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Pulso Crítico

J. Enrique Olivera Arce

En este país nuestro, de mentirillas políticas piadosas, todo es posible, hasta el aceptarlas sin el menor cuestionamiento. Nuestra capacidad de asombro duerme el sueño de los justos y, con ella, la de la indignación. El dejar hacer, el dejar pasar es la constante.

Ya nada nos mueve. Lo mismo nos dejamos envolver por la idea de que los partidos políticos sirven a los intereses de la ciudadanía que por aquella que machaconamente, en tiempos de elecciones, nos alienta a pensar que PRI y PAN son diferentes, tanto que aceptamos  sin chistar que de triunfar los candidatos del primero viene lo mejor, en tanto que del segundo lo más que podríamos esperar es que las cosas vayan de mal en peor.

¿O acaso nos sorprendió, llegando a indignarnos, el hecho de que las cúpulas de ambos partidos políticos firmaran un acuerdo lesivo de intercambio de intereses electorales por mayor carga tributaria para la mayoría del pueblo de México? Para nada. Es más, me atrevería a afirmar que más allá del estrecho círculo de una población medianamente informada, nadie se enteró del trastupije del PRIAN y, entre la clase política, todo se redujo a un esteril debate sobre si el que mintió fue Cesar Nava o la mentirosa fue Beatriz Paredes, concluyéndose entre desgarre de vestiduras que el primero faltó a su palabra “chamaqueando” a la encumbrada priísta.

La realidad es que en ambos cabe igual responsabilidad, así como en un tema tan relevante en el que va de por medio la  economía familiar de millones de mexicanos, tan responsable es el PAN como el PRI. El pragmatismo y oportunismo electorero les iguala.

Así que en este contexto, ¿debería sorprendernos que lo no lograra Carlos Salinas para México, Fidel Herrera lo alcanza virtualmente para Veracruz? Para nada, las mentiras piadosas con las que se pretende encubrir la realidad son parte ya de una vida cotidiana sin sorpresas que nos conmuevan.

“Ya jugamos en ligas mayores” y nos damos el lujo de ser copatrocinadores de la gran fiesta de entrega de los “Oscares”, anunció el gobernador de Veracruz tras ser invitado a transitar por la alfombra roja de la gran industria trasnacional del entretenimiento y la manipulación. No por ser destacados generadores de cultura a nivel mundial, o haber alcanzado mejores niveles de desarrollo humano, vamos, ni siquiera por tener un estadístico ingreso per cápita decente, sino apenas por reunir condiciones para ser locación cinematográfica “ad hoc”.

Nadie debería acordarse, salvo una ridícula y pedestre “comisión de la verdad”, de aquellos malhadados tiempos en que el gobernador priísta Chirinos Calero o su homólogo Alemán Velasco, “devastaran Veracruz”, salvo como punto de referencia del cual partir para medir la trascendencia del gran salto adelante que en escasos cinco años y medio, permitiera a una entidad federativa  que se encontraba postrada de rodillas, con una administración pública hundida en deudas y sin rumbo cierto, cual foxista ave fénix de entre las cenizas levantarse alcanzando alturas insospechadas al impulso de la administración fidelista, muy por encima de un México que ya nos viene guango.

A Veracruz se le reconoce ya como parte del primer mundo, más que sea virtualmente y al servicio de la pantalla grande.

Pobreza, desigualdad y pueblos indígenas en el abandono y la exclusión, son historia antigua en nuestra aldea. Rememorando un pasado superado, son hoy cotizado escenario para las fabulosas producciones cinematográficas con las que el imperio manipulador reafirma su poder por sobre un postrado tercer mundo.

Tocamos las estrellas con la punta de los dedos, al fin fieles al triunfalismo sin sustento construimos otro mundo, mientras el resto del país se desmorona en medio de la ingobernabilidad ó la violencia institucionalizada. Recreada ésta última en la pantalla grande en la que super héroes virtuales que nos son ajenos, le combaten con singular destreza; registrando un mínimo de daños colaterales para una población de alcohólicos ensarapados que dormitan la siesta entre aves de corral y magros expendios callejeros de frutas tropicales, bajo paradigmático nopal. ¿O no es este el bucólico escenario de fondo con que suele Holywood restregarnos en la cara nuestra condición de país tercermundista?

Mundo nuevo “en el que todos caben, todos los que quieren que la entidad siga adelante como lo ha hecho hasta ahora”, diría un aspirante a gobernador que recorre Veracruz, presunta y ostensiblemente con recursos públicos,  uniformando con roja vestimenta a un ejército de extras corporativizados que, fuera de la despensa de rigor, nada piden porque todo tienen, salvo ser filmados a todo color en torno al príncipe bursatilizador.

Veracruz virtual, el de las ligas mayores, ajeno al mundo real. Sí, el real de todos los días en el que la población se debate entre la crisis y la farándula carnavalesca de enmascarados que pretendiendo ocultar corrupción, impunidad e importamadrismo, ufanos tras la careta piden creamos en milagros.

Continuemos siguiéndoles la corriente y, en sueños, posemos también nuestras plantas en la alfombra roja del falso paraíso. Al fin y al cabo con el silencio cómplice de señoras y señores diputados, a la fiesta magna  de la pantalla grande contribuimos con nuestros impuestos.

pulsocritico@gmail.com

http://pulsocritico.com

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