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Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

El horno no está para bollos. Ante la prevalencia de opacidad y simulación la especulación y el rumor se imponen. Descomponiendo aún más un escenario político que, en Veracruz,  entre barruntos de inseguridad pública y conflicto de intereses entre medios de comunicación y gobierno estatal inciden en el deterioro creciente del tejido social.

El Sr. Dr. Javier Duarte de Ochoa anunció la renuncia del procurador y el nombramiento como encargado del despacho en favor de la persona que considera idónea para la tarea en esa por ahora cuestionada dependencia.

La oficialización de tal designación fue precedida por filtraciones, rumores y especulación en las que se incluye la hasta este momento presunción de otro cambio en la secretaría de desarrollo social y la remoción de  la Coordinadora de Comunicación Social, dejando muy mal parado al mandatario ante la opinión pública, en la medida en que se le regatea un acto de gobierno resultado de su decisión personal, atribuyéndose el ajuste en su gabinete lo mismo a una instrucción no escrita del gobierno federal que a una recomendación expresa del ex gobernador Fidel Herrera Beltrán.

Una u otra versión hablan de una enorme debilidad del Sr. Dr. Duarte, arrinconado y atado de manos para decidir por sí mismo lo que mejor conviene a su gobierno y a Veracruz, ante la andanada de críticas de que ha sido objeto por parte de amplios sectores del gremio periodístico, nacional y local, como consecuencia del artero crimen que cobrara la vida de un conocido comunicador del sur de la entidad, el décimo de la fúnebre lista de periodistas ultimados en lo que va de su administración.

Lo menos que se dice es que no cuidando los tiempos, por falta de oficio político se apresuró a sacar de la jugada tanto al procurador como a la vocera del gobierno estatal, dando la razón a sus detractores sobre el mal desempeño de sus colaboradores en el manejo del trágico caso.

La amplitud del rumor sobre los presuntos cambios, que desde el sábado pasado corriera como pólvora, se vio fortalecida tanto por lo publicado por la revista Proceso sobre seguridad y justicia en Veracruz, como por la decisión del Gobernador de asumirse como su propio vocero, en la conferencia de prensa del lunes.

Ante esta situación, tanto el cambio ya anunciado como los que se espera ocurran en los próximos días, ha dado lugar lo mismo  a cuestionamientos a priori de los funcionarios que resulten beneficiados con la decisión de la primera autoridad del estado que a ilusorias expectativas respecto a la sucesión del ahora gobernador de la entidad.

Lo grave, a mi juicio, es que se especule que con los nuevos nombramientos se acomodan las fichas para la consolidación del proyecto transexenal de Fidel Herrera Beltrán, ninguneando la autoridad del Sr. Dr. Duarte de Ochoa a la par que dejando fuera de la futura sucesión a los dos senadores que, desde las trincheras del PRI,  vienen aspirando a la gubernatura de Veracruz.

Y lo considero grave en tanto clase política y medios de comunicación hacen suyo rumor y especulación, consolidando no el pretendido proyecto político del ex gobernador que por ahora no pasa de ser ingenua leyenda urbana ante la tendencia centralizadora del gobierno federal, sino el orden de prioridades en la agenda de nuestra aldeana vida política jarocha, privilegiándose afanes electoreros tempraneros en los que ya se da por sentado que el gobierno estatal seguirá en manos del PRI.

Pasando a segundo plano el interés superior de Veracruz en los esfuerzos por abatir desigualdad, pobreza y exclusión, así como el encausamiento de la entidad por los caminos del crecimiento económico y bienestar de la gente.

Si de por sí resulta complejo el que en dos años y medio el Sr. Dr. Duarte de Ochoa reponga el tiempo perdido enmendando limitaciones, deficiencias, desatinos y políticas públicas equívocas o anti populares, el no tener control sobre las legítimas aunque madrugadoras aspiraciones de sus más cercanos colaboradores, anuncia un desastre como escenario para lo que resta de su mandato. Veracruz no se lo merece.

Como arriba lo señalo, la dañina especulación y el rumor respecto al quehacer de la administración pública, nace de la opacidad y la desinformación. Más cuando en este fenómeno social  alcanza a los medios de comunicación, asumiéndose estos como portavoces del rumor popular en un escenario negativo de confrontación entre prensa, autoridad y madrugadores aspirantes.

Lo que me motiva a insistir en que más que cambios de funcionarios o ajustes en el primer círculo del gobernante, que en primera y última instancia dan la impresión de cambiar para seguir igual o peor, lo que con carácter de urgente se requiere resolver es el tema de la estrategia de Comunicación Social de la administración a cargo del Sr. Dr. Duarte de Ochoa;  transparentando el quehacer gubernamental de frente a la ciudadanía y alejándose del triunfalismo sin sustento.

La actual estrategia no ha funcionado a lo largo de más de tres años, antes al contrario, lo que se ha ganado como resultado es la pérdida creciente de credibilidad, confianza no sólo en los servidores públicos,  sino aún más grave, en las instituciones. Por ahí debería empezarse si lo que se busca es fortalecer la base social que da sustento a certidumbre y gobernabilidad.- Xalapa, Ver., Febrero 19 de 2014.

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J. Enrique Olivera Arce

En artículo anterior, bajo el título Peña Nieto: el garlito del combate a la corrupción, señalaba: “Si el ajedrez político indica que el primer año de gobierno del Sr. Peña estaría destinado a legitimar su cuestionado mandato, con su aceptación tácita al garlito legislativo que le tendiera Calderón se exhibe ante la opinión pública, bien como ingenuo ó más grave aún, como continuador de las políticas antipopulares de su antecesor como resultado de un pacto no escrito que le permite al PRI el retorno a Los Pinos”.

Todo apuntaba en tal sentido, la trampa estaba puesta y el Sr. Peña la aceptó. La bancada del PRI en la Cámara de diputados impuso la aprobación de la llamada reforma estructural laboral, dejando fuera el tema de la transparencia sindical y la revocación de mandato, poniendo al Sr. Peña entre la espada y la pared: o quedaba bien con Calderón sujetándose a lo convenido ó afrontar tanto a una opinión pública adversa como a un desgaste innecesario con los partidos políticos que serán oposición a partir del primero de diciembre. Cediendo a presión e intereses creados de lo más corrupto del corporativismo sindical.

Una pretendida salida de la trampa quedó en manos de la bancada priísta senatorial, buscándose en el seno de la Cámara alta el conciliar intereses de tirios y troyanos. Todo iba bien hasta que  en sendos congresos, Elba Esther Gordillo y Carlos Deschamps fueran ratificados como dirigentes máximos del magisterio y trabajadores petroleros. La amenaza, más que mensaje de la maestra en Playa del Carmen, fue claro y rotundo: la autonomía sindical no se toca si es que el Sr. Peña quiere aliados y no enemigos en el marco de la necesaria gobernabilidad de un país convulsionado.

El día de hoy, el Senado de la República acusó el golpe reculando. La bancada priísta recibió línea desde el bunker del Sr. Peña, votando a favor de dejar el tema de la transparencia sindical en los términos propuestos por calderón, eliminando unicamente lo concerniente a la revocación de mandato. Sacrificando así el respaldo de un corporativismo venido a menos electoralmente y privilegiando el objetivo de legitimación del Sr. Peña quien, ante la opinión pública, estaba más que obligado a demostrar quien mandará en este país. La minuta fue devuelta a la Cámara de origen y ahora los diputados tendrán dos opciones: o la congelan o acatan lo aprobado por el Senado. En uno u otro caso, el PRI pierde terreno y Calderón Hinojosa avanza en su magistral jugada de ajedrez.

Pero no termina ahí la cosa. Queda la duda de si todo no se reduce a un simple juego de valores entendidos, en el que más allá de los propósitos y objetivos explícitos de la iniciativa preferente de Calderón, subyace una expresión más de simulación y gatopardismo con reformas y adiciones a la Ley Federal del Trabajo que, en principio,  nacen muertas al imponerse la realidad por sobre las presuntas buenas intenciones plasmadas en la exposición de motivos.

La burra no era arisca, reza la conseja popular. Ante la miseria moral de una clase política que vive de y para la corrupción, el combate de esta lacra por parte del Sr. Peña, sin tocar al poder de lo que queda del corporativismo sindical en México, para la opinión pública resulta una grave ofensa a la inteligencia de los mexicanos. Hasta no ver no creer, con transparencia sindical por decreto y una cuestionada desde ahora legislación anticorrupción, todo cambiará para seguir igual.

La inteligente perversidad de Calderón Hinojosa, pegó en blandito. En tanto el Sr. peña no nos sorprenda con un “quinazo” auspiciando la construcción de una auténtica democracia sindical, el PRI queda en entredicho, perdiendo ganando la elección presidencial, en el marco de la exigible legitimidad de quien gobernará por seis años a un México que harto de la corrupción y la simulación, ya está despertando.

No más Elba Esther Gordillo, Carlos Deschamps y demás líderes charros viviendo y acumulando riqueza a costa de los trabajadores, es lo mínimo que se exige ahora al Sr. Peña para legitimarse. Calderón con una iniciativa preferente que beneficia a la patronal, así lo planeó, el PAN lo sabe y no quitará el dedo del renglón.

Hojas que se lleva el viento

Vaya manera vil y pedestre de tirar a la basura un capital político ganado con la participación de López Obrador en las boletas electorales. Si aún quedan personas con vergüenza y dignidad al interior del PRD en Veracruz, es la hora de decirle adiós a un partido político que dejó de ser tal, convirtiéndose en botín a disputar entre un puñado de corruptos burócratas al servicio del mejor postor.

Para el priísmo veracruzano la fractura de la dirigencia perredista se considera un golpe maestro del Sr. Enrique Ampudia Mello, subsecretario de gobierno, que con ello deja sin contrapesos a la política electoral en la entidad. La verdad es que el cochinero tiene historia. Fue Fidel Herrera el artífice,  quien por conducto de Erik Lagos, hoy presidente estatal del tricolor y con la ayuda del perredista Fredy Ayala y sus porros, comprara y sometiera a las cabezas de las facciones que en Veracruz representan a la organización tribal nacional. En la elección de gobernador en la que obtuviera el triunfo el Sr. Dr. Duarte de Ochoa, también Miguel Ángel Yunes Linares participó en el tianguis, comprando voluntades de personeros de todos conocidos que llamaran a votar por el choleño y que, más tarde, abiertamente hicieran labor de proselitismo a favor de la Sra. Vázquez Mota en la reciente elección federal.

Así las cosas, se confirma que el ahora diputado federal Uriel Flores Aguayo, borda en el vacío al confiar que el perredismo veracruzano está llamado a colocarle como alcalde de la capital del estado. A sabiendas de cómo se teje el cochinero al interior de su partido, más le vale abandonarle y buscar cobijo en “Morena” como un militante más de base, con obligaciones y sin cargo ni prebendas.- Xalapa, Ver., 23 de octubre de 2012.

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J. Enrique Olivera Arce

Si el que paga es el pueblo, este tiene derecho a conocer adonde va a parar su dinero. Bajo está simple fórmula el gobierno de Veracruz está obligado a transparentar montos y destino final del creciente endeudamiento de la administración pública estatal y su correlativo en el ámbito municipal. Bajo el pretexto de impulsar crecimiento económico y generación de empleos, el gobierno de la fidelidad bursatilizó las participaciones federales que le corresponden a la entidad y, hasta la fecha, no se tiene claro en que medida se logró tal objetivo. Hoy, el gobierno de la prosperidad pretende pignorar nuevamente tales participaciones con tres paquetes a colocar en la Bolsa de valores, una nueva bursatilización por un monto superior de más de 6 mil millones de pesos; recursos que estarían destinados presuntamente tanto a la reestructuración de la deuda pública acumulada y, lo que sobre, a diversas obras y servicios no especificados.

Con la misma ligereza con la que el Congreso local aprobara a Fidel Herrera Beltrán contratación de deuda y bursatilización, los actuales diputados de espaldas a sus representados harán lo propio con  la estrategia financiera del Sr. Dr. Duarte de Ochoa, sin previo conocimiento puntual de la aplicación en montos y destino tanto de los recursos provenientes de los adeudos contraídos con anterioridad como de las obligaciones por  contraer con la nueva colocación de deuda pública.

El gobernador Duarte de Ochoa ha sido el último en reconocer la pesada carga que heredara de su antecesor, padrino y mentor, así como el último en aceptar que técnicamente las arcas públicas veracruzanas atraviesan por una quiebra técnica., de acuerdo con lo que se ventila en diversos medios de comunicación.

A escasos dos meses de cumplir su segundo año de mandato, el próspero gobernante por fin ha tomado debida nota de que hay que pagar lo que se debe ó, en el mejor de los casos, hay que renegociar la deuda, aligerando hoy la carga aunque a mediano y largo plazo salga más caro el caldo que las albóndigas, como se observa en un mundo globalizado en crisis.

Si con el nuevo proyecto de bursatilización está convencido de que sacará al buey de la barranca, abonando a sus buenas intenciones, ¡Adelante!, pues, pero antes deberá rendir cuentas claras a sus gobernados. Es hora de que los veracruzanos sepan a ciencia cierta, con pelos y señales, adonde ha ido a parar su dinero y cual es el costo de los platos rotos por pagar.

También deberá ser consciente que como priísta no ha sabido gobernar. El no reconocer a tiempo los desmanes de su antecesor marcando su raya y, lo que es peor, servirle de tapadera pretendiendo jugarle el dedo en la boca a sus gobernados con espectaculares anuncios triunfalistas de saliva, tiene su costo político, mismo que el PRI, en su nombre, pagará en las elecciones locales del 2013.

Hojas que se lleva el viento

Como suele suceder en vísperas de elecciones, los rumores cobran plena vigencia. No nos dejemos engañar, todo rumor y maledicencia tiene remitente y destinatario. Si se dice que el Sr. Dr. Javier Duarte de Ochoa se va, es porque alguien quiere ocupar su lugar. Si se dice que a Héctor Yunes Landa ya se le queman las habas, es porque desde ahora hay que frenar al cisne tuxpeño, delfín del grupo fidelista y amigo entrañable del todavía gobernador.

Andrés Manuel López Obrador borda en el vacío, me dicen. “Morena” no existe más que en la mente de quien queriendo ser nuevamente candidato de las izquierdas a la presidencia de la República, está “jugando petate”. Que bueno que así se piense, entre menos asome la cabeza el Movimiento de Regeneración Nacional menor número de provocadores y francotiradores. Todo a su tiempo.

Me dice un turista de los pocos que arriban a la ciudad de las flores: “Teniendo un palacio de gobierno con tan interesante muestra pictórica en sus muros, ¿porqué se impide el acceso al público para su gozo, con vallas metálicas y policías armados?” No supe que contestar. “¿Será porque los que están adentro tienen miedo?” comenta  el visitante.  Xalapa, Ver., octubre 10 de 2012

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J. Enrique Olivera Arce

Gracias a la vertiginosa dinámica de la presentación mediática de la noticia, el affaire de la maleta con 25 millones de pesos con incierto origen y destino, incautados por la PGR a dos empleados del desgobierno de Veracruz, dejó de ser motivo de interés para la audiencia nacional… hasta que: la diputación federal veracruzana en San Lázaro exigiera al gobierno de Calderón la devolución de la maleta. Reviviéndose el escándalo, como si de manera premeditada existiera el interés de poner al Sr. Dr. Javier Duarte en el centro del cuadrilátero.

Estrategia gubernamental o mala leche, vaya usted a saber, estimado lector. Lo cierto es que no sólo se privilegia el escándalo ante la ausencia de logros relevantes del gobernador, sino que se exhibe el papel que la representación popular veracruzana en la Cámara baja juega: ser tapadera de la ineficiencia, opacidad, corrupción e impunidad del desempeño de la actual administración pública de Veracruz.

Como “daño colateral”, tocó al charro sindical magisterial, diputado Juan Nicolás Calleja, pronunciar el acuerdo adoptado por la bancada priísta veracruzana, para así confirmar, por si hubiera duda, el distanciamiento del gobernador de Veracruz con Elba Esther Gordillo más no con los mentores de la Secc. 32 del SNTE. Involucrándose al magisterio como solapador de la fallida opereta del dinero incautado.

Un distinguido periodista dice que se “politizó” el tema de los 25 millones. Yo diría que además se partidizó, y así se interpreta,  en el momento en que la diputación priísta salió a dar la cara  ante la demanda interpuesta por el senador Bueno Torio. Dándosele al affaire el tinte propagandístico electorero que amerita la ocasión. Nada nuevo en Veracruz, todo se politiza y todo se partidiza, mientras el flagelo de la corrupción tras las cortinas de humo, sigue sentando sus reales en toda la entidad.

El argumento para exigir la devolución: “Es dinero de los veracruzanos”. Eso ni duda cabe, el erario público que administra el gobierno se alimenta de recursos cedidos por los contribuyentes. Razón de más para que los diputados priístas antes que exigirle al gobierno federal la mentada devolución, fueran los primeros en exigir que la administración del dinero de los veracruzanos sea apegada a derecho, transparente, eficiente y eficaz. Pidiéndole cuentas claras al titular del ejecutivo veracruzano, entre otras muchas cosas, sobre origen, destino y traslado irregular de de 25 millones de pesos.

Cuentas que de acuerdo a la información oficial difundida, entre medias verdades y medias mentiras, el cantinflesco discurso  no ha dejado satisfecho a los contribuyentes.

Sea cual fuere el interés de los diputados priístas por revivir el entuerto duartista, para la opinión pública no queda duda. El gobierno de Veracruz incurrió en falta, fabricó un chivo expiatorio y nunca justificó a carta cabal el destino de la maletita. El PRI no podrá borrar del imaginario popular tal desliz de un gobernador que en sus filas milita.

Esto último grave, inserto en un proceso electoral en el que se espera que el voto veracruzano favorezca al candidato presidencial del tricolor, así como a los aspirantes priístas a un lugar de privilegio en el Congreso de la Unión. Claro, grave sería si el primer priísta de Veracruz tuviera realmente interés en el triunfo electoral de su partido, lo cual un rumor creciente pone en duda.

Hojas que se lleva el viento

Rafael Árias, escudándose en su carácter de “académico de la UV”, se olvidó del anodino papel que jugara en la administración de Fidel Herrera Beltrán como Coordinador del Copladever y, sin más, sale a responsabilizar al secretario de desarrollo social Marcelo Montiel, de un equívoco diseño de las políticas públicas del actual gobierno en el combate a la pobreza. Esto a sabiendas de que el ex alcalde de Coatzacoalcos es sólo un empleado del gobernador. El docto economista bien se guardo de contextualizar su acusación, así como de decirle al empleado lo que no se atreve a expresarle al patrón y primer responsable del desgobierno veracruzano.

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 J. Enrique Olivera Arce

 El tema de moda en la aldea es el del “ciber terrorismo”, el Procurador Escobar Pérez, la policía cibernética, y la meteórica pesquisa que llevara a la detención de varios twitteros que presuntamente encajan a la perfección en lo dispuesto por el Código Penal de Veracruz. Cortina de humo por demás eficiente para cubrir lo ineficaz de las políticas públicas de información y comunicación social del gobierno duartista. Tanto se ha insistido en las altas esferas del poder que los ciudadanos somos estúpidos o retrasados mentales, que muchos ya estamos convencidos de que lo somos, así que mejor darle vuelta a la hoja, que cada quien lo interprete a su manera, y que las autoridades se encarguen de resolver el como cerrar la Caja de Pandora que destaparan en el ciberespacio,  y a otra cosa mariposa.

Al declarar el gobernador que con la nueva línea de crédito por casi cinco mil millones de pesos que autorizara el Congreso local, se podrá cumplir con las reglas de operación establecidas  en el nuevo esquema del FONDEN, se da por terminada la discusión a que diera lugar el Secretario de Finanzas en torno a  la responsabilidad del gobierno federal al retrasar el arribo a la entidad de los recursos del Fondo de Reconstrucción de Entidades Federativas.

Más claro ni el agua. No bajaban los recursos porque el gobierno estatal no cumplía con las reglas de operación al no aportar la parte que le correspondía. Simplemente no se tenía el dinero para el pari passu al heredar el Dr. Duarte las arcas vacías. Así se pone fin a los dimes y diretes y aspavientos porriles de Héctor Yunes Landa, presidente del CDE del PRI en Veracruz, en contra de Calderón Hinojosa y Ernesto Cordero.

Lo que de ninguna manera queda claro, ni siquiera aún para la SHCP, pues se mantiene una hermética opacidad por parte del gobierno veracruzano, es lo referente al destino de los 10 mil millones de pesos de la línea de crédito autorizada por el Congreso en 2010 a Fidel Herrera Beltrán, titular del ejecutivo en aquel entonces. Toda vez que dicho monto presuntamente se destinaría a la reconstrucción de municipios devastados por lluvias y huracanes. Mismo destino que hoy se aduce para el voto a favor del Congreso para la autorización de una nueva línea de crédito por 4 mil 556 millones de pesos, con la salvedad de que ahora sí, a decir del gobernador, se está en condiciones de cumplir con las reglas de operación del FONDEN. Representando ello disponibilidades de 9 mil millones de pesos  para emprender la reconstrucción.

Tampoco se tiene claro como fue posible que Fidel Herrera Beltrán, en su carácter de titular del ejecutivo estatal (“el que manda en Veracruz”, decían sus panegiristas),  dejara de pagar al IPE, contratistas, proveedores y periodistas nada menos que 17 mil quinientos millones de pesos, heredándole la deuda a su sucesor. Lo menos que se dice en “radio bemba veracruzana”, es que se los robó, aunque en honor a la verdad concediéndole el beneficio de la duda, pudiéramos presumir que simplemente dio muestras de ser un pésimo administrador, como pésimo lo fue como gobernador.

Sea cual fuere el destino de la deuda pública acumulada y heredada al Dr. Duarte de Ochoa, algún día saldrá a la luz pública, como ya está aconteciendo con el caso Coahuila, cuyo gobierno ya fue denunciado por la Secretaría de Hacienda.

Lo verdaderamente grave en perjuicio del gobierno duartista, se da en dos vertientes, a saber:

La pérdida de credibilidad en el gobierno estatal por parte de una ciudadanía que se da por engañada, achacándosele al Dr. Duarte de Ochoa ser tapadera de los malos manejos de su antecesor;

La imposibilidad de la actual administración pública veracruzana para ocultar que no cuenta con dinero suficiente para atender con eficiencia y eficacia sus tareas, en el propósito de abatir la pobreza y consolidar la prosperidad en Veracruz.

En el primer caso, el gobernador tendrá mucho trabajo por delante para borrar tal impresión, actuando en consecuencia.

Por cuanto a la escasez de recursos, tendrá que admitirse que cuando menos que en lo que resta del año y en tanto no nos afecten nuevos huracanes, tormentas tropicales, lluvias y ventoleras, el énfasis del gobierno estará en aplicar los recursos del FONDEN en “la reconstrucción”, puesto que no hay para más.

Esto último sin que se sepa a ciencia cierta que se hizo en el 2010 y que se hará en el presente año; opacidad e impunidad cubren con un manto indeleble el verdadero alcance de las afectaciones a lo largo y ancho del estado.

Partiendo de esto último, el Dr. Duarte de Ochoa está más que obligado a imprimir a su mandato la más cristalina de las transparencias, so pena de ser juzgado con el mismo rasero con el que hoy se juzga a su antecesor, en una circunstancia clave como son las elecciones del 2012. Por el bien de Veracruz esperemos que el gobernador esté a la altura de lo que de el esperan los veracruzanos, empezando por una limpia de depredadores heredados y aún enquistados en las filas de su gobierno, así como la transparente y oportuna aplicación de los nueve mil millones que dice cuenta su administración  para hacer lo que debería haberse hecho el año pasado.

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J. Enrique Olivera Arce

“No llores como mujer lo que no supiste defender como hombre.” Sultana Aixa, madre de Boabdil, último rey de Granada.

Todo lo que tenía que decir sobre el peor gobierno de los últimos  cincuenta años en Veracruz, lo expresé en mis artículos a lo largo del sexenio de la administración fidelista, señalando y advirtiendo de la simulación y el engaño. Hoy estoy convencido de que ya no tengo nada que decir al respecto. Destapada la cloaca, la desconfianza le va ganando la batalla a la construcción de soluciones a los graves problemas comunes que enfrentamos. La mugre seguirá brotando para alimentar el morbo, la especulación, el rumor y la maledicencia, que destruyen más que coadyuvar en la construcción de ciudadanía y gobernanza, sin que ello de lugar a que la rueda de la historia de marcha atrás.

“Haiga sido como haiga sido”, el pueblo veracruzano no recuperará ni el tiempo perdido ni los miles de millones de pesos que, en su extravío, extraviara el gobierno priísta de la fidelidad. Lo caido, caido.

Políticamente incorrecto o todo lo contrario, guste o no, tratando de ser congruente sólo me resta afirmar que la gubernatura del Dr. Javier Duarte de Ochoa, la posición que hoy ocupan algunos de sus colaboradores, la mayoría de los diputados federales y locales priístas, así como los más destacados alcaldes en la entidad, son fruto innegable de esa perversa engañifa de la que fuimos víctimas a la par que copartícipes, dejando hacer, dejando pasar, aplaudiendo un mal sueño que en nuestra inconsciencia hicimos propio.

Así las cosas, por salud mental y para bien de Veracruz, deberíamos preocuparnos ya no por la pesadilla vivida sin que eso quiera decir borrón y cuenta nueva, los presuntos ilícitos en que incurriera la anterior administración deben investigarse y, en su momento, castigarse con todo el peso de la ley.

El presente y futuro cercano de la entidad reclama hoy ocuparnos de lo mucho que hay que hacer para su reconstrucción, así como en aquellas tareas que exige el retomar el camino del progreso y la esperanza. Recrear el pasado sólo acarrearía amargura y pérdida de la fe que merecemos.

Antes que dejar que nos vuelvan a saquear, la obligación común es participar activamente en una permanente vigilancia y cuestionamiento del quehacer público, constituyéndonos todos como responsable y avispada contraloría social. Se puede engañar nuevamente a uno, dos, tres, pero no a todos los veracruzanos.

A mi juicio, para empezar habría que partir de tomar conciencia de que si bien por ahora se confía en la nueva administración pública veracruzana, esta no cuenta con un cheque en blanco, expedido por una ingenua ciudadanía dispuesta una vez más a tropezarse con la misma piedra.

Tal toma de conciencia implica valorar el papel de cada quien en el ejercicio de gobierno, empezando por nosotros mismos como mandantes, para así saber a ciencia cierta que esperamos de quienes en nuestro nombre se desempeñan como mandatarios de la voluntad popular. Si no se tiene claro quien manda en Veracruz, sólo hay un paso a la sumisión y al dejar hacer dejar pasar en un gatopardismo que se repite sin cesar, y que se nos impone desde las esferas de un poder político y administrativo que hemos depositado en manos de unos cuantos mortales que, ni son superiores a nosotros, ni tienen por qué asumirse como tales, toda vez que les pagamos para desempeñarse como servidores públicos a nuestro servicio.

El segundo paso es el exigir transparencia en cada uno de los actos de gobierno. Pleno derecho y libertad para escudriñar hasta el más nimio detalle de cómo nuestros representantes disponen de los bienes materiales, financieros y humanos, que hemos puesto en sus manos para beneficio de toda la sociedad. La simulación y la opacidad son inherentes a la corrupción y a la impunidad; no se debe ni puede permitir que se nos vuelva a jugar el dedo en la boca con medias verdades, medias mentiras y desplantes demagógicos soportados con bombardeo mediático pagado con dineros del contribuyente.

Desde el más humilde servidor público hasta el gobernador del estado, deben desempeñarse en caja de cristal, hablando con verdad, humildad y honestidad intelectual, en un marco de congruencia que empezando por barrer la casa, elimine el lastre que para la opinión pública  representa el que los pillos de ayer sean los mismos que hoy rodean a Javier Duarte de Ochoa.

Es nuestra responsabilidad como sociedad que así sea y, para ello, debemos pugnar por una puntual y oportuna rendición de cuentas, lo mismo del Poder ejecutivo que del legislativo y el judicial. Insistiría en que todo plan de desarrollo o programa sexenal de gobierno, debería hacerse acompañar por un sistema estatal de evaluación y control de obras y servicios públicos, a cargo de un Comité de Planeación del Desarrollo de Veracruz (COPLADEVER) ciudadanizado y desconcentrado regionalmente en el que la población y no los partidos políticos tengan la última palabra. La democracia participativa es condición sine qua non.

El tercer paso, quizá el más importante, es aceptar que en democracia,  la tarea de gobierno se comparte corresponsablemente, actuando en consecuencia. No podemos exigir al otro que cumpla si nosotros como ciudadanos no cumplimos en aquellas esferas de nuestra personal y colectiva competencia y responsabilidad. La tarea es de todos y a cada uno corresponde aportar su grano de arena, contribuyendo al buen gobierno. Esperar que otros, ya sea el titular del Poder ejecutivo, el Congreso local, los partidos políticos o las organizaciones no gubernamentales, hagan la tarea a la que como ciudadanos estamos obligados,  perdidos en la comodidad de la abulia y apatía es aceptar sin mayor actitud crítica un destino incierto, en el que habremos de recibir no más que aquello que como pago a nuestra irresponsabilidad merecemos.

Parafraseando al ex presidente López Portillo, ya nos saquearon, no permitamos que nos vuelvan a saquear. Organicémonos para participar cuidando y fortaleciendo un patrimonio que es de todos.

No más engaño, estridente simulación y manipulación mediática,  por el bien de Veracruz. El gobernador lo debe entender así tanto como los ciudadanos estamos obligados a exigirlo.

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J. Enrique Olivera Arce

Gobernador de Veracruz

Para el Dr. Javier Duarte de Ochoa, gobernador de Veracruz, “Cualquier hombre, mujer, niño, compatriota o extranjero, debe tener la certeza de que en nuestro territorio se respeta el Estado de Derecho y los derechos humanos de todos, porque la sociedad no está sola en su búsqueda de justicia”. Retóricamente y como un buen deseo del gobernante suena bien, sin embargo entre la población se percibe que en la entidad ni se respeta lo primero ni se atiende lo segundo.

A la vigencia plena del estado de derecho se le cuestiona cuando se observa la realidad que prevalece en la procuración y aplicación de la justicia, a la par que las autoridades, en los tres órdenes de gobierno se manifiestan poco proclives a respetar aquello que legalmente les obliga como mandatarios de la voluntad popular. De hecho, son muchos los preceptos constitucionales que impunemente se transgreden. La población, por lo que a ella toca, incluso desconoce la mayoría de los ordenamientos legales que norman nuestra vida en sociedad, si no es que todos.

Por cuanto al respeto a los derechos humanos, esto no pasa más allá de un sueño de verano, tanto que las comisiones, federal y estatal, responsables de velar por los derechos inalienables de la persona humana, a más de estar politizadas y partidizadas, carecen de facultades para hacer valer la ley frente a constantes violaciones a la integridad física, patrimonio, garantías y libertades de los ciudadanos. Prevaleciendo la ley del más fuerte.

Para empezar, en la integración de las Comisiones de Derechos humanos los ciudadanos no tienen vela en el entierro, quedando la elección de quienes las presiden al libre arbitrio del ejecutivo, con la sumisión y aval de un poder legislativo que, en los hechos, carece de representatividad y legitimidad en una democracia representativa en crisis regresiva.

Temas como el respeto a la vida, autonomía, inclusión y atención a las necesidades básicas de los pueblos originarios, es apenas un ejemplo de ello. Vida y muerte de los pueblos indígenas les son ajenos tanto a las autoridades como a las Comisiones de Derechos Humanos y, peor aún, a una sociedad insensible que no supera prejuicios de intolerancia, discriminación y racismo.

El derecho universal a una vida digna, el acceso a un empleo con salario remunerativo, a la alimentación, vivienda y salud, así como el respeto y amor por nuestro entorno ambiental, son letra muerta en extensos sectores de la población nacional y, en lo específico, de Veracruz. Luego donde queda el respeto a los derechos humanos. La demagogia y la simulación se imponen por sobre éste.

Pero la culpa no la tiene el indio, sino el que le hace compadre. Dejamos hacer, dejamos pasar; gatopardismo por un lado y masoquismo por el otro, son consecuencia de una sociedad que se niega a avanzar por los caminos de un estado de derecho pleno. El rezago económico, social y cultural que arrastramos parece ser superior a todo sano intento por cambiar el estado de cosas que nos agobia.

Nos lastima la inseguridad pública, pero seguimos aferrados a alimentar el caldo de cultivo que se niega a la paz y a la vida en armonía. Pobreza, miseria extrema y desigualdad, nos son indiferentes en tanto que nos dolemos del crecimiento exponencial de la delincuencia. ¡Vaya incongruencia!

Buenas intenciones, malos gobiernos y pésimo sentido de civilidad y ciudadanía, chocan entre sí frente al imperio de la ley y el respeto a los derechos inalienables del ser humano. Un mínimo de congruencia debería obligarnos a no hacer o esperar del discurso de ocasión, palanca de transformación y cambio. Tras las palabras que el viento se lleva, queda la terca realidad que no sabe de retóricas razones.

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Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce


Por si no fuera suficiente el que a los mexicanos nos tengan nadando de a muertito en un mar de porquería, un nuevo escándalo inserto en el marco de una interminable guerra sucia entre grupos de poder político y económico, agita la mierda elevando el nivel de las olas y  acelerando el proceso de descomposición de la sociedad mexicana. Todo en un escenario mundial de desastre y uno nacional en el que el vacío de poder, combinado con ausencia de rumbo y pérdida de la brújula, de un inepto titular del poder ejecutivo federal, tiene al país al garete y ofertándose al mejor postor.


Si alguna virtud podemos señalarle a la democracia norteamericana, es la de la honestidad de algunos funcionarios del más alto nivel que, como  Judd Gregg, ahora ex secretario de comercio, quien siguiendo los pasos de Bill Richardson prefirió renunciar al cargo antes que comprometerse con las políticas públicas diseñadas por Barack Obama para paliar la crisis de la economía real. Virtud que contrasta con el cinismo de un secretario de Estado en México que, sorprendido in fraganti como mentiroso y desleal, se niega a renunciar tras haber aceptado su desliz al haber acusado, sin pruebas legalmente aceptables, al ex presidente Carlos Salinas de Gortari de haberse robado la mitad de la “partida secreta” asignada a la presidencia de la República.


Sin duda Luís Téllez, secretario de comunicaciones y transportes, con su afirmación grabada y difundida, no descubrió el hilo negro. Para el pueblo de México existe la convicción de que Salinas de Gortari saqueó al país, a más de reducir al Estado a su mínima expresión, atendiendo a la receta del llamado “Consenso de Washington. Sin embargo, por su cargo actual y el de primer nivel desempeñado al lado del ex presidente Ernesto Zedillo, la sola sospecha de su deslealtad y el hecho comprobado y por el aceptado de que el contenido de la grabación difundida es verídico, bastaría para que de inmediato presentara su renuncia. En igual forma, Felipe Calderón estaría obligado a cesarlo sin mayor contemplación. Lo cual no ha tenido lugar.


Obligado estaría también Acción Nacional para descalificarle, en tanto ya es público que el alto funcionario afirmó que “extrañaba al PRI”, su partido de origen. Lo cual tampoco se ha dado, antes al contrario, desde la cúpula panista se le exculpa y se le protege, en tanto la grabación de marras no constituye prueba legal ante un tribunal.


Pero de que podemos sorprendernos en un país de leyes en el que los mayormente obligados a cumplirlas y hacerlas cumplir, se las pasan por lo más pando, contando para ello con la protección y complicidad de la Suprema Corte de Justicia de la Nación.  Un escándalo más que quedará impune y sujeto al olvido de un pueblo que parece no tener memoria. Cabría preguntarse: ¿se tiene razón el desgarre de vestiduras cuando desde el norte funcionarios de primer nivel afirman que México es un Estado fallido?


¿Cuánto tiempo aguantaremos nadando de a muertito entre las agitadas olas de la mierda? Sociedad masoquista al fin, esperaremos que sea el tiempo el que ofrezca la respuesta.


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