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Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

Entre las tareas asignadas por los presuntos operadores políticos del “Fidelato” a los seudo dirigentes del partido del sol azteca en Veracruz, es más que evidente: la de confundir a la militancia de centro izquierda, evitando con ello se concrete la alianza del PRD con el PT y Convergencia rumbo a la elección de gobernador, diputados locales y alcaldes.

“Están hechos bola”, se comenta en diversos medios de comunicación al escucharse las declaraciones públicas de personajes muy menores que ostentándose como titulares de la dirigencia del instituto político, lo mismo consideran que está abierta la posibilidad de una coalición con el PAN que con el PRI, que afirman que la alianza podría tener como abanderado en la búsqueda de la gubernatura a un Gerardo Buganza, al senador Arturo Herviz e incluso al actual secretario de educación, Víctor Arredondo Álvarez o Raúl Arias Lovillo, rector de la U.V.

Cualquiera, menos Dante Delgado Rannauro, afirmara Juan Carlos Mezhua Campos, el mismo que hoy arremete contra la dirigencia nacional de su partido por haber desconocido esta el resultado de la elección interna del perredismo en Veracruz.

Desde mi personal punto de vista no están “hechos bolas”. Siguen el libreto al pié de la letra, que para eso fueron cooptados en su oportunidad. Su tarea frente al proceso electoral en curso es confundir tanto a sus bases hoy dispersas, como a la militancia de Convergencia y el PT, con la clara intención de estorbar y sabotear la conformación y consolidación de la alianza de centro izquierda en Veracruz, porque así conviene a la corriente “Fidelidad” del priísmo veracruzano.

Sin embargo, tales personajes, muy menores, insisto, carentes de autoridad moral y política, si bien en su momento tuvieron relativo éxito prestándose al cochinero que diera al traste con la vida interna del PRD en  la entidad, en las actuales circunstancias están muy lejos de lograr su objetivo. Hablan por cuenta propia, cada uno por su lado, pero de ninguna manera constituyen la voz autorizada de los varios miles de perredistas que a lo largo y ancho de Veracruz están a favor de la alianza de centro izquierda y que de ninguna manera estarían de acuerdo con aliarse al PAN o al PRI, partidos a los que vienen combatiendo desde diversas trincheras desde que se concretara el fraude electoral del 2006.

En términos de sufragios a emitir el próximo 4 de julio, la lógica indica que la alianza de Convergencia-PT y PRD, tendría que ir con Dante Delgado Rannauro como abanderado. No tanto por la decisión cupular de los partidos políticos involucrados o su estructura electoral, endeble y dañada tras reiterados cochineros en el seno del PRD y la aparatosa derrota de Convergencia en la elección federal del 2009, sino por la convicción de las fuerzas de centro izquierda en la entidad que considerando al senador con licencia como el mejor posicionado, en el confiarían para intentar el difícil reto de retomar la experiencia electoral del 2006 y buscar la gubernatura por la vía de un amplio frente popular.

El reto es mayor al tener que participar en una elección de Estado, sin árbitro a la vista, en la que tanto el gobierno federal como el estatal pondrán todo el peso en el plato de la balanza para sacar adelante a sus candidatos designados. En los círculos políticos de Veracruz se afirma que dinero mata capital político, la guerra sucia que enturbia al proceso electoral lo confirma, y a ello debe enfrentarse la alianza de centro izquierda.

En un comentario anterior señalaba que la alianza coyuntural partidista, para prosperar en el proceso electoral en marcha, tiene que sustentarse en una más amplia, incluyente y duradera con la sociedad civil. A esto último le apuesta Dante Delgado Rannauro, cuando afirma que las fuerzas de centro izquierda en la entidad rebasan a una partidocracia anquilosada, sometida a intereses personales y de grupo.

Si la alianza partidista lo entiende así, vinculándose al movimiento social que encabeza Andrés Manuel López Obrador, con presencia en todos los municipios veracruzanos, a la clase media empobrecida, a los campesinos ahora excluidos, a los indígenas,  llamando a la conformación de un amplio frente popular en torno a un programa mínimo que reivindique demandas comunes, podría revertirse la negativa experiencia electoral del 2007 y 2009 y retomar el camino del 2006. Para ello tanto en Convergencia como en el PT y el PRD debería existir un mínimo de humildad y de congruencia para aceptar la fragilidad de sus actuales estructuras, la carencia de liderazgos regionales, y ceder la iniciativa al movimiento social. De lo contrario, en el actual contexto de guerra sucia y dispendio de recursos públicos con fines electorales, las dispersas fuerzas de centro izquierda quedarán atrapadas entre el PRI y el PAN y sin más expectativa que rumiar una vez más la derrota.

pulsocritico@gmail.com

http://pulsocritico.com

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