarte de Ochoa, más que convicción objetiva. Porque si de algo debe estar conciente el dirigente nacional del PRI, es de un escenario adverso para su partido en el que la inseguridad ciudadana busca a quien pasarle la factura.- Xalapa, Ver., 28 de enero de 2014.

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J. Enrique Olivera Arce

Por elemental sentido común, para los no priístas debería valernos un cuerno lo que en la estructura y organización interna del PRI les compete a sus militantes. Si se conducen con espíritu democrático, o todo lo contrario plegándose a la imposición por dedazo de sus dirigentes y cuadros partidistas, es asunto de ellos en tanto no afecten como está de moda decir, a terceros sin vela en el entierro.

Ya bastante tenemos con soportar que como primera minoría el partido del presidente Peña nos lleve al baile sin invitación previa y formal, como era costumbre entre familias de bien en la sociedad decimonónica.

Lo que si es de nuestra incumbencia en tratándose de la vida interna del PRI, específicamente en Veracruz, es que el gobernador sin atender a razones, imponga como presidente del Comité Directivo Estatal del PRI ni más ni menos, que a una persona no grata para la sociedad xalapeña. Insisto, a los no priístas nos debe valer gorro más no por ello, deberíamos aceptar sin más que la primera autoridad de la entidad se burle de los habitantes de la capital veracruzana,  premiando a quien durante los últimos tres años agravió con corrupción, soberbia e insolencia a los xalapeños.

Tiempo ha que los xalapeños y quizá la mayoría de los ciudadanos de la próspera ínsula duartista, decidimos no aceptar seguir siendo tratados como menores de edad, minusválidos mentales a los que impunemente se les puede jugar el dedo en la boca. Luego si con su pretensión el Sr. Dr. Javier Duarte de Ochoa persiste en subestimar a sus gobernados, que con su pan se lo coma. En su momento, ya veremos si priístas o no priístas en las urnas otorgarán su voto a un partido en mala hora presidido por Elizabeth Morales García y su cohorte de arribistas.

Lo más lastimoso es que con la decisión del gobernante veracruzano, ignorando el pensar y sentir de la sociedad xalapeña, quién saldrá raspado es Américo Zúñiga Martínez, recien desempacado como alcalde de Xalapa, pues si se le está concediendo el beneficio de la duda es con la esperanza de que más temprano que tarde exhiba corruptelas y trastupijes de su antecesora, avocándose a enderezar entuertos heredados rescatando confianza, credibilidad y buena marcha de la ciudad capital.

Así sea de dientes para afuera, el agachar la cabeza y acatar el dar por saldado el déficit de buen gobierno que hereda, sumándose a la cargada a favor de Elizabeth para que esta se haga cargo de la conducción del PRI en Veracruz, de antemano se descalifica rechazando el beneficio que le otorgan sus coterráneos.

Su disciplinada actitud e inmerecidos elogios sobredimensionando el desempeño del gobernador, confirma el manojo de valores entendidos que desde aciagos tiempos de Fidel Herrera Beltrán, se construyeran para cederle a Elizabeth el paso a la alcaldía y él, confiado quedar en lista de espera para el siguiente período. Mal antecedente para quien se propone transformar a la ciudad que gobierna y que nos guste o no, sea de nuestra incumbencia o no lo que el PRI haga o deje de hacer, será la capital veracruzana la que pague nuevamente los platos rotos.

Calladito se hubiera visto más bonito. Pero como ya apuntáramos en maquinazo anterior, obligado está a intentar ser ducho alambrista para equilibrar afanes a favor de la ciudadanía y compromisos adquiridos con antelación ante el que se dice gobierna en Veracruz. Lo declarado en los medios, es su primer traspié en el alambre y aún le falta un largo trecho por recorrer.

Vistas así las cosas, el daño colateral a terceros afectados está a la vista. Luego aunque el sentido común recomiende lo contrario, si hay razón para ocuparnos y preocuparnos por lo que acontece al interior del nunca renovado viejo PRI. Ya veremos si en próximas elecciones pasamos la factura o le seguimos apostando al más de lo mismo.

Hojas que se lleva el viento.

El Sr. Dr. Javier Duarte de Ochoa perdió la oportunidad de conocer de primera mano el primer informe de resultados de Rolando Zapata Bello, gobernador de Yucatán quien contando con la presencia de la secretaria de turismo, representante personal del presidente Peña, así como de secretarios de estado, gobernadores, el Jefe de gobierno del D.F., legisladores y la plana mayor nacional del PRI, este domingo en el Centro de Convenciones Siglo XXI de la capital yucateca, dio cuenta de los logros alcanzados en los últimos quince meses por los tres órdenes de gobierno en esa entidad federativa. Seguridad pública, paz social, educación, investigación tecnológica, empleo, turismo, atención al campo, a los trabajadores del mar y a la micro y pequeña empresa, así como vialidad, infraestructura comunitaria, deportiva, cultural y de recreación familiar en el marco de finanzas públicas estables, fue lo destacado. Sin falsos triunfalismos, con  humildad, reconociendo los límites de la realidad de lo posible, Rolando Zapata convocó a la construcción de un nuevo pacto social de los yucatecos sustentado en la unidad, esfuerzo compartido y visión de futuro, dejando entrever el por qué Yucatán avanza con rumbo cierto, sin tropiezos de importancia, por el camino que sus habitantes reconocen como propio.

Lástima, al gobernador veracruzano le hubiera servido de mucho enterarse que la prosperidad se construye paso a paso, librando obstáculos en una realidad adversa y con hechos concretos que se reflejen en el bienestar de la gente..- Cd. Caucel, Yucatán, enero 19 de 2014.

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J. Enrique Olivera Arce

Con el arribo de Américo Zúñiga Martínez a la presidencia municipal se inicia una nueva etapa para la vida social y económica de la capital veracruzana. El tiradero queda y la desconfianza en la autoridad también. No obstante, en el ánimo de sus habitantes no faltan destellos de esperanza confiándose en que el cambio de estafeta ofrece expectativas de cambio y de progreso.

Cualquier cosa es mejor que lo que le deparó a Xalapa la pésima administración a cargo de Elizabeth Morales es el sentir generalizado, esperándose que con Américo las cosas sean diferentes.

Esto, sin faltar una corriente de escepticismo en cuanto al desempeño y alcances de una administración que no por nueva deja de llevar a cuestas la carga negativa de la extracción priísta del alcalde en turno. De antemano se tiene por sabido que por muy buenas intenciones estas se ven limitadas por la formación partidista y el sometimiento a la autoridad y caprichos del que se dice manda en Veracruz.

Si corrupción, ineficacia y carencia de voluntad política para atender demandas crecientes, reales y sentidas de la población fue la constante a lo largo de los últimos tres años, no puede ignorarse que el PRI nunca llamó al orden a la alcaldesa y que el pésimo desempeño de ésta fue consentido y tolerado por el Sr. Dr. Javier Duarte de Ochoa, quien renglón aparte, tampoco ha dado muestras de apego y compromiso para con los xalapeños.

Dice la conseja popular que quien sirve a dos amos, con uno queda mal. De ahí que para salir avante, el alcalde tendrá que desenvolver todas sus dotes de alambrista para guardar un sano equilibrio entre sus compromisos partidistas de campaña y servirles a cabalidad a los contribuyentes que le pagan y esperan beneficios tangibles para el municipio…  ¿Podrá?

Luego es lógico el que la opinión pública se divida entre los que confían en el joven ex funcionario fidelista y los que dudan de la oferta de buen gobierno del joven Zúñiga. Sin faltar aquellos a los que ni les va ni les viene la crisis de identidad y atraso en que se debate nuestra ciudad y lo que, al respecto haga o deje de hacer la administración municipal.

Nadie es monedita de oro. Américo no tiene porqué ser la excepción. De su y desempeño eficaz depende el ganar aceptación por una mayoría ahora dolida y al borde del hartazgo. Y en ello deberíamos estar concientes para con talante crítico pero propositivo,  sumar y no dividir y restar, concediéndole el beneficio de la duda.

El alcalde recién desempacado viene ofreciendo las perlas de la virgen en su afán por rescatar confianza y credibilidad en beneficio de la autoridad que el representa, luego a el corresponde ponerle límite al beneficio que se le otorga en el plazo que considere prudente, así como en base a su desempeño al frente de la comuna,  en manos de la población está el refrendar o dar por terminado el maridaje.

Tiempo al tiempo sin bajar la guardia  y todos saldremos ganando. Xalapa merece y exige la contribución solidaria de sus habitantes, no todo viene de la administración municipal; la participación consecuente y responsable de la población  es condición para salir del bache. En ello va implícita la tarea de construir ciudadanía y a ello debemos avocarnos para nunca más votar a ciegas deslumbrados por los espejitos y abalorios que con recursos públicos obsequian candidatos a cambio del sufragio. Que la nefasta experiencia que toleramos dejando hacer y deshacer a Elizabeth Morales nos sirva de lección.

Hojas que se lleva el viento

Cancelada la Reforma Agraria surgida del movimiento armado y desmantelado el campo mexicano por los gobiernos neoliberales, ahora el Sr. Peña Nieto reitera a bombo y platillo el anuncio de un renovado y modernizador impulso a una reforma agraria sui generis sustentada en políticas públicas que nos remiten al porfiriato, privilegiando concentración de la tierra, productividad y competividad, sin el menor asomo de conocimiento de la realidad del agro mexicano y de la historia nacional. No debe extrañarnos entonces que ya se escuche el cabalgar de un Emiliano Zapata que vuelve por sus fueros en las tierras del sur de la patria.

-ooo-

Cada seis meses quien esto escribe cambia de aires, pasando una corta temporada en Yucatán y en cada ocasión Mérida su capital,  me recibe con enjundiosas mejorías que le permiten conservar su status como la ciudad más progresista del sur-sureste de México. En este mes de enero la ciudad blanca considerada internacionalmente como “De la paz”, celebra el 472 Aniversario de su fundación con nuevas obras de infraestructura urbana a la que Dulce María Sauri Riancho, ex gobernadora de la entidad, califica como “Los regalos para Mérida”. Y no es para menos, gobierno del estado, Ayuntamiento e iniciativa privada, en un año calendario  han proyectado y realizado diversas obras e inversiones de gran envergadura que, en mucho,  superan  los logros y anuncios fantasiosos de tres años de gobierno estatal y municipal en la capital veracruzana. Así se las gastan los yucatecos en un clima de colaboración, complementariedad, coordinación y eficacia de los tres órdenes de gobierno.- Cd. Caucel, Yucatán, enero 8 de 2014.

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Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

No podía esperarse otra cosa. Sólo la ingenuidad, corta visión o arreglo simulado  de la cúpula perredista bajo el control de “los chuchos”, le permitió al PRD confiar en que en el llamado pacto por México o en el Congreso de la Unión, las dirigencias formales o de facto del PRI y PAN hicieran honor a su palabra.

La reforma energética fue aprobada,  promulgada y entra en vigor a partir de este sábado, en tanto que el compromiso de sacar adelante la ley secundaria que normaría la consulta ciudadana, quedó en la congeladora del senado. Tengan su consulta, diría Gustavo Madero al perredismo, cuando afirmara que la consulta en los actuales términos plasmados en la Carta Magna, no aplica ni en la energética ni en el resto de las reformas ya aprobadas tanto en el Congreso de la Unión como en los correlativos de las entidades federativas.

Estaba más que visto. Cartucheras al cañón quepan o no quepan. El talante autoritario del presidente Peña anidado en lo más reaccionario de su partido, llegó para quedarse. El sólo pensar que no prosperarían las llamadas reformas estructurales por la oposición de la izquierda electoral, más que bordar en el vacío ante un hecho inminente rondaría en los terrenos de una supina estupidez política.

El subestimar la probada capacidad de maniobra del PRI-gobierno, sobrevalorar el peso social y político de las llamadas izquierdas representadas por un tribal PRD en decadencia, si no es que a estas alturas insepulto, o es ingenuidad política de la cúpula chuchista o juego perverso previamente pactado en lo oscurito con el dueño de las canicas.

El error, de motu propio o negociado, para el PRD fue el haber aceptado jugar en el llamado pacto por México, bajo las reglas impuestas por Peña Nieto y en franca oposición a la izquierda social bajo el liderazgo de López Obrador. A partir de ese momento, sacrificando lo más por lo menos, se propició y auspicio la división de la izquierda electoral, el divorcio con los movimientos sociales opositores al actual régimen, así como el freno a la inercia  del descontento y rechazo a una elección presidencial cuestionada de origen.

Sin estrategia de mediano y largo plazo, el PRD abandonó la resistencia opositora plegándose en la coyuntura a los acuerdos del pacto peñista. Participó activamente en el diseño y aprobación de las reformas laboral, educativa, de comunicaciones, financiera y hacendaria, pretendiendo frenar la energética a cambio de migajas pactadas en una reforma política que no beneficia a nadie y mucho menos a nuestra incipiente democracia.  Hoy es dado observar que no obtuvo nada a cambio, más que el desprecio de sus adversarios y el rechazo de amplios sectores de la izquierda electoral y social que sintiéndose traicionados, fijan ya fecha de caducidad al partido negro amarillo.

Las reformas van, porque así lo quiere Peña Nieto, incluida la energética, afirmáramos en artículo anterior. No procedía duda alguna al respecto. Sin objetivamente división de poderes en México no podría esperarse otra cosa de senadores y diputados sumisos, obedientes y alcahuetes. El PRD no lo entendió así o no quiso entenderlo, prestándose al juego de Peña Nieto; reduciendo a la izquierda electoral a su mínima expresión y abriendo la puerta a un nefasto bipartidismo sustentado en lo más reaccionario de la derecha, hoy representada sin distingo alguno por el PRI y, a la zaga, el PAN.

Con pacto o sin pacto, con representación en el legislativo o sin esta, el PRD ya no es nada. La historia que cotidianamente viven y escriben los pueblos ya le colocó en el basurero. Otras fuerzas, otra izquierda más conciente y consecuente, reclama ya para sí el espacio vacío aprestándose para una lucha que apenas empieza.

Las reformas ya constitucionales, son hechos consumados, verdad jurídica, dicen los que saben del paño. Movilizaciones y protestas callejeras no modifican en nada este hecho incuestionable. Pretender echarlas abajo por la vía de multitudinarios mítines callejeros, desgastante protesta social y ruido mediático, es tanto como mantenerse en la misma posición que condujera al PRD al fracaso y al ridículo, resistiendo para fortalecer al indeseable autoritarismo que deviene de la restauración del viejo régimen.

Frente a hechos consumados, legales pero no legítimos, cabe entonces el alto en el camino, la reflexión autocrítica y el reagrupamiento de la izquierda social en base a estrategias claras e incluyentes. Sin organización y militancia conciente en torno a un programa de clase que oriente y ordene para la acción consecuente, el camino de la protesta es estéril frente al autoritarismo gatopardista de una clase política insensible.

Leyes del embudo y de Herodes

“La reforma energética a la población le vale madre”, afirmara de manera contundente el dirigente nacional del PAN y a mi juicio tiene razón. Para la mayoría del pueblo de México el reformismo peñista ni le beneficia ni le perjudica en tanto no viva en carne propia sus efectos, luego se muestra indiferente en la forma percibida, atento y preocupado bajo la superficie alimenta hartazgo y descontento. Quebrado el espíritu nacionalista y de profundo sentido humanista de la reforma del 17 a la Carta Magna y con ello el pacto social que nos une,  leyes más, leyes menos, no hacen Estado de derecho.

Para la mayoría -que para la partidocracia se muestra indiferente y ajena a la trascendencia de las reformas-, bástele saber que las únicas leyes válidas y vigentes en nuestro bananero país, son la del embudo y la de Herodes. La vía electoral y concertacesiones en las Cámaras, rato ha que dejo de ser opción para el cambio verdadero y a eso se atiene.

Cuando de hecho en este país no existe ciudadanía conciente y responsable, como lo reconociera Gustavo Madero, la democracia a secas en México considerada por el Sr. Peña como madura, con el 66 % de los mexicanos en condiciones de pobreza, sin oportunidades y sin expectativas de futuro, no existe. Como no existe democracia representativa cuando senadores y diputados atienden a todo menos al interés de sus representados.

Para una izquierda responsable y con visión de largo aliento, en su laberinto reivindicar democracia construyendo ciudadanía participativa es la tarea pendiente para recuperar el camino extraviado. La lucha será ardua y prolongada y así se debería entenderse para no caer en pesimismo y desanimo.

No entenderlo así, privilegiando pragmatismo coyuntural electorero o protesta callejera sin sentido claro por sobre propósitos y objetivos de largo plazo, es a mi juicio volver a caer en el juego del dueño de canicas y reglas del juego que en el terreno legislativo empinara al PRD.- Mérida, Yuc., diciembre 21 de 2013.

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Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

 “Los moralistas quieren, ante todo que la historia les deje en paz…” León Trotsky  (Su moral y la nuestra)

Con la plena convicción de que la hipocresía es consustancial a la simulación, corrupción e impunidad  que domina a este país y que, para la gente bonita las “malas palabras” constituyen atentado flagrante a la cultura  y reglas elementales de decencia, respeto  y buen gusto,  con igual convicción quiero considerar que lo expresado en tribuna por la Sra. Senadora Layda Sansores, en relación al prácticamente hecho consumado de la privatización de los Recursos energéticos de la Nación por el mayoriteo del PRI y el PAN en el Congreso de la Unión, en su contexto coyuntural tiene un alto contenido de cultura política, elevando el lenguaje llano popular, por su énfasis y contenido, al rango de connotación objetiva de la realidad real que se vive en México.

  Aclarado lo anterior, salvando respetables excepciones y corriendo el riesgo de ser etiquetado como políticamente incorrecto, cito en todas sus letras lo expresado por la Sra. Senadora quien parafraseando a Saramago dijera a sus pares del PRI y del PAN:

 “[…] Vayan y privaticen a la puta madre que los parió […] No tienen vergüenza”.

 Expresión que se puede consultar en todos sus términos en la WEB, accediendo a la página de  YouTube, con dirección:

 http://www.youtube.com/watch?v=t2PTqrHTzsg&feature=youtube_gdata

Nunca en los últimos tiempos, en la vida política de México se había escuchado una frase tan contundente y tan bien aplicada. Reflejando no una postura partidista de una izquierda electoral que ni como caricatura es de izquierda, más sí, el hartazgo e indignación de amplios sectores de la población que, sin voz ni voto en los Congresos federales y locales, en toda su connotación política y social hacen suyo en forma y contenido el tajante y oportuno exabrupto.

Y aún más, la voluntariosa invitación de la política campechana se hace extensivo lo mismo a senadores que a diputados del PRI, del PAN, la morralla satélite o la fracción entreguista del PRD, que tras haber insistido en que con la reforma energética no se pretendía privatizar el recurso petrolero y eléctrico, patrimonio de la Nación, hoy alineados en el extremo de la ultraderecha de la partidocracia, exhiben carecer de vergüenza y de amor a México.

 La duda razonable ha sido disipada en el Senado. Lo que en el Congreso de la Unión se debate y se aprueba, es un proyecto privatizador a ultranza que pone en manos de las trasnacionales petroleras el destino de recursos que hasta hoy en principio son de la Nación.

 Decisión cupular de los partidos mayoritarios -sediciente representación de las más importantes fuerzas políticas de este país-, expresión de la alianza entre los poderes partidocrático y fácticos, que incluso, rebasa lo que de primera intención propusiera sobre la materia el presidente Peña.

 En el ejercicio democrático electoral en el que se sustenta la democracia representativa que nos rige, nadie mandató en las urnas al presidente de la República, senadores y diputados a tomar tan trascendental decisión. Tampoco éstos en campaña, ofertaron y pusieron a consideración a los votantes modificar la Constitución en tan lesivos términos con los que hoy se entrega petróleo y electricidad a empresas privadas domésticas y extranjeras.

 En los hechos, una pandilla de corruptos y farsantes simuladores, de motu propio y sin mediar consulta ciudadana alguna, toma para sí y entrega a particulares la riqueza nacional.

 Eufemismo. Los recursos petroleros en el subsuelo son de la Nación, en la superficie pasan a ser de empresas privadas.

Ultraderecha, objetivo cumplido. El artículo tercero transitorio ya establece un plazo a más tardar de dos años, a partir de que se publique la reforma constitucional para que Pemex y CFE dejen de ser paraestatales, y se conviertan en “empresas productivas del Estado“.

Muertos PEMEX y CFE, se acabó la rabia.

 Frente a este crimen -no se puede llamar de otra manera-,  es el que la Senadora Sansores haciendo uso de “las malas palabras”, en una frase calificara políticamente a los privatizadores, interpretando fielmente lo que las mayorías empobrecidas del pueblo de México piensan y sienten de una presuntamente respetable pléyade de indignos legisladores.

 Con ello, la tan atinada como combatida expresión de Andrés Manuel López Obrador, cobra plena vigencia para las mayorías de este país: “Al diablo con las instituciones”.

 No porque el pueblo de México pretenda vivir en la anarquía, desconociendo instituciones que él mismo se diera. Simplemente porque la pandilla en el poder despachándose con la cuchara grande en favor de intereses personales o de grupo, no honra la representación y mandato ciudadano.

 La serpiente devorándose a sí misma. Ante el pueblo de México el cínico e indignante entreguismo de la representación popular en las Cámaras, se exhibe como lo que es, negando la vigencia de la democracia representativa como mandataria de la voluntad popular.

 Paradoja, el gobierno impone por la fuerza para cambiar, el pueblo pacíficamente cambia rechazando imposición y autoritarismo.

 Lo que Leyda Sansores dijera en tribuna, forma ya parte del nuevo México en el que historia y cultura construyéndose cotidianamente en la calle,  el pueblo rescata, retoma y a su modo impone en el imaginario colectivo.

 PRI y PAN cierran el último capítulo de la Revolución Mexicana en su versión oficial y el pueblo, en su permanencia, retoma memoria histórica y le da continuidad. Así se escribe la historia. – Xalapa, Ver., diciembre 11 de 2013.

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