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J. Enrique Olivera Arce

Los resultados definitivos del proceso electoral de sucesión de Fidel Herrera Beltrán en el gobierno de Veracruz, estarán sujetos a lo que los tribunales electorales, estatal o en su caso el TRIFE, determinen y, mientras esto sucede, la llamada izquierda electoral deberá asumir que ya se transita en el largo y escabroso camino de la elección presidencial del 2012. Debiéndose atender a diversos supuestos que a mi juicio irán configurando un nuevo escenario para las distintas corrientes de centro izquierda que, en un nuevo intento por participar y pesar en el proceso, le apostarán a un frente amplio electoral.

La elección en Veracruz quedó atrás. Sea quien fuere el próximo gobernador en la entidad, su designación oficial se conocerá hasta el mes de noviembre, pero es indudable que éste, a su vez,  en su momento tendrá que enfrentar a una oposición a la que deberá considerar seriamente en la toma de decisiones, para así obtener un mínimo de consenso que le permita gobernar sin tropiezos. Para la izquierda esto debería ser la primera conclusión a sacar si es que se pretende avanzar. Asumiéndose que la nueva administración pública veracruzana desde sus inicios estará acotada, primero, por la Legislatura en la cual ni el PRI ni el PAN contarán con mayoría absoluta y, segundo, por finanzas públicas deficitarias sobre las que habrán de gravitar cuantiosas deudas heredadas; obligándose a privilegiar gobernabilidad por sobre otro desgastante esfuerzo electoral con vías al 2012.

Lo anterior permite considerar un escenario inédito para un Veracruz que vive de y para la política electoral. Siendo este el punto de partida para afrontar los retos y tareas a que están obligadas las corrientes de centro izquierda electoral, si su propósito es salir de su marasmo en la entidad.

Agotado el esquema de la Fidelidad como proyecto transexenal del PRI, sustentado en el falso supuesto de que todo es rojo en la geografía política veracruzana y en el mito de la infalibilidad, omnipotencia y omnipresencia del Maestro Fidel Herrera Beltrán, se transita ya por un complejo proceso de reacomodo de las diversas fuerzas que configuran el espectro político electoral. Este a mi modesto entender, ofrecerá nuevas posibilidades de rescate, crecimiento y fortalecimiento de los ahora cascarones partidistas de Convergencia, PRD y PT, e inclusive, para el movimiento social plural de resistencia ciudadana que encabeza el lopezobradorismo, llamado a jugar un importante papel en la elección presidencial del 2012, si se decide a salir del closet.

En este nuevo escenario de la vida política de Veracruz, a mi juicio resaltan varios elementos a considerar como contexto previo para todo esfuerzo unitario de las fuerzas electorales de centro izquierda, que merezca tanto el respaldo del lopezobradorismo como de aquellos ciudadanos considerados “indecisos” pero que, por sus condiciones de vida, expectativas de inclusión, crecimiento y aspiraciones futuras canceladas, se identificarían con los propósitos y objetivos de un amplio  movimiento social en la construcción de un frente ciudadano, único y renovado.

  1. Las derrotas enseñan. Las militancias del PRD, Convergencia y PT, e incluso el movimiento lopezobradorista en Veracruz, deberían estar sacando conclusiones en torno al fracaso electoral.
  2. El principal enemigo de la izquierda, hoy y siempre, es la propia izquierda. No se puede seguir confiando en dirigencias espurias enemigas de la democracia;
  3. El enemigo a vencer en el 2012 es el PRI. El PAN se está derrotando a sí mismo a nivel nacional por las políticas erráticas y antipopulares de la administración federal a cargo de Calderón Hinojosa;
  4. El PRI en Veracruz hasta ahorita pierde ganando. No cuenta, como ha venido afirmando, con el monopolio de la vida política en la entidad; habiendo quedado claramente sentado que apenas alcanzó la primera minoría en el espectro plural electoral de la entidad.
  5. Pese a todos los esfuerzos gubernamentales y de las dirigencias colaboracionistas, por sepultar a las fuerzas de centro izquierda, estas se mantienen vivas y actuantes gracias al compromiso, convicción ideológica y voluntarismo de las bases partidistas.
  6. Mal que bien y pese a todas las imprevisiones, improvisaciones, errores, traiciones y desviaciones de los conductores de la llamada izquierda electoral, ésta alcanzó en la elección de gobernador alrededor de medio millón de votos, es decir, el 14 % del total de los votos computados, habiendo contribuido a desenmascarar los mitos de la “Fidelidad”.
  7. En el ámbito nacional, con las alianzas triunfantes en Oaxaca, Puebla, Sinaloa y posiblemente en Durango e Hidalgo, quedó expuesta la debilidad del panismo y de su conductor, Calderón Hinojosa. Sin la participación en alianza de las fuerzas de centro izquierda, pese a presentarse estas fragmentadas, usadas y manipuladas, el fracaso electoral del PAN frente al PRI hubiera sido total. Luego insisto, a mi entender el enemigo a vencer en el 2012 es el PRI, no hay de otra y, en torno a este supuesto, habría  que trabajar intensamente, desde abajo, confiando en la fuerza, creatividad  y compromiso de las bases.

Estos, entre otros elementos relevantes que para mi gusto deja tras de sí la elección del domingo cuatro de julio, bastarían para reafirmar optimismo y confianza para un borrón y cuenta nueva para lo que viene en el 2012. Las fuerzas de centro izquierda electoral en Veracruz, aún sin la participación del lopezobradorismo que le dio la espalda tanto a las alianzas con el PAN como a la simulación político electoral, fueron derrotadas pero no vencidas y, si tomamos en cuenta su propio cochinero a lo largo de los últimos cuatro años, afirmaría que ganó perdiendo, si es que toma conciencia de que habiendo tocado fondo en sus crisis recurrentes, llegó la hora del resurgimiento y reconstrucción con autenticidad y compromiso.

A todo esto se agregaría el hecho de que, no obstante el cerco informativo aplicado al movimiento social de resistencia en defensa del petróleo, la soberanía y la economía popular, se cuenta con el liderazgo de Andrés Manuel López Obrador que se fortalece a nivel nacional,  en contrario a la “muerte política” del tabasqueño que muchos analistas de buena fe o textoservidores orgánicos al servicio de la reacción, propalan como cierta. Y aquí cabe aclarar que AMLO no perdió la elección presidencial en el 2012  como consecuencia de la frase “Al diablo con las instituciones” o el ya clásico “Cállate chachalaca” que le recetara a Vicente Fox, como tampoco por el “López Obrador, un peligro para México” que propalaran PAN y PRI en alianza con un sector ultra conservador de la iniciativa privada. La elección no la perdió, le fue robada a los electores, mediante un megafraude ampliamente documentado y presente en el imaginario popular.

Cabe también aclarar que la radicalización que se critica y condena del movimiento Lopezobradorista, devino de la movilización de resistencia ciudadana frente al fraude y el colaboracionismo del PRI y la corriente Nueva Alianza del PRD, que pretendieran legitimar tanto la elección del 2006 como el mandato de Calderón Hinojosa, y no de un presunto complot para desestabilizar a México, como ha quedado ampliamente comprobado. El verdadero peligro para México era y lo sigue siendo Felipe Calderón.

Como bien lo afirma Mario Di Constanzo, la izquierda tiene como único líder nacional a López Obrador. De su reconocimiento como tal por las fuerzas de centro izquierda partidista en Veracruz, depende en mucho la recoja eficaz de los tepalcates y ulterior renovación con la participación activa del lopezobradorismo. Desdeñar nuevamente a éste movimiento, escuchando el canto de las sirenas de “los chuchos” y demás colaboracionistas que se inclinan a favor de una alianza cupular para impulsar la candidatura de Ebrard o cualquier otro para la elección presidencial del 2012, es, a mi juicio, un nuevo tropezarse de la izquierda con la misma piedra, rechazando la oportunidad de aprender de su propia historia, negándose a un escenario que hoy por hoy está dado para avanzar.

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J. Enrique Olivera Arce

En Veracruz, para la llamada “izquierda electoral” llegó la hora de la autocrítica y la racionalidad democrática. No puede pensarse en una desgastante lucha por el reconocimiento de las irregularidades que sustenten la impugnación parcial de la elección de gobernador, sin el reconocimiento de los propios errores que condujeran a la derrota en las urnas del candidato postulado por los tres partidos en coalición,  habida cuenta de que a sabiendas de las condiciones en que habría de participarse en un proceso electoral atípico, al que se ha dado en llamar “elección de Estado”, aceptaran hacerle el juego al PAN y al PRI. (Dante Delgado, exceso de confianza frente a una realidad adversa)

Nadie puede darse por engañado. Desde antes de iniciarse el proceso ya se sabía del pleito personal entre el gobernador y Miguel Ángel Yunes Linares y como este derivaría en una guerra sucia electoral sin cuartel. Las limitaciones ofrecidas por una legislación electoral federal y estatal inequitativa, un árbitro amañado, así como las condiciones asimétricas de disponibilidad legal y extralegal de recursos materiales, humanos y financieros, fueron aceptadas desde el momento mismo en que se decidiera contender.

El diseñar una estrategia de participación respetando tiempos y reglas del juego apegada a derecho, tras observarse que a lo largo del proceso los adversarios actuarían en contrario, es algo que deberá revisarse con mucha objetividad.

Igualmente es el caso de la alianza parcial entre tres partidos que prácticamente partían de cero. El supuesto de que se repetiría la experiencia del 2006, cuando desde la elección presidencial a la fecha de la firma del convenio de coalición, el PRD se encontraba prácticamente dividido, liquidado para la ciudadanía,  y sumido en su propio cochinero, en tanto que el PT y Convergencia apenas habían obtenido en la elección del 2009 el mínimo de votos para no perder el registro, fue una inconsecuencia estratégica y táctica que terminó en desastre.

En 80 días no se puede cosechar lo que no se sembró en cuatro años.

Esto obliga a pensarse en serio en la necesidad de poner los pies sobre la tierra, replantearse la reconstrucción de los tres institutos políticos desde abajo y sujetos a condiciones de racionalidad democrática, con vías a su participación como alianza de centro izquierda en la elección presidencial del 2012. Sin un proceso auténtico de autocrítica, corrección y trabajo intenso a todos los niveles, esto no será posible.

La simulación ideológica en esta ocasión fue factor de peso en la configuración de la derrota electoral de centro izquierda. Los tres partidos en alianza se han asumido como centristas, de izquierda, o socialdemócratas,  sin serlo. Identificados por la ciudadanía en Veracruz como enemigos irreconciliables del calderonismo, se aliaron en otras entidades con el PAN y con el colaboracionista Jesús Ortega y sus seguidores, exhibiéndose como oportunistas y acomodaticios. Los veracruzanos que en el 2006 votaran por la opción de izquierda que encabezara Andrés Manuel López Obrador, así los vieron y les dieron la espalda en las urnas. 500 mil votos “útiles” posiblemente ingresaron a la cuenta de los candidatos del PAN o del PRI. Que desperdicio.

El actual  e inconcluso proceso electoral demuestra con creces que las candidaturas competitivas no se inventan ni se imponen desde la cúpula, se construyen a lo largo del tiempo en la vida partidista y con la participación activa de la militancia. Sin vida de partido sustentada en la participación democrática, la artificialidad de una candidatura queda a expensas de la corrupción y las componendas, siendo por principio rechazada por los electores e incluso, por la misma militancia.

Los resultados obtenidos en el presente proceso electoral tienen mucho que enseñar al respecto en los tres partidos en alianza. La cúpula del PRD en Veracruz mostró su cara más sucia, despreció a su militancia y traicionó a sus aliados en la coalición. El PT no fue capaz de elegir a sus dirigentes estatales, debiendo recurrir a un comisionado de la dirigencia nacional, en tanto que Convergencia, durante el lapso de tiempo comprendido entre la elección del 2006 y la del presente año, careció de vida de partido, supeditándose a las decisiones cupulares del centro, por cierto muy cuestionables. Debería asimilarse la lección y actuar en consecuencia.

La unidad para el 2012

Con el mutuo destape para el 2012 de Andrés Manuel López Obrador y Marcelo Ebrard, se inicia una nueva etapa para los tres partidos políticos en cuestión. Divididos no ofrecen ser competitivos frente al PRI y el PAN, que irán con todo, los primeros en su afán de retornar a Los Pinos y, los segundos, a mantenerse a cualquier costo en la presidencia de la República. Siendo, por tanto, más que exigible la unidad de las fuerzas políticas de centro izquierda. De ahí la pregunta obligada: ¿podrá construirse de aquí al 2012 un proceso que desemboque en un frente amplio, unitario, en torno a uno de uno de los dos aspirantes destapados, ante el embate de la derecha? O esperaremos el triunfo de un indeseable bipartidismo en México.

En las condiciones actuales, tal frente único a mi juicio es imposible. La división es profunda y la vida democrática de partido inexistente. En tanto las bases no tomen el control, dominarán los intereses cupulares. Andrés Manuel lo dijo con todas sus letras, confía en las bases del perredismo, no en las dirigencias partidistas. Por su lado, Marcelo Ebrard, en su calidad de Jefe de Gobierno del D.F.,  requiere lo mismo de su acercamiento con Calderón Hinojosa que de “los chuchos” para construir su candidatura. Lograr la unidad para 2012 sin una solución a fondo de la crisis que viven los partidos de centro izquierda electoral, parece ser un reto insuperable.

Y mientras debería de esperarse una autocrítica seria, responsable para avanzar, la inconsecuencia de Convergencia se repite: el presidente nacional de este partido declara, en respuesta a López Obrador, que respetará los tiempos electorales. Vaya pérdida de tiempo y prevalencia de ingenuidad política. O los tres partidos se depuran, reconstruyen y se ponen en serio a trabajar desde ya en torno a un programa unitario, o se olvidan del futuro.

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J. Enrique Olivera Arce

Hay ocasiones en que lo más sensato para nuestra salud mental es aceptar nuestra realidad, tal cual, me dice un vecino. Esto, referido al proceso electoral en Veracruz, cuya conclusión no tiene para cuando, encierra una gran verdad. No podemos pedirle peras al olmo, sin riesgo de incurrir en demencia. El arroz ya se coció, chueco o derecho, Javier Duarte será Gobernador. No porque estemos convencidos de que el voto le hubiera favorecido, simplemente porque no podemos ir en contra de la realidad de un país en el que la voluntad soberana de las mayorías está secuestrada por los poderes fácticos que controlan la vida económica, política y social de México como Estado-Nación. Así de simple.

El argumento de que en las democracias se gana o se pierde por un voto, es una falacia a modo de quien lo defiende. Para que esta tesis tuviera un mínimo de sustento, tendría que existir la democracia como algo concreto, tangible y no como utopía con la que sueña el hombre libre desde la noche de los tiempos. Cuantitativamente gana Javier Duarte la gubernatura de Veracruz -así lo afirmé desde el mes de marzo-, porque por sobre todas las cosas, así lo quiso el Maestro Fidel Herrera Beltrán, quien, desde la aprobación de las reformas al código electoral, designación de candidato de su partido hasta el control del Instituto Electoral Veracruzano y, posiblemente del Tribunal Estatal Electoral, tomara unilateralmente aquellas decisiones que mejor convinieran a sus intereses y los que representa en la entidad.

Cualitativamente, es otro cantar. Javier Duarte de Ochoa “gana” hasta este momento la elección por la voluntad de un millón 392 mil 386 votos, reales o de origen dudoso, y contra la voluntad de un millón 736 mil 847 de veracruzanos que sufragaran en contra del candidato priísta a la gubernatura. Es decir, gana con el 44 % del total de sufragios “legalmente” válidos. En una “democracia madura”, para obtener el triunfo debería haber obtenido el 50 % más uno para que éste fuera legítimo. Un voto entonces si hubiera significado cualitativamente la diferencia a su favor, lo cual no sucedió.

Si el “triunfo” lo refiriéramos a la lista nominal validada por el IFE, el número de votos obtenido por el Sr. Duarte, apenas representaría el 26 % del total de electores potenciales. Y aunque el candidato priísta no tuviera la culpa de que el sufragio no alcanzara el 100 por ciento de los votantes registrados en el padrón, legítimamente no está en condiciones de afirmar que será gobernador por la voluntad mayoritaria de los veracruzanos.

Bastaría con remitirse a la desagregación de los resultados electorales, Distrito por Distrito, para echar por tierra su aseveración y la de quienes desde su partido y la mayoría de los medios de comunicación se hacen eco de tal apreciación.

La teoría es una cosa y la realidad es otra y a ella tenemos que remitirnos para no incurrir en insanía mental. Hasta este momento nos guste o no nos guste, digan lo que digan los porcentajes aludidos, debemos esperar que el Tribunal Electoral de Veracruz expida constancia de mayoría al Sr. Duarte, quien así asumirá el carácter de gobernador electo, en tanto el TRIFE no sentencie en contrario.

Lo que sigue, en términos prácticos ya no es de nuestra incumbencia como ciudadanos. Nuestra participación, buena, mala o regular se expresó el domingo 4 del presente. Hasta ahí tuvimos vela en el entierro. El tema del cómputo, las impugnaciones y lo que los tribunales determinen al respecto, está fuera de nuestra esfera de competencia como sufragantes modositos y bien portados. Lo que tres personas desde el Poder Judicial de Veracruz o, en su caso, el Tribunal Federal Electoral, sentencien sobre el particular, es lo que cuenta, estando todos obligados a apechugar en consecuencia.

Así que estimados paisanos, a lo nuestro. Que reine la calma entre nosotros y todo mundo a lo suyo, la persecución cotidiana de la chuleta y los buenos ratos de solaz esparcimiento frente a la tele. Dejemos que nuestras autoridades, los partidos, los políticos y los jueces,  hagan lo que saben hacer y olvidémonos por un buen rato de la democracia. No desesperemos, ya vendrán tiempos mejores en los que habiendo aprendido a abrir los ojos, exijamos aquello que establece nuestra Carta Magna como derecho inviolable de los ciudadanos.

Valoremos nuestra salud mental. Digamos, convencidos o no, al unísono con las empresas periodísticas, que el Sr. Duarte de Ochoa sucederá al Maestro Fidel Herrera Beltrán en la gubernatura de Veracruz. Lo demás será tema anecdótico para esos buenos escritores que, de manera tan brillante, saben acomodar la realidad poniéndola al alcance de la comprensión del ciudadano de a pie, y no motivo de desavenencias familiares o entre amigos que a nada positivo conducen.

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La mañana de hoy domingo Dante Delgado solicitó su registro ante el Instituto Electoral Veracruzano (IEV), como candidato de la alianza denominada “Para cambiar Veracruz”. “Vengo hoy ante los consejeros y la consejera presidenta del Instituto Electoral De Veracruz a solicitar mi registro como candidato a gobernador, estoy aquí con el propósito de presentar a los veracruzanos un nuevo modelo de gobierno que dé fin a los graves problemas sociales y termine con la perversión política en la que vivimos.”, expresó el abanderado de Convergencia, PT y PRD y promotor de un amplio movimiento ciudadano.

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J. Enrique Olivera Arce

Hace ya algunos meses comenté que a mi juicio el PRD en Veracruz había pasado a mejor vida, encontrándose el cadáver aún insepulto. El tiempo, sus victimarios y la zopilotada que le ronda,  lo confirman.

Tras un nuevo cochinero, Uriel Flores Aguayo, ex diputado local, uno de los fundadores del PRD con mayor presencia en ese partido y aspirante a la Alcaldía de Xalapa, declaró hoy  lunes a los medios que la crisis de su partido es profunda y carece de autoridad, por lo que impera el caos. “El partido es un muerto viviente, casi como un zombie que algunos traen cargando. El colmo es que algunos todavía quieren robarle los zapatos o el diente de oro al difunto” En corto nos afirmó que el PRD en la entidad está liquidado. “Lo mejor de la militancia ya se fue”.

No podría pensarse de otra manera. Los intereses espureos y encontrados de los diversos agrupamientos que en Veracruz responden a las tribus cupulares del PRD y a un presumible pacto en lo oscurito con el gobernador Fidel Herrera Beltrán, se han encargado, efectivamente, de liquidar todo viso de organización y vida democrática partidista desde que tuvieran lugar las elecciones federales del 2006, si no es que antes, cuando decidieran sumarse a los requerimientos de “gobernabilidad” del titular del ejecutivo.

El mismo lunes la prensa difunde la información sobre un presunto distanciamiento entre el presidente nacional del partido del sol azteca, Jesús Ortega, y el candidato de la coalición Convergencia-PT-PRD, Dante Delgado Rannauro, así como la decisión del Partido del Trabajo de dar marcha atrás en las alianzas pactadas con el PRD y el PAN en diversas entidades federativas, atendiendo a una recomendación de Andrés Manuel López Obrador. Conformándose un nuevo escenario en el desarrollo del proceso electoral veracruzano, que, objetivamente, apuntaría a una ruptura de Convergencia con el PRD y a la disolución de la alianza de centro izquierda en vísperas de su registro formal ante el Instituto Electoral de Veracruz, quedando restringida la coalición únicamente al partido naranja y el PT.

Cualquier otra posibilidad planteada por los grupos perredistas en pugna, en el sentido de decidir de última hora mantener la alianza, por sí o a instancias de Jesús Ortega que desmiente al PT insistiendo que la alianzas están en firme, incluyendo la que se firmara en Veracruz,  dadas las condiciones existentes prácticamente sería irrelevante  el aporte de lo que queda del PRD a la coalición de centro izquierda y, como afirmara en artículo anterior, sí un pesado lastre para Dante Delgado Rannauro frente a una ciudadanía harta de los constantes cochineros perredistas.

Liquidado de facto el PRD en Veracruz, carece de fuerza alguna para ejercer “chantaje” o presión para que Convergencia y el PT se plieguen a los muy particulares intereses de quienes rondan en torno al féretro. Así que, como expresara el ex gobernador de Zacatecas, Ricardo Monreal, “Más vale solos que mal acompañados”. Expresión que en su momento vertí en artículo anterior en el que señalaba que Dante Delgado no debería confiar en la difusa y corrupta  dirigencia del PRD.

A unas horas de que venza el plazo legal para el registro de la coalición de centro izquierda electoral, el tiempo parece darnos la razón. Convergencia y el PT no tienen nada que hacer con el partido del sol azteca en Veracruz, salvo recuperar a los varios miles de perredistas bien intencionados que, de buena fe, confiaran en su partido como opción de cambio y transformación del país. Sí, aquellos que, como afirma Uriel Flores Aguayo, ya se fueron, o bien, están por irse, empezando por quienes integrados al movimiento social que encabeza Andrés Manuel López Obrador nuevamente se sienten traicionados.

Si el aventurarse a llevar como lastre al PRD está en el ánimo de Dante Delgado, muy  a pesar de lo que la ciudadanía percibe de este partido en la entidad,  sin duda requerirá de mucha inteligencia, mucho trabajo político y mucho ojo para no dejarse desbarrancar por sus compañeros de camino en la búsqueda de la gubernatura.

La política es veleidosa. De un día a otro cambian las circunstancias y, con ello, la correlación de fuerzas, objetivos y prioridades. Esperemos que Dante, Convergencia y el PT, tomen la decisión tanto más acertada como oportuna, para que no tengan que lamentarse por cargar a cuestas con el insepulto cadáver y los zopilotes que le merodean.

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J. Enrique Olivera Arce

Inmersos en un proceso electoral atípico, en el que se vale todo, las mejores y peores triquiñuelas, bacinicazos a diestra y siniestra, ríos de dinero corriendo bajo la mesa, prejuicios sexistas, “toma y daca de pompas”, como coloquialmente lo expresa Dante Delgado Rannauro,  y todo bajo la premisa de que lo que está en juego es el destino de Veracruz, los diversos partidos políticos cierran su etapa de proceso interno de selección de sus mejores candidatos para abanderarles en la contienda por la gubernatura, pasándole el balón a una desangelada ciudadanía que tendrá que elegir entre más de lo mismo ó el cambio que en todos los órdenes exige la sociedad veracruzana.

Bajo el supuesto de que en las teóricamente precampañas, se consolidara el voto duro y clientelar con el que respectivamente cuenta cada partido, un 35 % por ciento a lo sumo de un total de 5 millones doscientos mil potenciales electores, la siguiente etapa, la de las campañas de los candidatos, estará enfocada a convencer al otro 25 % de los ciudadanos sin partido que suelen, por inercia o por un mínimo de responsabilidad cívica, concurrir a las urnas, asumiéndose con optimismo que el abstencionismo en esta ocasión no rebasará el 40 % del padrón.

Así que la pregunta obligada a estas alturas del proceso, es hacia donde se inclinará la balanza en el terreno de los indecisos. La respuesta es incierta, si como se dice, la elección será una de las más reñidas en la historia de Veracruz. Hasta ahora, todo parece indicar que la contienda culminará con el triunfo de la alianza del PRI con el partido verde y el remedo de partido político local, por cierto no por ser la mejor opción, en tanto que, pisándole los talones, avanzan la coalición de Convergencia, PT y PRD con Dante Delgado como candidato común, y la alianza PAN- PANAL disputándose el segundo lugar. Sin embargo, entre los que saben de estos menesteres, esta última coalición podría dar  la sorpresa, al observarse que Miguel Ángel Yunes Linares repunta en las encuestas.

En este escenario de reparto entre coaliciones, durante los obligados 30 días de silencio partidista y los destinados a las campañas de proselitismo en los que todos habrán de poner toda la carne en el asador en busca del triunfo, corresponderá a la ciudadanía reflexionar, valorar y decidir su voto. Tarea nada fácil; el ánimo de los votantes potenciales será objeto de un intenso bombardeo mediático, presiones de todo tipo, incluida la consabida despensa asistencialista y, a no dudarlo, el cacareo en torno a la inauguración de obra pública por parte del gobierno estatal, cuya terminación premeditadamente se ha programado para los últimos días previos a la elección. Claro, sin faltar la dosis de guerra de lodo que atendiendo al morbo de la gente políticamente más atrasada, pesará y mucho a la hora de la decisión frente a la urna el próximo 4 de julio.

Si hasta ahora la ciudadanía se ha mostrado indiferente, como observador de palo ante los jaloneos, descalificaciones y burda imposición de candidatos “de unidad” de la partidocracia, más temprano que tarde tendrá que involucrarse, como protagonista, en un proceso electoral que le ha sido ajeno. Si como ha venido afirmando Dante Delgado Rannauro en su precampaña, parafraseando a Bulnes, “cuando el pueblo dice que es de noche,  es hora de encender las farolas”, en referencia a la necesidad de respetar la voluntad popular, será la ciudadanía y nadie más la que diga la última palabra.

¿Se manifestará ésta a favor de la continuidad de la corriente fiel del PRI? ¿Inclinará la balanza a favor del partido y candidato de Felipe Calderón Hinojosa? ¿Optará por aventurarse sufragando a favor del cambio que oferta el aún precandidato de Convergencia? O de plano rechazará el ramillete de opciones tomando la decisión de quedarse en casita disfrutando los juegos del mundial de futbol. Ahí sí, todo dependerá, si los partidos juegan limpio, si sacan las manos del proceso tanto calderón como Herrera Beltrán, de que los votantes elijan la mejor opción y que los candidatos sepan que llegó la hora de encender las farolas.

La moneda está en el aire. El balón está en manos de la ciudadanía, no dejemos que otros decidan por nosotros.

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J. Enrique Olivera Arce

Lo que se diga o suceda al interior de los partidos políticos en sus procesos internos para designar a sus precandidatos y candidatos a cargos de elección popular, debería ser tema de la exclusiva incumbencia de militantes y simpatizantes de cada uno de los institutos políticos, con apego a las formas y tiempos preestablecidos en la legislación electoral vigente. Sin embargo, la realidad, indica que no es así; en clara violación al mandato de la ley y al más elemental sentido común, tanto partidos políticos como aspirantes, en nuestro caso a gobernador, diputados locales y alcaldes, hacen de los procesos internos tema extensivo y de manera abierta a toda la población, involucrando a esta de manera anticipada en dispendiosas campañas de proselitismo partidista. O la ley no es clara y contundente, nació muerta ó los órganos electorales encargados de velar por su cabal cumplimiento no cumplen en lo absoluto con su cometido.

Si esto último es así, la anarquía y no el estado de derecho es lo que rige en el proceso electoral en marcha, abonando el clima de guerra sucia entre partidos políticos y aspirantes en la que, por todos los medios a su alcance,  pretenden involucrar a toda la sociedad, contribuyendo al deterioro del tejido social y a la involución de nuestra ya de sí incipiente democracia.

La razón es clara, más no justificable. En primera instancia los partidos políticos no cuentan con un padrón válido y actualizado de militantes y, los simpatizantes que cada uno se atribuye, constituyen una abstracción; todos podemos o no podemos simpatizar eventual y coyunturalmente con tal o cual corriente política, con un partido en particular o sus personeros, ó no simpatizar con ninguno, sin considerarnos atados a los teje manejes, acuerdos, componendas y decisiones que determinen la vida interna de éstos. Luego entonces, la población objetivo a la que deberían ir dirigidas las campañas de proselitismo en los procesos internos, es difusa, no medible ni ubicable y, de ahí la necesidad obligada de lanzar las redes de manera arbitraria.

Pero no para ahí la cosa. El trabajo de coptación, empadronamiento y adoctrinamiento que debería ser permanente  en los partidos políticos, se hace al cuarto para las doce ante la necesidad de contar con el mayor número de votos duros que les aseguren el éxito en las urnas, obligándose a abrir sus procesos internos de preselección, selección y proselitismo a la totalidad de una población en principio plural.

Esto es lo que nos dice la lógica. Sin embargo, el factor determinante en todo proceso electoral en México es la corrupción, la impunidad y el desprecio a la vida democrática de las mayorías. Mantener, ganar o perder el poder por el poder mismo, se impone por sobre toda consideración de carácter ético o legal. Luego no es de extrañarse el que la legislación electoral no sea impedimento  para que los partidos políticos y sus personeros alteren forma, contenido y tiempos en función de sus intereses, cuando lo importante es ganar una elección como sea y  al costo que sea, sin importar en lo más mínimo lo que la sociedad piense al respecto ó lo que mandata una ley de la cual ellos fueran artífices.

La anterior reflexión viene al caso ante las declaraciones de Dante Delgado Rannauro, lider moral de Convergencia y aspirante al gobierno de Veracruz, en el sentido de que respetará lo dispuesto por la legislación electoral vigente, atendiendo a los tiempos dispuestos para pre campañas internas y campañas abiertas de proselitismo, guardándose de anticiparse como ya lo hacen otros “adelantados”.

No se si sea una bien pensada estrategia para distinguirse ante la ciudadanía como respetuoso del estado de derecho, o el senador con licencia incurre en una ingenuidad política inaceptable en un político de su capacidad y experiencia. Para cuando llegue el momento legalmente establecido de decir esta boca es mía, sus adversarios en la búsqueda de la gubernatura le llevarán meses de ventaja en una justa que iniciara con los dados cargados y preñada de impunidad y derroche de recursos humanos, financieros y materiales. Pasándose por alto la experiencia del 2004 en la que, de acuerdo con los que saben del paño, de haber iniciado campaña de proselitismo dos semanas antes, Dante Delgado hubiera salido triunfador en la contienda por la gubernatura.

Tal exceso de confianza se agiganta cuando a menos de cien días de la elección, Dante Delgado aún no cuenta con el respaldo unánime de la cúpula estatal del PRD, lastre nocivo al que de antemano la ciudadanía rechaza por sus constantes y desvergonzados cochineros, con el que habrá de cargar en la coalición de la llamada centro izquierda electoral.

El senador veracruzano con licencia está participando en un juego en el que los dueños de las canicas imponen sus propias reglas al margen de la legalidad. Pretender ignorarlas o contravenirlas en nombre del estado de derecho, congruencia, y posibilidad de que la participación ciudadana conscientemente le acompañe y apoye con su voto en las urnas, le honra  pero al mismo tiempo lo descalifica como jugador competitivo. Lo deseable, por salud social y política, sería que sus aspiraciones se concreten y alcance a gobernar nuevamente a Veracruz, sin embargo o adecua su estrategia a la realidad política prevaleciente, ajustando sus tiempos y apretando  el paso con acciones eficaces y colaboradores idóneos, o seremos testigos de la derrota de un proyecto novedoso sustentado en principios de democracia participativa para la cual los veracruzanos aún no estamos preparados.

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En Perspectiva

J. Enrique Olivera Arce

El virtual candidato a la gubernatura de Veracruz por la Coalición PT, Convergencia y PRD, senador con licencia, Dante Delgado Rannauro,  dio a conocer que será el martes 16 de marzo cuando dé inicio su precampaña, manifestándose respetuoso de los tiempos que marca la ley electoral y porque será hasta entonces cuando de manera abierta pueda ya hablar de un proceso en el que, de ninguna manera, con su participación y propuestas pretenda violentar el clima de civilidad que exigen los veracruzanos.

Postura del ex gobernador interino, fundador y líder moral de Convergencia, que es congruente con la actitud que ha venido asumiendo a lo largo de los últimos meses, manteniéndose al margen de dimes y diretes y descalificaciones en que se han visto envueltas las fuerzas políticas dominantes en la entidad; guerra de lodo que por principio la ciudadanía, dentro del hartazgo con que cotidianamente sobrelleva un quehacer político del que se siente ajena y víctima, condena.

Con tal postura del senador con licencia, es que ahora se entiende la discreción de una actuación que se ha circunscrito a la promoción con bajo perfil de la denominada “Propuesta para el Desarrollo, Veracruz 6.30”. Conducta que muchos hemos interpretado como tibia, así como ajena a la voluntad de triunfo que debe caracterizar a quien aspira a la gubernatura de la entidad por los partidos de la alianza de centro izquierda. Ya no digamos los rumores que los detractores de Dante Delgado han propalado sobre un supuesto arreglo en lo oscurito con el Maestro Fidel Herrera Beltrán para que la coalición opositora juegue el papel de patiño, restándole votos al PAN en la elección del próximo cuatro de julio para beneficiar  al PRI.

De mantenerse en tal nivel de congruencia, recurriendo más a la civilidad que al encono y la confrontación esteril, el paso siguiente que deberíamos esperar es que como abanderado ponga orden al interior de la coalición que le postula, contagiándole, sumando y no restando y dividiendo, para que ésta no caiga en la provocación, el torpedeo amigo tan común entre las diversas tribus y grupúsculos del perredismo fiel así como en el repudiado colaboracionismo con la administración fidelista de no pocos convergentes. También es de esperarse que no eche en saco roto la urgente necesidad de democratizar a su propio partido, privándole de autoritarismo e imposiciones que la experiencia a demostrado son contraproducentes en la búsqueda del voto ciudadano.

Si Dante Delgado Rannauro logra superar lo que por ahora parece ser un reto insuperable para las fuerzas electorales de centro izquierda, podría perder coyunturalmente la elección, truncándose sus legítimas aspiraciones y posiblemente, en razón de su edad cronológica, dar por concluida su carrera política pero, a cambio, la sociedad veracruzana saldría ganando.

Esperemos que el senador con licencia sea lo suficientemente inteligente, capaz y oportuno para trasmitir a la coalición y a la sociedad el valor de la civilidad, la propuesta constructiva, la legítima sed de triunfo y la congruencia, en una contienda que enfrenta a adversarios políticos y no enemigos. Este podría ser el camino para asegurar el triunfo en las anheladas aspiraciones de Dante Delgado Rannauro.

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J. Enrique Olivera Arce

  • En nuestros países la resistencia vendrá del pueblo oprimido y sometido en torno a la convicción de que hay nuevas y distintas maneras de escribir la historia.
  • J. E. Olivera Arce  2001 (elatico.com)

Parando en seco la especulación sobre una posible alianza de Convergencia con el PRI en el camino al proceso electoral del 2010, Armando Méndez de la Luz fue enfático al pronunciarse públicamente, señalando, al margen de la amistad de muchos años con Fidel Herrera Beltrán,  la inviabilidad del tal posibilidad difundida por los rumorólogos.

En política todo puede suceder, hasta las alianzas del PRI con quienes están a favor de la pena de muerte y la educación patito, o las observadas de Convergencia con el PAN. Sin embargo, también es cierto que las circunstancias que se viven en el país y en nuestra entidad, no pueden sostener lecturas lineales de un pasado ya superado. La realidad que vivimos es otra, la imagen de la profunda crisis de representatividad y credibilidad  por la que atraviesan los partidos políticos, esta viva y actuante en el imaginario popular. Para el 2010 la ciudadanía no elegirá al futuro gobernador votando por un partido político en específico ni cifrará sus esperanzas en quien mayor número de despensas o pisos fieles otorguen; cada ves es mayor la convicción de los votantes potenciales en que habrán de sufragar por el candidato que mayor confianza ofrezca con respuestas claras, concretas y viables al deterioro social y económico que empobrece a las mayorías.

En las declaraciones de Méndez de la Luz, este expresa que Dante Delgado Rannauro es el candidato natural con mayores posibilidades de éxito en el 2010. Lo afirma en su calidad de dirigente estatal de Convergencia y uno de los más cercanos colaboradores de Dante. Sin embargo, más allá de sus preferencias personales y de lo que está obligado como dirigente partidista, a mi juicio lo verdaderamente relevante de sus públicas declaraciones, es que ésta poniendo el dedo en la llaga en un tema por demás urgente y prioritario. La inviabilidad de toda posibilidad de alianza con el PRI, radica en lo que hoy es sustantivo para México y para Veracruz: la diferencia conceptual entre la continuidad del neoliberalismo depredador y la convicción de la izquierda bien intencionada que pugna por un nuevo modelo de país.

El mensaje rebasa los límites estrechos de un  partidismo político formal. No va dirigido a la militancia de Convergencia, PT o PRD. Más allá del interés coyuntural de típico corte electoral, Armando Méndez de la Luz se dirige a la sociedad en su conjunto, en el que se incluye a la militancia del PRI. La hora de definirse en torno al destino de este país ha llegado. Se está o no se está por el cambio de rumbo. Se está o no se está por un nuevo modelo de país. En la circunstancia política del 2010, esta definición habrá de reflejarse en las urnas.

Para la izquierda electoral en constante confrontación,  el mensaje también es claro. Se está a favor o en contra de Andrés Manuel López Obrador y su proyecto de un nuevo modelo de país. Se está a favor de la unidad con un programa único, consensuado a partir de las bases militantes, o se está en contra dándole continuidad a la irracional postura del canibalismo político. Se está a favor o en contra de un candidato único a la gubernatura, que aglutine a la izquierda electoral y social.

En la democracia representativa, entendida esta a la mexicana, todo triunfo electoral se sustenta en el dictado del sufragio. Se gana o se pierde, así sea por un voto. Imponiéndose la artificiosa legalidad por sobre la legitimidad, pero así son las reglas del juego y a ellas hay que atenerse. El PRI y sus espurias alianzas, con todo el peso de la administración pública estatal a su servicio, puede ganar, no duda cabe,  así sea postulando una marioneta y agitando su discurso de siempre. Pero sería lastimoso el que la izquierda volviera a ser derrotada por la propia izquierda. De ahí la relevancia del mensaje de Méndez de la Luz; la izquierda electoral y la izquierda social, esta última sin distingo partidista de hombres y mujeres de buena voluntad, aglutinada en torno a un programa mínimo consensuado en la base y a un candidato único que se comprometa con la lucha por el cambio de modelo de país, pueden dar la sorpresa en Veracruz. A ello hay que apostarle.

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J. Enrique Olivera Arce

Sin apostarle al ganador,  yo si voté. Atendiendo a mi conciencia, sentido de ciudadanía, y a mis arraigadas convicciones sufrague a favor de la candidata de la Coalición “Salvemos a México” por el Distrito de Xalapa urbano, Gloria Sánchez Hernández.

No porque la aún militante perredista fuera la opción menos peor. Me consta y lo reconozco por tanto, que la candidata común  por Convergencia y PT, siempre se mantuvo a la cabeza del movimiento nacional en defensa de la economía popular, el petróleo y la soberanía en Veracruz, dando la cara abiertamente a favor de Andrés Manuel López Obrador. Cosa nada fácil en una entidad federativa en la que el solo disentir de las políticas públicas de la fidelidad hecha gobierno, da lugar “al repudio de todos los veracruzanos”.

Siendo pues, a decir del diputado Héctor Yunes Landa, uno de los tantos que “escupe para arriba”, no puedo sino reconocer el valor moral y congruencia política de Gloria que, a costa de ser vilipendiada por las tribus chuchistas del PRD y la porra priísta,  a contracorriente tomara las banderas de la Coalición de Convergencia y el PT en la búsqueda del voto popular, como una más de los millones de seguidores de Andrés Manuel que aún confiamos en la opción electoral como instrumento pacífico de transformación y cambio de la vida política del país.

Me hubiera resultado cómodo, conveniente y políticamente correcto votar a favor del partido que detenta el poder en Veracruz. No importando sus clásicas marrullerías, simulación democrática y coacción del voto, así como ausencia de propuestas viables que contribuyan a sacar el buey de la barranca en un país que se hunde al impulso de la ultraderecha panista. Lo importante hubiera sido saberme partícipe de la intencionalidad de Fidel Herrera Beltrán por lograr tanto el imponer a su delfín en la gubernatura de Veracruz  en el 2010 como el alcanzar la candidatura priísta a la presidencia de la República.

Pude haber votado por Ricardo Ahued. Me confieso ser incapaz de cuestionar calidad moral y autoridad política del exitoso empresario, para mi xalapeño distinguido, de quien considero se desempeñó con honestidad y buen juicio en la alcaldía de nuestra ciudad capital, teniendo madera para ser un buen legislador. Sin embargo, libre de ataduras partidistas o prebendas oficialistas, opté por contribuir, cuando menos con el intento de aportar un granito de arena, a frenar las intenciones del PRI y del PAN a instaurar en México un indeseable y nefasto bipartidismo.

Igual de cómodo me hubiera resultado sufragar a favor del PAN, que no se diferencia del PRI en la búsqueda de objetivos que tienen que ver con la entrega de los recursos energéticos estratégicos de México a los consorcios extranjeros, como ya se da con la presencia en suelo veracruzano de Halliburton.  Quienes por conveniencia e interés coyuntural,  o porque así se los dictó su posición social  o ideología, conservadora y derechista, hubieren optado por el voto azul, que con su pan se lo coman.

Aunque justo es mencionarlo y a sabiendas de que entre nuestra clase política existen  intereses y no compromiso ideológico, igual seguramente favorecieran al PAN algunos priístas vergonzantes que, al amparo del anonimato de la secrecía del voto, consideraran no está de más apostarle a que en un descuido del PRI,  con el apoyo de Calderón Hinojosa, pudiera llegar a gobernarnos un sátrapa neo panista como Miguel Ángel Yunes Linares.

Estoy en paz con mi conciencia, vote porque así me lo demanda mi carácter de ciudadano, a favor de mis convicciones en un proceso plagado de irregularidades en el que el voto ciudadano no cuenta. Sufragué  como muchos veracruzanos por  la lucha social pacífica y democrática,  porque en esta confío como única vía de transformación y cambio de un país que no soporta más simulación, gatopardismo, corrupción e impunidad.

Por cierto, tras las carnestolendas electorales no me invade la resaca del arrepentimiento por mi decisión personal, ni siento haber escupido para arriba.

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