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Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

Veracruz, “estado próspero”, munipios pobres

Una de las más agudas contradicciones de la administración pública veracruzana, radica en la distribución regional de los presupuestos municipales. La polarización en la asignación de recursos destinados a obras y servicios a cargo de los Ayuntamientos, es evidente, recreándose año con año lo mismo marginación que desigualdad y pobreza microregional, gracias a la carencia de visión de Estado de la Legislatura local en turno.

Al perro más flaco se le cargan todas las pulgas, castigándose a la población más vulnerable a un proceso permanente de falta de oportunidades, en el que la dialéctica del subdesarrollo hace de la desigualdad denominador común irreversible,  en perjuicio de quienes menos tienen en todo el ámbito estatal. Los Ayuntamientos menos favorecidos presupuestalmente, marcan rumbo y destino de Veracruz.

Así, mientras se insiste en que el gobierno estatal da una batalla frontal contra pobreza y desigualdad, la distribución del presupuesto de egresos municipal indica que en realidad se propicia la profundización de tales flagelos.

El presupuesto de egresos para el 2012 asignado por la diputación local a los 212 Ayuntamientos, no indica otra cosa. Mientras que por un lado a los ocho municipios poblacionalmente más importantes de Veracruz, se les favorece en promedio con más de 463 millones de pesos para solventar las necesidades de sus respectivos programas anuales de gasto corriente e inversión, a los diez más pobres, también en promedio, se les asignan apenas 8 millones anuales, destacando el de Cuetzala con 6.9 millones de pesos.

A nadie en la diputación local se le ocurre siquiera pensar que la exclusión y falta de oportunidades en los Municipios pobres, habra de repercutir necesariamente en mayor desigualdad y pobreza en los Municipios con mayores privilegios. La migración de los bolsones de pobreza a los municipios más favorecidos en busca de empleo y oportunidades de sobrevivencia, incrementa a su vez las necesidades crecientes de obras, servicios públicos, gobernanza y paz social en éstos últimos, haciendo nugatorio propósitos y objetivos de crecimiento económico y desarrollo, presuntamente considerados en la asignación presupuestal desigual y focalizada con énfasis en los municipios con mayores índices de desarrollo relativo.

Si lo que se pretende es fortalecer polos de desarrollo específicos, a partir del presupuesto asignado a los diez Ayuntamientos más favorecidos, suponiendo que éstos derramarán beneficios compensatorios a los más pobres de su entorno regional y microregional, los resultados esperados actuarán en contrario, igualando pobreza y desigualdad en todo el estado.

El Sr. Doctor Duarte de Ochoa en uno de sus mensajes navideños declaró que: “El orden, la disciplina y la eficacia en el ejercicio presupuestal permitirán el desarrollo en todas las regiones del estado”, pidiendo  a las autoridades municipales “que apliquen estos criterios de la administración pública estatal para generar economías que permitan hacer más obras y acciones en beneficio de los veracruzanos”. Propósito sustentado en una lógica razonable, sin orden, disciplina y eficacia en el ejercicio de la función pública, no hay gobierno que salga adelante. No obstante, cuando se atiende a la distribución presupuestal en los 212 Ayuntamientos de la entidad, lo primero que salta a la vista es que aquellos con una asignación inferior a los 10 millones de pesos anuales por ejercer, están de hecho imposibilitados no solamente para ser eficaces, también para “generar  economías que permitan hacer más obras y acciones en beneficio de los veracruzanos”. Si no cuentan con recursos para contratar un policía de esquina, menos para mantener una administración eficiente.

Eso sin considerar que la mayoría de los Ayuntamientos pobres arrastran adeudos de las administraciones anteriores.

Así, con un presupuesto de egresos de supervivencia, poco o nada pueden aportar estos Ayuntamientos al desarrollo estatal, agudizando sí, las condiciones de desigualdad y pobreza microregional y regional cancelando oportunidades de crecimiento a sus gobernados.

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Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

Salud y bienestar para todos en unión de sus seres queridos.

Gobernador de Veracruz

Mientras el derrumbe de Europa sacude al mundo entero, en Veracruz la crisis globalizada nos hace lo que el viento a Juárez. Nos adentramos en el 2012 con la misma tónica discursiva, el mismo triunfalismo sin sustento con el que el Sr. Doctor Duarte de Ochoa iniciara la fiesta de la prosperidad veracruzana en los albores del año que culmina. 

“Veracruz reforzará sus políticas, programas, proyectos y acciones de gobierno el año próximo para seguir consolidando las bases de la prosperidad que se asentaron durante 2011 con el apoyo de todos”, frase con la que el gobernador veracruzano despide al año viejo, sin el menor rubor, sin el menor asomo de toma de conciencia de lo que para las mayorías se percibe como un año fallido para la administración pública bajo la conducción del delfín de la “dinastía Herrera-Borunda”.

Mal augurio para Veracruz y la nobleza de su gente. Más de lo mismo para un año que está siendo precedido por negros nubarrones lo mismo en el contexto económico internacional que en el de un creciente deterioro social  y político a lo largo y ancho de un México que, perdido rumbo  y brújula, retrocede a tumbos en medio de violencia y desconcierto. 

El “agorero” ex secretario de Hacienda, hoy presidente del Banco de México, se olvidó del “catarrito”. Hoy anuncia que se han prendido focos rojos en el entorno económico del país, ante la amenaza de la crisis global. Menor crecimiento y mayor inflación en los índices macroeconómicos, así como pérdida del valor adquisitivo del salario de las mayorías que aún conservan un empleo y, consecuentemente, contracción de la demanda interna  en la microeconomía.

Ante las advertencias del Sr. Cartens, en Veracruz lejos de poner las barbas en remojo, nos manifestamos triunfalmente como ajenos a la crisis, boyantes anunciamos que el 2012 será el año de la consolidación de las bases para una  prosperidad que sólo alcanza a percibir un gobernante que al paso de la procesión no pone la rodilla en tierra. 

El beneficio de la duda

Si bien  el joven e inexperto gobernador de Veracruz contó a lo largo de su primer año de gestión con el beneficio de la duda, generosamente otorgado por los más de dos millones de Veracruzanos que no votaran a su favor en el 2010, con el inicio del nuevo año, y ya inmersos en el proceso electoral que culminará con el relevo presidencial e integrantes del Congreso de la Unión, las circunstancias cambian, tal beneficio se diluye y, tanto partidos políticos como votantes potenciales, pugnarán por sus propios intereses al margen de los buenos deseos y utópicos propósitos del Dr. Duarte de Ochoa.  

La ansiada unidad entre diferentes pasa a segundo plano. En los hechos cada tercio de los sufragios esperados responderá a su propia visión de la realidad veracruzana, reduciéndose la base social de apoyo en que se sustenta el régimen duartista. Lo que por seguidismo está bien para el PRI y sus aliados comparsas, no se verá de igual manera en el PAN o en la coalición de las llamadas izquierdas, cuando a la vista está expuesto que en un proceso electoral que ya se salió de cauce, contaminado por los propios árbitros de la contienda, el Gobernador estará permanentemente en el centro del ojo del huracán.

La belicosidad del discurso del aún presidente estatal del PRI, Héctor Yunes Landa, pretendiendo defender lo indefendible pidiendo no se politicen por el PAN los yerros del Dr. Duarte en materia de seguridad pública, así lo ejemplifican. 

El futuro de Veracruz está en su gente

Afortunadamente para Veracruz, su gente, ajena al desmadre, falta de visión y de sensibilidad de una clase política que dejó de responder al interés de las mayorías, sabe rascarse con sus propias uñas. Pie a tierra afronta su realidad cotidiana, trabaja y se provee del diario sustento, cifrando sus esperanzas y buenos deseos para el nuevo año en su propia capacidad de respuesta ante la crisis. El aparato productivo está en pie, deteriorado pero al fin en pie, sin depender de los sueños duartistas construidos de espaldas a la realidad agobiante. Esto nos salva de un desastre por ahora circunscrito a la pésima administración pública y al estilo personal de gobernar del joven delfín.

Pero el horno no está para bollos. No se puede cantar victoria por anticipado. El lastre de una llamada clase política que más que motor de desarrollo es un estorbo, podría echar por tierra lo mismo buenos deseos que el mejor de los propósitos para el 2012. Luego cabe no aflojar el paso, mantener la frente en alto y enfrentar la crisis ya presente con la mayor de las cautelas. No esperemos a que el Dr. Duarte de Ochoa despierte de su almibarado sueño. Mérida, Yuc.- 29/12/11

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Veracruzanos.info

Gobernador de Veracruz

Xalapa, Ver.- Veracruz concluye un año de grandes retos y pronto iniciaremos el 2012, un año que será mejor para todos los veracruzanos, expresó el gobernador Javier Duarte de Ochoa, y junto con sus deseos de prosperidad para las familias, manifestó su satisfacción por haber conseguido grandes logros con la participación ciudadana.

Acompañado por su esposa, la señora Karime Macías de Duarte, el mandatario veracruzano dijo que 2011 fue un año de grandes retos para Veracruz que se superaron con el esfuerzo y el trabajo conjunto del gobierno y la sociedad.

“Me llena de orgullo y satisfacción haber compartido con ustedes también un año de importantes logros. Estas fechas de fin de año son siempre una buena oportunidad para reafirmar nuestros compromisos y plantearnos nuevas metas” expresó.

En nombre suyo y de su familia, el titular del Poder Ejecutivo deseó Feliz Navidad y Próspero Año Nuevo a las familias de la entidad. Como veracruzano y como gobernador, reiteró su convicción y confianza en que el 2012 será un año pleno de desarrollo y éxito.

Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

Del plato a la boca se cae la sopa cuando no se sabe cucharear, diría Doña Fide, personaje de los diálogos de Lino Tapia, colaborador de la revista veracruzana Análisis Político.

Más claro ni el agua, el gobierno de Veracruz no pudo con el paquete de la seguridad pública en la conurbación Veracruz-Boca del Río, debiéndolo entregar en bandeja de plata a la Secretaría de Marina, Armada de México, renunciando así de facto a lo que debemos entender como soberanía estatal. Esto a escasos días de que Duarte de Ochoa declarara a Veracruz como zona libre de desastres en respuesta a los “agoreros”.

Se confirma una vez más que “calladitos”, nuestros políticos “se ven más bonitos”.

El tema de policía y seguridad pública no suele ser tema a tratar en este espacio. Verdaderos especialistas, incluido el Sr. Calderón Hinojosa para el que es el pan de cada día, le tratan cotidianamente en todos los medios de comunicación impresa o electrónica. Sin embargo, diluida la frontera que separa a la información política de la policiaca y habida cuenta de que lo referente a la “cesión de derechos” por incapacidad, confirma que una cosa es el ya chocante discurso de la prosperidad y otra la realidad a la que se enfrenta el gobernador veracruzano, vale la pena tocarlo de refilón.

El ceder a las fuerzas armadas de la Federación  la función de policía preventiva a la que están obligadas constitucionalmente lo mismo la administración pública veracruzana que los 212 Ayuntamientos de la entidad, no es un capricho más del Sr. Doctor Duarte de Ochoa ni tampoco de Calderón Hinojosa. Es obligada respuesta a una realidad que no se puede ocultar tras una ya jocosa cantaleta sobre los resultados del primer año de gestión del titular del ejecutivo estatal.

Para muestra basta un botón

No se puede afirmar que se cumplieron y rebasaron las metas plasmadas en el Plan Veracruzano de Desarrollo, cuando el gobierno no cumple con la obligación primaria de otorgar seguridad a la ciudadanía en su integridad física y bienes materiales. Más cuando en el imaginario popular existe ya la idea de que el gobierno duartista ha sido incapaz de servir a la ciudadanía con eficiencia y eficacia en materia de seguridad y justicia.

Si no se pudo, por las razones que fueren, asegurar tranquilidad y paz social en la conurbación Veracruz-Boca del Río, la joya de la corona,  e incluso en la capital del estado, es de imaginarse las condiciones desastrosas que privan en esa materia a lo largo y ancho de la entidad veracruzana. Sin seguridad pública no florece el crecimiento económico y el desarrollo por más que se le invoque.

¿Es dable entonces afirmar que con el programa “Adelante”, en el primer año de gobierno se han sentado las bases para consolidar la prosperidad de Veracruz? Desde luego que no. Así, más que una utopía construida en los sueños del gobernador veracruzano, lo que se afirma en el discurso triunfalista es simple y llanamente mendaz y vulgar entelequia, llamada a jugarle el dedo en la boca a ingenuos ciudadanos que en su gobierno confían.

Más que coordinación con el gobierno federal en el programa “Veracruz Seguro”, lo que hoy se observa es ni más ni menos que subordinación. El gobierno de Veracruz sometido a un mando único en manos de las fuerzas armadas, contrariamente a lo dispuesto en el pacto federal. Más grave aún que el que la armada de México se asuma como gendarme de esquina para brindar protección a los veracruzanos.

¿Tan mal están las cosas en Veracruz? ¿Y el “aquí no pasa nada”, donde quedó?

Fracaso y elecciones

¿Qué pensará el candidato del PRI a la presidencia al respecto? Seguramente nada, su prioridad es mantenerse como puntero en las encuestas para desmentir a sus detractores, así como la prioridad de Javier Duarte de Ochoa es mantener su imagen en alto ante Enrique Peña Nieto.

Porque no podemos dejar de lado que de aquí en adelante y hasta la elección del 2012, pase lo que pase en Veracruz se inscribirá en el contexto del proceso electoral. Como tampoco puede minimizarse el hecho de que la renuncia del gobierno priísta a brindar por sí seguridad a los ciudadanos, quedará inscrito en la memoria de los veracruzanos como un fracaso más del líder moral del tricolor en la entidad.

“El PRI si sabe gobernar” grita a los cuatro vientos el priísmo veracruzano, en referencia al pésimo gobierno panista de Calderón Hinojosa. ¿Qué dirán ahora ante el mal gobierno de Duarte de Ochoa? ¿Estarán concientes de que la incapacidad de la administración pública priísta se reflejará en las urnas?

Permítaseme dudar de esto último. El priísmo veracruzano vive a su modo la prosperidad que se le niega a los veracruzanos. El “salpique” y la euforia producto de su convicción de que el PRI recuperará Los Pinos, les ciega y trastorna el entendimiento.

Mérida, Yuc., Diciembre 21 de 2011.

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Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

Ni hablar, los “agoreros del desastre” a los que se refirió el Sr. Doctor. Javier Duarte de Ochoa en Coatzacoalcos, tendrán que tragar sapos y aceptar que “Veracruz no está quebrado”.

A los que ni nos va ni nos viene el exabrupto visceral del gobernador somos los pocos que hemos afirmado de manera reiterada que son las finanzas de la administración pública veracruzana las que están desfondadas. Más todavía, tratándose de quien esto escribe, al haber señalado que Veracruz está por encima de quienes le gobiernan, sin que eso se aproxime a un mal augurio de desastre inminente, a menos que se tome como tal el considerar que, de seguir las cosas como van, engañando a los veracruzanos sobre una fortaleza institucional que no se observa por ningún lado, pudiera dar lugar al fracaso de la batalla del gobernador contra la desigualdad y la pobreza.

Pretender reducir pobreza al 50 % en seis años, si que es un mal augurio. Del optimismo sin sustento al fracaso solo hay un paso y, en menos que canta un gallo, desigualdad y pobreza creciendo diariamente por arriba de la meta establecida para cada día, cada mes, cada año del sexenio duartista, podrían derrumbar la joya de la corona paradójicamente denominada “Adelante”; arrastrando consigo en su caída la visión utópica de una prosperidad que no existe en el mundo real. Eso si sería un desastre.

 Por cierto el propio gobernador veracruzano, que no es ningún agorero del desastre sino simplemente un soñador, entre más pronuncia la palabra “prosperidad” más confirma la percepción de un fracaso anunciado.

Si algo sabe el gobernador, es de finanzas públicas

Ocultar la realidad pretendiendo tapar la luz del sol con un dedo, no es manera de desmentir a aquellos que no comulgamos con el sueño duartista. Si por un lado el Sr. Doctor Duarte de Ochoa declara que se está pagando en tiempo y forma a proveedores y, por otro, su secretario de finanzas afirma que el 24 del mes en curso se  pagará lo adeudado a constructores y proveedores, algo anda mal. O se oculta la verdad o se recurre a medias verdades y medias mentiras para salvar el año, como suelen decir los derechohabientes del Instituto de Pensiones que exigen cuentas claras y chocolate espeso ante el adeudo del gobierno estatal al organismo.

Lo mismo dirían aquellos constructores y proveedores de bienes y servicios, que desde noviembre del 2010 no ven para cuando se les pague lo adeudado, pese a que, como es público y sabido, algunos cubrieran una jugosa cuota para cuando menos tener prioridad  a la hora del pago prometido. ¿O no es así Sr. Benítez?

El Doctor, como lo afirma, si algo sabe es de finanzas públicas. Por lo cual debería de saber lo que significa pagar en tiempo y forma. Ni se ha pagado a tiempo ni se respetan las formas, habiendo transcurrido ya un año de torear con promesas incumplidas a los demandantes de pago.

Por otra parte, el propio gobernador en su Primer Informe de Gobierno, dejó asentado el monto de la deuda que viene arrastrando la administración pública tras el desaguisado fidelista. Así como quedó asentado que en el proyecto de reestructuración de la deuda pública, tenía como pendiente la contratación del último crédito autorizado por la diputación local. Lo cual fue confirmado por el secretario de finanzas en su comparecencia ante el Congreso. Si la banca privada no suelta el billete, pese al aval de Banobras, no hay reestructuración, así de simple.

¿Podrá efectivamente al cierre de año quedar saldada la deuda que el gobierno estatal contrajera tanto con particulares como con el IPE? Por salud pública sería importante que el gobernador Duarte de Ochoa, pasadas las fiestas decembrinas, dijera a los veracruzanos a cuanto ascendería el monto de la deuda pública con el que se inicia el 2012.

“No confundir gimnasia con magnesia”

No se puede culpar a los “agoreros del desastre” cuando a ojos vistas no se ha dado solución a la problemática heredada de la pésima administración a cargo de Fidel Herrera Beltrán. De la cual, el Dr. Duarte de Ochoa, que si sabe de administración pública, conoce sus alcances. Los “agoreros” podrán estar confundiendo a Veracruz con quien le gobierna, sin embargo, no es en stricto sensu su responsabilidad, el propio gobernador en sus peroratas triunfalistas es el primero en recurrir a mendaz juego de palabras. Los demás, como en todo, simplemente le siguen la corriente.

“No hay que confundir gimnasia con magnesia”, ya lo aseveró el Dr. Duarte. Insisto, la grandeza de Veracruz, con sus asegunes, no es equiparable a los hombres y mujeres que en la corrupción, mediocridad e ignorancia le gobiernan. Afirmarlo ni se inscribe en el tema electoral ni guarda relación con diatriba y maledicencia alguna, es percepción que se construye día con día frente a hechos, personajes y conductas que si apuntan al desastre. Cancún, Q.Roo

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Pulso crítico

 José Enrique Olivera Arce

 Cuenta la fábula que al final del arco iris se encuentra una olla repleta de monedas de oro. Pero, hasta ahora,  nadie sabe como trepar al  multicolor espejismo para alcanzar la ansiada recompensa.

 La crítica

 Resulta “políticamente incorrecto” el expresarse críticamente en torno a las reiteradas declaraciones del gobernador Javier Duarte de Ochoa, pecando de impertinencia cuando en la mayoría de los medios se le aplaude. Luego, ¿cómo ejercer y enfocar la crítica? ¿Qué debemos entender por crítica constructiva y propositiva? ¿Decir lo que la corte quiere escuchar, atendiendo al consejo de amigos convencidos de que navegar contra la corriente no surte la despensa? ¡Vaya dilema! 

 Y sin embargo, la congruencia obliga. No es posible quedarse callado en espera de mejores tiempos cuando lo que nos falta es tiempo. Así no sea redituable el no hacer de la palabra escrita mercancía, honestamente creo en la necesidad de alzar la voz, aunque lastime algunas sensibles epidermis como una humilde manera de servir a Veracruz. 

 Más cuando el propio gobernante, sin demérito de su optimismo, entusiasmo y esfuerzo aplicado al posicionamiento de Veracruz como entidad segura y propicia para una sana armonía entre sus habitantes, asumiéndose como único vocero de su administración y de su proyecto personal exhibe o bien ingenuidad política, ó una estrategia comunicacional contraria al más elemental sentido común que, lejos de convencer genera dudas y escepticismo respecto a sus propósitos. 

 El cliché del duartismo 

 No sólo se abusa del manido cliché propagandístico sobre una utópica prosperidad, sino que éste se aplica por igual a toda acción de gobierno y con la misma intensidad en todo evento en el que el titular del ejecutivo tenga papel protagónico, bien por su protocolaria y obligada presencia, bien por la oportunidad para machacar y machacar sobre la olla repleta de monedas de oro allende el horizonte. 

 A mi juicio, lejos de lograr el objetivo buscado, el gobernador Duarte de Ochoa siembra en terreno ajeno; cosechando el natural rechazo de quienes entre los veracruzanos gozan de cabal salud mental, considerándose medianamente inteligentes. 

 Con el riesgo de estar equivocado, como crítica constructiva podríamos sugerir, una vez más, humildad, mesura y buen juicio en el discurso. Como aportación propositiva: gobernar cumpliendo con el propósito de poner orden al interior de la administración pública veracruzana, conjugando lo deseable con lo posible, a partir de la escasez financiera y política con que se cuenta y que, a no dudarlo, es más que obvia.  

 Empleo y salarios 

 Lo que no se puede hacer es seguir por el mismo camino. Asegurar y garantizar que en el sexenio se habrán de generar 400 mil nuevos empleos, sin atender al cómo, al donde y la calidad del empleo a generar y, mucho menos tomar en consideración el contexto más general del mundo y del país, es ejemplo del equívoco en la ruta hasta ahora transitada. 

 Ampliar la base productiva de Veracruz, en la medida suficiente para alcanzar la meta prometida, sin duda es un buen deseo, pero hasta ahí. Prosperidad para todos de acuerdo a las necesidades y capacidades de cada quién, exige como mínimo el tener resuelta la demanda de empleo, vivienda, vestido, sustento, salud, educación, recreación, y calidad de vida en la vejez. Esto es lo deseable. Nadie en su sano juicio estaría en desacuerdo con los buenos propósitos del gobernante, si su logro fuera posible a lo largo de un sexenio. ¿Lo es acaso? 

 Indudablemente que no. El satisfacer medianamente tales necesidades para la familia veracruzana, requiere que cada plaza laboral se haga acompañar de un salario remunerador. ¿Los 400 mil empleos por generar cumplen con tal premisa? Interrogante que también cabe para el caso de los empleos formales e informales existentes. 

 Como la respuesta es que nó, entonces habría que considerar que para que la planta productiva en Veracruz se fortalezca, consolide y crezca, generando nuevas plazas de trabajo, esta requiere de una demanda real que le soporte con capacidad, también real de compra, de aquellos consumidores que por ahora disfrutando de un empleo remunerado les es insuficiente el salario devengado para atender sus necesidades reales y sentidas. 

 ¿Existe en calidad y suficiencia tal demanda real en una entidad federativa con 9 millones de habitantes? 

 No. Como tampoco contamos con un sector empresarial dispuesto a invertir y correr el riesgo en un mercado interno deprimido con salarios congelados. Luego habría que echar mano de la inversión y del mercado externo para dinamizar la economía estatal, precisamente cuando en el orden internacional frente a la crisis financiera global y al desempleo galopante, tanto en Asia, Europa como en los Estados Unidos de Norteamérica y en el Cono sur, la tendencia de nuestros potenciales socios comerciales, es la de un franco proteccionismo, estimulando la inversión en el ámbito doméstico y restringiendo la importación de bienes y servicios.  

 La terca realidad domina el escenario, cerrándose el círculo perverso en consonancia con el resto del país, que no encuentra rumbo cierto. 

 La propuesta 

 ¿Cómo romperlo dando paso a un círculo virtuoso que siente las bases para cuando menos acercarnos a la meta comprometida por el Dr. Duarte? 

 Dilema y reto para Veracruz y para la administración pública de la entidad. 

 Propositivamente me permitiría sugerir, que bien valdría la pena explorar la posibilidad de rescatar el viejo esquema priísta de la economía mixta, asumiendo el gobierno estatal la rectoría de la economía; rescatando el campo y el efecto multiplicador de la pesca industrial, compartiendo riesgo e inversión productiva con capital semilla, en un esfuerzo común entre los sectores público, privado y social, enfocado a fortalecer el mercado interno y el aprovechamiento racional de nuestras ventajas comparativas regionales; haciendo de lado recetas neoliberales que no han dado resultados tangibles en las tareas del desarrollo.  

 Orden y amanecemos… 

 Ello, por principio, obligaría al gobierno de Veracruz a revisar a fondo tanto su política fiscal restrictiva como su plantilla laboral, eliminando “aviadores” y sustituyendo a los funcionarios, asesores y técnicos ineficientes e incapaces, por personas que reuniendo perfil y compromiso, conozcan con suficiencia del paño bajo su responsabilidad. 

 Menos política y más orden y administración en beneficio de los más, sería lo deseable y seguramente posible de existir voluntad para llevarlo a cabo. ¿Existe ésta cuando incluso se tolera que el fidelismo rapaz siga incrustado en el gobierno? 

 Por cuanto al gobernador Duarte de Ochoa, más que insistir en proyectar mediáticamente ilusorias utopías, mucho ayudaría que cual el sultán Shahriyar, personaje de las Mil y Una Noches, sin pompa ni lastre cortesano escuchara de viva voz el sentir real de los veracruzanos.

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En Perspectiva

J. Enrique Olivera Arce

Xalapeños “cochinos”, nos dice Francisco Urbina Soto en su columna Iniciativa Privada. ¿Será que esté en lo cierto?

Por lo que describe sin duda tiene razón. La capital de Veracruz es un auténtico muladar. Sin embargo, diera la impresión de que Urbina Soto, hace recaer la responsabilidad de tal situación generalizando, deslindando veladamente, por un lado,  a los gobiernos estatal y municipal y se abstiene de mencionar a las diferentes instancias educativas, a los partidos políticos, e incluso a los diversos organismos eclesiásticos de diversas denominaciones, que también tienen vela en el entierro.

La verdad  a mi juicio, es que el calificativo nos queda a la medida a todos, nadie se escapa, a todos atañe, unos por omisión y otros por comisión. El actual secretario estatal responsable de las políticas públicas  relacionadas con  el Medio Ambiente, lo reconoce: “en Veracruz no sabemos manejar la basura”. Para muestra basta observar cotidianamente lo que en nuestra ciudad capital al respecto acontece.

Ciudad basurero

Los propios xalapeños lo reconocemos, existiendo consenso de que el problema parece insoluble. Sin embargo enfocamos mal tal problemática, cargándole todo el muerto al alcalde o ahora alcaldesa en turno. Todos nos asumimos en jueces y nos negamos a reconocer que también somos parte. Esto debe acabar, antes de que la basura acumulada nos sepulte.

Basta de quejas y denuncias a las que las autoridades prestan oídos sordos. Todos tenemos que poner manos a la obra y acabar con tan abrumadora como lastimosa realidad. ¿Cómo?

Bueno, para empezar tenemos que tomar conciencia de que a nadie le gusta habitar en un muladar y que la ciudad que nos acoge es nuestro hogar. De ahí que  debemos reconocer como ya lo hicieran en otras ciudades del país, que una ciudad atractiva no es la que más se limpia, sino la que menos se ensucia. Aceptando que el Ayuntamiento es un elemento coadyuvante, más no responsable directo de mantener limpio nuestro hogar.

Adicionalmente tenemos que entender que el gobierno somos todos. Unos como mandantes y otros como mandatarios, con igual responsabilidad, por lo que no cabe quejarnos de un mal gobierno que no atiende el creciente problema de la basura, del ambulantaje, de los tianguistas, de los talleres en la vía pública, del pésimo y caro transporte público y vialidad, sin estar escupiendo para arriba.

Auto perrera en vía pública

Si tomamos conciencia de ello, el siguiente paso sería actuar en consecuencia, responsabilizándonos de la  parte que nos toca en la búsqueda de solución del grave problema de la ciudad basurero, mediante acciones concretas, personales y familiares, con iniciativas que deben partir de  la propia población y no necesariamente de la alcaldía, en cada calle, manzana, colonia, escuela o centro de trabajo. Para lo cual se requiere de comunicación, organización, coordinación, e indudablemente, articulación interactiva con las autoridades estatales y municipales.

Decirlo parece fácil. Llevarlo a cabo es el reto, por lo que me tomo la libertad de proponer empezar integrando comités vecinales que, sin distingo partidista, económico, credo, edad  o género, de motu propio nos responsabilicemos de la limpieza en nuestro entorno más cercano; exigiendo sí acciones de apoyo logístico y administrativo del Ayuntamiento de Xalapa pero entendiendo que la solución está en nosotros, todos los xalapeños a los que ahora se nos juzga de cochinos. Advirtiendo de antemano que tales comités deberían mantenerse al margen del manipuleo clientelar de los intereses electorales partidistas, para evitar que de un problema de basura pasemos a un cochinero generalizado.

Organizada, informada y articulada la población en su conjunto, con el único objetivo, por ahora, de afrontar el tema de la basura, participando percibiremos que cuando la solución está en nuestras manos y actuamos conscientes de ello, el problema será menor a lo que hoy lamentamos.

Desde estas líneas me permito invitar a todos mis  vecinos, los vecinos de mis vecinos,  a los medios de comunicación, a las instituciones educativas y religiosas, al sector empresarial,  a participar, involucrándonos todos en una verdadera y auténtica campaña permanente por hacer de esta nuestra ciudad y hogar, un espacio limpio, atractivo, digno de considerarse como capital de Veracruz, ciudad de las flores.

Ganémonos el privilegio de no ser conocidos como “xalapeños cochinos”.

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J. Enrique Olivera Arce

Veracruz próspero

Es muy temprano para que las heridas cicatricen. A una semana del cambio de estafeta en la administración pública, todo parece seguir igual. Tras la parafernalia que acompañara a la entrega y recepción del Poder Ejecutivo, las aguas  se asientan pero no se aclaran. Es más lo que la gente desea, o deseara, que lo que ofrece el futuro cercano. La sombra del que se fue, es solo eso, sombra, pero la inercia de lo que sembrara cubre tenue viso de esperanza.

El dolor del agravio no cede, antes al contrario, tiende a profundizarse. Expresándose de manera diferente en la forma pero, en el fondo, permanece. Como en el amor o la guerra, unos olvidan pero no perdonan; otros, perdonan pero no olvidan. Demasiado pronto para que se escuche el llamado del Dr. Duarte  al diálogo y la reconciliación y, demasiado temprano para pretender que con un llamado se recupere la unidad perdida.

El peso de la inercia se impone. No hay quien la pare. Los medios de comunicación, impresos o electrónicos, a ello contribuyen. Ríos de tinta y profusas imágenes pretendiendo privar de vestidura propia al recien ungido, cotidianamente bombardean a la opinión pública. Claman por el olvido de quien ya no está, batiendo palmas por el recien llegado, mientras el tiradero heredado resulta mayor de lo previsto.

Lo que no es de tu año, no es de tu daño, es el mensaje mediático. Arcas vacías problema del que sale, esperanza de prosperidad para el que llega. Se apresura el retiro del rojo sangre del rey sol, trocándose por multicolor arco iris que promete el encuentro con el Vellocino de oro. El Veracruz late con fuerza se substituye con el Veracruz próspero, acompañado con el boato cortesano y el mismo dispendio en propaganda, que hace recordar el pasado inmediato. Nadie ni nada frena la inercia. Nadie hace nada por sanar las heridas.

En el inter, la gente común, la que vive o sobrevive al día gracias a su esfuerzo cotidiano, sólo mueve la cabeza, desaprobando lo que ve y escucha, en tanto hace lo imposible por estirar sus magros ingresos para, cuando menos, tener oportunidad de ver reunida a la familia en torno a modesta mesa navideña; aportando, lo poco que tintinea en el bolsillo, a una mayor concentración de la riqueza de unos cuantos que, apoyados en la cultura del consumismo por estos impuesta, hacen del aguinaldo del pobre su agosto de fin de año.

El objetivo, terminar con marginación y pobreza en Veracruz, dilapidando recursos a burla suena, en voz de quien teniéndolo todo, quiere más. Prosperidad es falacia, cuando la meta  explícita es terminar con desigualdad y pobreza.

Un estado próspero no requiere de combatir la marginación, como tampoco el pobre aspira a prosperidad, se conforma con justicia y equidad.

Concluyó el sexenio. Concluye el año, y el dolor del agravio, con la herida aún abierta a flor de piel, lo sufre un pueblo empobrecido y engañado que aún no decide escuchar a Javier Duarte de Ochoa, en su tempranero llamado.

Nada cambia aún. Todo sigue igual. Lo mismo de siempre. Con las primeras luces del  amanecer se podrá confirmar que se tendrá más de lo mismo, o abrigar tenue esperanza de deseos nunca cumplidos.

Esperemos con espíritu decembrino que ante nuestros ojos, el sol en el horizonte brille a plenitud.

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