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Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

La participación de la industria naval veracruzana en la construcción de flota menor de Pemex, sin duda es una buena noticia. 30 años de capacidad instalada en franco desuso no son cualquier cosa, si tomamos en cuenta el efecto multiplicador de una actividad que requiere de tecnología, materia prima, suministros y equipo y, sin duda, de mano de obra especializada con alto nivel de calificación.

Y si la industria naval asentada en el puerto de Veracruz a lo largo de tres décadas vegetara de espaldas al mar, habría que preguntarse entonces cuantas décadas atrás nuestra entidad se ha manifestado ajena al potencial que nos ofrece un litoral de más de 700 kilómetros de extensión. Si de aprovechar nuestros recursos costeros se trata, que mejor que hacerlo por la vía inmobiliaria y una incipiente industria sin chimeneas, negocios presuntamente más lucrativos y con recuperación casi inmediata del capital invertido, sin importar si estas actividades atenten contra el medio ambiente y sean altamente vulnerables a los caprichos de la naturaleza.

Para quien esto escribe, a vuela pájaro, baste señalar que cuando se habla y festina de la activación de la industria naval veracruzana, lejos se está de considerar a esta actividad como un renglón sustantivo del comercio marítimo de cabotaje y de la pesca de altamar, y de cómo podría incidir en incrementos de producción, productividad, abatimiento de costos y derrama económica en un marco de integralidad en el aprovechamiento de nuestros recursos costeros.

Industria pesquera

Se ha hablado mucho de la importancia que la pesca tiene en la economía veracruzana; se ha presumido del aporte veracruzano al mercado y consumo de alimentos pero, en realidad, lejos estamos de aprovechar toda su potencialidad. Nuestra pesca se sustenta en actividades ribereñas y acuacultura rústica en aguas interiores que, en términos latos se reduce a una actividad primaria, meramente extractiva y muy lejos del status deseable de una industria próspera, tecnológicamente avanzada con un impresionante efecto multiplicador sustentando a otras ramas industriales afines, diversificación productiva, protección del medio ambiente y expansión del empleo tanto en cantidad como en calificación.

Correspondería a los expertos dar cuenta del desempeño de la actividad pesquera en la entidad y de cómo esta incide en la economía estatal, trátese lo mismo de inversión, composición del capital, capacidad instalada, empleo y volúmenes de producción que a su vez, inciden en ingreso y calidad de vida de quienes participan de los beneficios de esta actividad.

Sin embargo, muy poco podrían hablar de las actividades concurrentes que le dan soporte.
Veracruz no cuenta en cantidad y calidad con una industria naval que distribuida a lo largo del litoral surta de embarcaciones de mediana altura y de altura a la actividad pesquera.

Tampoco se conoce de empresas productoras de avíos y artes de pesca o de volúmenes importantes de financiamiento bancario refaccionario y de avío a los productores. Siendo también prácticamente nula la presencia a lo largo del litoral de una red integral de frío para la conservación y transformación, así como de transporte especializado que aporten a una mejor calidad de los productos pesqueros en el mercado nacional e internacional.

La sola inexistencia de este soporte, habla por sí de que en pesca, a diferencia de otras entidades federativas lo mismo en el litoral del Golfo de México que en el del Pacífico o mar Caribe, estamos en pañales desaprovechando nuestro potencial y especulando siempre de espaldas al mar de la riqueza de nuestras costas.

Que mayor prueba que el considerar a la actividad pesquera veracruzana como renglón productivo marginal, ajena a la promoción industrial y atendida como patito feo por una dependencia ineficiente e ineficaz como la Sedarpa, incapaz esta de encauzar por mejores caminos a la pesca artesanal ribereña y a una acuacultura incipiente y tecnológicamente atrasada.

Lo paradójico es que Veracruz ha contado desde hace varias décadas con la carrera de ingeniería naval de la UV, con escuelas técnicas pesqueras a nivel de bachillerato y con un Instituto Tecnológico del Mar, cuyo potencial ha sido miserablemente desaprovechado y peor aún, ignorado por las autoridades en sus fastuosos programas de promoción económica.

Recuerdo bien que ya en tiempos del presidente Ruíz Cortines se hablaba de la marcha al mar. No pasó de un slogan de moda para la entidad veracruzana. En sexenios posteriores se creó la planta industrial de Productos Pesqueros Mexicanos en Alvarado, correspondiendo a los lugareños y al gobierno estatal el dejarle morir. Con el presidente López Portillo se dotó a las cooperativas veracruzanas de barcos camaroneros de median altura, crédito, asistencia técnica y canales de comercialización nacionales y en el exterior -respaldados por Productos Pesqueros Mexicanos y Ocean Garden-, hoy estas naves yacen hundidas en la laguna de Alvarado.

Es obvio y de todos conocido que Veracruz no está aprovechando las ventajas comparativas que le ofrece su exuberante potencial en recursos naturales, clima, población y ubicación geográfica. Baste señalar que el peso específico en la economía agraria veracruzana descansa en el monocultivo de la caña de azúcar -empobrecedor del suelo, con muy bajos índices de productividad- , así como el proceso industrial de la gramínea, obsoleto, en decadencia y permanentemente subsidiado, son una pequeña muestra de ello y, ni qué decir de una ganadería extensiva depredadora del medio ambiente, tecnológicamente atrasada e inserta en un mercado volátil que frena reinversión y expectativas de mejoría para los productores. El permanente ignorar por décadas a la industria pesquera y su rico potencial a lo largo de más de 700 kilómetros del litoral veracruzano, lo confirman.

Hojas que se lleva el viento

En el marco de la celebración del Día de la Libertad de Expresión, se teje fino en la transformación de “tigres de papel” en confortable zalea para amortiguar los pasos de los adelantados por los escabrosos senderos de la simulación y el engaño.

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Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

“Si las sociedades son suficientemente aptas para vivir, vivirán, y está bien que sea así. Si no son lo suficientemente aptas, morirán, y es mejor que mueran”. Herbert Spencer

La ex perredista y ahora secretaria de desarrollo social, Rosario Robles, no se manda sola. Responde al mandato del Sr. Peña, luego la decisión anunciada por la funcionaria de suprimir el apoyo de “oportunidades” a madres que tengan más de tres hijos, así como el lugar seleccionado para tal anuncio, una región nayarita donde habitan las etnias coras, huicholes y tepehuanos, es más que simbólico. Con ello se pone de manifiesto el fracaso del asistencialismo oficial para abatir hambre y pobreza; abandono de pueblos originarios a su suerte y, fracaso del proceso educativo en México largamente acariciado como herramienta de transformación y cambio para abandonar los terrenos del subdesarrollo.

De manera explícita igualmente se exhibe el propósito último del régimen priísta de evadir la carga de más del 50 por ciento de los mexicanos en condiciones de pobreza y pobreza extrema, en su objetivo de concentrar los esfuerzos gubernamentales en la búsqueda de incrementos de productividad y competitividad que se dice exige al país el mercado mundial globalizado.

A decir de la Sra. Robles, “… 60 por ciento de la población en situación de pobreza se encuentra en las zonas urbanas, diseminada principalmente en las periferias de las ciudades; por ello la aplicación de programas sociales se ha extendido también a estas zonas que ya se consideran marginadas”. Más claro ni el agua, se trata de una estrategia de chantaje, imponiendo control natal y sometiendo la capacidad reproductiva de la mujer a políticas públicas discriminatorias aplicadas a las familias pobres y marginadas.

Se puede estar o no de acuerdo en que el asistencialismo oficial, auspiciado por requerimientos clientelares electorales, no contribuye a resolver el problema estructural de la desigualdad y pobreza, antes al contrario, hace de los destinatarios dependientes del subsidio mano de obra inerte, incapaz por sí misma de aportar a las tareas del crecimiento económico y desarrollo en la medida en que lo demanda el mercado, más ello no justifica el que, por decreto y sin decir agua va, se corte de tajo y de manera autoritaria un paliativo que por décadas ha tenido en última instancia como único beneficiario a una clase política corrupta que vive de y para el saqueo.

No se puede hacer de lado que en respuesta a problemas estructurales históricos, como desigualdad y pobreza, ha sido el propio gobierno federal el que instituyera el caritativo asistencialismo social, generando entre los “beneficiarios” una cultura de dependencia que ya tiene arraigo en las generaciones presentes de la población marginada. Hoy las consecuencias están a la vista, la pobreza y pobreza extrema campean en todo el territorio nacional acompañadas de una brutal desigualdad que inciden en el desempeño de una economía lastrada por un mercado interno restringido, sin capacidad real de compra de más del 50% de los mexicanos.

Castrar a los pobres, solución neoliberal.

La decisión del gobierno de Peña Nieto puede tener muchas lecturas de acuerdo al cristal con que se mire. Para quien esto escribe, la medida anunciada asume postulados capitalistas de Darwinismo social; más que sumar divide, polarizando, confrontando y poniendo en franca competencia por la supervivencia a quienes el sistema considera aptos para cumplir con los objetivos de incremento de productividad y competitividad -que demanda el mercado mundial globalizado-, y los mexicanos que lejos de aportar, estorban a tales propósitos. Una medida más del régimen peñista que condena a priori a morir de hambre a las familias que dependiendo del subsidio oficial para sobrevivir, en suerte hayan procreado más de tres hijos. ¿Qué van a hacer las madres cuya única esperanza de tener un ingreso para atender sus necesidades básicas se sustentara en tener más hijos? ¿Desprenderse de los que le sobren para seguir contando con la caridad oficial?

La pobreza no sólo sobra en el México neoliberal, también estorba lo mismo en la ciudad que en el campo para los fines de expansión y dominio del capital. ¿Cómo se le ocurre a Peña Nieto frenar su crecimiento a niveles de reposición de la fuerza de trabajo? Controlando la natalidad con políticas públicas de exterminio. A eso nos conduce el fascista modelo neoliberal de desarrollo. A falta de guerras intestinas de poda genocida, castrar a los pobres.

¿A eso queríamos llegar permitiendo el retorno del PRI a la presidencia?

Dejo la respuesta a la conciencia de los lectores.

Hojas que se lleva el viento.

Con los contenidos de la iniciativa de leyes secundarias en materia energética presentada al Congreso por el Sr. Peña, salió ya a relucir el peine despejando las dudas. El petróleo y gas propiedad de la nación se privatizan, la renta petrolera de los mexicanos será compartida con la iniciativa privada, nacional o extranjera.

A decir de los secretarios de hacienda y de energía, los posibles beneficios para el pueblo de México se harán visibles, si los hay, en el mediano y largo plazo, condicionados en que para entonces los combustibles fósiles no hayan caído en desuso gracias al avance tecnológico en el aprovechamiento de otras alternativas de generación de energía.

Lo mismo ocurrirá con la generación de energía eléctrica y, de paso, con el agua como recurso asociado.
Para que esta propuesta del presidente Peña se materialice, se requerirá del aval de la partidocracia en el Congreso. Lo cual sin duda tendrá lugar una vez logrado el equilibrio de intereses entre los tres partidos mayoritarios, sin importar lo que el pueblo de México pueda opinar al respecto.

Y en este clima de mansedumbre y complicidad, nuestros flamantes senadores veracruzanos hacen labor de proselitismo electoral afirmando que con las reformas del Sr. Peña ya se sienten en el bolsillo de los mexicanos los primeros beneficios.

-ooo-

Ya no es ingenuidad o falta de oficio político que pudiera justificar en el presente la grosera conducta del gobernador de Veracruz para con el pueblo que dice gobernar. Lo por él expresado y profusamente divulgado por la Coordinación de Comunicación social de la administración pública estatal el primero de mayo del mes en curso, es simple y llanamente un insulto más a la inteligencia de los veracruzanos, así como manifestación explícita de valemadrismo del gobernante ante la grave situación de desempleo y pérdida del valor adquisitivo del salario que aqueja a la entidad. Júzguelo usted mismo estimado lector:
Xalapa, Ver., 01 de mayo de 2013.- El gobernador Javier Duarte de Ochoa encabezó el desfile conmemorativo por el 127 aniversario del Día Internacional del Trabajo, en el que participaron más de 50 mil trabajadores de diversos gremios del estado. “Con más de 230 mil empleos generados en dos años, un crecimiento económico que dobla la media nacional y plena paz laboral, consolidaremos a Veracruz como el estado de los trabajadores…”, apuntó el Gobernador y destacó que en su administración 230 mil familias hoy ya tienen ingresos, certidumbre, estabilidad y arraigo.- Comunicado oficial

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Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

Peña Nieto no es monedita de oro, como se pudo observar en los resultados de la elección presidencial del 2012. Sin embargo, habiendo iniciado su mandato con un afán renovador que por principio de cuentas apuntaba a un combate real a la corrupción,  se ganó el beneficio de la duda, sobre todo, en amplios sectores de clase media impactados por la defenestración y encarcelamiento de “la maestra”, Elba Esther Gordillo.

Hoy día las cosas son diferentes, el presidente Peña acusa un notable descenso en popularidad, el beneficio de la duda se ha perdido y sus reformas presuntamente estructurales, como el mismo afirma, encuentran resistencia y rechazo en amplios sectores de la población.

Entre errores propios del “aprendizaje” de inicio de sexenio, arrastre no previsto de inercias nocivas de usos y costumbres políticas, y un entorno internacional negativo, la falta de claridad de rumbo y destino propició un sub ejercicio presupuestal a lo largo de 9 meses del orden de 28 mil millones de pesos,  que impactó en la vida económica de las entidades federativas y, por ende, en el conjunto de la economía nacional, generándose un clima de estancamiento y desaceleración cercano a la recesión que ya impacta, a su vez, en la economía familiar.

Caldo de cultivo para el descontento y protesta ciudadana, que enmarca el rechazo a las reformas laboral, de comunicaciones, educativa y fiscal propuestas por el titular del ejecutivo federal.’ Así como el estira y afloja en el Congreso de la Unión por una reforma electoral que pretende modificar sin consenso,  reglas del juego  para la partidocracia.

Esto como prolegómeno a la “madre de todas las batallas”, la reforma energética, que en sus propósitos y alcances no del todo explicitados,  más que sumar divide lo mismo a las fuerzas político-electorales, que a las élites empresariales, academia y a una escéptica opinión pública poco informada pero perspicaz en sus percepciones.

Ante la proximidad del Primer Informe de Gobierno del Sr. Peña, las cosas no le pintan como este deseara y, en su frustración e impotencia, se obliga a sí mismo a imponer más que a convencer, mostrándose proclive a un autoritarismo que, de entrada, genera más rechazo y resistencia social a leyes y políticas públicas reformistas que se derivan de modificaciones constitucionales que viene aprobando un Congreso  pusilánime, sometido tanto al poder ejecutivo como a intereses coyunturales partidistas.

En este escenario de deterioro económico con pinceladas de inseguridad e ingobernabilidad en diversas regiones del país, el presidente Peña anuncia una más de sus reformas en cascada, la del sector agropecuario, sin tener claro que con la continuidad de la contrarreforma salinista en el campo, se mete en camisa de once varas.

Si bien México está ávido de incrementos substanciales en productividad y rentabilidad de la fábrica nacional para hacerle frente al mercado mundial en condiciones de los mínimos de competitividad que este exige, no se puede aplicar tabla rasa en aplicación de políticas públicas neoliberales en un sector en el que la desigualdad social, económica, tecnológica e incluso orográfica, climática y ecológica, es la constante.

El afirmar que se buscaría pasar de los subsidios a los incentivos productivos, buscando poner al día las normas y reglamentos del sector para incentivar las inversiones, combatir la pobreza, generar más empleos y elevar su productividad, como lo comentara el Sr. Peña con diputados de su partido, sin tener a mano un diagnóstico socio-histórico de la conformación estructural del campo mexicano, es a mi juicio un paso al vacío.

A lo largo de más de 70 años el  PRI-gobierno, en congruencia con su traición a los postulados de la Revolución Mexicana, con una Reforma Agraria más ambiciosa en el papel que en los hechos, lo intentó todo, valiéndose de diversas fórmulas, unas extralógicas y otras de manufactura nacional, contando con lo mejor del pensamiento agrario que, teórica y pragmáticamente estuviera a disposición del régimen. El PRI topó con pared al igual que en su momento, con la alternancia aconteciera con el PAN en el poder.

La contrarreforma salinista  continuada con Zedillo, lo único que logró fue profundizar las contradicciones propias del sector, agudizándose desigualdad, pobreza y abandono de la producción en el campo mexicano.

De que la estrategia asistencialista que substituyera al paternalismo populista, con fines más electoreros que de racionalidad productiva, ha sido un fracaso, no hay duda. La fórmula no funcionó, salvo para incrementar corrupción. Debe por tanto someterse a una revisión estricta para actuar en consecuencia. Se requiere una reforma sí, pero de fondo, que incida a profundidad en la estructura agraria y productiva del campo mexicano  pero, por favor, sin pensar en Monsanto, sus semillas transgénicas y su control de la producción y del mercado, como beneficiario directo.

Y este nuevo capítulo de una reforma agraria inacabada, traicionada y vuelta a traicionar por la revolución hecha gobierno, considero no puede ser otro que aquel que surja tanto de un diagnóstico preciso, regional, micro regional y por cuencas hidrológicas de la realidad del campo mexicano, pero sobre todo, de un nuevo pacto social incluyente en el medio rural, que con visión de largo aliento   y voluntad política, convenga en que no es ya posible que el campo mexicano continúe transfiriendo capital neto vía políticas de precios de alimentos y materias primas, al hoy magro desarrollo nacional.

Si profesores, sindicatos, pequeños, medianos y grandes empresarios, están brincando de la sartén al comal con lo que ya se aprobara en materia de reformas presuntamente estructurales, no quiero imaginarme lo que sucedería, no estando el horno para bollos, si a continuación de la reforma energética, diputados y senadores le entraran a una reforma agropecuaria como la que pretende el Sr. Peña. Este debe pensarlo dos veces antes de que se le incendie la pradera en su afán modernizador y transformador, que no es otro que darle oxígeno a un neoliberalismo trasnochado cuyo fracaso histórico transita a lo largo y ancho de los llamados países del primer mundo.

Hojas que se lleva el viento

El gobernador veracruzano les modificó la plana a sus críticos. Personalmente el Sr. Dr. Javier Duarte de Ochoa, ante la cúpula de la Confederación de Cámaras Industriales (CONCAMIN), aclaró que las 600 empresas de nueva creación en el trienio en curso, no son MIPYMES, sino grandes empresas aportadoras de multimillonarias inversiones en dólares y generadoras de más de 200 mil nuevos empleos. Las MIPYMES ordinarias de nueva creación, para ser precisos mencionó, ascienden a 8,400.

Como en su momento Fidel Herrera respondiera a la crítica por sus presuntos logros en materia de construcción de un titipuchal de puentes, si no las han visto, búsquenlas, que 9,000 empresas de nueva creación no se pueden esconder bajo la alfombra.- Xalapa, Ver., noviembre 13 de 2013.

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Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

Los gobiernos de Estados Unidos y México jugando al gato y al ratón. El primero no queriendo queso sino salir de la ratonera, le da muchas vueltas al tema de la migración para seguir evitando el ingreso de más mexicanos que compitan por un empleo. El segundo, rogándole a Dios se aliviane la política migratoria de nuestros vecinos del norte para seguir expulsando mano de obra.

En ambos casos el Talón de Aquiles es el desempleo. Así de simple, no hay vuelta de hoja. Mientras el desempleo siga creciendo los dos gobiernos seguirán dándole vueltas a la rueda del hámster.

Pero el desempleo es efecto, no causa. Apenas es pálido reflejo de economías que no crecen y de ahí la preocupación del presidente Peña sobre el tema, quien atento a las recomendaciones de la OCDE nos dice: “Incrementar la productividad en México debe ser un reto, pero también una responsabilidad compartida por todos los actores de la sociedad, es imprescindible que incorporemos nuevas tecnologías, que innovemos en nuestros procesos productivos, que le demos un uso más rentable a los recursos y que incentivemos la creación de empresas más eficientes”.

Tácito reconocimiento presidencial de una realidad que en sus propuestas de reformas estructurales ha desdeñado. El problema de fondo es que el modelo económico neoliberal que profundiza pobreza y desigualdad, encoge la democracia y amplía el privilegio de la minoría, para México está agotado. No podemos avanzar insistiendo en transitar en el mundo globalizado de hoy, en crisis, contra la corriente. Ignorando que la ruta del libre comercio en el contexto internacional es cosa del pasado frente a una nueva versión de proteccionismo en el que el Estado, como actor económico, vuelve por sus fueros porque así conviene al sistema.

Antes que sustentar el reto de mantener a flote la economía en el mercado externo, la mayoría de los países está optando por fortalecerse en lo interno, restringir sus importaciones e incrementando ingreso y consumo de sus habitantes. China está a la cabeza de este renovado paradigma.

Cuando la razón indica que ya es hora de “cambiar de caballo  a mitad del río”,  México y otros países afines constituyendo minoría, se aferran al empobrecido jamelgo neoliberal, pretendiendo que con reformas llamadas estructurales, se pueda remontar la corriente cuando la estructura económica y social del país, a gritos y sombrerazos ya indica que su problemática tiene mar de fondo, tiene carácter histórico, es sistémica, y no aguanta más parches discursivos.

No puede seguir sosteniéndose la ilusoria percepción de que los mexicanos estamos jodidos pero felices, como lo afirma la OCDE. (CNN Expansión 28/05/2013). Para las mayorías algo ya huele mal y hay que limpiar la casa, no se puede seguir viviendo de buenos deseos y falsas esperanzas.

Si para el gobierno la desconfianza en autoridades y políticas públicas que por diversos canales expresan las mayorías empobrecidas de este país, resulta irrelevante y digna de ser, por ende, ignorada, grave resulta tratar con el mismo talante a los dueños del capital. La información dada a conocer sobre la transferencia por mexicanos de de más de 20 mil millones de dólares al extranjero en los últimos tres meses, da que pensar. A quienes deberían estar invirtiendo en México, generando empleos y riqueza, les gana la desconfianza, el Sr. Peña y sus reformas no convencen.

Y tan no convencen que el propio presidente Peña, atendiendo a las recomendaciones de la OCDE y del Banco Mundial, duda de sus efectos en el corto plazo, transfiriendo sus efectos a un horizonte más lejano, como es el lograr que en un futuro incierto se sustente el crecimiento económico en un utópico cambio cultural que haga de los mexicanos entes más educados, productivos y sobre todo, rentables para sus empleadores.

Buen propósito que el Sr. Peña llama a compartir por todos los actores de la sociedad, pero que queda en eso, un buen propósito frente a una realidad que se le niega. Al llamado presidencial el México pobre, bronco y profundo, no tiene más respuesta que el silencio.

Un país en el que más de la mitad de sus habitantes se debate entre la pobreza y el hambre, no puede aspirar a ser productivo en los términos recomendados por los organismos internacionales. Un país en el que los dueños del capital dejando de invertir transfieren su dinero al extranjero, no puede aspirar a ser productor eficiente, innovador y competitivo.

Es triste reconocerlo, pero la terca realidad lo expresa a voz en cuello. O se cambia de modelo de país o veremos escurrir el tiempo entre los dedos, sin más esperanza que un ramillete más de buenos propósitos en el archivo de planes y programas sexenales. En ello deberían pensar las nuevas generaciones, no merecen el México que les estamos heredando.

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J. Enrique Olivera Arce

Tanto en el gobierno federal como en  las cúpulas empresariales, algunas voces motivadas por el reciente viaje del Sr. Peña a China, festinan el que México registre costos de mano de obra 19.6 por ciento menores que en ese país asiático, al ser ello incentivo para la inversión e incremento de competividad.

De acuerdo al Bank of América Merrill Lynch, en 2003 los salarios en México eran 189 por ciento superiores a los que privaban en China, revertiéndose tal relación para el presente año, lo que en teoría para quienes festejan tal deterioro salarial en nuestro país, en efecto teóricamente ello favorece la competividad y posición comercial de nuestro país en el mercado mundial de capitales y bienes y servicios.

Sin embargo, a mi modesto entender, si bien tal disparidad favorece al sector exportador, es preocupante que no se observe con la misma óptica de optimismo la repercusión que los bajos salarios tienen para un mercado interno deprimido y, por ende, para el crecimiento económico, distribución del ingreso y calidad de vida y bienestar de la mayoría de la población.

A menor salario menor consumo, en una economía cuya mayor fuerza laboral gravita en torno a los sectores productivos no exportadores, en los que por cierto, PEMEX aparte, también descansa el sistema tributario nacional.

Lo que estaría por verse, es si con el régimen salarial de nuestro país, la pretendida competividad se hace acompañar de la democratización de los incrementos de productividad que, como señala Luis Videgaray, está contemplada en los objetivos de la estrategia económica del gobierno que preside el Sr. Peña. Puesto que ya es lugar común en México que el empleador hace como que paga y el empleado hace como que trabaja, al no existir correspondencia entre el trabajo realizado, el salario percibido y el costo al alza de los requerimientos mínimos de supervivencia de la fuerza laboral.

A esto habría que agregar que gracias al castigo fiscal al ingreso de los causantes cautivos y el estancamiento en la generación de empleos, más del 50 por ciento de la población ocupada se ubica ya en la economía informal, y sigue creciendo. Reduciendo el ingreso gasto de la administración pública en sus tres órdenes de gobierno y, por tanto, incrementándose el déficit presupuestal en detrimento de eficiencia y eficacia en la atención a la población.

Luego no debería verse con tanto optimismo el que el salario de los mexicanos sea inferior al de los trabajadores chinos que, análisis aparte, han mantenido altos índices de productividad a los que no se puede aspirar en nuestro país; sin considerar, además, que el mercado mundial no está para bollos; repercutiendo negativamente estancamiento, recesión y proteccionismo en la mayoría de los países europeos y en Estados Unidos de Norteamérica, Canadá y Japón, en las exportaciones mexicanas.

Mismo China, segundo socio comercial de México, pese al potencial de mercado que representa, mantiene una relación comercial asimétrica en la que las exportaciones totales de nuestro país ascienden apenas a 449 millones de dólares frente a 56,936 millones por concepto de importaciones procedentes del país asiático.

De ahí que más que cifrar esperanzas en el incremento de competitividad por bajos salarios, la lógica indica que el énfasis se debería poner en el fortalecimiento del mercado interno, revalorando el peso específico de la micro, pequeña y mediana empresa y el trabajo de los mexicanos, reactivando la fábrica nacional con mayor ingreso y consumo y reduciendo la brecha de desigualdad entre los que tienen todo y los que menos tienen.

Hojas que se lleva el viento

 “Aunque usted no lo crea”, nos dice en su columna “Carrusel” Marco Aurelio González Gama, recién estrenado como socio de Crónica del Poder , citando de diversas fuentes las fortalezas de la economía de México. Considero que no tenemos por qué no creer. No existe duda al respecto si consideramos como válida la numeralia oficial.

No obstante, lo paradójico es que con tal fortaleza, una macroeconomía robusta, una política monetaria estable y una inflación moderadamente contenida por el banco de  México, la microeconomía reflejada en  el empleo, ingreso, gasto, consumo y contribución fiscal de la mayoría de la población exprese lo contrario. México no anda bien.

 Como todo lo contrario a lo que en el marco de la simulación y triunfalismo sin sustento de la administración pública veracruzana, debemos entender por impulso al desarrollo sustentable y prevención frente a los efectos del cambio climático. La sustentabilidad del desarrollo es utopía que se trae a colación con tintes demagógico-electorales y los planes para preservar a Veracruz de los efectos del cambio climático, una falacia que la realidad se encarga de exhibir.- Xalapa, Ver., abril 15 de 2013 

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J. Enrique Olivera Arce

Diseñadas, propuestas y aprobadas por la cúpula de la clase política, ahora compartiendo complicidades en el llamado “Pacto por México”, las presuntas reformas estructurales encaminadas a sacar al país de su actual atolladero, carecen de sustentabilidad democrática y, por ende de legitimidad y consenso entre la contraparte, la sociedad civil.

Por ahora las ya aprobadas en el seno de la partidocracia expresada en el Congreso de la Unión y Congresos locales, está visto que son rechazadas implícita o explícitamente por aquellos sectores de la población más informados y participativos, empezando por quienes se sienten afectados.

Sin consulta previa y sin más sustento que la decisión presidencial de llevarlas adelante, tanto la reforma laboral, la educativa y en proceso la de telecomunicaciones, por decir lo menos en medio de la polémica son en principio cuestionadas. Los legisladores subordinados al Poder Ejecutivo en una democracia sin división de poderes real, se tomaron la libertad de hablar y decidir de espaldas a sus representados.

Por el bien de la Nación, pretexto explícito de las reformas peñanietistas, no se acepta marcha atrás, como ya quedó claro en el discurso oficial, autoritario y vertical del presidente Peña. Sin embargo, la ley no es sinónimo de justicia para un gobierno obligado a gobernar para todos salvaguardando el bien común.

Se escuchará a las voces disidentes, pero su opinión es irrelevante. “Cartucheras al cañón, quepan o no quepan”, como ya es el caso de una reforma educativa que apunta más a restringir derechos de mentores que a la búsqueda de una necesaria y urgente calidad de la educación en México.

Muy al estilo de Margaret Tatcher, “La dama de hierro”, las corrientes conservadoras en México ahora impulsadas por el Sr. Peña tras cuatro lustros de estira y afloja,  no acepta medias tintas, o se está a favor o se está en contra de lo que, a juicio del oficialismo, siente las bases para una mejor inserción del país en el concierto del mercado mundial. Desigualdad y pobreza están al margen de los intereses fácticos. Productividad y competitividad del individuo es el camino.

Democratizar productividad y competividad es el propósito explícito, como lo ha hecho saber el secretario de hacienda y cerebro tras el trono, Luís Videgaray. Lo implícito es minimizar al Estado y privatizar a ultranza la vida económica y social del país, bajo el apotegma del tatcherismo de “Menos sociedad, más individuo”, en una versión tardía de un neoliberalismo radical que tiene de cabeza al mundo, socializando las pérdidas y privatizando la ganancia a favor de unos pocos.

Lo que es rescatable, en todo caso, es que a partir del no hay retorno en materia de reforma laboral y educativa, nadie se puede dar por sorprendido. La reacción impone un retroceso político y social en el que el garrote amenazador se exhibe sin pudor alguno. La “Ley de Herodes” por sobre todo intento por ciudadanizar la política y democratizar la vida del país  es la senda trazada.

Triste escenario sin futuro para las mayorías.

Hojas que se lleva el viento

Ricardo Ahued, gozando de amplia fama pública de empresario honorable y exitoso, y sin cola que le pisen por su desempeño en la administración pública, como alcalde de Xalapa y como diputado federal, corre el riesgo de echar por la borda su prestigio participando en un proceso electoral que, desde sus prolegómenos, se viene distinguiendo por ser el de mayor desaseo en los últimos tiempos de la política veracruzana. El sabe su cuento y el riesgo que corre, ni hablar.

-ooo-

Y a propósito del proceso electoral en marcha que desembocará en la elección de diputados locales y alcaldes constitucionalmente de cuatro años, al partido-gobierno veracruzano se le pasó la mano. No sólo debilitó a los partidos opositores, los destruyó de una manera que debería avergonzar a nuestra doméstica y aldeana clase política. Sin oposición que valga la pena, el PRI va sólo, ganará la elección pero perderá la poca credibilidad que merece del electorado. Y el gobernador haciendo como que la virgen le habla sin parar mientes en el enorme daño que le infringe a nuestra incipiente democracia.- Xalapa, Ver., abril 14 de 2013

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José Enrique Olivera Arce

En sentido inverso al discurso oficial la realidad de un país estancado y ya en el tobogán del retroceso, va ganando terreno. La desigualdad y la pobreza avanzan a pasos agigantados, haciendo nugatorio todo esfuerzo por combatirles o, cuando menos frenar tal fenómeno de nuestro tiempo.

No hay estrategia que valga en el ámbito internacional que pudiera aplicarse en México, como se pudiera constatar en la reciente reunión del grupo G-20,  cuando se apunta a ponerle más leña al fuego a las causas que dieran lugar al empobrecimiento de la mayoría de la población mundial. Lo que acontece en la llamada sociedad del bienestar en Europa, es apenas la punta de de un  gigantesco iceberg que pugna por salir a flote.

La concentración del ingreso en una minoría hábida de mantener inalterable la tasa de ganancia del capital, no puede seguir descansando en el empobrecimiento galopante de la mayoría y, sin embargo, en ello se insiste confiando en las bondades de un modelo económico agotado. Si con el neoliberalismo se pretendía generar tal acumulación de riqueza que, por sí misma y con ayuda del mercado, se derramara en beneficio de los menos favorecidos, el resultado al paso de los años confirma el equívoco mostrando que a mayor acumulación y concentración del producto social en pocas manos, mayor pobreza y desigualdad.

En esa vorágine de crisis económico-financiera y política, México ya no siente lo duro sino lo tupido. Los números fríos que arrojan los estudios de Naciones Unidas (PNUD), son apenas un indicador  de lo que realmente subyace en el seno de la sociedad mexicana. “En un año el país sufrió un retroceso del 23 % en desarrollo humano, elevándose  los índices de pobreza por sobre el promedio de América Latina”.

De acuerdo a cifras dadas a conocer por el  Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval), la situación de pobreza en el país es muy grave, aumentó en el último año, de 48 a 52 millones de personas. Sólo en el estado de Veracruz “se incrementó en 100 mil personas más, al aumentar su tasa de 24 al 25.4 por ciento de la población”.

Indicadores que muestran que lejos de abatirse el desempleo, pobreza y desigualdad, estos fenómenos estructurales van en aumento, siendo insuficientes o equivocadas las estrategias del sector público para combatirles y abatirles, en tanto éstas se sustentan en recetas de organismos financieros internacionales como el FMI y el Banco Mundial, ampliamente aplaudidas y estimuladas por el sector privado de la economía, en la medida en que favorecieran en el pasado reciente tanto la concentración de la riqueza en pocas manos como la reproducción barata de fuerza de trabajo vía asistencialismo.

Fenómeno este último que ya resulta contraproducente. El equilibrio entre mano de obra ocupada y el ejercito de los sin empleo, se rompió. De la disponibilidad de mano de obra desocupada, como reserva, se pasó a la manutención improductiva de hombres y mujeres por parte del Estado. Sostener deprimidos los salarios bajo el supuesto de la existencia de una reserva laboral que presionara sobre el empleo-salario, frena ya la reproducción ampliada del capital. Aparejado al bajo nivel salarial va de la mano la contracción de la demanda interna en perjuicio de la producción de bienes y servicios destinados al mercado interno y, por tanto, presionando a la baja la tasa media de ganancia del capital.

Por otro lado, la crisis europea y la que ya acusan los Estados Unidos de Norteamérica, inciden en el mercado de exportación de bienes y servicios nacionales. La mano de obra barata dejó de ser factor determinante para una mayor productividad y competitividad en los mercados internacionales. El proteccionismo comercial en los países destino y la paridad cambiaria del peso frente al US Dólar y el Euro, son elementos determinantes para competir en desventaja en una relación tecnológicamente asimétrica. La necesidad de bienes de capital para una producción intensiva que sea competitiva, haciendo más con menos, se impone por sobre la necesidad de ocupación extensiva de mano de obra, propiciando el desempleo masivo y, por ende, incrementándose pobreza y desigualdad. A mayor tecnificación y modernización focalizada del aparato productivo, mayor el número de desocupados.

Luego el insistir en conjugar modernización, productividad y competividad con políticas públicas asistencialistas, en las actuales condiciones del país ya es no sólo contradictorio sino verdadero nudo gordiano al que no se le encuentra la punta del mecate en el modelo económico y social dominante. O se corrige y cambia de modelo ó la economía nacional se verá en serios aprietos en el mediano plazo, arrastrando consigo en su caida al país entero.

Hablar de esta situación en Veracruz no tiene sentido. La realidad habla por sí misma, mostrando serias fracturas estructurales en una sociedad que privilegia la política electoral a políticas públicas medianamente racionales. Oídos sordos a las campanadas de alerta de la crisis global, es la constante en una entidad federativa que se gobierna sin receta. Lo que se puede decir sin temor a equivocarse, es que más temprano que tarde el bolsillo hablará por varios cientos de miles, si no es que millones de veracruzanos. Entonces, posiblemente, nuestra aldeana y ramplona clase política se tome el trabajo de escuchar.

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