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Tag Archives: Reforma del Estado

Pulso crítico

Enrique Olivera Arce

Patético, no puede calificarse de otra manera el vano esfuerzo de los senadores veracruzanos José Yunes Zorrilla y Héctor Yunes Landa, para posicionarse como los más idóneos para la gubernatura del estado en 2018.

No porque en las filas de la clase política veracruzana destaquen por su historial, por su lealtad al presidente Peña y por su empeño por desvanecer la percepción de desconfianza, carencia de credibilidad y rechazo que a pulso se ha ganado el PRI tras doce años de saqueo. No. De eso no hay duda, se registra un grado de congruencia consecuente, remar en el México de hoy contra la corriente tiene su mérito.  

El calificativo de patético como categoría política y no como expresión peyorativa con ánimo de lastimar, deviene de su ingenuidad en tanto confían en que Veracruz sigue siendo  el mismo de siempre, que la sociedad veracruzana no ha cambiado y que,  como endenantes, el desparramar espejitos y abalorios  asistencialistas y clientelares da autoridad moral y política suficiente para un borrón y cuenta nueva.

Ingenuidad reflejada en el discurso pero también en los hechos. Adelantar campaña cuando el horno no está para bollos, fingiendo demencia al pretender que se ignore el     que la nave zozobró con un PRI que presumía saber gobernar y que, con desmarcarse del “fidelato” y repetir y repetir que su lealtad está firme con Veracruz, con Peña Nieto y con el combate a la corrupción, quedan cual blancas palomas, ajenas al desastre. Sí que es ingenuidad, por decir lo menos.

Ilusos, también, en tanto creen a pie juntillas que en el ánimo de los veracruzanos Peña Nieto goza de suficiente confianza, credibilidad y aceptación como para que éste pese y determine en la elección de gobernador de la entidad veracruzana en el 2018.

Pero más aún, el pretender convencer a los veracruzanos que Peña Nieto ve por Veracruz, cuando es del dominio público que el sedicente presidente le dio la espalda a la entidad solapando a Javier Duarte en sus trapacerías. Patético.

Y por si fuera poco, cuando ajenos a la realidad del país, ignoran que para la elección presidencial en el 2018,  Peña Nieto ya no será referente  válido de triunfo para el PRI. El pueblo de México desde ya da por sentado que el mexiquense repudiado y derrotado por las mayorías, entregará la presidencia al PAN antes que cederle los bártulos  a López Obrador.

Pero eso no es todo. Patético también resulta el que algunos medios de comunicación, columnistas y opinadores, más por amistad e interés pecuniario que por convicción, sigan alentando la vana esperanza de los señores senadores sin atender al hecho de que éstos tuvieron su oportunidad y la dejaron pasar.  En el Veracruz de hoy el PRI ya no tiene cabida.

Pero bueno, como en política todo se vale, no hay peor lucha que la que no se hace, así sea bajo el amparo de recursos de los contribuyentes.

Hojas que se lleva el viento

Por respeto y consideración a la primera minoría electoral de Veracruz que, con su voto, diera el triunfo a Miguel Ángel Yunes Linares, considero prudente el conceder a este el beneficio de la duda esperando le cumpla a la entidad, más no un cheque en blanco. Al asumir la candidatura por la alianza PAN-PRD sabía a qué se enfrentaba y con qué recursos escasos contaría de alcanzar la gubernatura, así que si en algo valora su palabra, no más endeudamiento, opacidad y simulación en el manejo de la cosa pública.

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Mudo por la sorpresa y el espanto, el clasemediero feminismo nacional que reivindica el empoderamiento de la mujer respaldando a Margarita Zavala en sus aspiraciones y propósitos futuristas, pasmado no ha sabido o no ha querido responder al Subcomandante Galeano (Marcos) quien a nombre del EZLN y el CNI, anunciara que para el 2018 los pueblos originarios propondrán como candidato a la presidencia de México a una mujer indígena. Y es que los argumentos asumidos por el zapatismo no dejan lugar a una respuesta que valga:

 “¿Le molestaría ver y escuchar un debate entre la Calderona de arriba, con sus ropas “típicas” de marcas exclusivas, y una mujer de abajo, indígena de sangre, cultura, lengua e historia? ¿Le interesaría más escuchar lo que prometa la Calderona o lo que proponga la indígena? ¿No querría asomarse a ese choque entre dos mundos?”.

¿No estarían, de un lado, la mujer de arriba, nacida y criada con todas las comodidades, educada en el sentimiento de superioridad de raza y color, cómplice y pretendida heredera de un psicópata aficionado al alcohol y a la sangre, representante de una élite que lleva a la destrucción total a una Nación, señalada por el Mandón como su vocera; y en el otro lado, una mujer que, como muchas, se forjó trabajando y luchando todos los días, a todas horas y en todos los lugares, no sólo contra un sistema que la oprime como indígena, como trabajadora y como pobre, también como mujer, que se enfrentó y ha enfrentado a un sistema reproducido a imagen y semejanza en los cerebros de los varones y de no pocas mujeres, que con todo en contra, hoy, sin saberlo todavía, tal vez tenga que representarse ya no sólo a sí misma, o a su colectivo, o a su pueblo, tribu, nación o barrio originario, también tenga que aspirar a representar a los millones de mujeres diferentes en lengua, color y raza, pero iguales en el dolor y la rebeldía?  ¿No estarían, por un lado, una mujer criolla, blanca, símbolo de la opresión, la burla, el escarnio, la impunidad, la impudicia; y del otro una mujer que tendrá que levantar su esencia indígena por encima de un racismo que permea todos los estratos sociales?  ¿No sería verdad que, sin apenas darse cuenta, dejaría usted de ser espectadora, espectador, y desearía, desde lo más profundo de sus sentimientos, que en ese debate venciera, en buena lid, la que tiene todo en contra?  ¿No aplaudiría que con esa mujer indígena ganara la razón y no la fuerza del dinero?”.

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Y a propósito de lo anterior, ilustrativa la pobre respuesta de Andrés Manuel a la propuesta rebelde, que le coloca en los terrenos de la pugna electoral y no en los de la necesidad de un cambio auténtico para México. Lo cual es lógico, en tanto que Andrés Manuel por bien intencionado que sea, no es revolucionario sino parafraseando a López Mateos, simple hombre de “izquierda dentro de la Constitución”. Respuesta del “Peje” al EZLN y CNI, que coloca a Morena entre la espada y la pared: o lucha por el poder mesiánico del hombre cazado con el propósito de gobernar a México, o se suma al gran movimiento de resistencia anticapitalista en torno a un programa mínimo de acción unitaria como el ya delineado por los zapatistas en la tarea de transformar al país. De lo que decida depende a su vez la respuesta que de las mayorías excluidas y empobrecidas espera obtener en el 2018.

Cd. Caucel, Yuc., octubre 25 de 2016.

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Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

Entre otras muchas lecciones que deja la elección del domingo siete en Veracruz, destaca la proclividad a la división al interior de los partidos mayoritarios en la entidad. El PAN pudo haber ganado holgadamente de no ser por los pleitos internos que a lo largo de precampañas y campañas confrontaran a los seguidores de Miguel Ángel Yunes Linares con el panismo rojo cooptado por el gobierno estatal. Y ni que decir  de la alianza fallida con el PRD.

Por cuanto a este último instituto político, profundizó su fosa mortuoria ya de sí cavada por el canibalismo tribal,  permitiendo que fuerzas externas compraran dirigencias y cooptaran militancias. El capital político acumulado a lo largo de la campaña presidencial del 2012, lo tiraron por la borda.

Hasta donde se sabe, los pocos resultados que obtuviera en la elección de autoridades edilicias, fue un raquítico triunfo pírrico, ya que la militancia voto a favor de candidatos en su mayoría identificados como seguidores de Andrés s Manuel López Obrador o priístas resentidos, y no por el partido que les postulara.

Por su parte, el diputado federal Uriel Flores Aguayo, con su capital político nada despreciable, promovió y canalizó el voto duro histórico de su partido a favor de los candidatos de Movimiento Ciudadano.

Tanto en el PAN como al PRD, el común denominador fue la traición y el cambio de camisetas que trabajó en contra del posible triunfo de estos institutos en la contienda.

El PRI no estuvo a salvo de esta tesitura. Candidatos perdedores fueron víctimas tanto del fuego amigo como de concertaciones en lo oscurito por parte de la dirigencia estatal, siendo paradigmática la derrota en Córdoba y Boca del Río, en donde pusiera toda la carne en el asador el propio gobernador Duarte de Ochoa.

La guerra de lodo que protagonizara en el marco del pleito personal entre Fidel Herrera Beltrán y Miguel Ángel Yunes, le fue contraproducente al PRI. Tanto atacó por medios legales y extralegales al oriundo de Soledad  del Doblado y sus vástagos, que el tiro le salió por la culata. Diversos medios informativos contribuyeron con medias verdades y medias mentiras  a engrandecer la figura del choleño y su familia como enemigos de Veracruz, hasta colmar la paciencia del electorado.

Lo verdaderamente absurdo por parte del PRI fue dejar como presidente del CDE del partido en Veracruz al mismo que propiciara la derrota de Peña Nieto en la entidad. Lo cual generó inconformidades y actitudes de franco sabotaje al interior del partido.

Sin embargo, como ya estaba previsto, ganó la elección y eso es motivo suficiente para echar las campanas al vuelo y darse por bien servido. La legitimidad no figura en su diccionario. Está, según lo afirma Gamboa Patrón, para ganar elecciones y nada más.

En suma,  la clase política veracruzana, en sus diversas expresiones partidistas, bacinica en ristre, lodo a discreción, se traicionó a sí misma y, de paso, traicionó a los electores que, de buena fe, en esta confiaran.

La prensa local ha dado cuenta puntual de este desbarajuste coyuntural partidista y sus resultados en la elección. Por lo que toca a quien esto escribe,  lo acontecido al interior de cada partido contendiente, incluida la morralla satélite, la elección del día siete confirma la percepción de una crisis cuasi terminal del régimen político y su sistema de partidos. Todo el conjunto perdió la brújula ideológica y programática, así como la noción de lo que es un partido político de masas en el seno de la sociedad. Y esto va también en referencia al ámbito nacional en el que también se cuecen habas.

El abstencionismo que invirtiera la proporción deseada en toda democracia que se precie de tal, es apenas un pálido reflejo del divorcio entre partidos y ciudadanía, así como del rechazo de esta última al clima de grosero pragmatismo, corrupción, impunidad y limitada eficacia de régimen político caduco que, a su vez, propicia desconfianza y ausencia de credibilidad en las instituciones republicanas.

Reforma del Estado y participación ciudadana

Si la clase política contara con el mínimo de sensibilidad y visión de futuro, la elección en 14 entidades federativas y sus resultados, debe tomarla como señal de alerta para adecuarse a la nueva realidad del México de hoy y a las expectativas futuras Una reforma del Estado a fondo sobre la base de un nuevo pacto social  y un esfuerzo de transparencia, eficiencia y eficacia en la conducción del país, ya no solamente es necesaria sino urgente e imprescindible para reencauzar rumbo y marcha de una sociedad  dividida, polarizada  y confrontada.

Por cuanto a Veracruz, lo acontecido en 7 de julio se sale de toda consideración racional ya que fue el acabose, un pedestre retorno a lo que nunca se fue, teniendo como responsable a un gobernador que perdiendo el piso optó por dejar hacer, dejar pasar, bajo el supuesto de que, ganando su partido mayoría en el congreso, todo será miel sobre hojuelas en los tres años que le restan de mandato.

Las cosas ya no pueden seguir igual, o se da un vuelco en el proyecto de país, generando un cambio positivo a favor de la soberanía nacional y de los sectores más marginados de la sociedad, o parafraseando al extinto Alfredo Bonfil, este país se incendia, ó se apacigua por la vía del autoritarismo y la represión. Dando paso a la involución en el proceso de construcción de ciudadanía y democracia.

Nadie desea esto último. Corresponde a la clase política en su conjunto el cambiar por sí y para sí, abriéndose a los ciudadanos antes que el horno les reviente entre las manos. Y, a la ciudadanía, el hacerse ver y escuchar, canalizando descontento, frustración y rechazo a formas superiores de organización y participación conciente y responsable.

El abstencionismo electoral es un mecanismo de autodefensa frente al poder instituido, también de canalización de una energía reprimida que si bien es una señal válida del hartazgo social, no contribuye a derribar muros,  reconstruir y construir la sociedad que queremos. Instrumentemos el cambio desde abajo, elevando cultura política y democratizando la participación política, tendiendo aquellos puentes que hoy día la clase política no quiere, no puede o no sabe como,  para un respetuoso, eficaz y constructivo encuentro entre ciudadanía y poder público.

Alguien debe dar el primer paso. Si la clase política está imposibilitada por sus intereses poco claros, personales o de grupo, la llamada sociedad civil organizada debe tomar la iniciativa.

Hojas que se lleva el viento

En Veracruz el colapsado sector salud va de mal en peor. Tras suspender el contrato de equipamiento y prestación de servicios en los hospitales veracruzanos por leonino, ineficiente y fraudulento, el titular del ramo en el estado ahora va por más de lo mismo pero en mayor cantidad, como lo anunciara en días pasados;  reconociendo con ello que el sistema hospitalario a cargo de la administración pública estatal ni está a la vanguardia como afirmara el gobernador, ni cuenta con el equipamiento mínimo necesario para satisfacer la demanda creciente de una población al margen de la seguridad social. Hay dinero para comprar conciencias, no lo hay para hacer valer el derecho a la salud de los veracruzanos.

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La elección del domingo 7 ya es historia, démosle vuelta a la hoja. Chueco o derecho los xalapeños tendremos un alcalde que no convence, pero eso es lo que hay y tendremos que bailar cuatro años más  con la más fea del fandango. Américo Zúñiga motivado por el triunfo pírrico e ilegítimo que alcanzara en las urnas, declaró olímpicamente que hará de Xalapa la mejor ciudad del sureste sin tener ni la menor idea del alcance de su aseveración, pero en fin, si ese es su utópico propósito ahora lo que corresponde es tomarle la palabra y exigirle que cumpla cuando menos para salir del bache en que Elizabeth Morales deja a nuestra ciudad capital.

Exigir implica participación responsable sin esperar a que la comuna se haga cargo. Desde ya hay que tomar la iniciativa poniendo a trabajar a los jefes de manzana, empezando por nuestra calle, el barrio, la colonia, sumando granitos de arena para hacer de Xalapa un lugar digno para vivir. No hay que dar pie a que la autoridad nos salga otra vez con que a Chuchita la bolsearon diciendo que la culpa es de todos diluyendo su responsabilidad.

Por cuanto al diputado electo por Xalapa Urbano, a  Don Ricardo Ahued le llegó la hora de demostrar que es más un ciudadano preocupado que un priísta ocupado. Ya veremos si en la próxima Legislatura local puede salir avante enfrentando inercia, corrupción, e ingerencia nociva del ejecutivo.

Xalapa, Ver., julio 14 de 2013.

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Porfirio Muñoz Ledo

El Universal. 28 de agosto de 2009


La magnitud de la crisis no podría ser encubierta por un falso debate centrado en el salvamento fiscal. Exige una reforma hacendaria de grandes proporciones y un cambio drástico de paradigma económico, que suponen modificar las relaciones de poder e instaurar un gobierno capaz de conducirlas.


El agujero de las finanzas públicas —a más de la anemia del sistema fiscal— tiene como origen inmediato el descenso de la actividad económica: 10.3% del PIB. Caída sin expectativas de recuperación, ya que los factores determinantes continuarán a la baja por largo tiempo, mientras no se creen las condiciones productivas y financieras que promuevan el crecimiento.


Hacienda ha reconocido que nuestra economía “no participará en la recuperación global pronosticada para 2010”. Cabría preguntarse si con la estrategia prevaleciente, podría remontar después, o como asegura el profesor Arturo Huerta en su libro El colapso de la economía mexicana, nos acercamos a una quiebra productiva, en insólita celebración del bicentenario.


Nada hace pensar en una elevación de los ingresos petroleros, las remesas, el turismo o la maquila. Tampoco en el ensanchamiento del mercado interno, de la inversión extranjera, las exportaciones o los empleos formales; sólo los ingresos por lavado de dinero van al alza en detrimento creciente del poder del Estado.


Mientras en el mundo se intentan reducir los privilegios de la especulación financiera, aquí acudimos a créditos desorbitados para mantener artificialmente la sobrevaluación de la moneda, abaratando las importaciones y dañando aún más nuestra balanza comercial. En tiempos idos defendimos el peso “como perros”, ahora lo hacemos como ratones.


El régimen —o lo que queda— carece de imaginación para sumarse a los vientos estatistas que soplan por doquier e insiste en quemar los últimos cartuchos del neoliberalismo. Ante el rechazo a la privatización energética pretende profundizar los impuestos regresivos, y en ausencia de proyectos de gran aliento propone recortes en infraestructura e inversión social, mientras mantiene un dispendioso gasto corriente.


El salvamento a que nos invitan es el de los espacios oligárquicos: aquellos que impiden democratizar el Estado, reconstruir la economía y la defensa del patrimonio nacional. El Congreso debiera responder con propuestas articuladas en dirección inversa y repudiar el chantaje clientelista de incrementar impuestos a cambio de baratijas presupuestales.


Ese es el sentido de las propuestas presentadas por la izquierda parlamentaria. Los recursos faltantes habrían de tomarse, como antes se decía, “de donde los haya”. En este caso, las grandes empresas, mediante la abrogación del impuesto consolidado y la depreciación acelerada de activos; la banca desnacionalizada, a través de una moratoria del Fobaproa; la reducción de los gastos desmesurados de la alta burocracia y la utilización prudencial de los fondos ociosos.


Repudiar desde luego la sugerencia de los actores hegemónicos que pretenden incrementar abusivamente el déficit fiscal: después de mí, el diluvio. Estructurar enseguida los egresos conforme a las prioridades del futuro y emprender una cirugía mayor de la administración pública, el control de su ejercicio y la rendición de cuentas. El debate debiera comprender: la política monetaria y el control del sistema bancario, las políticas industriales y agropecuarias, el régimen de salarios y utilidades, la disolución de los monopolios, la revisión del TLC, el impulso a la educación, la ciencia y la tecnología, y la remodelación del marco institucional.


Tareas enormes para un gobierno minúsculo. La capacidad de propuesta se ha trasladado al Poder Legislativo. Iniciamos en los hechos un sistema parlamentario. Debiéramos asumirlo con responsabilidad y diseñarlo creativamente en la Constitución.

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