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R. Fonseca Flores

Correo de la noche, al día

Veracruz, estado próspero

En el barrio dicen que el que se enoja pierde, y suelen tener razón, tanta que la expresión forma parte desde tiempo ha  del catálogo del sentido común que enraíza en la sabiduría popular. Mesura y no mordaza es lo que se espera de un buen gobernador.

¿No nos gusta que se hable mal de Veracruz? Pues sí, que se hable mal de su casa o su familia a nadie le gusta pero no es para echar las vísceras por delante, cuando lo que vemos, o escuchamos, es la pura neta, que caray.

Más que mostrar enojo, descalificación o desgarre de vestiduras, lo recomendable es dejar enfriar la papa y con toda objetividad preguntarnos ¿qué tiene y que no tiene Veracruz para merecer que se le juzgue sin piedad? Pero antes, reconocer que cada quien, propios y extraños, juzga según le va en la feria, luego opiniones buenas, malas o regulares, reflejan pluralidad y esta debe respetarse sin distingo partidista, género, credo religioso, preferencias propias de su sexo, o desempeño laboral.

Veracruz en el concierto nacional e internacional tiene muchas cosas buenas, excelentes diría yo. Un potencial envidiable que muchos países quisieran entre sus activos, pero también tiene un algo de lo que no resulta razonable sentirnos orgullosos. ¿Qué es ese algo? Echemos una mirada a nuestro alrededor y juzguemos por nosotros mismos si debemos quedarnos callados -como en su enojo pretende el señor gobernador Duarte de Ochoa-, u opinar sobre aquello que no es muy de nuestro gusto o conveniencia.

Aunque claro, una cosa es opinar sobre lo que consideramos fruto de nuestra propia percepción y otra, muy distinta, es injuriar o, con fines malévolos e inconfesables, hacer apología de la mentira lo cual es deleznable y debe condenarse.

No, no se moleste Dr. Duarte, gobernar implica respeto a todas las voces, a todas la corrientes del pensamiento, aunque se tenga que tragar sapos y tepocatas negras. Yo le invito a hacer un ejercicio. Calme el stress que le genera el fuego amigo y vea, constate con sus propios ojos a nivel de banqueta en nuestra propia ciudad capital, que tenemos y que no tenemos los veracruzanos que nos concite lo mismo a ponderar lo positivo que a desahogarnos con la crítica. Veracruz es desigual, la prosperidad convive con pobreza y abandono.

Cuando haga un balance de lo observado, practique la autocrítica como sana terapia y, entonces sí, olvide la mordaza y practique la mesura.

Si simplemente se dejó ganar por la mala leche de alguno de sus colaboradores, la receta es simple, sea específico y mándelo a volar. Esta en su derecho.

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