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Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

Con debate o sin debate, es evidente que la decisión del electorado está tomada  de antemano, si las encuestas tienen algún valor más como indicador válido que como inductoras del sufragio. Para quienes se tomaran la molestia de ver y escuchar el debate entre los cuatro contendientes por la presidencia de México, posiblemente para éstos no hubo sorpresa alguna que modificara lo que sobre cada uno de los candidatos ya existe en el imaginario popular.

A lo sumo, cabría preguntarse como es que Peña Nieto adelanta con tantos puntos de ventaja a sus oponentes. Poco inteligente, de ideas cortas tuvo oportunidad de mostrar que lo hace estar en las preferencias del electorado como lo aseguran las encuestas y no la supo aprovechar, perdido en dar vagas respuestas a las provocaciones de Vázquez Mota, no logro establecer diferencia alguna de peso que le distinguiera frente a sus oponentes. Quizá la respuesta no esté en el terreno de lo político, correspondiendo a lo sociológico el explicar el por qué se ha mantenido como puntero desde fechas previas al inicio de la contienda formal.

El cuestionario y formato elaborado por el Instituto Federal Electoral no hace sino recoger aquello que los cuatro presidenciales ya han reiterado a lo largo del primer tercio de la campaña, lo mismo en el tema de la seguridad y justicia que en materia de crecimiento económico, empleo ó inclusión y desarrollo social. El debate en cuestión, al margen de los dimes y diretes, únicamente permitió una constante reiteración de lo ya expuesto en la plaza pública, ideas sueltas, generalidades, medias verdades, medias mentiras

Para el PRI, la participación del mexiquense en el debate, suficiente para que la balanza permanezca inclinada a favor de Enrique Peña Nieto, no porque sea el mejor del cuarteto, sino por contar con un voto duro mayoritario que sin mayor reflexión respalda al sobrino del ex gobernador Arturo Montiel, habiendo escuchado lo que quiere escuchar y visto lo que quiere ver. Ello sumado al más que obvio y sesgado respaldo del duopolio televisivo.

La actitud asumida por Salinas Priego no hace sino confirmar que para las televisoras y los más encumbrados opinadores de la prensa escrita o electrónica, con debate o sin debate ya se tiene un ganador. Los puntos de ventaja de Peña Nieto machaconamente reiterados por las casas encuestadoras, no tendrán variación alguna. “Carro completo para el PRI” en su triunfal retorno a Los Pinos, es el sentir del voto duro tricolor expresado sin ambages.

Con festinado entusiasmo afirman tener ganada la elección no porque su candidato sea el mejor de la contienda, sino porque el tenor de la parafernalia electoral muestra la fortaleza de una estructura electoral que, ni por asomo se asemeja a la pobreza de recursos humanos, financieros y materiales de partidos y candidatos que se oponen a la alianza del PRI y el verde ecologista.

En ello llevan razón. El imponente despliegue de recursos volcado por Peña Nieto no tiene parangón. Lo que se suma a una débil estructura electoral de sus oponentes, incapaz de vigilar y hacer valer el voto ciudadano a lo largo y ancho del territorio nacional, con los resultados ya por todos esperados. Con debate o sin debate, imagen mediática, gastos de campaña sin límite a la vista, compra venta de votos y conciencias, pesarán más en el ánimo pasajero del electorado, definiendo el resultado último de la elección.

Sin embargo, no todo es miel sobre hojuelas, hasta ahora nadie ha tocado a profundidad el tema de los llamados “indecisos”, alrededor del 30 por ciento del padrón electoral según las encuestas publicadas,  ni el debate contribuyó en forma alguna a modificar su incómoda presencia en los sondeos de opinión,  Casi una tercera parte  de alrededor de 80 millones de electores que lo mismo podría no tener definida su inclinación a favor de uno u otro candidato, inclinarse a favor del voto útil ó simplemente negarse a sufragar.  Sea cual fuere el camino a seguir por estos “indecisos”, en la coyuntura podrían ser quienes dicten la última palabra el día de la elección.

Nada de lo dicho y hecho hasta hoy por los presidenciables ha modificado el porcentaje que desde los inicios del proceso se le asigna a unos “indecisos” cuyo número absoluto y su identidad nadie conoce. Con debate o sin debate, en el tiempo restante de campaña el que hoy es “indeciso” arribará a las urnas con la misma tesitura, salvo un imponderable que modifique el escenario. Así que, como estuviera previsto con antelación, la contienda se reduce a una pugna entre voto duro partidista en un proceso en el que a mayor disponibilidad de recursos mayor posibilidad de alzarse con el triunfo.

En este contexto, muchos se preguntan que es “Morena”, qué papel juega en el proceso electoral en curso, y si esta organización social existe más allá del discurso lopezobradorista, con suficiente presencia y fuerza en el territorio nacional como para suplir el endeble andamiaje de los autonombrados partidos de izquierda. Prestándose a confusión el hecho de que se le identifique como apéndice tribal menor del PRD y no como un movimiento social independiente, que lo mismo agrupa a militantes partidistas de diferente tonalidad que a ciudadanos sin partido deseosos de participar transitando por un camino diferente. En esta aparentemente difusa expresión política emergente ninguneada por los medios de comunicación,  confía Andrés Manuel López Obrador para inclinar de última hora la preferencia de los  “indecisos” a favor de su proyecto.

En honor a la verdad,  presencia, peso y capacidad del Movimiento de Regeneración Nacional” para revertir lo que ahora se considera triunfo inobjetable de Peña Nieto, sólo será visible para la mayoría de los mexicanos el día de la elección.  Ni antes ni después, con debate o sin debate se verá de qué cuero salen más correas cuando por principio, el rechazo casi unánime a los partidos políticos privilegia el sentido del voto ciudadano a favor del candidato que mejor sepa dar respuesta a las necesidades cotidianas,  reales o sentidas de las mayorías. Para Andrés Manuel contar o no contar con “Morena” el día de la elección marcará la diferencia.

Por lo pronto, hay dos propuestas sustantivas en un proceso electoral atípico que tiende a polarizarse: más de lo mismo ofertado por la derecha representada por Peña y Josefina ó el “cambio verdadero” que ofrece López Obrador. ¿O es que acaso hay otra opción viable puesta sobre la mesa?

Hojas que se lleva el viento

Conmovedor y contundente el discurso del Sr. Dr. Javier Duarte de Ochoa al anunciar ante los representantes de las fuerzas armadas la creación de dos nuevos organismos burocráticos,  encaminados estos a la protección de periodistas y atención a las víctimas de la violencia desatada en la entidad. Ahogado el niño pretender tapar el pozo con saliva resulta extemporáneo y fuera de lugar para un gobernador que está quemando sus últimas cartas, al haber abusado en exceso del beneficio de la duda que la ciudadanía le otorgara al inicio de su cuestionado mandato. Las presuntas buenas intenciones del gobernante ante hechos consumados se pierden en el vacío, bien  por una ganada falta de credibilidad en las instituciones estatales, bien por la falta de congruencia entre lo que Duarte de Ochoa anuncia a bombo y platillo y los magros resultados de la administración a su cargo.

No hay más beneficio de la duda. Duarte de Ochoa exhibió a lo largo de su aún corto paso por la gubernatura de Veracruz que no es digno de confianza como cara a cara le expresaran los directivos del Semanario Proceso. Sin credibilidad el triunfalismo banquetero se agotó como estrategia.

El aquí no pasa nada, heredado de la administración anterior y el “Veracruz seguro” cómodamente hecho descansar en las fuerzas armadas federales, no satisfacen a una ciudadanía que percibe lo opuesto a lo machaconamente reiterado. El tema de la seguridad pública vulnerada, al igual que en materia de abatimiento de desigualdad y pobreza, crecimiento económico, educación o infraestructura básica, el mundo real desmiente el cotidiano mensaje mediático gubernamental. La estrategia de saliva en 17 meses de mandato no le ha funcionado al Dr. Duarte. El triunfalismo sin sustento alguno que le justifique fracasó,  y así debería aceptarse como primer paso para enmendar el rumbo, si no es que el gobernante antes de tiempo tire el arpa, aceptando su incapacidad manifiesta para interpretar la realidad y actuar en consecuencia.

Por cuanto a la creación de los organismos anunciados, vayamos por partes.

El gobierno estatal ofrece garantizar la libertad de expresión, otorgándoles protección a los periodistas para que ejerzan su labor sin sobresaltos. Habría que preguntarle al Sr. Dr. en ciencias económicas a que periodistas se refiere, ya que por principio de cuentas para la administración pública estatal y municipal en la entidad, son periodistas aquellos que están uncidos al pesebre oficial, bien porque laboren como subordinados en un medio de comunicación que mediante convenio expreso sirve a los intereses gubernamentales, bien porque en lo individual se desempeñen como texto servidores al servicio del régimen. Quienes no se encuentran en tal tesitura, además de incómodos no son oficialmente reconocidos como periodistas y, por tanto, quedan fuera y en franca indefensión. Lo que le da carácter de inicuo tanto al organismo que se crea como al anuncio propalado a bombo y platillo para, coyunturalmente, taparle el ojo al macho frente a la presión nacional e internacional para que no queden impunes los asesinatos de periodistas en Veracruz.

Los veracruzanos no queremos atención caritativa a las víctimas de la ola delincuencial que azota a la entidad, exigimos justicia a secas. No más impunidad, simulación, ni desgarre de vestiduras. Lo deseable en un estado de derecho que se precie como tal, es que no haya violencia que lamentar ni llanto a derramar por víctimas de políticas públicas ineficaces.

Crear un organismo burocrático más para la atención de víctimas es aceptar que la violencia y sus daños colaterales no tienen para cuando acabar en Veracruz. Luego resulta que el “Veracruz seguro” que tanto se cacaraquea, para el propio Duarte de Ochoa no es tal. Vaya enredo, el discurso triunfalista terminó en bumerang haciéndosele bolas el barniz al Sr. gobernador. Mérida, Yuc., mayo 6 de 2012

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Regina Martínez en portada

Horacio Zaldívar / Vanguardia

Periodismo en tiempos de Calderón: crimen y ¿castigo? Hoy reproducimos extracto del texto principal que se publica esta semana en la revista Proceso 1853, ya en circulación, en memoria de nuestra compañera Regina Martínez.

En tiempos de Felipe Calderón el periodismo se ha convertido en un oficio de muerte. No para todos. Hay quienes intercambian silencio o complicidad por seguridad. Otros, muchos, optan por no tomar riesgos. Regina Martínez, asesinada atrozmente la madrugada del sábado 28 en su casa de Xalapa, Veracruz, formaba en las filas de los periodistas que incomodan al poder. A nuestra querida compañera la mataron, en conjunción, la mente asesina que urdió el crimen y la mano presta que lo ejecutó. Pero la privó de la vida también la descomposición que invade como cáncer el organismo nacional y, en este caso particular, el estado de Veracruz, donde crímenes semejantes se repiten en medio de la impunidad. A Regina la mató de igual forma el clima de hostilidad manifiesta en el que desempeñaba su trabajo como corresponsal de Proceso. Lastimados e indignados, el domingo 29 acudimos a la sede del Poder Ejecutivo de Veracruz  y fuimos recibidos por el gobernador y sus colaboradores. Pocos minutos duró el encuentro. Julio Scherer García atajó la retórica vacua de Javier Duarte: Es inútil, señor gobernador, no le creemos…

XALAPA, VER.- Ante la tragedia, el derroche, la ostentación del poder. La retórica por delante del gobernador Javier Duarte de Ochoa.

Helicópteros de la Secretaría de Seguridad Pública y el espacioso aparato tipo Bell en que él mismo se traslada, camionetas Van blindadas, una sala de juntas en el hotel Crown Plaza local…, todo a disposición de Proceso.

Hacia el mediodía del domingo 29 de abril, en la Casa de Gobierno de esta ciudad el ambiente era abrumador. Más que dar confianza, apantallaba con el peso del aparato gubernamental y el uso de los recursos públicos. En la mesa de la sala de recepción, desplegada en forma ostensible, la reciente edición especial de Proceso dedicada a Los Zetas.

Ese día, a la residencia oficial que Duarte amplió el año pasado, comprando casas vecinas, había llegado un nutrido grupo de funcionarios de seguridad y justicia encabezado por el procurador Felipe Amadeo Flores Espinosa. Estaba también un fiscal que lo mismo atiende delitos electorales que “denuncias contra periodistas y/o comunicadores”.

Duarte los sentó a su izquierda en una larga mesa de juntas. A su derecha, el fundador de Proceso, Julio Scherer García, el director Rafael Rodríguez Castañeda, el subdirector Salvador Corro, el fotógrafo Germán Canseco y este reportero.

Erguido, cuidadoso de que no se le arrugara su guayabera blanca, el gobernador comenzó a “lamentar el doloroso asesinato” de Regina Martínez Pérez, la corresponsal de la revista en Veracruz, muerta por estrangulamiento la madrugada del día anterior.

Consabidas las frases: “Tengan ustedes la seguridad de que llegaremos hasta las últimas consecuencias”, “destacada periodista”, “prestigiado medio que usted dirige”…

Sólo dio una información: la solicitud que hizo a la Procuraduría General de la República (PGR) y a la Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH) para que junto con Proceso coadyuvaran en la investigación. Una “comisión interinstitucional” la llama, y promete transparencia.

Luego pide a sus funcionarios convocados que enlisten sus actuaciones desde que se conoció el asesinato, la tarde del sábado 28 de abril. Después de las explicaciones técnicas, Duarte vuelve a hablar.

Lo interrumpe Julio Scherer. Sus palabras, le dice,  son “retórica ritual”. “Lo que usted nos está diciendo y lo que acabamos de escuchar no es más que la superficie. No hay explicación alguna de las aguas profundas en las que ocurrió el asesinato de nuestra reportera”.

Un silencio espeso en la sala de juntas. Quizás, la respiración entrecortada del gobernador.

Continúa el también presidente del Consejo de Administración de la revista:

“La muerte de Regina Martínez es producto de la descomposición del estado y del país. Queremos saber qué es lo que hay debajo de esa superficie. Aunque en suma, señor gobernador, no les creemos”.

Por segundos nadie habló.

Ante el silencio del gobernador y sus colaboradores, Rodríguez Castañeda les dijo que en Veracruz ha existido un “ambiente de hostilidad” hacia la revista. Le mencionó la frecuente desaparición de ejemplares cuando contienen información sobre seguridad en el estado. La más reciente, apenas el 8 de abril pasado, cuando se publicó información sobre dos de los candidatos a diputados federales por el PRI bajo el título “Dos regresos peligrosos” (Proceso 1849).

Duarte siguió sin decir nada. En el silencio quedó implícita también la incautación de los ejemplares de la edición 1821 en septiembre de 2011, cuando se daba cuenta del violento reacomodo de los grupos de delincuencia organizada desde su llegada al gobierno en diciembre de 2010 y cuya primera expresión fueron los 35 cuerpos arrojados a una vía rápida, al lado del Centro Comercial Plaza de las Américas, en Boca del Río.

También fue “desaparecida” la edición 1736, del 7 de febrero de 2010, sobre las actividades en el estado de la organización delictiva que se conoció como La Compañía durante el sexenio de Fidel Herrera Beltrán, que acabó en diciembre de 2010.

Hoy reproducidos esta nota para recordarles que no se mata la verdad matando periodistas…

Descanse en paz nuestra compañera Regina Martínez.

Pulso crítico

 J. Enrique Olivera Arce.

 “No es mi intención dividir a México”, reitera el Sr. Enrique Peña Nieto deslindándose de la guerra sucia que empaña al proceso electoral en curso. La carga histórica que lleva a cuestas es más pesada que sus intenciones, el país no solamente está polarizado desde la elección presidencial del 2006, además el PRI se encargó de dividirlo en un proceso paulatino pero creciente de auspicio a la exclusión, desigualdad y  pobreza. Todo lo que el tricolor le señala a los gobiernos panistas de Vicente Fox y Felipe Calderón, aunque no se aleja de la verdad es la cereza de un pastel en el que  la inmensa mayoría sólo ha recibido migajas.

 Incluso, al interior del Revolucionario Institucional, pese a que se presuma de una sólida unidad, esta es fruto de una disciplina partidista impuesta con la zanahoria por delante. Es público y sabido que la alta burocracia y su círculo cercano de tecnócratas y amanuenses se despacha con la cuchara grande, lo mismo por la vía legal asignándose altísimos emolumentos, canonjías y prebendas, que por la ilegal participando en el carrusel de la corrupción mientras que la mayoría de la militancia está integrada por una masa informe de manipulados descamisados sin presente ni futuro. El acarreo electoral del llamado “voto duro”, funciona por que existe un clima de necesidad y miseria del que se vale el tricolor para mostrar imagen de fortaleza y unidad.

 México está dividido desde endenantes, el reto para partidos y candidatos no es convencer de buenas intenciones como la expresada por el Sr. Peña, es el como atemperarla reduciendo la brecha de la desigualdad para, con equidad solidaria, acercar a quienes todo lo tienen con aquellos que ya no tienen nada que perder. La palanca es sin duda económica, sin generación de riqueza y crecimiento sostenido no hay nada que repartir con sentido de justicia, pero esta herramienta se sustenta a su vez tanto en  voluntad política como en un clima social propicio para que expectativas y oportunidades den seguridad y certeza para afrontar las tareas del desarrollo. Sin un plan preconcebido que con carácter participativo y visión de amplio espectro marque rumbo, objetivos y metas por alcanzar  el reto es mayúsculo.

 En medio de la parafernalia electorera, el discurso a modo, promesas, propuestas y compromisos de partidos y candidatos sueltos y deshilvanados, el electorado no alcanza a percibir que tal reto esté presente en el ánimo de los presidenciales, salvo Andrés Manuel López Obrador, que no pierde congruencia en torno al hilo conductor de su propuesta de un nuevo proyecto de Nación sintetizado en 50 puntos, que vinculan  los grandes temas torales de la problemática histórica de México con el que hacer en el mediano y largo plazo. Para algunos, utopía, romanticismo trasnochado ó falacia electorera, para otros realista y esperanzador, pero al fin un documento marco, punto de partida para la reflexión, el debate y construcción de consensos.

 En tanto no se asuma con seriedad el como afrontar en las campañas electorales el reto de la desigualdad, la pobreza, la corrupción y el crecimiento con equidad y justicia el clima baciniquero de la descalificación per se, dominará el escenario. La guerra sucia entre partidos y candidatos generará en la sociedad más morbo y desanimo que interés por participar contribuyendo con un voto razonado en una elección que como bien señala López Obrador,  “… es definitoria, última oportunidad para salvar al país”,  en un escenario de crisis en que la economía se derrumba, arrastrando consigo más deterioro social, más pobreza y violencia. En lo político no puede echarse en saco roto lo que afirmara Calderón Hinojosa a su homólogo peruano Ollanta Humala sobre un crimen organizado que ya reemplaza funciones del Estado. Preocupante,  de la dualidad de poder a la ingobernabilidad y el caos sólo hay un paso. Únicamente la unidad consensuada en torno a un proyecto de Nación incluyente, con visión democrática de futuro que atienda a la deteriorada realidad de un México plural  y dividido, podrá ofrecernos la tablita salvadora.

 Hojas que se lleva el viento

El primero de mayo, Día Internacional del Trabajo, no es motivo de celebración ni fiesta nacional propicia para el asueto, el descanso y la recreación, es un llamado a la memoria histórica de los pueblos para recordar que las banderas de la lucha obrera por un mundo mejor, libre de la opresión del hombre por el hombre están de pie.

 Nos solidarizamos con “Proceso” y nos unimos a la indignación y enérgica condena por el artero asesinato de Regina Martínez Pérez, mujer ejemplar y destacada periodista, reportera y digna corresponsal del semanario,  que con valor y compromiso honrara la palabra escrita. Diversos comentaristas independientes le han manifestado al Sr. Dr. Javier Duarte de Ochoa que si no puede renuncie. El acumulado en año y medio de ineptitud, simulación, escándalos, corrupción e impunidad derramó el vaso, por el bien de Veracruz el gobernador efectivamente debe renunciar. Mérida, Yuc. Mayo 1 de 2012

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Raúl Abraham López Martínez

Los que conocimos personalmente a Regina, y todos aquellos que conocieron de la entereza y profesionalismo de su actividad periodística nos sentimos muy dolidos del asesinato que fue víctima.

Regina, fue una connotada mujer, que se ganó su lugar en el escenario veracruzano debido a su alto compromiso con los valores de la honestidad y la verdad. Aunado a su personal interés de otorgarle voz a todos aquellos actores que se han manifestado críticamente en contra del autoritarismo y la corrupción que se vive en el territorio veracruzano.

En sus reportajes, Regina Martínez visibilizó de manera ejemplar a ese otro Veracruz, al Veracruz profundo que se manifiesta en las luchas de los movimientos sociales, de los ambientalistas, y en tiempos recientes, Regina especializó su trabajo de investigación periodística en el tema de seguridad pública.

En la década del noventa, en pleno auge de las políticas represivas del ex gobernador de Veracruz  Patrio Chirinos  y del gobierno de Carlos Salinas de Gortari; en un ambiente político en donde la mayoría de los medios de comunicación locales encabezados por el Diario de Xalapa se dedicaron a bloquear y a estigmatizar a los opositores, Regina Martínez, siendo reportera del periódico Política, en ese entonces dirigido por el licenciado Ángel Leodegario Gutiérrez Castellanos, se convirtió en un importante referente de comunicación para las voces disidentes.

El asesinato de Regina Martínez, es reflejo del actual contexto político que se vive en Veracruz. Un contexto en donde el PRI se ha negado a abandonar el poder recurriendo a toda una gama de mecanismos corruptores y de control político. Uno de estos mecanismos de control ha consistido en comprar a los medios de comunicación local y el de corromper a un significativo grupo de trabajadores de los medios que se ostentan como reporteros o periodistas cuando en realidad su función es la de  texto servidores.

En este contexto, cuando algún periodista se salta las trancas, le dan la tarea a gente de la calaña de Reynaldo Escobar, quien ocupando el cargo de Secretario de Gobierno de Veracruz, se dedicó a amedrentar a los comunicadores que no se dejaron doblegar por el “chayote”.

Con sus convicciones y fortaleza, Regina logró transcender a este contexto de sumisión para convertirse en corresponsal de la revista Proceso. Un medio de comunicación que se ha caracterizado en contar con un equipo de periodistas comprometidos con la verdad de los sucesos.

A Regina Martínez la asesinaron justamente porque su presencia ejemplificaba una certera amenaza a este orden prepotente y autoritario que se ha instalado en Veracruz. A este orden, que busca obtener por medio de la prensa una legitimidad que no logró ganarse en el proceso electoral del 2010.

La involuntaria muerte de Regina Martínez, nos tiene que llevar a alzar la voz, tal y como cientos de ciudadanos lo han hecho mediante las redes sociales. Tenemos que alzar la voz y exigir que las investigaciones conducentes sobre el asesinato de la periodista las lleven a cabo gente que no tenga relación con las redes del PRI.

Las circunstancias políticas del asesinato de Regina, también nos obliga a presionar al gobierno estatal a implementar en lo inmediato una distensión de sus autoritarias y represivas relaciones de poder. La muerte de Regina no puede ser en vano, su muerte nos exige a actuar con firmeza en la construcción del respeto a la libertad de expresión y al impulso democrático que tanto requiere Veracruz.

 

*Director de la Revista Digital Independiente Voz Universitaria 

www.vozuniversitaria.org.mx

raul@vozuniversitaria.org.mx 

facebook.com/raul.lopezmartinez   

 

Proceso

MÉXICO, D.F. (apro).- El representante de la Oficina de la Alta Comisionada de Naciones Unidas para los Derechos Humanos (OACNUDH), Javier Hernández Valencia, reprobó la compra masiva de la edición 1821 de la revista Proceso que, en su portada, lleva la imagen de algunos de los 35 cuerpos tirados en calles de Boca del Río, Veracruz. El funcionario de la ONU calificó la acción contra la revista de “un acto deliberado que viola el derecho a la libertad de información”.

Hernández Valencia aclaró que “cualquiera podría decir que qué pierde Proceso si de cualquier forma empresarialmente la revista gana de forma inmediata los recursos que de otra forma le llegarían tiempo después, pero el objetivo es clarísimo de que el contenido no se lea, lo que afecta a todos los posibles lectores”.

El responsable de la OACNUDH señaló lo anterior durante la presentación del Diagnóstico sobre la situación del derecho a la libertad de expresión en la Ciudad de México, elaborado por la Relatoría de Libertad de Expresión de la Comisión de Derechos Humanos del Distrito Federal (CDHDF).

Portada 1821

MÉXICO, D.F. (apro).- La edición 1821 de la revista Proceso fue comprada “masivamente” en las ciudades de Veracruz, Coatzacoalcos, Córdoba, Jalapa y Orizaba. Como ocurrió hace 15 días en Monterrey, Durango, Puebla y León, ahora la adquisición de las dotaciones completas del semanario Proceso se operó en los principales municipios del estado de Veracruz. Durante el domingo y la mañana de este lunes, los 5 mil 500 ejemplares de la revista que se entregan en esas cinco ciudades veracruzanas prácticamente desaparecieron tanto de los puestos cerrados como abiertos. Diversas personas se presentaron en los locales, preguntaron a los voceadores cuantos ejemplares tenían de la revista y pagaron en efectivo la dotación completa. Proceso

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