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Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

Para hombres y mujeres comunes, la percepción pesa más que cualquier intento de explicación racional de por qué ganó el PRI en Veracruz. En el imaginario colectivo parece ser obvio, sin mayor explicación, que dos factores hasta ahora no suficientemente desmentidos fueron determinantes: la tradicional compra de votos y la inducción del sufragio mediante los programas asistencialistas aplicados estratégicamente en los sectores económicamente más vulnerables.

Para los conocedores del paño electoral, con información histórica, ambos factores estaban más que previstos con bastante anterioridad a los comicios del 7 de junio en la entidad. No hay forma de que sea derrotada maquinaria y estrategia electoral, legal y extralegal del PRI, se dijo, argumentándose que de antemano se operó con eficacia ablandando y dividiendo a la oposición, a más de la oportunidad de capitalizar el amplio espectro de opciones electorales que fragmentaría y pulverizaría la intención del sufragio.

Se argumentó también que el abstencionismo y el voto nulo de castigo, operaría a favor de la estrategia tricolor.

Todo esto en el terreno de la especulación y en un primer análisis lineal previo a la elección, que se confirmaría en los hechos.

Sin embargo, hacía falta un análisis ex post más preciso, respaldado con números duros, para tener claro a nivel distrital el éxito o derrota lo mismo de la estrategia seguida que de la operación de la aplanadora priísta y, en su caso, su equivalente en los terrenos opositores en los que se confiara en el clima de descontento y hartazgo sustentado en la percepción negativa del desempeño de un gobierno fallido.

Corresponde al destacado economista Hilario Barcelata Chávez, el dar una respuesta coherente, congruente y sólida a la interrogante de por qué ganó el PRI la diputación federal en 16 distritos dejándole a sus opositores únicamente 5, repartidas entre el PAN, PRD y Morena. El también Coordinador del Doctorado en Finanzas Públicas de la Universidad Veracruzana, con números duros en exhaustivo y puntual análisis pone en contexto lo que sucedió el domingo 7 de junio.

En el ensayo de su autoría, titulado “Por qué ganó el PRI en Veracruz”, Barcelata Chávez apoyándose en el estudio realizado por la empresa Parametría, que mediante encuestas identificó las características que definen a las personas que votan por cada uno de los partidos políticos en México, para definir el “perfil del votante mexicano”; destaca y desmenuza a detalle tres factores que fueran determinantes para el pírrico triunfo del tricolor: El perfil del votante; El poder del abstencionismo y, La insensatez del voto nulo. Destacando como variables comunes el peso de la pobreza, el nivel de escolaridad, y el de ingresos de los votantes en cada uno de los 21 distritos electorales.

Mapeo electoral que coincide con el grado de desarrollo regional relativo en la entidad y el innegable estancamiento económico, educativo y cultural por el que atraviesa Veracruz. Y que sin duda, refleja también la validez de la opinión sustentada en números duros de diversos expertos, que coinciden en señalar que la entidad veracruzana vive una profunda crisis económica que repercutiendo en la vida social de la población, no es ajena al pésimo desempeño de la administración pública y al endeudamiento creciente del gobierno estatal.

Para quien escribe estas líneas, el análisis del Dr. Barcelata, por su contundencia y oportunidad, no debe ser ignorado. Más allá de propósitos y objetivos electorales, da una idea precisa de cuales deberían ser las prioridades tanto en el combate de la desigualdad y pobreza como en el rescate y fortalecimiento tanto del quehacer económico como de un tejido social en franco deterioro. Si para el PRI la pobreza e ignorancia es un aliado estratégico para sus fines, para Veracruz es un lastre que debe ser superado.

Hojas que se lleva el viento

Y a propósito del partido en el gobierno, se está publicitando a bombo y platillo la llamada “Escuela de cuadros” del PRI en la entidad, como medida de renovación de la estructura jerárquica de la maquinaria tricolor. Medida sustentada en la incorporación de una nueva camada de operadores electorales con mayor nivel de escolaridad y capacitación político-electoral. Sobre ello vale la pena considerar lo siguiente:

Perdida la brújula ideológica liberal con la que el PRI por más de 70 años mantuviera hegemónico rumbo y destino, y no habiendo aún asimilado los nuevos paradigmas neoliberales en que se sustenta el modelo de país que se promueve desde Los Pinos, a lo único que podría aspirar hoy día el priísmo, es a trasmitir a las nuevas generaciones de cuadros partidistas paradigmas de simulación, saqueo, corrupción, impunidad, y un cínico y descarado pragmatismo ajeno a principios y valores éticos. Está en su naturaleza y no se puede apartar del guión en su afán por sobrevivir.

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La especulación, el chisme y la descalificación a priori, ganan terreno al análisis serio de lo que Veracruz espera de su próximo gobernador, perdiéndose la oportunidad para revisar y enmendar entuerto tras entuerto en la entidad. Curiosamente, el ambiente de cotorreo que domina en el anticipado proceso sucesorio, queda restringido a los círculos políticos y periodísticos en los que por inercia y sin duda intereses creados, dan por hecho que la competencia por la gubernatura de dos años una vez más habrá de decidirse cupularmente en los círculos del poder real, ignorándose tanto lo que los votantes potenciales piensen y opinen al respecto como las siempre variables e impredecibles circunstancias políticas y sociales tanto en el ámbito nacional como local. El sonado affaire de la evasión del ahora más buscado capo del narcotráfico internacional, así como el brutal e inimaginable monto del endeudamiento del gobierno duartista, juegan en el proceso sucesorio, sumándose como un elemento más a considerar en las bolas de cristal de los adivinadores. Al tiempo.

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Al agitado cotarro de la grilla veracruzana, ahora se introduce en el tema de la sucesión el factor confusión. Como un distractor más, se auspicia mediáticamente la multiplicación de aspirantes a “candidatos independientes” a la gubernatura de 2 años en la entidad, haciéndole el juego a la estrategia priísta de dividir para vencer, sabiamente precedida por una cuestionada reforma legal que estableciendo nuevos candados para dificultar aún más el registro de los “independientes” da lugar a un falso debate. Pretendiendo con ello dar la impresión de que el partido en el gobierno teme a dicha opción electoral. El nuevo elemento distractor es muy burdo, pero no faltarán los que se vallan con la finta. Veracruz da para eso y más.

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Primero saquean a PEMEX, lo castigan fiscal y presupuestalmente hasta dejarlo en la lona y hoy día, con todo cinismo y descaro el gobierno de Peña Nieto nos dice que la empresa propiedad del Estado mexicano no tiene dinero para participar en las licitaciones de la Ronda Uno. Igual se nos dijo que no se privatizaría el petróleo, hoy en los hechos se afirma lo contrario evidenciando lo que Cuauhtemoc Cárdenas califica como traición a lesa patria.

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Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

La suma y combinación de elementos que se oponen al sano desenvolvimiento de la sociedad veracruzana, es el marco referencial dentro cuyos límites el próximo domingo tendrá lugar la elección de diputados federales. Y es en este marco en el que la ciudadanía pondrá a prueba lo mismo su disposición y voluntad de cambio que su aceptación tácita al actual estado de cosas.

Con su participación comicial y sentido de su voto, cada veracruzano legalmente capacitado para expresar su voluntad en las urnas, señalará el rumbo deseable para una sociedad hoy lastimada por la incertidumbre, la inseguridad, el atraso, así como por la orfandad de principios éticos y morales que alimentan corrupción e impunidad en todos los órdenes de la vida en comunidad.

En reflexión anterior señalaba que la elección del 7 de junio podría considerarse como un plebiscito en el que será validado o rechazado lo mismo el quehacer gubernamental, que el desempeño de una partidocracia en la que un grupo de notables mantiene secuestrada a la democracia representativa.

El porcentaje de votos válidos del total del padrón electoral vigente en la entidad, dará el nivel de participación ciudadana responsable y el grado de esa disposición y voluntad de cambio que se percibe en amplios sectores de la población. En función del número de votos válidos se confirmará o no, si el plebiscito de facto es tal y no únicamente un ejercicio cívico, en el que la inercia de “usos y costumbres” de una sociedad desinformada y apática cede una vez más la palabra al abstencionismo y voto nulo en favor del más de lo mismo.

Esto, teniendo en cuenta que la única oportunidad que la partidocracia otorga a la sociedad para manifestarse y expresar su voluntad por la vía legal y pacífica, independientemente del resultado comicial, es la elección.

Luego cabe entonces considerar que a menor número de sufragios menor es tanto disposición a participar como la voluntad de cambio que anima a sufragar. Dejar que el abstencionismo y voto nulo digan la última palabra, es aceptar que la ciudadanía veracruzana no está preparada política y socialmente para dejar de ser menor de edad, justificando y avalando el secuestro de su voluntad ciudadana.

En este contexto el resultado de la elección es lo de menos. Tanto las reglas del juego electoral como el árbitro de la contienda y la selección de candidatos, está en manos del grupo de notables que se despacha a su antojo desde la cúspide de la partidocracia. Lo que debería contar en este proceso comicial es el mensaje que en las urnas deja la ciudadanía lo mismo a sus secuestradores, que a sí misma reconociendo su fortaleza o debilidad, así como su mayor o menor disposición a actuar en consecuencia frente a un estado de cosas dado que le empobrece material y espiritualmente.

En este sentido, cada voto cuenta y cuenta mucho. Un paso a la vez aceptando que la recuperación de la normalidad democrática es un largo y azaroso proceso. “Roma no se construyó en un día”, ni la democracia, aquí y en China, es maná que del cielo se recibe por voluntad divina. Es un proceso permanente de participación y construcción de ciudadanía en el que el punto de partida ya está dicho, cuando el hartazgo se expresa en un ya basta consensuado.

Se hace camino al andar, con nuestro voto ratifiquemos que por voluntad no queda.

Hojas que se lleva el viento

Desde estas líneas nuestro reconocimiento y felicitación a “Crónica del Poder “ en su séptimo aniversario. Un abrazo afectuoso para Felipe Hakim, Francisco Saucedo y Marco González Gama, directivos de esta empresa periodística, así como para reporteros, articulistas y personal técnico y administrtativo que hacen posible el que este medio informativo se mantenga a la vanguardia en el periodismo digital veracruzano.

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Cuídese el PRI de incurrir el próximo domingo en sus clásicas marrullerías, que la seca pradera sólo espera una chispa.

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Tal es la pobreza de la vida política en Veracruz, que cualquier chisme de alcoba o especulación mediática sin el respaldo de fuente explicita que le de valor periodístico, agita las ya de por sí encrespadas aguas en el cochinero electoral que desembocará en los comicios del próximo domingo y lo que viene a partir de un día después.

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Municipio de Xalapa y asiento de la capital veracruzana, sin respuesta a su problemática sustantiva, el alcalde salió vano.. Entre ocurrencias y proyección mediática de imagen nada ha cambiado, todo sigue igual o peor que endenantes.-

Xalapa, Ver., junio 3 de 2015

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Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

“No votar, es un cómodo desinterés de los débiles en inteligencia…”  Claudia Guerrero, periodista

Frente al aparato del gobierno, la mayoría decide no votar 

El triunfalismo sin sustento ofende a los ciudadanos. A casi tres años al frente del ejecutivo estatal la estrategia mediática del Sr. Dr. Javier Duarte de Ochoa, es ejemplo de ello. El festejo anticipado de la dirigencia estatal del PRI cuando el PREP apenas computaba el 4 por ciento de las actas de casilla, es la puntilla. Con el Programa de Resultados preliminares en el ojo del huracán por sus inconsistencias y sospechosa caída del sistema por casi once horas, se carece de credibilidad y certeza sobre la información difundida. El que éste cerrara anticipando triunfos y derrotas, no es la última palabra, el cochinero 2013 a nuestro pesar no termina hasta que termina y aún hay más.  

En artículo anterior estimamos que la elección de diputados locales y autoridades edilicias, confrontaría al voto duro con el voto nulo. Y no ha sido así. Pese a que el voto nulo sumado al que favoreciera a candidatos no registrados llegó a niveles insospechados, el verdadero oponente al voto duro en el que se incluye el voto comprado, de partidos y candidatos, fue el abstencionismo que, en esta ocasión,  si la numeralia del PREP se acerca a la realidad, derrotó no solo a partidos, candidatos, IEV y prensa oficialista, también al proceso electoral y estrategias de quien mece la cuna. 

En Xalapa, al cierre del PREP y con el 72.71 % de actas capturadas, Américo Zúñiga, candidato de la coalición Adelante por Veracruz contaba a su favor con 35,274 votos, contra 25,336 de Abel Cuevas del PAN y 19,856 de Dulce María Dauzón de Movimiento Ciudadano. Sumando los votos a favor de los tres punteros, tenemos 80,446 sufragios, lo que nos da una idea del peso del abstencionismo en la capital y asiento de los poderes del estado cuya  población se estima como cercana a los 700 mil habitantes. 

Quién entre partidos y candidatos de manera anticipada se asuma como triunfador, de antemano miente engañándose a sí mismo. Independientemente de que aún no se conocen los resultados numéricos de la elección del pasado domingo, inconsistencias y presuntas impugnaciones, en una contienda en la que la ciudadanía se enfrentara electoralmente al aparato del gobierno estatal, el triunfo por donde se le quiera ver  corresponde a los ciudadanos. 

El burlador, burlado

Ni diputados locales o autoridades edilicias que resulten legalmente electos, podrán ocultar el hecho inobjetable de que la minoría se impuso sobre la mayoría. Y aunque se dice como justificación que en la democracia electoral se gana por un voto, es la voluntad ciudadana la que dando la espalda a partidos y candidatos se guarda para sí la legitimidad democrática.  

Frente al cochinero auspiciado desde las esferas del poder, la ciudadanía actuó con mesura. La jornada electoral se desenvolvió en general con tranquilidad y paz social. Si este clima se enturbiara por momentos,  no es atribuible a ésta, se sabe bien quien tira la piedra y esconde la mano. 

Claudia Guerrero nos dice en sus textos que “No votar, es un cómodo desinterés de los débiles en inteligencia…”. Me permito respetuosamente diferir de tan aventurada afirmación de la aguerrida periodista.  El seguirle la corriente a partidos y candidatos o darles la espalda en un juego cuyas reglas se imponen desde el poder por la clase dirigente, no es un asunto de mayor o menor coeficiente intelectual. Si así fuera, frente a un cochinero en el que precisamente se ofendiera hasta el cansancio a la inteligencia de los veracruzanos, la lógica más elemental indicaría que frente al voto duro tanto el abstencionismo, voto nulo o el dispensado a candidatos no registrados debiera haber sido unánime y no simplemente expresión política de una mayoría conciente del agravio.

En un proceso político electoral la ciudadanía se expresa políticamente, con mayor o menor conciencia de sus actos. Si se tratara de poner a prueba la inteligencia o coeficiente intelectual en una elección, seguramente que en la Universidad Veracruzana se elegiría rector mediante un proceso comicial abierto entre  académicos, administrativos y estudiantes y no por imposición de una espuria junta de gobierno en época de vacaciones. 

En la elección del pasado domingo los ciudadanos expresaron a su modo y posibilidades,  su conformidad con el actual estado de cosas, o su descontento y hartazgo frente al cinismo y la desvergüenza, la corrupción e impunidad del régimen político imperante, frente a la pobreza, desigualdad, desempleo, pérdida del poder adquisitivo del salario o falta de expectativas de futuro promisorio para las nuevas generaciones. La ciudadanía se expresó políticamente en las urnas o al margen de estas, a sabiendas de que su voluntad está secuestrada, y eso es lo que cuenta. 

Una vez dados a conocer los resultados definitivos de la elección, individual y colectivamente tenemos que tener conciencia de que se ha avanzado en la construcción de ciudadanía y participación democrática. El sólo saber que la numeralia electoral favorece a la minoría, y que la legalidad de los comicios no implica legitimidad en quien resulte electo, así como tener claro que la elección en nada modifica un estado de cosas que clase política y gobierno se niegan a cambiar, abona a favor de un proceso liberador de la voluntad política de cambio de los ciudadanos. 

En congruencia, lo que sigue es fortalecer ciudadanía y participación y unidad, exigiendo que el mediocre racimo de candidatos electos que nos recetaran gobierno y partidos políticos  una vez en funciones cumplan a cabalidad con su encargo.

Hojas que se lleva el viento 

Congruente actitud de texto servidores y cómplices del cochinero en que devino el proceso electoral, al afirmar en sus columnas sin aún contarse con información oficial, que fue exitosa la estrategia de quien mece la cuna para hundir a la oposición y quedarse con la mayoría en el Congreso local y el gobierno de los principales centros urbanos de la entidad, consolidando al gobierno de Javier Duarte de Ochoa. Ni hablar, para eso les pagan y la gente así lo entiende. Si su afirmación se sustenta en las tendencias que arrojara el PREP, tendrían que aceptar que la elección pone en evidencia que estamos ante un Veracruz social y políticamente dividido, que en nada abona a favor del desempeño del gobernador.- Xalapa, Ver., julio 10 de 2013.

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J. Enrique Olivera Arce

Sea quien fuere el o los responsables, la agresión que sufriera Eduardo De la Torre Jaramillo, candidato del PAN a la diputación local por Xalapa urbano, da una idea del nivel de incivilidad, intolerancia y nulo respeto para los electores, que alcanzara un proceso electoral amañado, desaseado y corrompido desde sus inicios, por decir lo menos en la entidad veracruzana.

Los varios meses de intercambio de lodo, agresión de palabra y obra a la inteligencia de los veracruzanos llega su fin. La elección del próximo domingo, a su vez punto de partida para la negociación de la sucesión del inepto gobernador Duarte de Ochoa, correrá la misma suerte que las campañas de proselitismo, expresiones antidemocráticas de un régimen que se quedara anclado en un turbio pasado.

Si asumo que la irrupción de la imagen del llamado “candigato Morris”, es expresión velada del descontento y el hartazgo de un importante segmento de la población ofendida, debo asumir entonces que en  la fiesta cívica no serán pocos los que en las urnas se inclinen a favor de un castigo ejemplar a una clase política que, salvo contadas y honrosas excepciones que el pueblo tiene presentes, se le identifica como corrupta, acomodaticia, simuladora y pedestre. El voto de castigo se hará presente y los ciudadanos cumplido su deber y ejercido un derecho electoral inalienable, festinarán con gozo el triunfo de la nulidad del sufragio.

Esta sería la lógica en la construcción de un escenario electoral y post electoral viciado y repudiado de origen. Más sin embargo, en una sociedad plural, con un muy bajo nivel de cultura política, no podemos hacer de lado al voto duro legal o extralegal, aquel que respondiendo a intereses personales y de grupo, sumiso e ignominiosamente de antemano otorga su voto al partido que como priístas de abolengo dicen  no sólo les da de comer, también la oportunidad de participando en el festín del triunfo esperado les ofrece no pocas oportunidades de enriquecerse a costa del erario y bien público, o en muchos casos, acaso migajas.

En este orden de ideas, es de esperarse entonces que la contienda electoral del 2913 en Veracruz, se resuelva entre el voto duro de los partidos y candidatos participantes.  Quien o quienes ganen  en esta confrontación, arrastrarán consigo la mancha de la ilegitimidad de un proceso electoral disputado entre minorías y diseñado y operado para someter a las mayorías.

Honestamente no puede esperarse otra cosa. Del total del padrón electoral vigente que para el presente año asciende a más de cinco millones de electores potenciales, menos de la mitad del total de sufragios se distribuirá entre los candidatos triunfadores y sus oponentes. El partido que se alce con el triunfo no obtendrá posiblemente ni siquiera el 20 por ciento del total del padrón.

Y si en suerte le tocara al PRI declararse ganador, el número de votos obtenidos pondría en evidencia la limitada legitimidad del Sr. Dr. Javier Duarte de Ochoa, gobernador y primer prísta de Veracruz, frente a una base social mayoritaria descontenta y harta de simulación.

Así lo quiso Fidel Herrera Beltrán, artífice perverso de un proceso electoral como pocos en la historia política de la entidad, en la que la falta de respeto a la inteligencia y voluntad ciudadana, ha sido la constante.

Puedo estar equivocado y ojala así sea, Veracruz no se merece ser arrastrado a la ingobernabilidad  por una clase política que no ve, no escucha y mucho menos percibe la dinámica de una sociedad que ya no quiere más de lo mismo.

Hojas que se lleva el viento

Como para los Shows de televisa, el saqueo de bodegas del PRI en Catemaco, Veracruz en las que se resguardaba desde electrodomésticos hasta dinero en efectivo,  presuntamente para ser repartidos entre la población el próximo domingo. Y aún hay más, no se lo pierda.

Y seguramente más de un partido o candidato se saldrá con su domingo siete burlando las reglas establecidas de la contienda electoral defraudando a la ciudadanía y a las aspiraciones democráticas. Está en su naturaleza, pero no hay porqué alarmarse, las mismas reglas vigentes establecen que de ser sorprendidos, tras un largo litigio legal todo quedará en una multa al infractor, algo así como estacionarse en lugar prohibido deliberadamente. Todo se arregla con dinero y este en política  no es problema, como se observa en los excesos de gastos de campaña de un candidato cuya  imagen aparece hasta en el papel con el que envuelven las tortillas.

Cumplamos con nuestro deber sufragando y a otra cosa mariposa.- Xalapa, Ver., julio 3 de 2013.

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José Enrique Olivera Arce.

La crisis del régimen político tocó fondo. El sistema de partidos en México, agotado ya no se corresponde con las nuevas realidades del país y del mundo.

Parece absurdo, y lo es, no hay duda. Conforme avanza el proceso electoral, acercándonos al inicio formal de las campañas de los aspirantes a la presidencia de la República, al Senado y a la Cámara de Diputados, todo indica que los principales promotores del abstencionismo son los propios partidos políticos. Salvo las cuestionadas propuestas de Andrés López Obrador, partidos y candidatos, enfrascados en interminables dimes y diretes y barruntos de guerra sucia, no aportan nada positivo a una libre y sana reflexión en torno a lo que más conviene a un país en crisis y si, a la confusión y el rechazo en una ciudadanía harta de manipulación mediática y desprecio a su inteligencia por parte de la clase política.

La confrontación esteril entre el PRI y el PAN, tomándose como centro el pésimo desempeño del gobierno que encabeza Calderón Hinojosa –“pesadilla” dijo Pedro Joaquín olvidándose de Salinas y Cedillo-, a la luz de los argumentos vertidos, no deja duda de que ni uno ni otro partido y sus candidatos, están dispuestos a someter a la consideración del electorado propuestas concretas que pie a tierra y enriqueciendo el debate ciudadano, fortalezcan la intencionalidad del sufragio como opción válida para avanzar en democracia.

Las autoproclamadas izquierdas

En este escenario, las autoproclamadas izquierdas se presentan ante la ciudadanía divididas y sin rumbo claro respecto a su intención de contender electoralmente como Dios manda, eso si es que Dios sabe como desatar el Nudo Gordiano de un proceso sucesorio que se debate entre crisis del régimen político, crisis económica y deterioro del tejido social.

Paradójicamente,  radicando su fuerza en la candidatura de Andrés Manuel López Obrador a la presidencia de la República, el PRD, -partido mayoritario en la coalición de las autollamadas de izquierda-, le niega su respaldo al controvertido político tabasqueño, como se pusiera de manifiesto el domingo último en la definición de precandidaturas a senadores y diputados plurinominales. Las tribus, en su mayoría controladas por “los chuchos”, se despacharon con la cuchara grande en atención a sus particulares intereses, cerrándole las puertas a las propuestas de Andrés Manuel y Marcelo Ebrard. Como remate a la deslealtad, el Consejo Estatal perredista en Chiapas desconoció la designación de la senadora María Elena Orantes López como precandidata a la gubernatura impulsada por la dirigencia nacional del Movimiento Progresista.

Confirmándose lo que ya se había apuntado por quien esto escribe (“Última oportunidad para Andrés Manuel” 01/02/2012): López Obrador, a mi juicio en términos prácticos el mejor candidato de la contienda presidencial, no cuenta con partido que le respalde. El PRD no pretende ir más allá que mantener registro, prerrogativas y prebendas. Lo que hace nugatorio a su vez el papel que pudieran jugar el PT y Movimiento ciudadano que, por cierto, también le apuestan a obtener la votación mínima necesaria para conservar su registro.

La posibilidad, amenaza latente, de que Morena después de la elección del 2012 se constituya en el partido político de las fuerzas progresistas del país, opera en contra de esta Asociación Civil y del propio Andrés Manuel. De ahí que el Movimiento de Reconstrucción Nacional y quien le encabeza, prácticamente van solos en la búsqueda de la presidencia. La partidocracia con PRI, PAN y PRD en tácita alianza de facto, no les dejará llegar.

Opciones inútiles, por ahora

Y mientras esto sucede en el seno de la partidocracia, la ciudadanía cada vez está más convencida de que por el camino de la elección de julio próximo no va a ningún lado.

El abstencionismo y la idea del voto en blanco, así como el por ahora inútil que representa el sufragar por un  candidato independiente como sería el ex panista Manuel Clouthier Carrillo se incrementa, reflejándose en las mismas encuestas que, como herramienta propagandista, auspician partidos, candidatos, y la propia presidencia de la República.

Otra opción, si es que se le puede llamar opción, es el voto útil a favor de Josefina  Vazquez Mota, abanderada del PAN; promovido por quienes simpatizando con López Obrador de antemano consideran que no llegará. En última instancia prefieren cargarse a la derecha antes que regalar su voto al candidato de un PRI cuyo caduco discurso opositor ya no convence a nadie. El resultado de la elección del 2000, está aún fresco en la memoria colectiva, operando como motivador del voto útil pese a los nefastos resultados de la llamada “alternancia” con la elección de Vicente Fox y su sucesor.

Y mientras el campo de los indecisos crece y no hay forma de convencerles sobre la mejor opción electoral ofertada por los partidos mayoritarios, la brecha entre partidocracia  y votantes potenciales se amplía, sin que se perciba camino alguno en el propósito de fortalecer la incipiente democracia en México.

La crisis del régimen político tocó fondo. El sistema de partidos en México, agotado ya no se corresponde con las nuevas realidades del país y del mundo,  negándose la posibilidad de una auténtica y legítima representación popular, luego para la ciudadanía secuestrada por la partidocracia ¿vale la pena votar en julio próximo para validar y legitimar el más de lo mismo?

Salvo que el voto de castigo sea de tal magnitud como para romper con el “síndrome de Estocolmo” que tiene atada de manos a una ciudadanía indiferente, nada bueno se percibe para la democracia en México, mientras la hambruna y la supresión de garantías frente a la violencia criminal,  ya se otean en el horizonte inmediato.

Hojas que se lleva el viento 

Crece el rumor de que el Sr. Doctor Javier Duarte de Ochoa, gobernador de Veracruz, ya está “planchado” por Calderón Hinojosa. El apoyo a Peña Nieto se considera de dientes para afuera, en tanto se crean las condiciones para que el PAN arrase en Veracruz. “La orquestada campaña en medios de comunicación presuntamente coordinada desde palacio, destacando el cochinero y división del blanquiazul, es cortina de humo para ocultar el objetivo negociado con Calderón”, dicen por ahí. Lo que si se puede confirmar con la orquestada campaña mediática, es que la percepción generalizada apunta a que el priísmo veracruzano tiembla ante el petate del muerto que agita Miguel Ángel Yunes Linares. La sola posibilidad de que Fernando Yunes Márquez llegue al Senado constituyéndose en aspirante natural a la sucesión de Duarte de Ochoa, congela hasta al más pintado del tricolor. El grupo compacto del duartismo ya encendió los focos rojos, Alberto Silva Ramos, alcalde de Tuxpan, peligra en su intención de llegar a gobernar a Veracruz.

En la aldea culminó el encuentro nacional municipalista sin más perspectivas para Veracruz que seguir “adelante” con el mismo rollo, la misma ineficacia en el intento de hacer del Municipio Libre paradigma de crecimiento económico, desarrollo regional y bienestar para la gente. Atraso, pobreza, desigualdad y asistencialismo como respuesta gubernamental, se hacen acompañar de ausencia de visión de futuro, mediocridad política y carencia de ciudadanía responsable. Para muestra basta un botón: Xalapa, capital del estado.

Razón esta última para considerar como digno de encomio el esfuerzo organizativo de la Asociación Civil “Otero Ciudadano” que, conjuntando a un grupo de personas y organizaciones no gubernamentales representativas de la sociedad xalapeña,  sin distingo ni interés partidista trabaja en pro del mejoramiento de nuestro municipio.- Xalapa, Ver., 7 de marzo de 2012.

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J. Enrique Olivera Arce

Lejos de asumir una actitud autocrítica, ajustando discurso y quehacer a la cada vez mayor exigencia y reclamo democratizador de una ciudadanía harta y desencantada, la partidocracia, curándose en salud ante lo que se viene en la elección de julio próximo, a instancias de la bancada del PRI en San Lázaro está por aprobar la obligatoriedad del sufragio así como sanciones en caso de incumplimiento. Medida cómoda de endilgarle a la llamada sociedad civil la crisis del régimen político en México.

 Tal reforma al Código Federal de Instituciones y Procedimientos Electorales (Cofipe), tendría plena vigencia a partir de la elección federal de presidente, senadores y diputados en julio próximo, buscándose de acuerdo a lo declarado por el diputado priísta David Sánchez Guevara, que el voto no sólo sea un derecho sino una obligación,  como aporte a la democracia.

 “El voto voluntario ha debilitado el sistema de representación política y ha elevado los costos de la democracia”, afirmó el legislador del PRI. Reflejando el miedo de los partidos políticos que, en su conjunto, han sido incapaces de generar credibilidad y confianza en una ciudadanía que les ve más como un estorbo a la democratización de la vida pública de México que como catalizadores de la voluntad popular.

 No es circunstancial el que hoy en la Cámara baja del Congreso de la Unión se discuta y esté por aprobarse la reforma citada. Es público y sabido que al no merecer confianza y credibilidad tanto partidos políticos como sus candidatos a cargos de elección popular, crece la tendencia en amplias capas de la sociedad al abstencionismo y, en el mejor de los casos, al voto en blanco o nulo. Tendencia que la partidocracia contempla como amenaza real a la legitimación de la elección presidencial.

 Tampoco es circunstancial que la credencial para votar que expide el IFE, sea considerada por los mexicanos más como instrumento de identificación para la vida cotidiana que como herramienta para ejercer en democracia el derecho al voto.

 No obstante los números frios de los resultados de las últimas elecciones federales y locales en el país, los partidos políticos con mayor apego a intereses personales y de grupo que a ganarse la confianza de la gente, no han hecho nada para revertir la tendencia, antes al contrario, la estimulan insistiendo en ofertar más de lo mismo a una ciudadanía harta de simulación, corrupción e impunidad en todos los órdenes de la vida política nacional.

 De ahí que, lejos de asimilar la nueva realidad del país, la partidocracia pretenda, con medidas autoritarias, más que enriquecer nuestra incipiente democracia, imponer el ejercicio del voto como una obligación; forzando a la ciudadanía a acatar a rajatabla lo que bien a bien conviene a los partidos políticos, como si cuantitativamente a mayor número de sufragios se enriqueciera cualitativamente un sistema de representación política que, de facto, tiene secuestrada tanto a la ciudadanía como a las vida pública de México, incluidas las instituciones nacionales y el Estado de Derecho.

 Así que la obligatoriedad del voto propuesta por el PRI, criminalizando la abstención y pervirtiendo la intencionalidad del ejercicio de un derecho constitucional, se suma a los diversos factores que negativamente inciden en el proceso electoral federal en marcha, contribuyendo a su atipicidad y agudizando el rechazo de aquellos, mayoría por cierto, que consideran que la elección de presidente de la República, Senadores y diputados, sirve para maldita la cosa, salvo para mantener un statu quo que propicia atraso y retroceso en todos los órdenes de la vida nacional.

 Los partidos políticos tendrían que dar respuesta, con ánimo autocrítico, a la interrogante que bulle en el ánimo del electorado: ¿Elecciones para qué?

 Desafortunadamente, la autocrítica y la voluntad de actuar en consecuencia, no cabe en un régimen político decadente, obsoleto y bueno para nada, que tiempo ha dejara de ser paradigma de representación de la voluntad popular y sí, una carga demasiada onerosa en la construcción de la balbuceante democracia.

 El alto costo de los procesos electorales, se pretende justificar ampliando el número de votantes obligados y no enriqueciéndoles a partir de la participación libre, consciente y consecuente de la ciudadanía. Fórmula simplista de una clase política sin imaginación y sin vergüenza, para un pueblo al que se le sigue considerando menor de edad. ¡Vaya ofensa a la inteligencia popular!

Xalapa, Ver.-

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Pulso crítico

Participar responsablemente ejerciendo a plenitud derechos y deberes cívicos es el camino de la democracia. Apostémosle a ello votando por el cambio.

J. Enrique Olivera Arce

01/12/2011

Con la aprobación del IFE a las coaliciones electorales con vías a la elección del 2012, queda confirmado oficialmente que el PRI irá con el Partido verde y con el Panal, en tanto que la izquierda será representada por el PRD, PT y Movimiento Ciudadano. Por su parte el PAN participará solo y su alma debiendo afrontar la pésima experiencia que se vive con Calderón Hinojosa al frente del Poder Ejecutivo Federal.

Todo está dispuesto formalmente para que los partidos políticos con registro pongan toda la carne en el asador en la disputa por el sufragio ciudadano. Lo que aún está en duda es si los mexicanos estamos preparados para avanzar en la construcción de la aún incipiente democracia, enriqueciendo participación y fortaleciendo el estado de derecho para una más sana convivencia, dentro del marco de la pluralidad que distingue al México de nuestros días.

La respuesta a tal interrogante habrá de darse a lo largo del proceso electoral, confirmándose en las urnas en julio próximo. Con un arbitro cuestionado y un régimen político caduco, el como le responda la ciudadanía a la partidocracia será el indicador cualitativo del avance, estancamiento o retroceso de la vida en democracia en el país. De todos los mexicanos depende el permanecer secuestrados por los partidos políticos, privilegiando abulia, desinterés e “importamadrismo”, o dar un paso adelante con participación consecuente, rescatando lo que por derecho corresponde para hacer valer soberanía y voluntad popular.

Habida cuenta de que se estima que el proceso electoral ya en marcha será atípico, enmarcado en la crisis del régimen político, el clima de violencia imperante en el país, así como por el efecto dominó de la crisis sistémica globalizada, la mayor o menor participación ciudadana con responsabilidad, buen juicio y talante crítico, será determinante como contrapeso a las prácticas antidemocráticas, “guerra sucia”, simulación, gatopardismo y mediocridad que ya se vislumbran como  tónica a prevalecer en la contienda.

Implicando la participación ciudadana no sólo vigilar y denunciar en aras de propiciar limpieza electoral, sino que lo sustantivo y relevante sería sin duda el analizar y ponderar propuestas, comportamiento, y alcance de miras de coaliciones, partidos, candidatos, servidores públicos y la llamada clase política en general, lo mismo en la cercanía del ámbito más próximo, el municipio, que en los niveles estatal y nacional para, en su momento, definir el sentido del voto de confianza que de manera responsable se habrá de emitir en las urnas.

Sobre todo teniendo en cuenta que en esta ocasión no sólo se disputa la representación popular, sea a nivel presidencial o en el Congreso de la Unión. Lo que la contienda pone sobre la mesa va más allá de la ortodoxia electoral, estando en juego si  los mexicanos queremos más de lo mismo o estando convencidos de la necesidad de cambio, optamos por este por la vía democrática.

Que coalición o partido político coincide con ésta necesidad y propone y actúa en consecuencia, o está a favor de la continuidad de un estado de cosas que lastima a la mayoría, ofertando el cambio para seguir igual. Esa es la cuestión de fondo que habrá de dilucidarse en julio próximo, correspondiendo a los votantes el dar la última palabra.

Se dice que pese a lo atípico que pudiera ser el proceso electoral, la ortodoxia sugiere que la elección no se gana en las urnas sino en la mesa de negociaciones. Este es el reto a superar, demostrando que la sumisión y el secuestro de la voluntad popular por la partidocracia, es historia negra, cosa de un pasado al que ya no deseamos retornar. Una copiosa y responsable votación es el camino, sin perder de vista lo que está en juego.

El por quién votar es atribución personal de cada quién, como la obligación de cada cual es el velar por el respeto a su voto. La suma de sufragios emitidos con responsabilidad, consciencia y amor a México, hará la diferencia entre un simple triunfo legal y uno legítimo sustentado en la legalidad. Optemos por lo segundo para así estar en condiciones de exigir que desde la presidencia de la república, el Congreso de la Unión, o los partidos políticos, no se nos de nuevamente gato por liebre.

La abstención es reacción visceral del conformista y, por tanto inútil. El voto nulo es la reacción del inconforme, protesta ante una realidad que nos agobia, legítimo pero legalmente también inútil. Demos valor al voto útil, sí pero sufragando como ciudadanos libres a favor del México nuevo, el que deseamos para nuestros hijos.

Ni más de lo mismo ni más cambios simulados para seguir igual. Participar responsablemente ejerciendo a plenitud derechos y deberes cívicos es el camino de la democracia. Apostémosle a ello votando por el cambio.

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Pulso Crítico

J. Enrique Olivera Arce

Los candidatos a la gubernatura velan armas. Tras el registro y su aceptación por el Instituto Electoral Veracruzano, habrán de iniciar el sábado 15 de mayo sus campañas formales en pos del voto ciudadano, que definirá quién de los tres aspirantes gobernará a la entidad.

El reto es convencer. El objetivo, una mayoría de votantes potenciales ajenos a los partidos políticos y coaliciones en contienda, entre los que destaca un amplio espectro de jóvenes que ya sistemáticamente vienen dando la espalda a la elección de representantes populares. Mismos a los que los candidatos no tienen nada que ofrecer, como hasta ahora ha sido observado en las llamadas eufemísticamente “pre campañas”.

Poca importancia se le dio  por parte de los precandidatos a la información que divulgara Sergio Vera Olvera, Vocal del Registro Federal de Electores en Veracruz, en torno al hecho de que 160 mil jóvenes contarán con mayoría de edad para inicios de julio, y 128 mil no tramitaron su credencial de elector. Hecho que el propio funcionario calificara como  grave, en la medida que “demuestra fehacientemente el que los políticos no han despertado ningún tipo de entusiasmo en la juventud que le concite a participar electoralmente”.

Contextualizando lo anterior en el marco del actual proceso electoral, el número de jóvenes que dan la espalda a una elección que debería ser relevante en función de que en ello va de por medio el futuro de Veracruz y sus propias expectativas de realización personal, pone en entredicho el exceso de confianza que la clase política tiene depositada en la juventud. Sin excepción, sin distingo partidista, se parte del supuesto, primero, de que este sector de la población es homogéneo y, segundo, que el pretendido relevo generacional en la vida política de la entidad ha calado hondo en los jóvenes, como lo afirma de manera categórica la corriente priísta de la “Fidelidad” en Veracruz.

Respecto a lo primero, no se puede tasar con tabla rasa a una juventud en principio plural, que no escapa a las condiciones de desigualdad económica, social y cultural que privan en la entidad, por no decir que en todo el país; cada joven en el seno familiar, piensa y actúa según su origen regional y de clase, según le va en la feria a sus padres, hermanos o parientes y amigos cercanos, reafirmándose su particular percepción de la realidad y su entorno cercano, al socializar con otros jóvenes de igual o diferente estatus, en el barrio, la escuela, el taller o en el surco.

Adicionalmente, la diferencia de género establece también proyectos diferenciados de vida para los y las jóvenes; las expectativas de inclusión, movilidad social, mejoría económica, oportunidades de empleo y educación, rol a desempeñar en la familia, no son comunes a ambos sexos. Luego no se puede generalizar metiendo a unos y a otras en el mismo costal.

En cuanto al pretendido relevo generacional en la vida política, para la gran mayoría de los jóvenes es más que entelequia, burda simulación. A nadie escapa que los cargos públicos recaen, salvo honrosas y muy contadas excepciones, en los hijos, entenados, protegidos o amantes de encumbrados políticos y empresarios. Para el pueblo llano, el futuro político de sus jóvenes, si bien les va, como subordinados termina en donde empieza el encumbramiento de la clase dominante.

Lo que la juventud tiene a la vista como paradigma de movilidad política en Veracruz, es la cada vez mayor presencia de oportunistas y vividores que siendo jóvenes piensan como viejos decrépitos, sin mayor motivación que enriquecerse cuanto antes; dignos herederos de la corrupción, impunidad y simulación, refractarios a todo cambio que implique trastocar sus intereses presentes y futuros.

Así que de cuál relevo generacional se estaría hablando, y qué políticas públicas destinadas a la juventud proponen los candidatos que pueda atraer a las nuevas generaciones de votantes. Sin embargo, tampoco podemos incurrir en el mismo error, generalizando. Las excepciones se dan confirmando la regla y un buen número de jóvenes escuchando el canto de las sirenas, ponen su mejor esfuerzo en aplicarse a una asimétrica competencia con la esperanza de que el poder “les salpique”, y puedan fundar sus expectativas de desarrollo personal en el ejercicio de la política y el servicio público. Pero de eso a considerar que nuestros jóvenes, sin más, expresen un especial entusiasmo por participar en un proceso electoral que sienten ajeno e impuesto a sus propias aspiraciones, hay mucho trecho; esto debería considerar todo aquel que en sus letanías proselitistas, pretenda ignorar  que la suma de dos más dos no necesariamente arroja como producto un cuatro.

Charlando con un grupo de jóvenes que contemplan en teoría a la participación de la juventud como oportunidad generacional para sanear la vida política, económica y social de Veracruz, impulsando el desarrollo y abatiendo la desigualdad y la pobreza, éstos me compartieron tales reflexiones; justificando el por qué no se sienten atraídos por los llamados a participar en el actual proceso electoral. “Los políticos no tienen nada que ofrecernos, están entregados a los poderes fácticos y no hay ninguna diferencia entre lo que nos propone el PRI, el PAN  ó los partidos que se dicen de izquierda”.

¿Y que proponen entonces? Les dije, pues con su manera de pensar y de actuar, les guste o no les guste están participando en la vida política de Veracruz, y habrán de influir para bien o para mal en el resultado electoral. Se asumen como fuerza beligerante pero a su vez no quieren comprometerse como jóvenes con un proceso que demanda la participación de todos. Si rechazan al PRI y al PAN al mismo tiempo que a los partidos de la coalición de centro izquierda, ¿cómo van a expresar este rechazo  en las urnas?

“No vamos a votar. Sería hacerle el juego a la mafia en el poder.”, dicen mecánicamente unos, en tanto que otros simplemente se encogen de hombros.

¿Ya pensaron en que la abstención lo mismo que el voto nulo numéricamente benefician al PRI o al PAN, fortaleciéndose la tendencia a un bipartidismo nefasto? Les pregunté.

“Peor sería el voto útil a favor del PAN como lo proponen  los chuchos que controlan al PRD en Veracruz”, contestaron en coro.

Cierto es que en el actual proceso electoral no hay mucho de donde escoger, la contienda está polarizada entre los candidatos del PRI y el PAN que representan continuidad y retroceso; marginalmente, como tercera opción se tiene a la coalición de centro izquierda, con todas sus limitaciones, pero al fin una opción válida para intentar dejar atrás el más de lo mismo. De ahí que si bien la actuación de los políticos, tanto en su vida personal como en el quehacer público, no despierta en los jóvenes ningún tipo de entusiasmo e interés en participar electoralmente, las nuevas generaciones de ciudadanos no deberían dejar de considerar que hoy por hoy en nuestra incipiente democracia, sólo hay de dos sopas: o participas o te quedas al margen. No votar, marginándose, o tomar el camino cómodo del voto útil sin mayor reflexión, condena a los jóvenes a seguir siendo ignorados y excluidos.

Bien vale la pena que los jóvenes participen, alcen la voz, exijan, propongan, haciéndose presentes inyectándole nuevos aires a un anquilosado Veracruz postrado en el subdesarrollo. Chance y así los candidatos entiendan que el futuro de la entidad está en manos de esa fresca, abigarrada, incomprendida y rebelde juventud que hoy exige sin encontrar un camino válido, dejar de ser un número más en la aritmética político electoral.

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En perspectiva

J. Enrique Olivera Arce

Asentadas las aguas, festinando quienes obtuvieran las mieles del triunfo electoral y lamiéndose sus no pocas heridas los perdedores, la vida política en México mantiene su errática marcha en el marco de una cada vez más profunda brecha entre la clase gobernante y la gran mayoría de la población, en un escenario global de crisis económica.

Mientras tanto, el gobierno y los partidos políticos hacen caso omiso del mensaje emitido por más del 50 por ciento de los mexicanos en edad de votar, que el pasado domingo 5 de julio manifestaran su hartazgo, descontento y rechazo al demeritado ejercicio de la política a cargo de un estamento social insensible, desideologizado y acomodaticio que el pueblo, con desprecio manifiesto llama simplemente, sin distingo partidista, “los políticos”.

El tema, para la clase política, no pasa de ser anecdótico y quedará para la historia de este país como una expresión más de una reiterada costumbre popular de apatía y desinterés de algunos mexicanos para con los procesos electorales federales intermedios. Renglón aparte, para ésta el proceso concluyó con resultados más o menos satisfactorios para el sistema de partidos políticos, destacando el triunfalismo de un PRI que con la derrota del PAN y la debacle de la izquierda electoral, ya da como un hecho que el dinosaurio entrará por la puerta grande a Los Pinos en el 2012. Tanto festinan que se olvidan que su propia crisis está tocando fondo, sin contar con respuestas para lo que viene.

En tanto que para el ciudadano común, no uncido al voto duro partidista,  con el amargo sabor de boca de saberse una vez más engañado y manipulado, retorna a su vida cotidiana a continuar rumiando su hartazgo, descontento, y rechazo al rumbo de un país sin brújula,  a sabiendas de que el desastroso estado de cosas actual  no se modificará un ápice con el relevo en la Cámara baja del Congreso de la Unión.

Cuanti más aquel convencido de que el México de hoy y de siempre, le ha dado la espalda, excluyéndole del trabajo remunerador, la educación, la salud, la vivienda digna y de las más mínimas expectativas de crecimiento y desarrollo,  en un país de más de 40 millones de pobres o en condiciones de pobreza extrema.

Paradójico. Para este ciudadano excluido, la izquierda electoral no parece significarle nada, como en nada le beneficia el que el PRD de espaldas a la realidad, ante su rotundo fracaso en las urnas, hable hoy de reconstrucción, unidad y armonía, a partir de la permanencia y mea culpa de una cúpula pragmática y corrupta que se siente desplazada del pastel a repartir en el 2012. No. Este ciudadano no siente ninguna necesidad de sumarse electoralmente al cochinero de las llamadas tribus, al oportunismo del PT o a la abulia burocrática de Convergencia.

Tampoco hasta ahora, percibe algún beneficio vinculándose a un movimiento de izquierda social que, en su confusión y anarquía, girando únicamente en torno a la figura de Andrés Manuel López Obrador, no atina a comprender que la denuncia y protesta callejera o mediática no substituyen a la ideología, a la organización y a la construcción de cuadros, en torno a un programa mínimo para la acción consecuente de masas  en la búsqueda de respuestas concretas a la desigualdad y la pobreza. Para el ciudadano excluido el “combate a la mafia” no le retribuye mejores condiciones de existencia.

La sociedad está en crisis. El deterioro creciente del tejido social es más que evidente. A su atención debería avocarse la clase política. Frente a esta realidad no cabe el discurso triunfalista o la falsa autocrítica. Las crisis concurrentes, económica, de seguridad pública, de educación y de salud, entre otras, no esperan ni se justifica su desatención con cínicas declaraciones como que México requiere de 60 años para abatir el analfabetismo. Las prontas soluciones se requieren hoy, no mañana. Las respuestas no pueden esperar a que los diputados electos, legitimen su elección salvando a la patria cuando tomen posesión, o que el dinosaurio recale en los amplios jardines de Los Pinos en el 2012.

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El IFE informó, al concluir el conteo distrital, que el número de electores en la contienda alcanzó el 44.8 del padrón electoral

El universal.com.mx, 11/07/09.-

PRI gana 138 distritos; PAN 70 y PRD 39

Ciudad de México.- Al concluir el conteo distrital de las elecciones del domingo pasado, el Instituto Federal Electoral (IFE) informó que el PRI, el PAN y el PRD fueron los partidos que ganaron el mayor número de distritos, seguidos por las coaliciones PRI-PVEM y PT-Convergencia.

En tanto, por sí solos, los partidos Verde Ecologista de México (PVEM), Nueva Alianza (PANAL) , Socialdemócrata (PSD) , del Trabajo (PT) y Convergencia no obtuvieron el triunfo en ninguno de los 300 distritos del país.


De acuerdo con las cifras definitivas del conteo distrital, la participación ciudadana alcanzó 44.81% del padrón electoral y de los 300 distritos el Partido Revolucionario Institucional (PRI) ganó en 138.


El Partido Acción Nacional (PAN) obtuvo el triunfo en 70 distritos; el Partido de la Revolución Democrática (PRD) en 39; la Coalición PRI-PVEM en 50 y la PT-Convergencia, en tres.


En cuanto a la votación obtenida por cada uno de los partidos el PRI alcanzó 12 millones 821 mil 487 votos; el PAN nueve millones 723 mil 537 y el PRD cuatro millones 231 mil 342.


El PVEM obtuvo dos millones 264 mil 510 votos; Nueva Alianza un millón 187 mil 902; el Partido del Trabajo (PT) un millón 268 mil 839; Convergencia 855 mil 052 y el Partido Socialdemócrata 358 mil 758.


En tanto el número de sufragios nulos llegó a un millón 876 mil 629, equivalentes a 5.40 por ciento del total de los comicios.

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