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Tag Archives: Soberanía

Pulso crítico

J.Enrique Olivera Arce

El único mérito que puede atribuirse al nuevo jefe imperial, es el haber develado las contradicciones internas y por sincerar el verdadero pensamiento político de la plutocracia estadounidense. Trump dice y hace sin miedo ni pena lo que piensan todos pero prefieren callar. Otra verdad que debemos reconocerle es, también, el de haber admitido públicamente en muchos de sus discursos la penosa realidad que vive el pueblo estadounidense que perdió el “sueño americano” y hoy vive una pesadilla producto de las desigualdades crecientes, los empleos precarios y el desempleo. Sin embargo, prefiere achacar la responsabilidad de esto último a los inmigrantes. Basem Tajeldine

Opinar sobre lo desconocido en río revuelto, y más aún sumarse a las trivialidades con las que Enrique Peña Nieto, sus estrategas y su partido político en torno a una pretendida “unidad nacional” promueve para “enfrentar” las amenazas de Donald Trump, me parece demasiado aventurado. Más si quien esto escribe se permitiera el atrevimiento de  hacerlo bajo la óptica de una visión pueblerina de una entidad federativa enfrascada en no ver más allá del pleito Yunes Linares-Herrera Beltrán y el tremendismo distractor.

De ahí que lo que a mi juicio parece ser lo más sensato,  es esperar a que se asienten las aguas, que los poderes fácticos domésticos e internacionales que dominan el escenario económico, político y social en nuestro país vecino acoten los alcances de la presidencia de Donald Trump y que, México asuma, con visión de largo aliento, que lo que está en juego es un Estado-Nación vulnerable e históricamente disminuido territorial y económicamente gracias gobiernos contrarios al interés soberano de su población.

Tiempo al tiempo, dentro de la urgencia que demanda una situación que yendo más allá de la retórica, nos está tomando con los dedos tras la puerta.

Y en el marco de esta imprevisión que hoy por hoy tiene a México contra la pared lo que sí está a nuestro alcance comentar por conocido, es el considerar que los temas que mayor inquietud han despertado en nuestro país tienen sus asegunes, incluyendo el cinismo e hipocresía con el que el gobierno de Peña Nieto pretende tapar el pozo tras ahogar al niño, agitando el mito de la unidad nacional.

Nada nuevo bajo el sol. El muro y la expulsión de migrantes connacionales; la salida de EU del Acuerdo Transpacífico y la revisión del TLCAN, así como el gravamen sobre las remesas con su repercusión en el bolsillo de miles de familias de escasos recursos e incremento de la pobreza como daño colateral, tienen diferente connotación dependiendo de donde se les vea.

Qué tanto le convenga a E.U. el seguir adelante con estas medidas, por ahora eso es tema de su absoluta incumbencia y autodeterminación como país soberano. Luego lo que valdría la pena en México es poner los pies sobre la tierra y considerar lo que a nosotros convenga, a la luz de los pros y los contras de las “locuras” del Sr. Trump en su relación con nuestro país; en la inteligencia de que tanto pros como contras no inciden de manera general en todos los mexicanos, puesto que ni todos coludos ni todos rabones estamos tasados con el mismo racero. La pluralidad de intereses personales, de grupo o de facción la determina el lugar que en la condición de desigualdad y exclusión dominante, se ubican estos intereses.

El patrioterismo ramplón del agitar de banderitas tricolores como expresión de unidad nacional, no suple las diferencias en una sociedad fragmentada. Habría que considerar el por qué para unos la percepción de las medidas del gobierno vecino es de oportunidad y optimismo en tanto que para las mayorías es amenaza y desesperanza.

Luego habría que pensar más de dos veces a quienes benefician y a quienes perjudican, como es el caso del TLCAN que desde su inicio con Carlos Salinas de Gortari, por su carácter asimétrico y elitista lo mismo ha acarreado beneficios que relevantes perjuicios en nuestro país como el abandono económico y vaciamiento social del agro mexicano. A 23 años de distancia no cumplió con los objetivos de crecimiento y desarrollo, de ahí que su ratificación o revisión no cambiaría gran cosa para las mayorías empobrecidas en el eslabón más débil de la triada signataria. Lo mismo se podría decir del fallido Acuerdo Transpacífico que generando falsas expectativas, no pasó de ser cortina de humo pretendiendo ocultar la realidad de una economía estancada.

Por cuanto a la deportación de migrantes esta ha sido la constante por más de tres décadas; Obama ordenó la deportación de más de 3.4 millones de mexicanos y se mantuvo intacta la zozobra para más de 11.3 millones de indocumentados que sobreviven perseguidos, explotados y humillados. Luego lo que hoy habría que preguntarse y, por ende actuar en consecuencia, es el porqué de la expulsión masiva de fuerza de trabajo en México bajo gobiernos neoliberales.

Así como por qué el monto de las divisas que recibe México de sus migrantes es superior a los generados por la exportación petrolera y porqué éstas inciden en el alivio de la pobreza de millones de mexicanos.

Y ya ni se diga del desgarre de vestiduras frente a lo que se percibe como agresión a nuestra soberanía, cuando el fenómeno ni es nuevo ni se ha impedido su agudización, dejando hacer, dejando pasar la entrega de territorios y recursos naturales al capital extranjero.

Más que ocuparnos y preocuparnos por lo que haga y disponga el presidente Trump, debería ser punto central de nuestra inquietud el porqué de nuestra imprevisión y vulnerabilidad en el mundo globalizado como Estado-Nación independiente. El por qué a lo largo de la historia nacional de nuestra sumisión económica, política y cultural  ante el coloso del norte.

Tomar conciencia plena de ello con talante crítico y trabajar en nuestras fortalezas y debilidades, más que agitar banderitas haciéndole el juego al peor gobierno que México ha padecido en las últimas décadas, sería el punto de encuentro para encarar como Nación el incierto futuro.

Xalapa, Ver., febrero 1 de 2017

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Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

El debate sobre si la intención de las reformas era privatizar o no la cadena productiva de la industria energética nacional está cerrado. Pierde México y con ello perdemos todos los mexicanos independientemente de posición social o económica; unos más unos menos pero todos perdemos al abrírsele la puerta a las poderosas trasnacionales que terminarán quedándose con todo el pastel, incluído el control regional de territorio, tierra y agua. Y como acompañante sine qua non los servicios de seguridad privada eufemísticamente denominados contratistas o consultoras, de oscura data en Iraq y Afganistán.

De un plumazo Enrique Peña Nieto y partidocracia ponen en un brete a soberanía e independencia nacionales, unciendo a México a la cadena de explotación y despojo bajo el control de los centros de poder mundial.

El debate aún vigente en el tintero, es si los afanes neoliberales del régimen político rendirán o no los frutos esperados de crecimiento económico y desarrollo humano que, como panacea, se esgrimieran como argumento para justificar lo injustificable.

Debate que debería tener sustento en un diagnóstico serio de la situación parada hoy de lo que es México, como punto de partida para en tiempo y espacio establecer objetivos y metas por alcanzar en el país gracias a las modificaciones, tanto de propósitos como legislativas, en nuestra Carta Magna; y no partir de generalidades, y triunfalismos sin sustento, cuyo único fin es seguir mintiendo y manipulando a los mexicanos.

Hasta donde se alcanza a observar no hay la intención de sustentar el debate en realidades. Es más, lo que se percibe desde las trincheras de hombres y mujeres de a pie, es que el tal debate no es tal, circunscribiéndose a un monólogo impuesto desde Los Pinos, en el que de antemano se da por sentado que el sueño neoliberal y la prosperidad ofrecida por el Sr. Peña es compartido por todos, y así debe aceptarse.

Tan es así que las manifestaciones triunfalistas obvian tanto el cómo como la hoja de ruta trazada para alcanzar en el tiempo las bondades de la panacea del aprendiz de brujo hoy presidente de la República.

Ignorando o dejando pasar el hecho incuestionable tanto del fracaso probado de la fórmula neoliberal reformista en los países más desarrollados del orbe y en los llamados emergentes, como de la situación que guarda el México de hoy, punto de partida para construir crecimiento económico y desarrollo humano, en el marco de la crisis sistémica global y, por lo consiguiente en un país en el que prevalece estancamiento económico, baja productividad y calidad educativa, bajos salarios, desempleo, informalidad mercado interno deprimido, entre otros fenómenos acompañados de exclusión social y económica, desigualdad, pobreza y corrupción.

Esto último conforma una realidad de la que no se puede escapar y que, de hecho, sería el punto de partida para la construcción del México neoliberal que pretende vendernos el Sr. Peña. Es decir, se parte tarde y de cero, cuando el mundo ya va de regreso.

Y, para colmo, la secuela de las reformas presuntamente estructurales apunta ya a un escenario de división y polarización en el seno de la sociedad, que impide el que fructifique la unidad de esfuerzos en torno a las tareas de instrumentación de lo aprobado, a que llama el presidente. La lucha de clases no estaba muerta…

Lo que ya se observa en los resultados de la última encuesta de Buendía & Laredo (El Universal), que indica que: 46% de los encuestados aprueba mucho o algo al presidente contra 45% que lo reprueba. Pero un contundente 64% sostiene que el gobierno federal debe cambiar de rumbo; 48% cree que el país va por mal o muy mal camino y 66% sostiene que los problemas han rebasado al presidente.

Relatividad aparte de los resultados de toda encuesta, desde el punto de vista político este es el punto de partida para construir el futuro.

Si le va mal al presidente, en un país como México, le va mal al PRIAN, este es el mensaje que deberían tomar en cuenta quienes hoy se expresan con un denodado triunfalismo sobre la bondad de una panacea que sólo existe en la mente calenturienta de los neoliberales y traidores.

Cd. Caucel, Yuc., agosto 20 de 2014.

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Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

Bueno, no estábamos tan equivocados cuando de manera recurrente a lo largo de más de dos años,  insistiéramos en ponerle atención a lo que se percibía como una profunda crisis del sistema político y régimen de partidos políticos en México.

Forma es fondo. Substituidas las formas por cinismo y desvergüenza, el sistema político exhibe obsolescencia y pérdida de legitimidad; democracia y Estado de derecha dejaron de ser referentes  para la permanencia del pacto social que con pinzas sostiene unidad republicana.

Sistema político tocando fondo

Sistema político tocando fondo

Lo que ha venido aconteciendo en  las últimas semanas en la vida política del país, no deja lugar a dudas. Sin excepción de color de camisetas, todos y cada uno de los partidos políticos que conforman el espectro han mostrado el cobre, renunciando de facto al papel que la sociedad les tiene asignado como representación de las diversas fuerzas político-electorales, así como a su función como correa trasmisora del necesario diálogo y concertación entre gobierno y población. De paso, constituidos en partidocracia,  respondiendo a intereses personales y de grupo, vienen vulnerando  legitimidad y libre juego democrático en los Congresos federal y de los estados, en perjuicio de la democracia representativa.

A tal grado, que la representación ciudadana ha dejado de ser tal, actuando  senadores, diputados federales y locales como extensión de sus respectivos partidos de espaldas y en contra de los intereses de sus electores.

Unos porque se asumen mayoría, otros porque a sabiendas de que son minoría en los cuerpos legislativos privilegian intercambio de favores y arreglos en lo oscurito, recurriendo a un vulgar chantaje vendiendo caro su voto para asegurar supervivencia.

La aprobación al vapor en ambas cámaras de las reformas propuestas por el presidente Peña, es ejemplo de ello. Más allá del contenido y trascendencia de lo que se nos oferta como panacea para dar el salto adelante y salir del subdesarrollo, las formas asumidas en el proceso legislativo descalifican la presunta bondad de lo aprobado.

Y aún hay más. La aprobación en automático, por instrucciones superiores y en tiempo record de la reforma energética por los 17 Congresos locales controlados por la mayoría priísta, no tiene nombre. Quienes levantaran el dedo para dar el sí ignorantes de lo que sin conocimiento previo, sin consulta y sin debate aprobaran, para la ciudadanía no teniendo madre ni siquiera tienen cabida en el grupo de privatizadores que con justeza calificara con malas palabras la senadora campechana  Sansores San Román.

Con este sistema político, con este régimen de partidos políticos, con estos senadores y estos diputados, el Estado-Nación queda en franca indefensión; soberanía e independencia por mandato constitucional no son ya principios que abonen al pacto social federal. 

El divorcio entre partidos políticos, representación ciudadana y electores se amplía, vulnerando al sistema político en su conjunto. Si este subsiste es por inercia lo que, a su vez, favorece a la crisis por el que este atraviesa. A menor resistencia ciudadana, mayor es el margen de maniobra de la partidocracia y, paradójicamente, menor la del sistema en su conjunto en perjuicio de gobernanza y gobernabilidad.

La ciudadanía lo observa, califica y saca conclusiones. Credibilidad en sus representantes, así como confianza en las instituciones republicanas  y reconocimiento de legitimidad en los tres órdenes de gobierno están a la baja. Lo más grave de esta crisis percibida, es que nadie hace nada por aceptarla y buscarle solución, mientras el descontento, hartazgo y protesta va en aumento. No pasa nada, para qué cambiar, se dice en los círculos políticos y en consecuencia con este mismo talante se actúa en la administración pública.

Se cambia para seguir igual mientras el país se hunde por ausencia de visión de Estado tanto en el horizonte de largo aliento como en la coyuntura para dar certidumbre y confianza respecto a destino cierto y ruta crítica para transitar y arribar al México que deseáramos para el futuro. Improvisación y palos de ciego es la constante, mientras delincuencia, corrupción e impunidad carcomen tejido social.

Sin certidumbre no hay seguridad. Nadie quiere dar el paso al vacío, perdiéndose unidad de propósitos y consensos para la acción. Dejando al azar el futuro de las nuevas generaciones. Con todo cinismo y simulación se aprueban leyes y políticas públicas cuyo objetivo difuso aterrizará si bien nos va en una realidad futura para cuya construcción se sustenta en un presente incierto.

La aprobación de la reforma energética se encuentra en esta tesitura. Reformada la Constitución, sin leyes secundarias claras, sin hoja de ruta  transexenal que proponga pasos firmes, supervisión, control y evaluación durante y ex post, se borda en el vacío;  dejando abierta la puerta para que improvisación y corrupción presionen para dar marcha atrás en el presunto propósito neoliberal de modernización basado en privatización de la cosa pública, desarrollo tecnológico, inversión privada, productividad y competitividad.

Ayer era otra cosa. Hoy la moda con Peña Nieto, mañana dios dirá, como suele ocurrir cada sexenio. En eso se sustenta  sistema político y régimen de partidos en un círculo vicioso en el que todos ganan, menos las mayorías empobrecidas de un país ejemplo internacional de subdesarrollo, aislamiento, desigualdad y miseria.

Privatización de recursos propiedad de la nación, flexibilidad del trabajo asalariado, destrucción del sistema educativo, precarización de la sanidad pública, eliminación del mercado de la micro y pequeña industria, en un marco de ineficiencia, ineficacia y corrupción  del caduco sistema político y régimen de partidos en plena obsolescencia, cuya crisis se refleja al día de hoy de manera evidente en la pseudo representación ciudadana en el poder legislativo tanto federal como el correspondiente en las entidades federativas. Nadie lo quiere ver así.

Y como prueba de tal cortedad de miras, el legislativo aprueba una reforma política en la que la revoltura de dulce, de chile y de manteca  no beneficia a nadie y menos al sistema político y, por ende, a la vida política y social en democracia de los mexicanos; confirmándose gatopardismo y simulación, cambiando para seguir igual, o peor que endenantes. 

Baste saber que propicia, auspicia y promueve la reelección de legisladores y alcaldes,  no obstante el rechazo a tal medida por parte de una ciudadanía indignada.

Hace falta un alto en el camino, reflexionar y actuar en consecuencia modificando rumbo y destino. La ultraderecha hoy alianza del PRI y del PAN, ni quieren, ni pueden hacerlo en el marco de sus contradicciones internas y compromisos con los poderes fácticos. Toca a las fuerzas progresistas sin etiquetas, explorar nuevos caminos empezando por toma de conciencia, organización y unidad en torno a un programa minimalista común para la acción. Dividida la izquierda y sin visión orgánica de largo plazo, no se hace camino, en ello habría que reflexionar más que llorar lo que para muchos en su ingenuidad  la aprobación de la reforma energética y cancelación de lo más trascendente de la Constitución del 17, es derrota.

Se cierra un ciclo para el país y para la izquierda social, la lucha por recuperar soberanía nacional apenas empieza. Villahermosa, Tab., diciembre 15 de 2013.

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Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

México es un país de leyes. Son tantas, tan variadas, unas absurdas otras contradictorias que entre ellas, como dicta la conseja popular, el que no cae resbala…En ellas descansa nuestro surrealista e inverosímil  Estado de derecho…

Confundidos, entre otear el futuro y renovarse ó  retornar al  pasado maniqueo, los priístas se pierden entre sus propias contradicciones mientras el país se les escurre entre las manos.

Ya nada será igual para el PRI

 La historia no se repite, nadie se baña dos veces en el mismo río y, sin embargo, insisten en tropezarse con la misma piedra con el manido pretexto de modernizar al país.

Con Peña Nieto a la cabeza, tras un pírrico triunfo en la elección presidencial del  2012 y no obstante que los resultados de esta se fueran a tercios, confiaron en una tersa restauración del presidencialismo de antaño. Ignoraron la composición real de las fuerzas políticas y el clima de descontento y hartazgo de importantes segmentos de la sociedad mexicana que, en la alternancia, heredaban de dos sexenios panistas. Así como minimizaron un movimiento social convergente que diera a López Obrador más de 16 millones de votos.

Les fallaron los cálculos. México ya no es el que pensaran tanto en el diseño de la campaña presidencial de Peña Nieto como en la de arranque del sexenio.

 Peña Nieto hoy

 Los mexicanos de hoy no le dieron vuelta a la página para iniciarse confiados en nuevas lecturas de la realidad bajo la restauración del viejo régimen priísta por sus epígonos.

Antes al contrario, reafirmando tanto su percepción subjetiva como objetivamente viviendo en carne propia las condiciones de deterioro del país en todos los órdenes de la vida nacional, con resistente suspicacia antes que borrón y cuenta nueva el mexicano de hoy asume que la alternancia no enriquece por si democracia política y bienestar social. Dicen que la burra no era arisca…

En los inicios de la actual administración a cargo del Sr. Peña, quien estas líneas escribe señalaba la valía y plena vigencia de la conseja popular que nos dice: “Más vale paso que dure que trote que canse…”, en referencia a un ímpetu desbocado por diferenciarse de la administración calderonista, sin atender a la realidad real de un México que al margen del gobierno se construye y reconstruye día a día.

 El arrancar el sexenio queriéndose comer todo el pastel de un solo bocado, trae hoy a cuento lo que para muchos representa el fracaso del primer año de gobierno del Sr. Peña. Mucho ruido y pocas nueces sin resultados dignos de apuntarse como materialización de promesas de campaña.

 Peña Nieto y las mayorías

 Sustentado en un falso diagnóstico, se consideró que con tener bajo control a las dirigencias del PAN y el PRD a través de un acuerdo cupular mal llamado “Pacto por México”, con ello en automático cooptarían a las militancias opositoras para respaldar mayoritariamente tanto la legitimización del Sr. Peña como al ramillete de reformas presuntamente estructurales que, a su particular modo de ver las cosas, se requieren para encarrilar al país por el camino de la modernización, abundancia y el bienestar.

Fallaron los cálculos. La militancia de los tres principales partidos en que se sustenta el régimen político, no ha respondido de manera homogénea y consensuada a lo pactado por sus dirigencias con el presidente Peña; tampoco ha quedado demostrado fehacientemente que sumadas,  constituyan la mayoría de las fuerzas políticas que se requiere para legitimar el mandato del Sr. Peña y avalar sus reformas empobrecedoras y privatizadoras.

Más de dos tercios de la población en edad de votar, se mueven por la libre, aceptando, cuestionando o rechazando; no se sienten incluidos en los acuerdos cupulares del llamado “Pacto por México” y el control de este segmento mayoritario de la sociedad no está a cargo de los partidos políticos. En ello reside la debilidad del intento de restauración del viejo régimen y sus afanes por conducir al país por la vía del autoritarismo gatopardista.

Hoy a nueve meses de distancia de haber tomado las riendas de la administración pública, el Sr. Peña ni ha obtenido la legitimización por parte de sus gobernados ni mucho menos, el aval mayoritario a sus reformas.

Aplaudido por unos y denostado por otros, el único logro a la vista es la continuidad de la polarización social y política en un clima de incertidumbre, descontento y hartazgo. Cuestionándose lo mismo desde la confusa y fragmentada izquierda que en los bastiones empresariales de derecha, a un régimen que no está cumpliéndole a las mayorías.

 Democracia representativa y división de poderes en duda

 La unidad consensuada en torno a una visión presuntamente modernizadora a la que aspiran Peña Nieto, su partido y los poderes fácticos, queda en el tintero mientras la  división entre los mexicanos se agudiza en un escenario económico adverso y socialmente deteriorado que auspicia mayor desigualdad, pobreza y exclusión.

Que mejor prueba de que se viene arando en el desierto, que frente al rechazo popular el Primer Informe de Gobierno del presidente Peña se entregue al Congreso de la Unión por la puerta de atrás del el recinto de la Cámara de Diputados, convertido este de facto en bunker blindado con cercos metálicos y bajo la custodia de la fuerza pública al que el mexicano de a pie no tiene acceso. Nada mejor para ilustrar el divorcio entre un régimen caduco y un pueblo que no es escuchado.

Y ahí, en el rincón del bunker, el mismo día por la noche, se fraguaba la traición a México. Bajo el asedio de unos cuantos miles de profesores, al amparo de la Bandera Nacional  los diputados protagonizaban  un ignominioso y vergonzoso espectáculo seguido paso a paso por las cámaras del Canal del Congreso; unos aprobando por consigna y mayoriteo sin mayor análisis y discusión y otros simulando férrea oposición, para en el pleno entre eufóricos alaridos y de espaldas a la Nación, aprobar una ley más de las muchas con las que en el papel, solo en el papel, se soporta al Estado de Derecho, la inconsulta ley general de profesionalización docente.

Más allá de lo que en sí representa esta ley secundaria para la educación y para el magisterio y sus derechos constitucionales, más allá de su aceptación o rechazo, lo que queda en evidencia para la historia es la confirmación cínica, premeditada y servil, de una tácita renuncia a la democracia representativa en México, por parte de quienes el pueblo eligiera como sus representantes.

Con toda propiedad y certeza, el diario La Jornada en su edición del lunes 2 de los corrientes, destaca en primera plana tan vergonzoso sainete con el titular: “El pacto por México aplasta al Congreso”. El acuerdo cupular, ilegítimo y antidemocrático colocado por encima de la soberanía en que se sustenta la democracia representativa.

Peña Nieto y su partido se anotan un triunfo pírrico más; el vergonzante ensayo para lo que viene con la iniciativa de reforma energética les es exitoso. Para el señor Peña ha quedado  plenamente demostrado que el mayoriteo por consigna en el Congreso de la Unión, sin mayor trámite  es el camino. “Las reformas van”, afirma sin el menor rubor.

En el inter, las mayorías de un pueblo ofendido aprenden la lección y se preparan por su lado para lo que sigue en un ejercicio más del juego del gato y el ratón.  

A partir del pasado lunes en su cambiante devenir México y su realidad real, es otro. Frente a la burla legislativa y la simulación plasmada en el primer informe de gobierno del Sr. Peña, la correlación real de fuerzas políticas y sociales se enriqueció en toma de conciencia. La percepción de una democracia representativa secuestrada por la partidocracia se objetiviza,  el descontento, hartazgo y rechazo disperso, toman forma coherente y organizada en el imaginario colectivo.

Lo que no entraba en los fallidos cálculos de los restauradores del viejo régimen.

Peña Nieto gana al imponer sus reformas, perdiendo de entrada su oportunidad de trascender como el gran reformador, así como la partidocracia su viabilidad como opción política para impulsar por el sendero democrático las tareas del desarrollo. Inmersos en la simulación se están quedando solos,  y en ello reside hoy la fuerza de la protesta social.

Con reformas o sin estas, con más leyes o sin estas, la democracia representativa y división de poderes, están en duda. El Congreso de la Unión se descalifica a sí mismo. Será la correlación real de las fuerzas políticas internas en México la que hablará por sí sin falsos intermediarios.- Xalapa, Ver., 3 de septiembre de 2013.

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J. Enrique Olivera Arce

Ya hay tela de donde cortar. Hoy el presidente Peña presentó su iniciativa de reforma energética, acabando con la especulación que, de una y otra parte diera lugar en un falso debate a su rechazo o aceptación a priori entre las diversas fuerzas políticas, formales o informales de este país.

Ya con el texto de la iniciativa de reforma energética en la mano, conocidos todos sus alcances, expertos, analistas y líderes políticos tienen asidero para un análisis a fondo de la propuesta. El debate está abierto y el PRI con Peña Nieto a la cabeza puesto a prueba ante la opinión pública nacional.

Por lo pronto, en la exposición de motivos el Sr. Peña refrenda el compromiso de modernizar y no privatizar a PEMEX y CFE, partiendo de dos falsas premisas: “Con la Reforma Energética bajará el precio de la luz y también del gas, ya que bajaran los recibos de la luz y del gas para las familias, los comercios y la industria. Se tendrá gas natural más barato, habrá más fertilizantes de mejor precio y alimentos más baratos”.

“Se crearán cerca de medio millón de empleos adicionales en este sexenio y 2 millones y medio de empleos al 2025. Se generará más y mejores empleos en todas las regiones del país para beneficiar a las generaciones presentes y futuras.”

No se dice nada de abatir los precios de las gasolinas y el diesel, elementos de peso en la conformación de los costos del transporte masivo de mercancías, operación de maquinaria agrícola y pesada, por ende, del costo de obras de infraestructura y los precios de la canasta básica alimentaria. Amén del daño patrimonial al transporte particular y de servicio público.

La privatización de TELMEX y la entrega de la banca a capital extranjero, así como la privatización del ejido y desmantelamiento de la infraestructura de apoyo al campo, tuvieron lugar bajo premiosas similares, los resultados están a la vista.

La estrategia propuesta de asociación de PEMEX con capital privado bajo el esquema de utilidades compartidas, sin privatizar la industria energética nacional, concita a dudas y cuestionamientos. Una cosa es lo que se asienta en el papel y otra, muy distinta, lo que en la realidad acontece. El compartir la renta petrolera ya de sí es abrir la puerta a la privatización de un recurso estratégico de la Nación.

Habrá que esperar las reacciones de partidos políticos y sectores afines a los poderes fácticos, frente a una propuesta que al parecer sólo satisface a la cúpula del PRI.

Esto en medio de una nueva confrontación al interior de un desdibujado Partido de la Revolución Democrática (PRD), entre las diversas tribus o corrientes que le conforman, incluida la recién formada que encabeza Marcelo Ebrard, ex jefe de gobierno del D.F., que o bien están a favor de la permanencia del partido en el llamado pacto por México o que se oponen a este acuerdo cupular. Observándose que, no obstante un cuestionado consenso de última hora en torno a la defensa de la industria energética nacional, la corriente de “Los Chuchos pierde terreno en su hegemónico control del instituto político.

Si en 2008 la defensa del petróleo encabezada por Andrés Manuel López Obrador, propicio la unidad al interior del PRD, hoy día, es factor de división y amenaza a la supervivencia del Partido de la Revolución Democrática, confrontando a la mayoría de las corrientes con la dirigencia nacional bajo el control de Jesús Ortega y Jesús Zambrano, “Los chuchos”.

Ante esta situación Ebrard no ha tenido empacho en afirmar que el PRD atraviesa por una profunda crisis moral, que amenaza con la extinción del partido. Lo cual no es novedad, la crisis y no solo moral del sol azteca al igual que el resto de los partidos políticos, tiene rato que está tocando fondo; la renuncia a la identidad ideológica y programática y el asumir posiciones pragmáticas contrarias al origen de los partidos políticos más representativos, es denominador común en un régimen político en decadencia.

En este marco, el PRD ha dejado de cumplir con las expectativas de la izquierda en México y todo se espera de este menos una comprometida oposición a una reforma constitucional entreguista y contraria al interés nacional, como se constata en la iniciativa de modificación a los postulados constitucionales en materia energética.

Sin embargo, puede que Andrés Manuel López Obrador tenga razón, al llamar a evitar un pleito inoportuno e inconsecuente con el PRD, el PT y Movimiento ciudadano, en pleno proceso de oposición a la iniciativa peñista, ya que son tiempos de sumar y no de dividir. Así, juntos pero no revueltos, Morena y los partidos que se autonombran de izquierda, desde su respectiva trinchera y visión podrían arribar con éxito en el corto plazo a la construcción de una oposición masiva del pueblo de México a la entrega de la industria energética a la iniciativa privada doméstica y extranjera.

Peña insiste en que no se privatizará. Lo cierto es que la sola modificación al texto de los Artículos 27 y 28 de la Carta Magna en materia energética, abre las puertas en México a las poderosas corporaciones trasnacionales que vienen por todo. Y en ello las corrientes progresistas de este país tendrían elementos para oponerse como un frente único a la iniciativa presidencial, ajeno al pacto por México y en salvaguarda de la soberanía nacional, tal y como lo propone López Obrador desde la izquierda del espectro político.

Conocidos los alcances de la iniciativa de la derecha en la que van juntos PRI y PAN, aunque este último por conducto de su dirigencia nacional manifiesta no estar de acuerdo en principio con una propuesta que se queda corta, ésta debe ser motivo de una amplia discusión, debate en la calle y amplia consulta popular, con vías a presionar al Congreso de la Unión para que las fuerzas políticas de la derecha no impongan lo que a sus intereses conviene.

Marcelo Ebrard propone un plebiscito nacional que no se comparte por la dirigencia nacional del PRD, anclada en el acuerdo cupular.

Si el PRD en el seno del pacto por México, insiste en el carácter cupular en la toma de una decisión que atañe a todo el pueblo de México, no obstante el llamado a la unidad tanto de López Obrador como de Marcelo Ebrard, estará cavando a mayor profundidad su tumba terminal. De ahí el oportunismo pragmático de las declaraciones de Jesús Zambrano insistiendo que la iniciativa de reforma presentada por el presidente Peña, confirma el carácter privatizador.

El Congreso de la Unión -y en su caso la Suprema Corte de Justicia de la Nación- dictará la última palabra. Tarea nada fácil para un Poder Legislativo a modo con diputados y senadores del PRIAN y satélites menores, más que obligados a votar por consigna, atendiendo a lo que “El señor” disponga desde Los Pinos.

El proceso de aprobación por el Congreso de la Unión y Legislaturas locales de la reforma constitucional propuesta, también pone a prueba a la mayoría del pueblo de México. En este está el dejar hacer, dejar pasar o, como en el momento de la promulgación de la Expropiación Petrolera por Lázaro Cárdenas, se involucra responsablemente en la defensa de la soberanía y patrimonio Nacional.

Hojas que se lleva el viento

Debacle anunciada con los ajustes al gabinete del Sr. Dr. Javier Duarte de Ochoa, gobernador de Veracruz. La iglesia en manos de Fidel, poniendo en marcha el proceso de sucesión y consolidando la estructura gubernamental y partidista para el buen éxito del proyecto de la dinastía Herrera-Borunda. Los conocedores del paño se preguntan: ¿Lo permitirá Peña Nieto? en el marco de un régimen presidencialista que vuelve por sus fueros.

Por lo pronto, olvidándose de que el gobernador y su gabinete están obligados a gobernar y servir a todos los veracruzanos sin distingo partidista, el Consejo Político Estatal del PRI fue foro a modo para descalificar de manera grosera y autoritaria a la oposición. El Sr. Dr. Javier Duarte, como primer priísta en la entidad, no se midió, volviendo a hablar en nombre de Veracruz y no en nombre propio en un acto protocolario de su partido. Así las cosas, como ya lo expresáramos, los cambios en el gabinete carecen de relevancia para los veracruzanos, reduciéndose a un simple reacomodo de la estructura mafiosa que controla el ex gobernador Herrera Beltrán.- Xalapa, Ver., agosto 12 de 2013.

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Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

Los mexicanos no somos tontos, entendemos que no es lo mismo perforar miles de pozos que alcanzar con estos la suficiente producción de crudo como para sustituir la declinación de Cantarell.


El Gobernador Fidel Herrera Beltrán dijo que ante la disminución de la producción de Crudo en la Zona de Cantarell, Veracruz emerge como el sustituto en la producción de Aceite y Gas, dado a que en la región de Palencanal se perforan tres pozos diarios.


“Veracruz representa en estos momentos para la nación, un punto de referencia en medio de una situación de dificultad, de carácter recesivo, Veracruz sigue creciendo y hoy es un baluarte que está llamado a ser el sustituto en la producción de Petróleos que se da en la zona de Cantarell, cuya actividad ha descendido, pero en contraste en Veracruz, Petróleos Mexicanos perfora hasta tres pozos diarios en Paleoncanal en donde se extrae aceite y gas”.


Con la sana intención, quizá, de generar confianza en la población frente a una crisis a la que no se le encuentra respuesta viable en el corto plazo, el Maestro Fidel Herrera Beltrán recurre a medias verdades y medias mentiras. La Región del Paleocanal de Chicontepec, efectivamente está considerada como una más de las opciones de Pemex para mantener la producción petrolera del país, sin embargo, son muchos y muy variados los expertos que coinciden en la inviabilidad en el corto plazo de la explotación petrolera  en una región  que cubre una extensión de 3 mil 875 kilómetros cuadrados,  en una zona que comparten los estados de Veracruz y Puebla, abarcando 14 municipios.


No se necesita estar ampliamente informado sobre un  complejo tema como es el de la explotación petrolera en México. Basta para darse una idea de cómo anda el abarrote con la opinión de los expertos que difunde  la prensa nacional, para darse cuenta de que la realidad es muy diferente a la que el gobernador de Veracruz anuncia a bombo y platillo.  Si en la región del Paleocanal de Chicontepec “se perforan tres pozos diarios”,  es únicamente porque con ello se beneficia a las empresas trasnacionales con las que PEMEX signara contratos contrarios al interés nacional, no porque con ello se beneficie al país con un incremento substancial de disponibilidades de crudo que substituyan a la menguada producción en la Zona de Cantarell.


En diversos medios de comunicación quedó asentado que: Pemex entregó en 2002 un contrato por 500 millones de dólares al consorcio integrado por Schlumberger, ICA Flour y Drillers Tecnology para la perforación de pozos. Es el contrato más grande de su tipo que ha otorgado Pemex y abarca servicios como estudios de campos, instalación de aparejos, la perforación de 200 pozos y la terminación de otros 50 pozos, reparaciones y otros trabajos de superficie, así como infraestructura de ductos, compresión y almacenamiento, en tanto que en julio del 2008, la transnacional canadiense Wheaterford se incorporó al proyecto de explotación del yacimiento de Chicontepec y perforará en cuatro municipios de la Sierra Norte de de Puebla, 600 de los dos mil 500 pozos petroleros que se ubicarán en esta entidad federativa.


Para los expertos, el tema  se reduce a la relación costo-beneficio de la explotación y, de acuerdo a estudios realizados con la puesta en marcha del proyecto la Nación sale perdiendo.


El grupo de ingenieros petroleros Constitución de 1917, integrado por ex funcionarios, analistas, académicos y ex trabajadores de Petróleos Mexicanos (Pemex), denunció que los campos productores de crudo en el Paleocanal de Chicontepec no han resultado tan rentables como aseguran las autoridades de Petróleos Mexicanos (Pemex). Detallaron que de acuerdo con datos del Instituto Federal de Acceso a la Información Pública (IFAI), se demuestra que en 2007 la producción incremental de aproximadamente 9 mil 100 barriles diarios requirió una inversión de 4 mil 871 millones de pesos en ese mismo lapso, por lo que extraer un nuevo barril de crudo en esa provincia petrolera tuvo un costo promedio de 133 dólares. De esta manera, la pérdida para el erario (con un precio promedio de 62 dólares por barril durante el año pasado)  fue de 245 millones de dólares.


En el caso de Chicontepec, se tiene planeado incrementar la producción en 737 mil barriles diarios hacia el año 2017, para lo que se requerirá incrementar la capacidad de perforación en la zona por más de 12 mil pozos en el periodo, es decir, mil 200 por año en promedio, es la versión oficial dada a conocer por el entonces todavía director de la paraestatal, Jesús Reyes Heroles y publicada en “Petróleo al Día”.


Por su parte Carlos Morales Gil, director de Pemex Exploración y Producción (PEP) explicó en entrevista con EL UNIVERSAL el 17 de febrero del presente año, que el programa de extracción de Pemex plantea concentrar recursos financieros y tecnológicos en la llamadas reservas probables de este yacimiento (Paleocanal de Chicontepec).  “El esquema contempla perforar poco más de 17 mil pozos en los 29 campos de Chicontepec, para un promedio de mil por año. “Lo que buscamos es prolongar el periodo de vida de los pozos y del mismo yacimiento”. Actualmente cada pozo puede ser productivo por cuatro o cinco años, “pero intentamos con nuevas tecnologías alargar su vida útil”. Nos hemos planteado, agregó, una producción por pozo de 100 barriles diarios; “si lo logramos, va a ser todo un éxito”, toda vez que otra de las dificultades que presenta Chicontepec es que no se trata de un gran yacimiento como Cantarell, sino de cientos, de miles de pequeñas cavernas que pueden estar separadas entre sí por metros o kilómetros, lo que nos obliga a la perforación masiva.”


Para Francisco Garaicochea, experto en el tema petrolero, “El problema de la explotación del Chicontepec es, además de la pobre capacidad de producción de sus pozos, su alta declinación inicial. Esto se debe a que los yacimientos son de baja permeabilidad, pequeños, con alto contenido de arcillas hidratables, y a que al iniciar la producción se libera en ellos una gran cantidad del gas disuelto que bloquea el paso del aceite hacia los pozos. Debido a ello, un pozo puede comenzar con una producción de entre 300 y 600 barriles diarios, pero la declinación suele ser de1 orden del 50 al 60 por ciento en el primer año. Al cabo de tres o cuatro años, la producción cae a 40 barriles por día o menos, y después, de siete o 10 años la caída es a unos 20 barriles por día, sostuvo Garaicochea y describe: “en extensión, el manto petrolero en cuestión es el más grande que hay en el país, pero el costo de su exploración y explotación también será uno de los más elevados”.


Equipo editorial de Petróleo Internacional, Junio 2009, por su parte puntualiza “El Proyecto Aceite Terciario del Golfo (ATG) demanda un gran esfuerzo financiero y de ejecución por parte de Pemex Exploración y Producción (PEP). En Chicontepec habrá que perforar 16.000 pozos de desarrollo en el período 2002-2020, o sea cerca de 1000 pozos por año, puesto que la permeabilidad de la roca madre (su capacidad para permitir que un fluido la atraviese) es baja, lo que resulta en que la productividad de los pozos sea también baja. : Para dar una dimensión del reto, en Cantarell se han perforado poco más de 250 pozos, entre otras razones porque la productividad promedio por pozo en Cantarell está entre 5.000 y 15.000 b/d, mientras que en Chicontepec, la productividad promedio por pozo está entre 100 y 300 b/d.”


Para Antonio Gershenson, (La Jornada 20/09/09), “Chicontepec  apenas constituye la porquería favorita de Calderón”.


Y así podríamos alargarnos sobre el tema a partir de todo lo que se ha divulgado por los medios nacionales e internacionales, referidos a opiniones de expertos reconocidos, pero sería ocioso. Basta con reiterar que de ello se dio una amplia explicación durante el desarrollo del Foro Energético que tuviera lugar en el Senado de la República y al que concurriera el gobernador Herrera Beltrán con su tesis de la “tercera vía”. La defensa popular que en aquel entonces se hiciera del patrimonio nacional frente a la iniciativa de reformas en materia energética de Calderón Hinojosa, demostró que la mayoría de los mexicanos no somos tontos y que, entendemos que no es lo mismo perforar miles de pozos que alcanzar con estos la suficiente producción de crudo como para sustituir la declinación de Cantarell. Amén del daño ecológico y social que el proyecto trae aparejado, como ya lo han denunciado agrupaciones indígenas de la región.

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Ángel Guerra Cabrera


La aplastante victoria de Rafael Correa y de las fuerzas populares de su país en las elecciones generales del domingo pasado proporciona un enorme estímulo al ascenso y consolidación de los procesos revolucionarios constituyentes en Venezuela, Bolivia y Ecuador. Estos pueblos de vigorosas raíces indígenas o africanas, liberados por la espada de Bolívar, cuyo legado veneran, son hoy, en la América austral, las tres principales fuentes inspiradoras del cambio social, el rescate de la soberanía y la autodeterminación de los pueblos y la unidad e integración regional.

Venezuela, Bolivia y Ecuador realizan una valiosísima contribución teórica y práctica a la transformación radical de las repúblicas oligárquicas enseñoreadas en el siglo XIX en América Latina, criticadas a fondo por José Martí, quien advirtiera tempranamente su incidencia en la división de los pueblos de nuestra América y como facilitadoras del expansionismo del naciente imperialismo estadunidense. No es casual que Chávez, Evo y Correa se cuenten entre las voces más lúcidas y dignas que, junto a la del veterano revolucionario Daniel Ortega, se alzaran en Puerto España en irrestricta solidaridad con Cuba, en contra del capitalismo y en defensa de la soberanía de América Latina y el Caribe.


En trance de profundos cambios desde abajo por la rica diversidad cultural y popular de sus sociedades, estos tres procesos revolucionarios han surgido de grandes movilizaciones de masas, legales o extralegales, que operando dentro, o en los márgenes, de la legalidad liberal oligárquica, lograron hacerse gobierno y desde allí iniciar radicales procesos constituyentes. Esto les permitió elaborar y aprobar, con gran participación popular, nuevas y avanzadas constituciones con postulados auténticamente revolucionarios, que constituyen la base de una nueva legalidad antioligárquica, antimperialista, anticapitalista y de orientación socialista, que les franquea el paso hacia sus objetivos liberadores.


En Venezuela (caracazo), Bolivia (guerras del agua y del gas) y Ecuador (derrocamiento insurreccional de presidentes neoliberales) se gestó el parlamentarismo de calle en la misma lucha por desalojar a la oligarquía del gobierno y se ha continuado desarrollando desde aquél, que, llegado el caso, logra el cambio en la correlación en favor de las fuerzas populares.


Estas fuerzas actúan eficazmente a la vez dentro del marco legal liberal en retroceso y el revolucionario en ascenso. Maniobran, con tacto e inteligencia, combinando un genuino respeto por las formas democráticas con creativas e ingeniosas formas de lucha, como la reciente huelga de hambre de Evo, que, unida al desbordante apoyo popular, dobló hace días el brazo a la oligarquía.


Entre sus aportes fundamentales está la redefinición y reconstitución, ajustada a la realidad latinoamericana, del nuevo sujeto histórico de los cambios sociales en nuestro continente y la creciente construcción de poder popular desde las bases, complemento indispensable del primero.


Las generalizaciones corren el riesgo de pasar por alto las particularidades de los procesos. En Bolivia y Ecuador, donde los pueblos indígenas son mayoritarios, ellos han llevado casi siempre el mayor peso de las trasformaciones, antes desde la oposición y luego desde el gobierno, aunque no excluyan la acción destacada de otras fuerzas populares, como el caso de los forajidos en Ecuador. En Venezuela, donde los indígenas son chavistas militantes pero minoritarios, aquel papel les ha correspondido principalmente a otros sectores excluidos o explotados: desempleados, trabajadores, negros y mestizos, militares, amas de casa. Fue allí donde se sentó en 1999 el precedente del pueblo como único poder constituyente.


El quebradero de cabeza mayor de estos procesos para las oligarquías y el imperialismo es su sorprendente capacidad para recuperar, mediante audaces proyectos constituyentes con gran apoyo popular, el poder político, económico, cultural y militar que les fuera enajenado por las clases explotadoras nativas y foráneas; su eficacia en la demolición de las viejas estructuras, instituciones e ideas en que se parapeta la contrarrevolución, a la vez que derrotan sus feroces campañas mediáticas y desmantelan sus planes subversivos.


(Aldabonazo desde Cuba: Raúl responde a Washington que al agredido y bloqueado no le toca hacer ningún gesto.)

aguerra_123@yahoo.com.mx

La Jornada 30/04/09

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