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Tag Archives: Uriel Flores Aguayo

Pulso crítico

José Enrique Olivera Arce

“Un partido vive cuando viven una doctrina y un método de acción. Un partido es una escuela de pensamiento político y, por consiguiente, una organización de lucha. El primero es un hecho de conciencia, el segundo es un hecho de voluntad, más precisamente, de tendencia a una finalidad.”: Federico Engels

El diputado federal veracruzano Uriel Flores Aguayo en su artículo semanal, bajo el título “El PRD y Peña Nieto”, comparte con sus lectores su preocupación sobre el papel a asumir por el Partido de la Revolución Democrática frente al gobierno de Enrique Peña Nieto, a partir de la toma de protesta del priísta el próximo primero de diciembre.

“Son tiempos de definición para la izquierda mexicana, el PRD centralmente en ella”, reflexiona, agregando que es imperativo que el partido se ubique en el momento histórico, que precise como quiere ser y que quiere para México”.

Reflexiones válidas, efectivamente enmarcadas en el momento histórico que vive nuestro país. Más no precisamente por el retorno del PRI con Peña Nieto a la presidencia de la República, sino por el entorno global de una crisis recurrente más del capitalismo, dentro del cual se cuestiona el modelo neoliberal, económico y social de nuestro país que, agotado, requiere de reformas estructurales de fondo y no actos legislativos simulados, que den viabilidad al Estado-Nación para su transcurso en el nuevo siglo.

Las definiciones que se reclaman no sólo atañen a la izquierda mexicana, a un partido político en particular, sino a todo el Estado-Nación en su totalidad en un horizonte de mediano y largo plazo, no solamente en la coyuntura sexenal de de un proceso político administrativo de continuidad de la administración pública federal.

En este sentido, a mi juicio la atención, preocupación y reflexión de Flores Aguayo sobre su partido, debería ser extensiva a toda la sociedad en su conjunto. Qué y como concebir a México para la próxima centuria, a partir de lo que es hoy a la luz de realidades objetivas, así como percepciones que suman experiencias de un ayer guardadas en la memoria histórica, y el quehacer presente sin rumbo y sin un destino claro al cual arribar.

Más sin embargo, el diputado se queda corto. Su estrechez de miras dominada por el pragmatismo de los tiempos que corren, ideológicamente no dan para tanto. No obstante refleja una preocupación real y la confusión existente (izquierda sin partido, partido sin izquierda) no sólo en muchos perredistas bien intencionados, que ven en la izquierda una alternativa de lucha acorde con su concepción del mundo, de la vida y el quehacer político que exige mayor participación ciudadana en la búsqueda de equidad y democratización del país.

Su planteamiento se sustenta en premisas a mi juicio falsas que desvirtúan su preocupación e interés como hombre de izquierda.

Argumenta razones de gobierno y no de Estado en cuanto al papel del PRD como partido de oposición. Lo sustantivo a mi entender no es quien gobierne sino como gobierne, con que propósitos y con que objetivos se orientará la marcha del Estado-Nación. En este marco no se puede hacer de lado que la razón última de todo partido es la toma del poder político del Estado.

Afirma que el PRD es un partido de izquierda, cuando no lo es en el sentido clásico del concepto y denominación y, ni siquiera puede ubicársele como de “izquierda moderna” en los terrenos reformistas de la social democracia europea. Su eclecticismo ideológico, oportunismo pragmático y falta de compromiso para con las clases subordinadas en pie de lucha, le desdibuja como partido y como movimiento social.

Como una conjunción de fracciones o tribus de lo más disímbolo en propósitos y objetivos, carente de un programa unitario para la acción lo mismo para el corto plazo que en un horizonte de largo aliento, si en el marco del sistema político electoral en México se le puede considerar como partido político, este en tal escenario jurídico se ubica ideológicamente en el centro del espectro en la actual correlación de las fuerzas político electorales en el país, dominadas por cierto por las corrientes de centro-derecha.

Para dar contenido a su preocupación, Flores Aguayo recurre a los resultados de la última elección presidencial por la autodenominada izquierda, agrupada en el  “Movimiento Progresista”.

Si bien la alianza electoral cuantitativamente obtuvo algo más de 16 millones de votos, el PRD, por sí mismo participando solo en la contienda no habría alcanzado tal cifra que, objetivamente, fue un logro atribuible al liderazgo de López Obrador como candidato común. Cualitativamente, lo alcanzado es resultado de un proceso de maduración en amplias capas de la población que en medio del hartazgo y la frustración, votaran a favor de un cambio verdadero no más allá del reformismo limitado ofertado por el político tabasqueño. En esta premisa, vale acotar que con la salida de Andrés Manuel de las filas perredistas, el partido se queda huérfano de liderazgo y capacidad opositora.

Partiendo de tales premisas, considero que no hay mucho de que discutir en torno al papel que debiera jugar el PRD a lo largo del mandato del Sr. Peña, incluyendo el acto formal de toma de posesión en el seno del Congreso de la Unión. Por cuanto a la izquierda real, social y políticamente relevante, sus preocupaciones y tareas van más allá de los límites de los partidos políticos actuales cuyo agotamiento para hacer frente a las expectativas de la sociedad mexicana en el Siglo XXI, también están agotados.

El Partido de la Revolución Democrática simplemente jugará el papel protocolario que como “oposición de izquierda”, le fije e imponga el sistema político nacional. Lo demás, incluida la toma de tribuna o no en San Lázaro, es un simple show para justificar obtención y uso de las prerrogativas que se le tienen asignadas. Como sin duda ocurrirá con los partidos del Trabajo y Movimiento Ciudadano.

Luego la preocupación central de Flores Aguayo sobre el futuro de su partido, cae en el vacío por irrelevante, cuando lo que sí debería ser objeto de revisión y debate, es el papel que los partidos políticos juegan en el Estado-Nación mexicano, implicando ello  revalorar lo que la ciudadanía en general y la militancia para el caso  particular del PRD, espera de ellos. Aclarándose una confusión que ya deviene en crisis político existencial para la izquierda electoral.

Los perredistas de buena fe que vienen de la izquierda histórica, lo viven y sienten en carne propia, resistiéndose a abandonar las filas de lo que aún creen es una alternativa opositora válida en México, cuando al mismo tiempo están cada vez más convencidos de que con el PRD no van a ningún lado, ni en lo electoral ni el propósito sustantivo de todo partido que es la toma del poder.

Sentimiento de inmovilidad e impotencia que se incrementa conforme se observa un ascenso mundial de masas, en el marco de la nueva expresión de confrontación clasista frente a los triunfos coyunturales de la derecha. Una nueva oportunidad de ascenso para la izquierda, jalonada por la movilización internacional de trabajadores, profesionistas, amas de casa y estudiantes bajo banderas rojas, frente a las medidas de austeridad fiscal y precariedad del trabajo consecuencia de la crisis sistémica global. Es la hora de la izquierda al lado del pueblo y,  para los perredistas bien intencionados su partido se mantiene al margen, les fue secuestrado por una burocracia insensible, acomodaticia y corrupta. Ahora están a la deriva, confundidos ideológicamente sobre el qué hacer y frustrados por equivocar el camino.

Dentro de esta crisis ideológica, ética y moral se encuentra Flores Aguayo. Por un lado se aferra a un  PRD social y políticamente agotado, con la intención de sumarse a su rescate desde dentro, asegurando supervivencia política y modus vivendi con el cargo que detenta, por otro, su sensibilidad social y experiencias del pasado, le dice como ciudadano de a pie y simpatizante de López Obrador que el camino a seguir es participar en Morena como nuevo partido en construcción. Su indefinición y falta de decisión para abandonar el PRD, lo mismo le genera rechazo al interior de su partido y  en las filas de Morena que un vacío existencial.

Sin una u otra opción, no es nada, como nada son quienes como el diputado no se atreven a dar un paso adelante. Sobre ello se debería reflexionar, más que preocuparse por si la cúpula tribal y burocrática del PRD concilia o no con el Sr. Peña y su proyecto de continuidad.

Hojas que se lleva el viento

Gracias al talante democrático que priva en el seno del PRI en Veracruz, el Consejo Político del tricolor en asamblea celebrada el pasado domingo ratificó a Erick Lagos como presidente del CDE, cumpliendo así con la instrucción del gobernador Duarte de Ochoa de premiar al destacado organizador de derrotas. El fidelismo, de plácemes. Xalapa, Ver., 21 de noviembre de 2012.

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Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

Interesante aunque nada extraño el que en México, tras un cuestionado proceso electoral en el que la izquierda institucional se da por robada, hoy los extremos se tocan, poniéndose sobre la mesa una presunta alianza del PRD con el PAN. Pragmática alianza en la búsqueda del poder por el poder mismo, sin sustento ideológico ni principios y valores éticos que le acerquen en lo más mínimo a necesidades reales y sentidas de una sociedad que,  en medio del hartazgo  y la inseguridad, en la encrucijada quiere encontrar rumbo y destino cierto.

Sumar fuerzas en el Senado de la República para impedir que el PRI se salga con la suya aprobando una reforma laboral acorde a sus intereses partidistas y de grupo, es el pretexto. Como si de matizar una reforma laboral que nos regresa al Siglo IXX, dependiera que en lo sustantivo el PRIAN traicionando los intereses de los poderes fácticos se retractara de lo ya aprobado en la Cámara baja del Congreso de la Unión. Y, peor aún, si de las pretendidas reformas a la Ley Federal del Trabajo dependiera el destino de la nación en un país de leyes en el que la ley es letra muerta.

No se si el PRD peca de ingenuo ó de simulador. Aunque me inclino por lo segundo agregándole por mi cuenta oportunismo y colaboracionismo en el marco de un régimen de partidos políticos al servicio de la gran burguesía doméstica y externa. Lo cierto es que con su pretendida alianza a modo con el PAN, lejos de ganar pierde en su afán por hacerse del poder político en México por la única vía que conoce, que es la electoral. Para una gran mayoría del electorado, el ir contra natura de un partido que se dice representar a las fuerzas progresistas de este país, la presunta alianza tiene sabor a traición.

En Veracruz la situación es más simple y pedestre. Una alianza electoral de un PRD venido a menos con el PAN para los comicios locales en el 2013, que no tiene más propósito que derrotar al PRI en las urnas para hacerse de alcaldías y diputaciones locales para, en los hechos, saquear las arcas públicas tanto o más que los personeros del partido político que pretenden sacar de la jugada. Interés, personal y de grupo de dirigentes espurios, tras el mermado botín ahora en manos de los priístas, sin mediar simulación alguna que pudiera justificarles ante el electorado. Cinismo y descaro de una flaca izquierda institucional veracruzana que, en la búsqueda de las migajas del poder, se cobija con lo más rancio de la derecha jarocha.

Propósito aliancista  en el que el PRD veracruzano, cual galgo en alocada carrera en un esfuerzo inútil que sólo sirve a los intereses de los apostadores, jamás dará alcance al conejo porque así es la naturaleza del juego. El PAN velará por sus intereses, hoy coincidentes con los del PRI en una alternancia negociada, en tanto que el perredismo habrá de conformarse con las migajas del convite.

Lo que llama la atención es que perredistas honestos, bien intencionados, que los hay, se dejen ganar por el canto de las sirenas haciendo suya la idea de que el aplastante triunfo de Uriel Flores Aguayo como candidato del Movimiento Progresista a la diputación federal por Xalapa urbano,  fuera resultado de una inclinación tácita de las preferencias electorales a favor del PRD veracruzano y no fruto de unas circunstancias determinadas por el hartazgo social, un pésimo candidato del PRI , y el peso específico de la presencia de López Obrador en las boletas electorales como candidato a la presidencia de la República. Engañosa aritmética que la cúpula perredista pretende capitalizar en provecho propio pero que no convence a nadie como presunta expresión de una fuerza política de oposición de izquierda.

Y aquí cabe un paréntesis. Un destacado articulista xalapeño comentó que la izquierda no ha existido en Veracruz, confundiendo a la izquierda electoral institucional con la izquierda social. Equívoco histórico que niega lo mejor y más relevante de las ejemplares luchas obreras y campesinas en tierras veracruzanas, precursoras de la Revolución Mexicana imbuidas e impulsadas por ideologías socialistas y anarquistas, cuya contribución a la vida nacional no puede ni debe ser  ignorada.

El PRD es otra cosa. Salvo honrosas excepciones, sus militantes carecen de sustento ideológico de izquierda, su objetivo es cortoplacista, electoral y ajeno a la lucha histórica nacional e internacional de los trabajadores urbanos y rurales. Hasta aquí el paréntesis.

Hojas que se lleva el viento

Contra los malos augurios de la derecha internacional, el presidente venezolano Hugo Chávez logró derrotar a sus opositores en las urnas. Al término de los polarizados comicios presidenciales que tuvieran lugar el día de hoy con una afluencia de votantes de más del 80% del padrón electoral, se dio a conocer oficialmente la victoria clara del Presidente. Hugo Chávez quien se reelige con el 54% de los votos, frente a 44% del candidato de la oposición unificada, Henrique Capriles.

¿Por qué debemos aceptar que el parche del PRIAN a la Ley Federal del Trabajo, le es útil a la Nación? Entérese estimado lector consultando la explicación que sobre el particular ofrece a los veracruzanos el senador priísta Héctor Yunes Landa en su último artículo.

Y vuelve la burra al trigo. No obstante ser del dominio público que la bursatilización, engañifa de Fidel Herrera, en nada beneficio a los veracruzanos, el gobernador Duarte de Ochoa pretende fondear unas finanzas públicas quebradas con la misma fórmula, pignorando las aportaciones federales y acrecentando el endeudamiento bajo el pretexto de una nueva reestructuración de la deuda pública vigente. No es deuda dirá el secretario de finanzas y sus texto servidores orgánicos, sólo es la misma gata pero revolcada.

La lucha de la organización civil “Chucho el Roto” es justa y en ello coincide el legislador priísta Américo Zúñiga, pero lo que rechaza es el método para hacerse escuchar. Por ello el diputado local xalapeño se pronunció por aplicar todo el peso de la ley en contra de aquellos –que por justa que sea su causa- afecten los derechos de terceras personas, publica gobernantes.com. No cabe duda, en su desesperación por figurar en la terna de la que saldrá el candidato priísta a la alcaldía de nuestra ciudad capital, el protagonismo y sed de notoriedad gana en el ánimo de nuestra clase política local. Para el novel diputado Américo Zúñiga lo ideal sería que en lugares estratégicos de la entidad se establecieran “manifestodromos” adecuadamente regulados por la autoridad, para que las protestas ciudadanas no dañen los derechos de terceros. Guardándose de ir a las causas que dan lugar a manifestaciones, marchas y plantones por parte de ciudadanos que ya están hasta la madre de tocar puertas y no ser escuchados por funcionarios sordos, ciegos e insensibles, el diputado ignora que por encima de reglamentaciones administrativas está el sagrado derecho constitucional de la libertad de expresión. Xalapa, Ver., octubre 6 de 2012

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Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

Flaco favor que Uriel Flores Aguayo, diputado federal electo, pretende hacer a López Obrador al calificarle como un político “antisistema”. Como si los ataques de los detractores del tabasqueño no fueran suficientes. Lo he señalado, a mi juicio Andrés Manuel es un hombre bien intencionado, pertinaz, con visión de futuro y cercano  a la gente, pero ideológica y políticamente no deja de ser simplemente un reformista progresista formado en las filas de un partido hegemónico que gobernó a México por más de 70 años  y, por cierto, menos radical que otros líderes sociales latinoamericanos. Podrá estar en contra del régimen político caduco prevaleciente en México, pero no del sistema económico y social dominante.

Como muchos, no ve con buenos ojos al proyecto neoliberal que impuesto tardíamente a México, ha frenado crecimiento económico y justicia social, pero no puede considerársele como enemigo cazado del capitalismo sistémico.

Parafraseando al ex presidente López Mateos, en el contexto de la vida política nacional  es un “revolucionario dentro de la Constitución”. Asta ahí. No queramos pedirle peras al olmo o hacerle el caldo gordo a quienes califican a López Obrador como un peligro para México, o “para todos”, como afirmara en reciente artículo periodístico Rafael Martínez Zaleta, conocido amanuense veracruzano al servicio del mejor postor.

Vale también señalar que nuestro buen amigo Uriel Flores Aguayo sobredimensiona al PRD en Veracruz y, específicamente en Xalapa, apoyándose en la votación que el aspirante a la presidencia de la república y él mismo, obtuvieran en el Distrito “Xalapa urbano”. Los sufragios a favor de Andrés Manuel los ganó éste por méritos propios y el trabajo pie a tierra de sus seguidores, y no gracias a un cuestionado PRD, sino a pesar de este instituto político en Veracruz. A su vez, los xalapeños favorecieron a Uriel por ser la opción menos peor de entre tres candidatos que le quedan chicos a la problemática que acusa la capital veracruzana.

No nos engañemos, Uriel compitió contra un priísta repudiado por la ciudadanía y por amplios sectores de su propio partido, corrupto, oportunista, acomodaticio y mentiroso, así como contra una respetable dama panista que habiendo aterrizado de última hora en Xalapa, resulta del todo desconocida para los xalapeños. Si una vaca hubiera sido nominada para la candidatura a la diputación federal por el Distrito 10 (Xalapa urbano), frente a los aspirantes del PRI y de Acción Nacional, hubiera ganado, como lo afirmara el propio Uriel Flores Aguayo.

Si como se dice, el diputado federal electo pretende ser nominado por el PRD como candidato a la alcaldía de Xalapa, asumiéndose como uno más de los  políticos “chapulines” que tanto ha criticado, tendría que poner los pies sobre la tierra y valorar las razones últimas de su triunfo en la reciente elección. De no hacerlo sería más que anunciado su fracaso en un nuevo intento por gobernar a la ciudad capital.

El PRD goza de merecido repudio en Xalapa. Tanto o más que el PRI. Su reiterado protagonismo en pleitos internos, fragmentado en tantas tribus como seudo dirigentes tiene, sin calidad moral y política para hablar de honestidad, transparencia, unidad y congruencia, ha sido objeto de crítica aún por el propio Flores Aguayo, quien se ha manifestado en todo tiempo opositor a la corriente de “los chuchos” que a nivel nacional administran la franquicia. Postura que le distingue y le honra, pero que no es suficiente para ganar la alcaldía bajo el supuesto de que el perredismo veracruzano por así convenir a sus intereses le postulara. Cuenta más en el ánimo de los xalapeños la pésima imagen del PRD que las virtudes del ahora diputado electo.

En todos lados se cuecen habas, no puede ni debe olvidarse que el PRD en Jalisco favoreció al PRI en contra de López Obrador. La falta de consistencia y lealtad política es un síndrome que arrastra dicho instituto político en todo el país. La capital veracruzana no es la excepción.

Hojas que se lleva el viento

En Veracruz cuando no hay elecciones, hay elecciones. La contienda federal aún no concluye y ya la clase política se prepara para la elección de alcaldes de cuatro años y diputados locales. La grilla y los acomodos ya iniciaron a lo largo y ancho del territorio veracruzano preparándose el terreno para lo que viene en noviembre próximo. Para infortunio de los veracruzanos, el gobierno estatal se involucra activamente a favor del PRI, por lo que es de esperarse que la administración duartista distrayéndose de su función nos siga dando atole con el dedo en lo que resta del año y primeros meses del próximo. Si es que para entonces Duarte de Ochoa sigue siendo el primer priísta de Veracruz.

Si partimos de una nueva correlación de fuerzas en el estado, en la que tanto el PAN como la oposición de las llamadas izquierdas tienen acotado al PRI, el proceso electoral local será de pronóstico reservado, con muy pobres esperanzas para los candidatos del tricolor.

Por cierto, Duarte de Ochoa no confía más en sus correligionarios del tricolor. Sorpresivamente designó a Enrique Ampudia Mello como subsecretario de gobierno. Panista muy cercano a Miguel Ángel Yunes Linares, enemigo jurado de Fidel Herrera. El “sospechosismo” no espera, con esta designación se confirma que el gobernador veracruzano pactó en lo oscurito con Calderón Hinojosa para allanarle el camino a Josefina, se dice. ¿A cambio de qué? ¿Deslindarse del tío Fide?

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J. Enrique Olivera Arce

“O se salva en el 2012 o se muere el PRD”, afirmara con todo desparpajo (o desverguenza)  el diputado local veracruzano  Manuel Bernal, en rueda de prensa.

No se a que PRD se refiera el Sr. legislador y líder vitalicio de una amplia agrupación que, por el origen humilde y un sinnúmero de necesidades no satisfechas que les agobia, tiene presencia en las más excluidas colonias de la capital veracruzana.

¿Al PRD azul de los chuchos? ¿Al PRD negro amarillo de Marcelo Ebrard? ¿Al PRD rojo y amarillo de López Obrador? O al cadáver insepulto que por sus malos olores es objeto de repulsa en Veracruz.

Es difícil saberlo a ciencia cierta. Son tantas las corrientes, tribus, grupúsculos, capillas de dogmáticos conspiradores, y una bien engrasada maquinaria de oportunistas y vividores que conforman a un partido político que, tras un mal parto, padece endémica deformación, que identificar a unos u otros resulta ya, para todos, titánica tarea. Más fácil resultaría preguntarle al propio legislador que especificara a cual PRD se refiere y en que tribu milita, para salir de dudas. Su respuesta podría dar luz sobre el difunto  que en el 2012, dice,  resucitará de entre los muertos, por obra y gracia de Calderón Hinojosa, o ya, en definitiva, se le da cristiana sepultura por ya no responder a los intereses de la partidocracia en el poder.

En este espinoso caso del zombie perredista, el ex diputado local, Uriel Flores Aguayo, en un apretado texto, pretende sintetizar lo que a su juicio da lugar a la actual crisis de la izquierda en México;  enfatizando que si bien, a pesar de su divisionismo crónico siempre ha tenido la esperanza de un futuro mejor, “ahora pareciera que la lucha es entre los defensores del cascarón y los que levantan machetes para cortarles las cabezas a los infieles”, concluyendo que la crisis de la izquierda mexicana  tiene que ver, sobre todo, con la conducción del PRD y la candidatura presidencial del 2012.

Planteamiento que a mi modesto entender, contribuye a generar una aún mayor confusión. ¿Quiénes son los infieles a descabezar? En el caso del “cascarón”, ¿estamos hablando de un vaso medio vacío o del vaso a medio llenar?

A mi juicio no es aceptable su análisis. Se justifica, por su juventud, no habiéndole tocado vivir la etapa en la que militar en la izquierda en México bajo las banderas del ideal socialista, representaba una forma de vida, con reciedumbre en principios y valores, no pocas penurias económicas, sacrificio personal y familiar  y, por cierto,  se pagaba con persecución y cárcel, en el mejor de los casos.

Confunde a la izquierda en México, de una muy larga data de lucha en la clandestinidad y, aunque dividida por diversos enfoques, corrientes, apego a Stalin o Trotsky, simpatía con la burocracia soviética, china o cubana, organizada en capillas de notables o pequeños partidos de cuadros, se coincidía ideológicamente en sustentar teoría y praxis en la lucha por el socialismo.

Lo que el ex legislador y dirigente perredista, conoce y se refiere como “izquierda en México”, es hoy otra cosa muy diferente. Integrada en sus inicios por lo ideológicamente más atrasado de las corrientes “socialistas” y “comunistas” del país, acogiéndose a la reforma electoral, acepta renunciar a la lucha por el socialismo y competir electoralmente bajo las reglas de su tradicional enemigo de clase; sin más bagaje ideológico que un reformismo pragmático y populista. Deja de ser expresión de la izquierda auténtica y, tras varios re acomodos de corrientes y tribus clientelares, termina por ser el Partido de la Revolución Democrática que todos conocemos.

La ideología socialista deja de ser amalgama enriquecedora, sin nada que le sustituya. El oportunismo, pragmatismo y corrupción, inscritas en las reglas del juego electoral oficial, se encargan de minar, dividir  y acelerar la muerte del recién aceptado socio incómodo. A lo largo de su breve existencia, el PRD ni es partido de cuadros ni partido de masas. Es apenas un mazacote, sin pies ni cabeza, tan clientelar y corrupto como sus homólogos y, de paso,  la expresión más débil de la trilogía que, conocida ya como “partidocracia”, desde el Congreso de la Unión y las gubernaturas estatales  está hundiendo al país. Asumiéndose a conveniencia como palero del mejor postor. Con la salvedad de que una cosa es la militancia de buena fe y otra, muy diferente y nefasta, la prostituida cúpula conductora a la que se refiere nuestro buen amigo Uriel Flores.

La competencia entre Andrés Manuel López Obrador y Marcelo Ebrard, con vías al 2012, no propicia la división al interior del PRD. Además de su fragmentación de origen, la fractura que hoy se expresa entre los antagonismos de los cuadros de dirección, a favor o en contra de las alianzas con el PAN, ya estaba dada de antemano. Después del 2006, la corriente mayoritaria de “los chuchos” se arregló con Calderón Hinojosa de espaldas al partido. Hoy día tenemos a un PRD partido en dos, el azul, de la corriente dominada por Jesús Ortega y su cercana cofradía, controlado  por la derecha,  y el de los tan irreverentes como ingenuos seguidores de Andrés Manuel López Obrador, que hacen mucho ruido pero aportan muy pocas nueces a la vida democrática y recuperación del partido.

Unos y otros hacen su propio juego. Marcelo Ebrard simplemente está prestándose, pragmáticamente, en su calidad de Jefe de Gobierno del Distrito Federal, al juego de “los chuchos”, más por razones de gobernabilidad de una de las urbes más complejas del mundo, que por aspiraciones viables a la candidatura perredista para la contienda por la presidencia de la República. Sabe bien y a eso me atengo en mi juicio,  que su presunto competidor, o recupera la conducción del PRD en el 2011, o lo manda al diablo, llevándose consigo a la militancia que le apoya. Sin ideología definida ni compromiso programático, el pragmatismo manda.

Y eso, con perdón del diputado Bernal, no tiene relación con la aún lejana elección presidencial, cuyos resultados dependen de lo que, a juicio de los poderes fácticos, estos  consideren como su mejor camino para el México a que aspiran. Es apenas un indicio del grado de descomposición que guarda nuestro sistema de partidos políticos y la democracia representativa en México. La crisis que vive éste reventará por el eslabón más delgado, el PRD.

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