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Luchan por refrigerar los reactores 2 y 3 de Fukushima y crece el número de muertos

Qué ocurre dentro de la nucleoeléctrica

Por el accidente en la planta de Fukushima no logran enfriar los reactores. Si sus núcleos siguen recalentándose, podría derretirse el combustible nuclear y fundirse con su contenedor de acero y las radiaciones escaparían envenenando todo.

La planta Daiichi de Fukushima que tiene en vilo a Japón y al mundo tiene seis reactores nucleares. Tres de ellos estaban fuera de funcionamiento el día del terremoto por mantenimiento. Los otros tres se apagaron dos minutos después del terremoto.

De los tres reactores fue el número 1 el que sufrió primero las consecuencias del terremoto del viernes 11 de marzo. El sábado falló el 3.

El reactor 1 que equipa Fukushima se conoce como BWR, que traducido del inglés significa «agua hirviente». En esta usina el centenar de elementos combustibles atómicos (barras de uranio enriquecido) está encerrado dentro de un contenedor lleno de agua, que cumple la misión de refrigerar el núcleo y moderar la reacción nuclear. En esa «caldera atómica», el agua entra en ebullición y produce el vapor que moverá una turbina acoplada a un generador de electricidad. Luego, el vapor producido por la «caldera atómica» es reinyectado al interior del reactor tras volver a estado líquido para cumplir con su misión de enfriamiento. Allí es donde en apariencia se produjo la falla que puso al mundo en alerta.

Con el temblor, las centrales fueron desactivadas automáticamente. Pero, a diferencia de las usinas convencionales, los reactores requieren ser enfriados durante algunos días para evitar, precisamente, que se funda el núcleo. Un «apagón» en la planta, producida por el terremoto, impidió operar motores, válvulas e instrumentos que controlan los sistemas refrigerantes en el interior del núcleo.

Sin sistema de frío que lo controle, el núcleo se recalienta y puede generar un derretimiento del combustible nuclear que se funde con el tacho de acero que lo alberga. En esas circunstancias las radiaciones escapan a la atmósfera y envenenan lo que encuentran al paso. Lo mismo podría ocurrir en el reactor 3.

«El riesgo de un derretimiento se vuelve una realidad», estimaron especialistas brasileños y argentinos consultados por Clarín. Fue lo que ocurrió en Chernobyl.

Si bien es cierto que la «olla nuclear» está dentro de un contenedor de acero, de forma cilíndrica que su vez es protegido por un edificio de concreto, no es posible descartar una «crisis nuclear»: el núcleo podría alcanzar temperaturas tan elevadas que la masa derretida se funda al contenedor y de allí trasvase al exterior. De eso se trata cuando se habla de «fusión del núcleo» del reactor.

Por el aumento de la presión en el interior de la central, que duplicó el estándar permitido, los operadores de Fukushima decidieron liberar vapor al exterior. Pero como no lograron controlar el exceso de calentamiento del núcleo, inyectaron agua de mar en el edificio con ácido bórico en su lucha por bajarle la temperatura a la central e inhibir la reacción nuclear.

Con la liberación de vapor a la atmósfera necesariamente hay una contaminación radiactiva a la que quedan expuestos los habitantes de la zona. Es lo que le ha ocurrido a al menos 160 personas.

Según la Agencia de Seguridad Nuclear de Japón, el accidente en Fukushima alcanzó el grado 4 y sólo fue superado por el de la planta ucraniana de Chernobyl (nivel 7) y el de Three Mile Island, EE.UU., en 1979 (nivel 5). Clarín.com

Japón, modelo de país nuclear, ejemplo de uso de tecnología atómica incluso en la peor zona sísmica del planeta, vive días de pesadilla pendiente de la central de Fukushima I, a 240 kilómetros de Tokio. Tras el terremoto y el tsunami del viernes, la nuclear perdió ayer el sistema de refrigeración y durante más de 24 horas liberó al exterior gases radiactivos para reducir la presión en el interior y evitar un desastre aún mayor. La agencia japonesa de seguridad nuclear calificó el accidente como nivel 4 en la escala de sucesos atómicos (INES, que va de 0 a 7). Esto lo convierte en el peor siniestro atómico desde Chernóbil -en 1986 y calificado como nivel 7- y en el quinto peor incidente civil de la historia.

La situación parece complicarse por momentos. Mientras los equipos luchan por enfriar la central mediante la inyección de agua de mar, las autoridades han confirmado esta noche que el reactor 3 también se ha visto afectado, tras la avería inicial del número 1, al dejar de funcionar el sistema de refrigeración de emergencia. Los expertos consultados no descartaron que se pudiera fundir el núcleo de la nuclear, pero la evolución es incierta y la información, imprecisa. El País

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