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Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

A la mayoría de los votantes potenciales que habrán de manifestar sus preferencias en las urnas, le tiene sin cuidado, sus preocupaciones son otras, más identificadas con su vida cotidiana que con el futuro de Veracruz, pero por lo que toca a los círculos políticos, que hacen girar su existencia en torno a los avatares del poder, conforme se acerca el cuatro de julio el rumor y la especulación se privilegia por sobre el análisis sereno y razonado. El tema de la próxima elección y sus posibles resultados, es el centro en tertulias de café y corrillos palaciegos.

Lo mismo se especula sobre una posible anulación del proceso electoral que de una judicialización post electoral que eche abajo el resultado de la elección. Sin faltar, claro está, las apuestas en torno al triunfo inobjetable de uno u otro candidato a la gubernatura, que haga caer por su propio peso a todo intento de impugnación y, por tanto,  que haga nugatoria una presunta intervención de los tribunales en la materia.

Llamando la atención el que, por anticipado, ya se hable de si Miguel Ángel Yunes cumplirá su amenaza de cobrar a Javier Duarte de Ochoa la nada despreciable suma de mil millones de pesos, o si éste último decretará el exilio para el primero y sus más cercanos colaboradores. O bien, si Dante Delgado Rannauro, capitalizando a su favor la ríspida polarización, se hace de la gubernatura y llama a sus oponentes a zanjar diferencias y sumarse a su ambicioso proyecto de nuevo rumbo para la entidad.

Más allá de la especulación, lo cierto es que el cuatro de julio se inicia una nueva etapa en la historia de Veracruz y, en este marco, habrá un compás de espera entre la elección y la toma de posesión del sucesor del Maestro Fidel Herrera Beltrán, tan o más ríspido que el propio proceso electoral por concluir, independientemente de quien triunfe en las urnas o en el tribunal electoral.

De ser Javier Duarte de Ochoa el beneficiado, su mayor obstáculo para legitimar su triunfo y asumirse plenamente como gobernador electo  será su propio padrino y mecenas. Herrera Beltrán se declarará triunfador de la elección y así habrá de cacarearlo en todos los ámbitos desde el cinco de julio hasta el último día de noviembre, y más allá,  restándole méritos a su propia creación.

Caso de que contrariamente al oráculo oficial, Miguel Ángel Yunes Linares ganara la elección, la pugna personal e irreconciliable de éste y el gobernador, tomaría caminos inéditos nada deseables para la vida política y social de Veracruz. Fidel Herrera Beltrán se encargaría no sólo de buscar revertir el triunfo de su oponente en tribunales, sino que, en guerra abierta, le haría la vida imposible al gobernador electo. No existe ningún elemento para considerar que esto no sea así.

El que mejor la libraría a lo largo del compás de espera, caso de inclinarse a su favor el peso del sufragio ciudadano, sería Dante Delgado Rannauro, quien ajeno al pleito personal que Fidel Herrera Beltrán extrapolara a la arena electoral, tendría mayores posibilidades de negociar un pacto de no agresión tanto con el mandatario como con Miguel Ángel Yunes Linares, que le permitiera asumir el mandato si no tersamente, cuando menos con menores posibilidades de ríspido conflicto.

Lo curioso es que, en los tres escenarios, el eje del esperado pero nada deseable conflicto post electoral, es el Maestro Fidel Herrera Beltrán y su enfermizo y protagónico apego al poder.

Ante la sola posibilidad de banquear cuando menos un año, caso de no ser llamado a desempeñarse en un cargo en la cúpula partidista o ver frustrada su aspiración a un nuevo desempeño en el Senado, que le permitiera colocarse entre las diversas opciones del PRI en la búsqueda de la presidencia de la República en el 2012, por todos los medios a su alcance buscará prolongar meta constitucionalmente el poder que le confiaran los veracruzanos, así sea pasando por sobre quien sea gobernador electo, primero, y posteriormente titular del Poder Ejecutivo.

Lo lastimoso de cómo se conforme el escenario post electoral que se avizora, es que quien llevará la peor parte es el joven y novel Javier Duarte de Ochoa, lo mismo como candidato derrotado que como gobernador electo de triunfar en las urnas. En el primer caso, desaparecería sin pena ni gloria de la vida política de Veracruz, cargando a cuestas con el mote de “delfín fallido”, en tanto que, como gobernador electo, sería títere a la sombra del Maestro Fidel Herrera Beltrán, sin más aspiraciones que dejar de ser muñeco de ventrílocuo esperando su oportunidad de dejar de ser tal una vez con la fuerza del poder en sus manos. Ya como gobernador, seguiría por un largo trecho cargando sobre sus espaldas el peso de la inoportuna e indeseable presencia de Herrera Beltrán en todos sus actos de gobierno, hasta no liberarse.

Por cuanto a sus oponentes, a estos la vida les sonríe. Caso de fracasar en su intento, Yunes Linares se incorporaría a un nuevo cargo en el gobierno federal, en tanto que Dante Delgado regresaría al Senado como si nada hubiera pasado.

Veracruz seguiría su marcha, esta vez para afrontar un nuevo proceso electoral en el 2012, buscando hacer pesar su condición de tercer reservorio de votos en el espectro político electoral de la Nación.

Por cuanto a la ciudadanía, ésta ni pierde ni gana. Tendrá el gobierno que se merece.

pulsocritico@gmail.com

http://pulsocritico.com

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One Comment

    • Estela
    • Posted junio 30, 2010 at 12:11 pm
    • Permalink

    de acuerdo, los veracruzanos hemos tenido lo que nos merecemos, el que nace pa’ maceta

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