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Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

El movimiento inercial de la tendencia a descalificar a los adversarios políticos en un proceso electoral polarizado y contaminado más que todo por fobias enfermizas,  todo lo que pueda restar ventaja  no al PAN sino a Miguel Ángel Yunes Linares, se refleja en la mayoría de los medios de comunicación, incluidos aquellos que no dependen del boletín oficial para atender la demanda noticiosa de sus lectores. A lo que habría que agregar la descontextualización de la información en relación al marco más amplio del acontecer nacional e internacional, reduciéndole a chisme de aldea.

De ahí que en las notas periodísticas sea lugar común el que se privilegie lo accesorio por sobre lo principal, sesgando la información en pro de destacar todo lo que confluya a promover la imagen del gobernador del estado, así como a “calentar” la confrontación política entre el propio gobernante y su enemigo irreconciliable. No se a ciencia cierta si esto ya se de de manera mecánica, espontánea,  o atendiendo a consigna específica ó contraprestación económica, pero por ahora esto no viene al caso. Lo cierto es que, en términos generales, la información que fluye en torno a la contienda electoral en marcha atiende más al escándalo mediático que a las necesidades reales o sentidas  de la entidad u ofrecimientos de los actores que se disputan la gubernatura de Veracruz, observándose lo anterior lo mismo en los medios impresos que en la televisión o portales informativos en la internet.

Lo anterior, a mi juicio, no sólo empobrece el papel social de la prensa, también contribuye al deterioro de la vida democrática en la entidad.

La mañana del miércoles tuve oportunidad de escuchar lo expresado en conferencia de prensa por el senador con licencia Dante Delgado Rannauro, aspirante a la gubernatura por la coalición “Diálogo para la Reconstrucción de México” (DIA) a la gubernatura de Veracruz, prevaleciendo en su intervención lo que, de acuerdo a su visión, la entidad requiere para detonar crecimiento económico y mejoría de las condiciones de vida de los veracruzanos; sintetizando el contenido de la propuesta que ha venido divulgando entre diversos grupos de la sociedad, con énfasis en la necesidad de una intensa movilización social que sacuda el marasmo y estancamiento que hoy se vive en la entidad para dar paso a detonantes de desarrollo y bienestar de la población.

Concluida la intervención del ponente, se inició la fase de preguntas y respuestas, llamándome la atención el que la mayoría de los reporteros que intervinieran, de motu propio o por encargo de sus redacciones, ignoraran contenido e intencionalidad de lo expuesto por Dante Delgado. Las baterías se concentraron en aspectos secundarios, atendiendo a la coyuntura, y buscando comprometer al precandidato en su posicionamiento en torno al clima de confrontación y descalificaciones al que se le ha dado en llamar “guerra sucia” electoral. La visión de mediano y largo plazo que debería prevalecer en torno a lo que sería un posible programa sexenal en el contexto de la situación de deterioro que vive el país, estuvo ausente en la preocupación de los reporteros.

Dante Delgado Rannauro no evadió las insistentes preguntas, respondiendo con mesura, respeto a la vida interna de los partidos y a sus oponentes en la contienda. No obstante, no perdió oportunidad para calificar como de perversas a situaciones tales como el despilfarro de recursos en las precampañas y su validación por parte del Instituto Electoral de Veracruz, o bien, la manera como se copta a aquellos que se dejan “tocar las pompas”, atendiendo con respeto a las inquietudes de los representantes de los medios de comunicación y lo que estos querían escuchar de boca del precandidato, sin dejar de insistir en el contenido de su propuesta y de su visión de lo que es hoy Veracruz y lo que el contempla en un horizonte de mediano y largo plazo para el futuro de la entidad.

De un total de cerca de treinta reporteros de distintos medios, tres o cuatro, a lo sumo, interpelaron al precandidato de la coalición de centro izquierda. Salvo una señorita que pidió una aclaración sobre las políticas que se proponían para la atención de las comunidades indígenas, nadie más pretendió siquiera hacer referencia a detalles puntuales de la propuesta, concretándose a operar sus grabadoras o cámaras fotográficas. Lo referente al crecimiento económico, desarrollo humano y proyección a futuro de Veracruz, pasó a segundo plano, lo accesorio suplió al principal. Y así se observó en la publicación de la noticia al día siguiente, por las empresas informativas que quisieron hacerlo, complementada de manera más amplia con la referente a lo expresado por Dante Delgado en las visitas de cortesía que este realizara a las sedes de diversos medios de comunicación de la capital veracruzana.

Llama por ello la atención que se insista mediáticamente que no hay propuestas ni confrontación de ideas entre los diversos candidatos; poniéndose énfasis en que debe tener lugar un debate de altura entre quienes aspiran a gobernar a Veracruz y, sin embargo, cuando se presenta una propuesta concreta, de uno u otro de los actores involucrados, simplemente se le ignora o se trata superficialmente. Con ello, los medios de comunicación lejos de contribuir al enriquecimiento de la vida política, económica y social de Veracruz, se suman a su deterioro. La desinformación, conciente o inconciente, es lo que le llega a la población y en base a esta es que los ciudadanos deben sustentar sin mayor reflexión o análisis, su decisión personal a la hora de ejercer el sufragio.

Son muchas las tareas de impulso al crecimiento económico y bienestar de los veracruzanos en que todos debemos ocuparnos y, en ello, corresponde a los medios de comunicación y a quienes les sustentan, poner su granito de arena para llevarlas adelante. Si de lo que se trata es de propiciar una amplia y decidida movilización social, como la que propone Dante Delgado Rannauro, para detonar crecimiento y desarrollo, ésta no sería posible sin el auxilio y participación conciente, decidida,  y consecuente de la prensa. La sociedad espera cumpla con tal cometido y no se quede en el esteril ejercicio de los dimes y diretes a que se nos tiene acostumbrados en la política jarocha.

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J. Enrique Olivera Arce

Si muchos esperaban que Javier Duarte de Ochoa se guardara en casa, dejara de aparecer en eventos públicos y en los medios de comunicación, en espera del inicio de lo que será una de las campañas más dispendiosas y sucias de la historia de Veracruz, se equivocaron. La corriente priísta de la fidelidad no puede darse el lujo de ceder terreno a Miguel Ángel Yunes Linares, quien teniendo todo en contra, incluyendo los desvaríos de Felipe Calderón Hinojosa, está logrando remontar con relativo éxito la cuesta de semana santa.

No porque el pre candidato panista sea un buen, regular o malo prospecto para gobernar a Veracruz es que se estima que avanza a trote tendido ganando aceptación. No. Aceptarlo así, sin más, también nos llevaría a equivocarnos. En el juego de espejos de la política electoral la percepción de la realidad es engañosa, como lo son los resultados de una encuesta descontextualizada y parada en el tiempo.

Una cosa es que el ex director del ISSTE mediáticamente de la impresión de que crece, con base en encuestas de dudosa manufactura y otra, muy distinta, es que objetivamente se cuente con datos duros que confirmen un avance significativo en el logro de sus objetivos, frente a un Javier Duarte del que se percibe a su vez que se desinfla alejándose a la baja del pre candidato del PAN-PANAL.

Miguel Ángel Yunes Linares está arriba presuntamente en las preferencias, se dice, pero podría asegurar como simple especulación y no otra cosa, que ambos contendientes no han logrado rebasar el nivel de aceptación entre sus respectivos bagajes de voto duro y, mucho menos, el porcentaje mínimo deseable del voto potencial de un padrón de 5 millones, 54 mil 180 ciudadanos en condiciones de sufragar, que pudiera asegurarles legítimamente el triunfo. Uno y otro contendiente no han logrado aún, incluso, legitimarse ante sus respectivos partidos.

A mi juicio la razón es simple. Todo el peso de la administración a cargo del Maestro Fidel Herrera, en alianza con la prensa cooptada, impide crecer más a Yunes Linares; los obstáculos que le oponen a éste superan su capacidad de maniobra, buen juicio y operadores políticos involucrados, en el intento por lograr resultados eficaces en su carácter aún de pre candidato. Tiene todo en contra, incluido su historial de desempeño en el gobierno de la entidad y los yerros de Calderón Hinojosa en la conducción del país.

Por su parte, Javier Duarte de Ochoa, en el marco de la guerra sin cuartel que se deriva de la mutua animadversión existente entre el gobernador y el precandidato de la coalición PAN-PANAL, estando en el medio de la absurda confrontación, sin autonomía de maniobra y sin peso real en la toma de decisiones en la conducción de su temprana aventura electoral, por más presencia pagada en los medios y esfuerzos personales por superar sus limitaciones de imagen, prácticamente desaparece en un escenario en el que debería ser  el principal protagonista.

Fidel Herrera se resiste a dejar de promoverse mediáticamente, al mismo tiempo que, de facto, se asume como el que habrá de ser el triunfador el próximo cuatro de julio, cuando de acuerdo a la experiencia histórica, como candidato oficial del partido en el poder a la gubernatura, Javier Duarte de Ochoa debería ser el hombre fuerte del momento, pasando ya el gobernador saliente a segundo plano. Y no es así. La sombra de su mentor y padrino, le empequeñece ante la opinión pública para la que aún sigue siendo “el delfín impuesto”.

Paradójicamente, el Maestro Herrera Beltrán se constituye así en el principal obstáculo tanto para el avance del panista como para el crecimiento de su fiel discípulo. De ahí que ambos contendientes se mantengan empantanados en sus propósitos, sujetos a lo que el gobernador disponga en un proceso electoral bajo su control,  en el afán de éste de arribar al 2012 como el mejor posicionado entre quienes en su partido se presume aspiran a la presidencia de la República.

Ni uno ni otro avanzan en la medida de lo deseable en sus propósitos pese al enorme dispendio de recursos aplicado. Pierde la elección en marcha el sentido democrático que espera la sociedad, y gana, para infortunio de los veracruzanos, la pauperización de la política.

Insisto, lo anterior es simple especulación. La inédita situación política que se vive en Veracruz, derivada de enconos personales, no da para más. En esta tesitura, pues, considero válido preguntarse: ¿Hasta cuando y en que momento Fidel Herrera dejará de contaminar el proceso electoral en marcha para dejarle el camino libre a Duarte de Ochoa?

Fidel ya lo dijo: gobernará hasta el último día de su mandato, lo que implícita y explícitamente, significa que el 4 de julio será fecha a celebrar por el gobernante, como triunfo personal y de su administración, en tanto que el gobernador electo, si Duarte logra crecer y ganarse la voluntad popular, seguirá siendo el empleado a modo de su mentor hasta que este decida soltarle y, Miguel Ángel Yunes Linares, el malo de la película, vencido pero no derrotado dará aún mucho de que hablar.

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Xalapa, Veracruz. Plumas Libres, 03/04/2010.- El consejero político nacional del PRD, Juan Carlos Krausse Rivera, reconoce que sea cual sea el escenario de una posible alianza con el Partido del Trabajo y Convergencia, que abandera a Dante Delgado Rannauro a la gubernatura, es un hecho que miles de perredistas ya están volcados de lleno a la campaña a favor del Partido Acción Nacional y de su candidato a la gubernatura, Miguel Ángel Yunes Linares, a quien acompañan en eventos y suman apoyos. En medio de una profunda crisis que vive el PRD, cuya presencia política no rebasa el cinco o seis por ciento y en el que se estima que para los comicios de este año pudiera desplomarse al dos por ciento, Krauss admite que el Sol Azteca vive una desintegración paulatina en Veracruz.

Milenio, Veracruz.- José Luis Lagunes, miembro del equipo del precandidato del PAN y Nueva Alianza la gubernatura, Miguel Ángel Yunes, dio a conocer documentos que buscan acreditar que existe una “guerra sucia” contra el ex director del ISSSTE.

En una conferencia de prensa, presentó tres presuntas minutas de reuniones celebradas los días 13, 17 y 19 de febrero, en este puerto, donde, mencionó, se habría orquestado una “campaña negra” en contra de Yunes.

Mencionó que en estos encuentros estuvieron el gobernador Fidel Herrera; el candidato del PRI al gobierno, Javier Duarte de Ochoa; el consultor venezolano Juan José Rendón Delgado, Enrique Jackson, Jorge Buendía, Mario Rodríguez, Eduardo Robledo Rincón y Jorge Carvallo, este último presidente estatal del Revolucionario Institucional.

“El pasado día 31, al depositar ante el notario 29, Alejandro Hernández Gallardo, documentos que acreditan que desde el PRI y el gobierno del estado se ha iniciado una ‘guerra sucia’ en contra de Yunes Linares, íbamos a abrir los sobres en los que se encuentran depositados los documentos, una vez que se diera inicio dicha campaña sucia”, dijo.

Lagunes dio a conocer que en la minuta de la reunión celebrada el día 13 de febrero, se puede leer en la misma “definir como prioridad hacer increíble su guerra sucia y hacer creíble la nuestra”, lo que daría por hecho, señaló, el intento del PRI de generar una campaña de desprestigio en contra de Yunes.

Dijo que decidieron abrir tres de los seis sobres, pues tenían información que la próxima semana se llevaría a cabo este operativo por miembros del PRI, por lo que decidieron darlo a conocer públicamente antes de su realización.

Adelantó que en los próximos días solicitarán la expulsión del país del venezolano J.J. Rendón, quien, sostuvo, indebidamente está interviniendo en cuestiones políticas en México.

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J. Enrique Olivera Arce

El jueves, 21 de los corrientes Manuel Rosete Chávez, en su leída columna “APUNTES”, se pregunta: “¿Qué hizo Fidel Herrera con la entelequia que le quedó de PRI para ganar su elección y las otras que le ha tocado enfrentar? Respondiéndose en el mismo espacio: “Fundar una nueva corriente paralela a su partido, la de la “fidelidad”, más fuerte que el tricolor cuyo capital le pertenece siendo este políticamente su principal activo, con el que está luchando por conservar la hegemonía priista en Veracruz dejando en el Gobierno a su alumno más destacado, el diputado federal Javier Duarte de Ochoa”.

Reafirmando su tesis Rosete Chávez agrega: “El asunto no es difícil de entender para quienes vivimos en Veracruz. Hemos visto a Fidel Herrera trabajar con la fidelidad y ganar elecciones, mientras el PRI de los políticos tradicionales se ha mantenido a la expectativa observando con asombro el escenario, viendo los toros desde la barrera o esperando a ser convocados para participar pero de forma muy aislada, no en las decisiones a las que estaban acostumbrados”.

Interesante supuesto confrontando a los políticos priístas de viejo cuño con la entelequia fiel de la nueva horneada. Tanto le agrega más leña al fuego como pone sobre la mesa un tema que muchos priístas se niegan a ventilar.

Dado el clima político prevaleciente, sin duda el destacado columnista toca un tema que se presta a muchas lecturas y a no pocos acuerdos y desacuerdos con lo que asevera, pero bien vale el esfuerzo de análisis e interpretación, en tanto que pone sobre la mesa elementos que permitirían entender el porqué de la polarización que se da al interior del priísmo estatal entre los que aceptan sin mayor análisis la imposición del “delfín” Duarte de Ochoa y el cada vez mayor número de escépticos, que no consideran como viable a un proyecto de continuidad o continuismo al que en lo electoral no le ven futuro promisorio.

Aunque en política no hay nada escrito, a mi juicio Rosete Chávez tiene y no tiene razón en lo que afirma. El análisis me resulta lineal y demasiado simplista. A la luz de lo que aconteciera en el 2004, tanto en hechos objetivos como en la subjetividad de la interpretación estadística del triunfo electoral de Fidel Herrera Beltrán, éste no se hubiera dado sin el concurso, primero, del priísmo veracruzano tradicional dentro del cual se formara el actual gobernador, incluido Miguel Alemán Velasco y, segundo, sin los amarres y componendas con la cúpula nacional del PRI y PAN, que le permitieran salir avante en el tribunal electoral. Entre otras cosas, no se puede olvidar que la coordinación de su campaña recayó en un priísta de viejo cuño, Guillermo Zúñiga Martínez, quien por cierto no ostenta la etiqueta de la “fidelidad”.

Por cuanto a las elecciones del 2006 y 2007, es absurdo el sólo pensar que al triunfo priísta se le debe atribuir a la corriente de la fidelidad. El trabajo de Fidel Herrera al frente de la administración pública contó y mucho, pero no se puede hacer de lado que la operación política pie a tierra, descansó en la “vieja” guardia y en una estructura partidista que se forjara a lo largo de muchos años. Sin la tradicional estructura, voto duro histórico, capacidad para cooptar a una oposición proclive a la corrupción y cuadros probados con autoridad política en sus respectivos ámbitos de influencia, el grupo de “jóvenes valores” con Javier Duarte de Ochoa al frente y que hoy se ostentan como “fieles”, no hubieran probado las mieles y el beneficio del poder.

Tampoco se puede hacer de lado el hecho de que a la gran mayoría de los viejos cuadros, incluidos amigos personales de muchos años de Fidel Herrera, habiendo trabajado, invirtiendo tiempo, esfuerzo,  e incluso recursos económicos propios a favor del proyecto del hoy gobernador de Veracruz, se les hizo a un lado, privilegiándose pago de facturas a improvisados empresarios metidos a políticos, así como la incorporación de jóvenes en su mayoría tan ambiciosos como inescrupulosos. Eso ya debería tener un costo negativo para Herrera Beltrán y aún así, la vieja guardia priísta trabajó y lo sigue haciendo a favor de su partido y no necesariamente en torno a un proyecto al que hoy sienten como ajeno, gracias a los barruntos de imposición y continuismo.

No se puede negar que el principal capital político del PRI en el estado es Fidel Herrera Beltrán, quien se ha ganado a pulso, para bien o para mal, tal consideración. Pero también no es ya un secreto que el gobernante está perdiendo el piso al querer trascender más allá de los límites que constitucionalmente tiene fijados, imponiendo con calzador tanto a su discípulo y ahijado favorito como al reducido primer círculo de “chapulines y jóvenes fieles”, desdeñando opinión y experiencia de la vieja guardia. Y aún peor, el que éste primer círculo se sienta con tamaños para darle la espalda a la estructura histórica del partido, confiando en la fuerza  que le atribuye lo mismo hoy Manuel Rosete Chávez,  “que la alfombra roja” mediática al servicio de la corriente “Fidelidad”, que por consigna y atendiendo a intereses empresariales propios así lo propala.

El tema abordado por el destacado comunicador da para más, sin duda, pero el debate exige respeto a contextos… si la guerra sucia lo permite.

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J. Enrique Olivera Arce

Los meses pasan y en Veracruz la porquería destinada a descalificar adversarios electorales se acumula rebosando el bacín sin que hasta el momento alguien se ocupe de jalar la cadena. Antes al contrario, la “guerra sucia” entre el PRI y el PAN e incluso al interior de ambos partidos, va viento en popa ensuciando todo lo que toca y “lo mejor está por venir”.

El indicado para limpiar el lodazal debería ser sin duda el gobernador Fidel Herrera Beltrán, como primer responsable de la vida política y social de la entidad, pero lejos de contribuir a generar un clima de civilidad y respeto a las instituciones que propicie credibilidad y certeza al proceso electoral en marcha, es el primero en aportar la suficiente porquería para que el bacín se derrame. En su pugna personal con Miguel Ángel Yunes Linares, aspirante panista a la gubernatura y hasta ahora principal amenaza al proyecto del “delfín”  priísta Javier Duarte de Ochoa, el gobernador aprovecha cualquier coyuntura para descalificar mediáticamente a su enemigo en forma por demás pedestre, valiéndose de una mayoría de medios de comunicación a su servicio.

Sus últimas aportaciones a la “guerra sucia”, contando con el silencio cómplice del Instituto Electoral de Veracruz,  han sido chascarrillos de mal gusto vertidos en entrevistas banqueteras concedidas a los reporteros de diversos medios, en los que abiertamente hace alusión a presunta inclinación pederasta jurídicamente  no probada en las “preferencias” personales de Miguel Ángel Yunes Linares, así como quejándose públicamente de la perversidad del gobierno federal al que acusa de pretender pintar de azul a Veracruz, tras él haberlo teñido de rojo. Renglón aparte del descarado e inequitativo apoyo con recursos públicos a la hasta ahora nada velada campaña electoral anticipada del diputado federal con licencia Duarte de Ochoa.

“Viene lo mejor”, dice el slogan oficial de la fidelidad, recurrentemente recitado por el joven e inexperto cordobés para exaltar la imagen de su mentor y padrino; “viene Yunes, guarden a sus niños”, se propala por debajo de la mesa y la respuesta del adversario con igual encono no se hace esperar. Al paso que vamos antes de que oficialmente inicie el registro de candidatos a la gubernatura de Veracruz, sin árbitro electoral creíble, la porquería, no la lumbre, habrá de llegar hasta los aparejos, deslegitimando lo que debería ser un ejercicio democrático de participación ciudadana como lo exige Veracruz.

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Malos augurios para el proceso electoral en puerta. El Instituto Electoral de Veracruz, legalmente destinado a arbitrar las elecciones del 2010 no sólo ha perdido credibilidad y confianza entre las distintas fuerzas políticas en contienda, ya también son del dominio público sus reiterados conflictos internos y la pifia en que incurriera al haber contratado los servicios de una cuestionada empresa para que esta se hiciera cargo del monitoreo de medios  mandatada por el Código Electoral vigente para la entidad,  deslegitimándose ante los electores potenciales que habrán de sufragar el próximo cuatro de julio.

Si ya de sí los procesos electorales no cuentan con la simpatía de los electores, como quedara comprobado en la última elección federal, situaciones anómalas como las que acusa actualmente el IEV agudizan desconfianza y descrédito, poniendo en riesgo las ambiciosas expectativas de participación ciudadana y, por ende, la legitimidad del proceso y de quienes resulten triunfadores en la justa.

El tiempo se ha echado encima y los plazos para corregir se agotan sin que se vea una solución razonablemente aceptada por todas las fuerzas políticas. Antes al contrario, todo parece indicar que lejos de atemperarse el conflicto al interior del IEV este se agudiza en tanto que el cuestionado monitoreo de medios ya es motivo de dimes y diretes entre los diversos partidos contendientes, encuadrándose dentro de la “guerra sucia” que habrá de caracterizar al actual proceso electoral. A ello habría que agregar la ausencia de voluntad política del Instituto Electoral local para encausar adecuadamente el conflicto, adecentando su actuación.

De persistir el clima de desconfianza en el árbitro, éste se hará extensivo a los contendientes y de ahí a la reticencia del elector a sufragar, sólo hay un paso; retornando el fantasma del abstencionismo al que se pretende derrotar. Mal augurio en un escenario en el que la sociedad lastimada por el encadenamiento de nuevos impuestos, incremento de las tasas impositivas en otros, y el alza desmedida en el precio de bienes y servicios públicos y privados, está ávida de castigar a la clase política que, sin distingo partidista, se le percibe como responsable de la pérdida de bienestar de la mayoría de la población. Lo anterior obliga a los diversos candidatos a la gubernatura, diputaciones locales y alcaldes a irse con tiento, evitando incurrir en viejos y nuevos vicios para no tener que dar cuenta de sus actos en el Tribunal Electoral, puesto que seguramente nadie confiará en la imparcialidad del árbitro caso de tenerse que dirimir en esa instancia las quejas, reclamos e impugnaciones a que haya lugar a lo largo del proceso.

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J. Enrique Olivera Arce


Es de llamar la atención la tónica discursiva adoptada por el Maestro Fidel Herrera Beltrán en el último mes del año que culmina. Lo mismo recurre a la retórica triunfalista al referirse a Veracruz,  que al pesimismo con el que percibe el acontecer nacional bajo la conducción de Felipe Calderón Hinojosa. Contrastando el “vamos bien y viene lo mejor” en lo que a nuestra aldeana isla de la fantasía corresponde, con el “ominoso panorama y una atmósfera de falta de confianza que afecta a las instituciones, agravia a la nación y retarda las soluciones”, al sintetizar el balance que del 2009 en México formulara en entrevista concedida a un medio nacional.

En el gobernador Veracruzano no hay nada al azar; lo mismo en el discurso pueblerino que en el seno de la ONU, palabras y hechos se conjugan en una visión de largo plazo que apunta a la elección presidencial del 2012 y, de paso, en la continuidad que le asegura el imponer a su delfín. En el contraste entre el gobierno “fiel” en Veracruz y la fallida conducción del país por parte de Calderón, radica la estrategia de Fidel Herrera Beltrán. En nuestra entidad todo es miel sobre hojuelas; el blindaje, inversión y empleo, así como la bonanza económica, conforman un clima de confianza envidiable frente a la crisis global, en tanto que el gobierno federal, sin rumbo y sin proyecto, genera desánimo, desconfianza y ominosos nubarrones.

Cuidándose, eso sí, de comulgar de dientes para afuera con lo que Calderón Hinojosa propone; lo mismo tratándose de la mini reforma política que de la necesaria unidad en el combate a la delincuencia organizada, sin dejar de imprimir a su dicho matizada visión personal del que, como y cuando cerrar filas con el gobierno federal sin perder de vista el riesgo que implica el que le levanten la canasta presupuestal.

A la luz de tres discursos decembrinos, en tres momentos diferentes, y en una misma circunstancia, el gobernador veracruzano deja entrever la estrategia asumida. El primero, referido al cambio climático, destaca su punto de vista sobre lo perverso de un sistema capitalista, salvaje en su fase neoliberal, depredador y contra natura, rebasando por la izquierda al sistema político nacional; el segundo, expuesto ante la diputación local, contradice al primero, desbordando triunfalismo sin sustento y exaltando las virtudes del neoliberalismo como paradigma para la vida económica y social de Veracruz, habida cuenta que estaba dirigido al consumo interno y libreto para la proyección mediática del diputado federal Javier Duarte de Ochoa. Con el tercero, le domina el pesimismo; Calderón Hinojosa no sabe gobernar, no hay acuerdos afirmara, para concluir que observa “ominoso panorama y una atmósfera de falta de confianza que afecta a las instituciones, agravia a la nación y retarda las soluciones”, pero hace un llamado a cerrar filas en torno al michoacano por el bien de la nación.

La aparente incongruencia discursiva, para Fidel Herrera no es tal, en tanto persigue un propósito único: descalificar a Calderón Hinojosa y al  partido político  de éste, colocándose mediáticamente a la vanguardia del PRI en la tan desgastante como impredecible carrera por la presidencia de la República, libre de la pesada carga que implica el tener que dar cuentas a su sucesor y a la historia.

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J. Enrique Olivera Arce

Sin la plena seguridad de que tiene en la bolsa la candidatura del PRI al gobierno de Veracruz, Javier Duarte de Ochoa no habría solicitado licencia al encargo de diputado federal que le confiara la ciudadanía. A buen entendedor pocas palabras, confirmándose que no está en el ánimo de Fidel Herrera Beltrán el optar por otro plan que no sea el de impulsar y apadrinar la candidatura de su delfín.

Vistas así las cosas todo esfuerzo que realice Héctor Yunes Landa ó, en su caso, José Yunes Zorrilla por desbancar al ex secretario de finanzas del gobierno de la fidelidad, no sólo resultará vano también pone en riesgo su respectiva carrera política en Veracruz. La asamblea de notables, comprados o no, en su momento levantará el dedo a favor del joven e inexperto cordobés porque así lo quiere el que dicen manda en la entidad.

Y en eso confía el joven delfín y su equipo de campaña. La estrategia derivada de tal certidumbre tiene un solo curso de acción: confianza en Fidel Herrera Beltrán y su capacidad probada para ganar elecciones. En el interior del “cuarto de guerra”, los también neófitos operadores políticos se mueven en torno a tal convicción y es ya del dominio público que aseguran que la palabra “perder” no figura ni en el diccionario político del gobernador ni en los versículos bíblicos que cotidianamente le hace llegar conocido predicador.

En cuarteles de campaña diferentes, se mantiene firme la fe, asegurándose que en política no hay nada escrito y que bien podría darse el caso de que del plato a la boca cayera  la sopa, recordándose el caso del “Carbonellazo”. Eso si el gobernador Herrera Beltrán no obtuviera el consenso de las tres cabezas visibles de la cúpula priísta, que bien podrían objetar el proyecto “Duarte” si ven como riesgoso para el partido el contender en Veracruz con un candidato débil en el propósito de mantener la gubernatura de la entidad. O bien juzgar como peligroso para sus propios intereses que Fidel Herrera Beltrán se saliera con la suya aún en contra de la opinión calificada de Enrique Peña Nieto, Beatriz Paredes Rangel y Manlio Fabio Beltrones, que no es otra que la de Carlos Salinas.

Esperanzas forjadas al interior de los bunkers priístas opositores a Duarte de Ochoa, que consideran fundadas y que son compartidas en amplios círculos del partido ajenos a la corriente de la fidelidad que consideran de alto riesgo el que Herrera Beltrán imponga la candidatura del delfín si se llegara a concretar en el PAN la participación de Miguel Ángel Yunes Linares o la de Dante Delgado impulsado por Convergencia, PT y lo que queda del PRD en la entidad. “Si Duarte abandera al PRI en la búsqueda de la gubernatura, sus adversarios lo van a hacer pedazos”, se comenta. Lo cual objetivamente es más que probable en tanto que el diputado federal con licencia ha dado muestras de ser un hombre timorato, inestable, inexperto y sin carisma, atenido a su única estrategia electoral, la confianza en el padrinazgo que le embarcara en tan singular aventura.

Por su parte, sus adversarios lo ven así. Un candidato débil, sin luz propia cuyo discurso se concentra en seguir al pie de la letra el libreto que le dictan desde palacio de gobierno. Aunado a un apoyo muy relativo por parte de una directiva estatal priísta que se maneja con el mismo talante y que, por principio de cuentas, es rechazado por la mayoría tanto de notables como de la militancia común.  Dante Delgado así lo percibe y en corto lo ha expresado, en tanto que los panistas públicamente han señalado que de persistir “el error” del gobernador, solos derrotarán al joven cordobés.

Diciembre se fue y en la brevedad de un enero dominado por pesada cuesta viene lo mejor, a interrogante en los círculos políticos sobre la decisión final de Fidel Herrera y lo que en el ámbito de su competencia opine la cúpula nacional del priísmo en torno a la candidatura a la gubernatura, en tanto que en el ánimo de la ciudadanía prevalecerá la promesa no cumplida del entonces diputado  federal por el Distrito de Córdoba, quien a nombre de la diputación federal priísta comprometiera el rescate de la economía popular.

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Hector Yunes Landa

Desde mi partido, comparto el proyecto de desarrollo que en días pasados presentara el senador Dante Delgado, expresó el diputado local priísta, Héctor Yunes Landa, al rendir su II Informe de labor legislativa en Cardel, Ver.

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