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Tag Archives: Rendición de cuentas

Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

En artículo anterior, bajo el título Peña Nieto: el garlito del combate a la corrupción, señalaba: “Si el ajedrez político indica que el primer año de gobierno del Sr. Peña estaría destinado a legitimar su cuestionado mandato, con su aceptación tácita al garlito legislativo que le tendiera Calderón se exhibe ante la opinión pública, bien como ingenuo ó más grave aún, como continuador de las políticas antipopulares de su antecesor como resultado de un pacto no escrito que le permite al PRI el retorno a Los Pinos”.

Todo apuntaba en tal sentido, la trampa estaba puesta y el Sr. Peña la aceptó. La bancada del PRI en la Cámara de diputados impuso la aprobación de la llamada reforma estructural laboral, dejando fuera el tema de la transparencia sindical y la revocación de mandato, poniendo al Sr. Peña entre la espada y la pared: o quedaba bien con Calderón sujetándose a lo convenido ó afrontar tanto a una opinión pública adversa como a un desgaste innecesario con los partidos políticos que serán oposición a partir del primero de diciembre. Cediendo a presión e intereses creados de lo más corrupto del corporativismo sindical.

Una pretendida salida de la trampa quedó en manos de la bancada priísta senatorial, buscándose en el seno de la Cámara alta el conciliar intereses de tirios y troyanos. Todo iba bien hasta que  en sendos congresos, Elba Esther Gordillo y Carlos Deschamps fueran ratificados como dirigentes máximos del magisterio y trabajadores petroleros. La amenaza, más que mensaje de la maestra en Playa del Carmen, fue claro y rotundo: la autonomía sindical no se toca si es que el Sr. Peña quiere aliados y no enemigos en el marco de la necesaria gobernabilidad de un país convulsionado.

El día de hoy, el Senado de la República acusó el golpe reculando. La bancada priísta recibió línea desde el bunker del Sr. Peña, votando a favor de dejar el tema de la transparencia sindical en los términos propuestos por calderón, eliminando unicamente lo concerniente a la revocación de mandato. Sacrificando así el respaldo de un corporativismo venido a menos electoralmente y privilegiando el objetivo de legitimación del Sr. Peña quien, ante la opinión pública, estaba más que obligado a demostrar quien mandará en este país. La minuta fue devuelta a la Cámara de origen y ahora los diputados tendrán dos opciones: o la congelan o acatan lo aprobado por el Senado. En uno u otro caso, el PRI pierde terreno y Calderón Hinojosa avanza en su magistral jugada de ajedrez.

Pero no termina ahí la cosa. Queda la duda de si todo no se reduce a un simple juego de valores entendidos, en el que más allá de los propósitos y objetivos explícitos de la iniciativa preferente de Calderón, subyace una expresión más de simulación y gatopardismo con reformas y adiciones a la Ley Federal del Trabajo que, en principio,  nacen muertas al imponerse la realidad por sobre las presuntas buenas intenciones plasmadas en la exposición de motivos.

La burra no era arisca, reza la conseja popular. Ante la miseria moral de una clase política que vive de y para la corrupción, el combate de esta lacra por parte del Sr. Peña, sin tocar al poder de lo que queda del corporativismo sindical en México, para la opinión pública resulta una grave ofensa a la inteligencia de los mexicanos. Hasta no ver no creer, con transparencia sindical por decreto y una cuestionada desde ahora legislación anticorrupción, todo cambiará para seguir igual.

La inteligente perversidad de Calderón Hinojosa, pegó en blandito. En tanto el Sr. peña no nos sorprenda con un “quinazo” auspiciando la construcción de una auténtica democracia sindical, el PRI queda en entredicho, perdiendo ganando la elección presidencial, en el marco de la exigible legitimidad de quien gobernará por seis años a un México que harto de la corrupción y la simulación, ya está despertando.

No más Elba Esther Gordillo, Carlos Deschamps y demás líderes charros viviendo y acumulando riqueza a costa de los trabajadores, es lo mínimo que se exige ahora al Sr. Peña para legitimarse. Calderón con una iniciativa preferente que beneficia a la patronal, así lo planeó, el PAN lo sabe y no quitará el dedo del renglón.

Hojas que se lleva el viento

Vaya manera vil y pedestre de tirar a la basura un capital político ganado con la participación de López Obrador en las boletas electorales. Si aún quedan personas con vergüenza y dignidad al interior del PRD en Veracruz, es la hora de decirle adiós a un partido político que dejó de ser tal, convirtiéndose en botín a disputar entre un puñado de corruptos burócratas al servicio del mejor postor.

Para el priísmo veracruzano la fractura de la dirigencia perredista se considera un golpe maestro del Sr. Enrique Ampudia Mello, subsecretario de gobierno, que con ello deja sin contrapesos a la política electoral en la entidad. La verdad es que el cochinero tiene historia. Fue Fidel Herrera el artífice,  quien por conducto de Erik Lagos, hoy presidente estatal del tricolor y con la ayuda del perredista Fredy Ayala y sus porros, comprara y sometiera a las cabezas de las facciones que en Veracruz representan a la organización tribal nacional. En la elección de gobernador en la que obtuviera el triunfo el Sr. Dr. Duarte de Ochoa, también Miguel Ángel Yunes Linares participó en el tianguis, comprando voluntades de personeros de todos conocidos que llamaran a votar por el choleño y que, más tarde, abiertamente hicieran labor de proselitismo a favor de la Sra. Vázquez Mota en la reciente elección federal.

Así las cosas, se confirma que el ahora diputado federal Uriel Flores Aguayo, borda en el vacío al confiar que el perredismo veracruzano está llamado a colocarle como alcalde de la capital del estado. A sabiendas de cómo se teje el cochinero al interior de su partido, más le vale abandonarle y buscar cobijo en “Morena” como un militante más de base, con obligaciones y sin cargo ni prebendas.- Xalapa, Ver., 23 de octubre de 2012.

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Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

Si el que paga es el pueblo, este tiene derecho a conocer adonde va a parar su dinero. Bajo está simple fórmula el gobierno de Veracruz está obligado a transparentar montos y destino final del creciente endeudamiento de la administración pública estatal y su correlativo en el ámbito municipal. Bajo el pretexto de impulsar crecimiento económico y generación de empleos, el gobierno de la fidelidad bursatilizó las participaciones federales que le corresponden a la entidad y, hasta la fecha, no se tiene claro en que medida se logró tal objetivo. Hoy, el gobierno de la prosperidad pretende pignorar nuevamente tales participaciones con tres paquetes a colocar en la Bolsa de valores, una nueva bursatilización por un monto superior de más de 6 mil millones de pesos; recursos que estarían destinados presuntamente tanto a la reestructuración de la deuda pública acumulada y, lo que sobre, a diversas obras y servicios no especificados.

Con la misma ligereza con la que el Congreso local aprobara a Fidel Herrera Beltrán contratación de deuda y bursatilización, los actuales diputados de espaldas a sus representados harán lo propio con  la estrategia financiera del Sr. Dr. Duarte de Ochoa, sin previo conocimiento puntual de la aplicación en montos y destino tanto de los recursos provenientes de los adeudos contraídos con anterioridad como de las obligaciones por  contraer con la nueva colocación de deuda pública.

El gobernador Duarte de Ochoa ha sido el último en reconocer la pesada carga que heredara de su antecesor, padrino y mentor, así como el último en aceptar que técnicamente las arcas públicas veracruzanas atraviesan por una quiebra técnica., de acuerdo con lo que se ventila en diversos medios de comunicación.

A escasos dos meses de cumplir su segundo año de mandato, el próspero gobernante por fin ha tomado debida nota de que hay que pagar lo que se debe ó, en el mejor de los casos, hay que renegociar la deuda, aligerando hoy la carga aunque a mediano y largo plazo salga más caro el caldo que las albóndigas, como se observa en un mundo globalizado en crisis.

Si con el nuevo proyecto de bursatilización está convencido de que sacará al buey de la barranca, abonando a sus buenas intenciones, ¡Adelante!, pues, pero antes deberá rendir cuentas claras a sus gobernados. Es hora de que los veracruzanos sepan a ciencia cierta, con pelos y señales, adonde ha ido a parar su dinero y cual es el costo de los platos rotos por pagar.

También deberá ser consciente que como priísta no ha sabido gobernar. El no reconocer a tiempo los desmanes de su antecesor marcando su raya y, lo que es peor, servirle de tapadera pretendiendo jugarle el dedo en la boca a sus gobernados con espectaculares anuncios triunfalistas de saliva, tiene su costo político, mismo que el PRI, en su nombre, pagará en las elecciones locales del 2013.

Hojas que se lleva el viento

Como suele suceder en vísperas de elecciones, los rumores cobran plena vigencia. No nos dejemos engañar, todo rumor y maledicencia tiene remitente y destinatario. Si se dice que el Sr. Dr. Javier Duarte de Ochoa se va, es porque alguien quiere ocupar su lugar. Si se dice que a Héctor Yunes Landa ya se le queman las habas, es porque desde ahora hay que frenar al cisne tuxpeño, delfín del grupo fidelista y amigo entrañable del todavía gobernador.

Andrés Manuel López Obrador borda en el vacío, me dicen. “Morena” no existe más que en la mente de quien queriendo ser nuevamente candidato de las izquierdas a la presidencia de la República, está “jugando petate”. Que bueno que así se piense, entre menos asome la cabeza el Movimiento de Regeneración Nacional menor número de provocadores y francotiradores. Todo a su tiempo.

Me dice un turista de los pocos que arriban a la ciudad de las flores: “Teniendo un palacio de gobierno con tan interesante muestra pictórica en sus muros, ¿porqué se impide el acceso al público para su gozo, con vallas metálicas y policías armados?” No supe que contestar. “¿Será porque los que están adentro tienen miedo?” comenta  el visitante.  Xalapa, Ver., octubre 10 de 2012

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Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

“No llores como mujer lo que no supiste defender como hombre.” Sultana Aixa, madre de Boabdil, último rey de Granada.

Todo lo que tenía que decir sobre el peor gobierno de los últimos  cincuenta años en Veracruz, lo expresé en mis artículos a lo largo del sexenio de la administración fidelista, señalando y advirtiendo de la simulación y el engaño. Hoy estoy convencido de que ya no tengo nada que decir al respecto. Destapada la cloaca, la desconfianza le va ganando la batalla a la construcción de soluciones a los graves problemas comunes que enfrentamos. La mugre seguirá brotando para alimentar el morbo, la especulación, el rumor y la maledicencia, que destruyen más que coadyuvar en la construcción de ciudadanía y gobernanza, sin que ello de lugar a que la rueda de la historia de marcha atrás.

“Haiga sido como haiga sido”, el pueblo veracruzano no recuperará ni el tiempo perdido ni los miles de millones de pesos que, en su extravío, extraviara el gobierno priísta de la fidelidad. Lo caido, caido.

Políticamente incorrecto o todo lo contrario, guste o no, tratando de ser congruente sólo me resta afirmar que la gubernatura del Dr. Javier Duarte de Ochoa, la posición que hoy ocupan algunos de sus colaboradores, la mayoría de los diputados federales y locales priístas, así como los más destacados alcaldes en la entidad, son fruto innegable de esa perversa engañifa de la que fuimos víctimas a la par que copartícipes, dejando hacer, dejando pasar, aplaudiendo un mal sueño que en nuestra inconsciencia hicimos propio.

Así las cosas, por salud mental y para bien de Veracruz, deberíamos preocuparnos ya no por la pesadilla vivida sin que eso quiera decir borrón y cuenta nueva, los presuntos ilícitos en que incurriera la anterior administración deben investigarse y, en su momento, castigarse con todo el peso de la ley.

El presente y futuro cercano de la entidad reclama hoy ocuparnos de lo mucho que hay que hacer para su reconstrucción, así como en aquellas tareas que exige el retomar el camino del progreso y la esperanza. Recrear el pasado sólo acarrearía amargura y pérdida de la fe que merecemos.

Antes que dejar que nos vuelvan a saquear, la obligación común es participar activamente en una permanente vigilancia y cuestionamiento del quehacer público, constituyéndonos todos como responsable y avispada contraloría social. Se puede engañar nuevamente a uno, dos, tres, pero no a todos los veracruzanos.

A mi juicio, para empezar habría que partir de tomar conciencia de que si bien por ahora se confía en la nueva administración pública veracruzana, esta no cuenta con un cheque en blanco, expedido por una ingenua ciudadanía dispuesta una vez más a tropezarse con la misma piedra.

Tal toma de conciencia implica valorar el papel de cada quien en el ejercicio de gobierno, empezando por nosotros mismos como mandantes, para así saber a ciencia cierta que esperamos de quienes en nuestro nombre se desempeñan como mandatarios de la voluntad popular. Si no se tiene claro quien manda en Veracruz, sólo hay un paso a la sumisión y al dejar hacer dejar pasar en un gatopardismo que se repite sin cesar, y que se nos impone desde las esferas de un poder político y administrativo que hemos depositado en manos de unos cuantos mortales que, ni son superiores a nosotros, ni tienen por qué asumirse como tales, toda vez que les pagamos para desempeñarse como servidores públicos a nuestro servicio.

El segundo paso es el exigir transparencia en cada uno de los actos de gobierno. Pleno derecho y libertad para escudriñar hasta el más nimio detalle de cómo nuestros representantes disponen de los bienes materiales, financieros y humanos, que hemos puesto en sus manos para beneficio de toda la sociedad. La simulación y la opacidad son inherentes a la corrupción y a la impunidad; no se debe ni puede permitir que se nos vuelva a jugar el dedo en la boca con medias verdades, medias mentiras y desplantes demagógicos soportados con bombardeo mediático pagado con dineros del contribuyente.

Desde el más humilde servidor público hasta el gobernador del estado, deben desempeñarse en caja de cristal, hablando con verdad, humildad y honestidad intelectual, en un marco de congruencia que empezando por barrer la casa, elimine el lastre que para la opinión pública  representa el que los pillos de ayer sean los mismos que hoy rodean a Javier Duarte de Ochoa.

Es nuestra responsabilidad como sociedad que así sea y, para ello, debemos pugnar por una puntual y oportuna rendición de cuentas, lo mismo del Poder ejecutivo que del legislativo y el judicial. Insistiría en que todo plan de desarrollo o programa sexenal de gobierno, debería hacerse acompañar por un sistema estatal de evaluación y control de obras y servicios públicos, a cargo de un Comité de Planeación del Desarrollo de Veracruz (COPLADEVER) ciudadanizado y desconcentrado regionalmente en el que la población y no los partidos políticos tengan la última palabra. La democracia participativa es condición sine qua non.

El tercer paso, quizá el más importante, es aceptar que en democracia,  la tarea de gobierno se comparte corresponsablemente, actuando en consecuencia. No podemos exigir al otro que cumpla si nosotros como ciudadanos no cumplimos en aquellas esferas de nuestra personal y colectiva competencia y responsabilidad. La tarea es de todos y a cada uno corresponde aportar su grano de arena, contribuyendo al buen gobierno. Esperar que otros, ya sea el titular del Poder ejecutivo, el Congreso local, los partidos políticos o las organizaciones no gubernamentales, hagan la tarea a la que como ciudadanos estamos obligados,  perdidos en la comodidad de la abulia y apatía es aceptar sin mayor actitud crítica un destino incierto, en el que habremos de recibir no más que aquello que como pago a nuestra irresponsabilidad merecemos.

Parafraseando al ex presidente López Portillo, ya nos saquearon, no permitamos que nos vuelvan a saquear. Organicémonos para participar cuidando y fortaleciendo un patrimonio que es de todos.

No más engaño, estridente simulación y manipulación mediática,  por el bien de Veracruz. El gobernador lo debe entender así tanto como los ciudadanos estamos obligados a exigirlo.

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