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Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

Conforme se incrementa la profundidad de la crisis por la que atraviesa Veracruz, nadie parece estar interesado en mover un dedo para amainar la debacle económica, deterioro del tejido social y miseria política. La sociedad pareciera haber bajado la guardia, impotente para no solamente frenar la crisis, sino también para vislumbrar nuevos y más amplios derroteros. Adormilada por la machacona idea de que aquí no pasa nada, deja hacer, deja pasar, esperando que la realidad cambie por sí misma.

El valemadrismo y simulación de una administración pública corrupta, impune y financieramente desfondada, de tanto promocionarse pareciera haber contagiado a la mayoría de la población del síndrome de indiferencia frente a una realidad que tocando cotidianamente a la puerta de las familias, se anuncia como algo que llegó para quedarse.

El descontento, hartazgo y desánimo en el imaginario colectivo, lejos de canalizarse en la búsqueda de mejores y más amplios caminos para alcanzar crecimiento y desarrollo, provoca un impasse perverso en la vida social y económica de la entidad. La sociedad, impotente frente a una realidad que aún percibiéndola no se atreve a enfrentarle, acepta el más de lo mismo como si no existiera salida alguna a una crisis que habiendo tocado fondo, se revuelve y se agiganta en medio del valemadrismo.

Y es en este punto muerto en el que perdida capacidad de indignación y de reacción, la sociedad veracruzana cual mirón de palo haciendo como que la virgen le habla, deja hacer sin mayor reparo a la llamada clase política que, a sus anchas, se despacha con la cuchara grande socavando la incipiente democracia a la que como forma de vida aspiramos.

Resignación. No hay nada que se pueda hacer para enmendar lo hecho. Sólo queda cifrar esperanzas en el relevo gubernamental, con más fe ciega que convicción de que con el cambio de estafeta en la gubernatura, habrán de resolverse por sí mismo los problemas que hoy aquejan a la entidad veracruzana. Falsa ilusión, la crisis es tal y en todos los ámbitos que la oferta política de los adelantados se siembra en tierra infértil.

El contexto más general dentro del cual se da la crisis multidimensional de una entidad federativa que mereciera mejor destino, sin la participación responsable y consecuente de la población hace nugatorio todo intento por enmendar la plana. No es Veracruz, es el todo nacional que gravitando en torno a un modelo de país empobrecededor, responde más a las propuestas sistémicas del capitalismo salvaje internacional que a las necesidades concretas de impotentes mayorías.

El impasse es general. Ni para atrás ni para adelante, todo está estancado en el afán neoliberal de un Peña Nieto que cifra esperanzas de progreso en presuntas reformas que chocan con la terca realidad. De cara al mundo, más desanimo y más pobreza, es la constante.

La gente lo percibe e impotente frente a una realidad que le supera, opta por el camino facil de la indiferencia, profundizando el divorcio entre población y gobierno, auspiciando la respuesta individualista: que cada quién se rasque con sus propias uñas. Mientras no falte el pan en mi mesa, el sufrimiento ajeno me vale, el Sr. Peña y sus aprendices de brujo bien pueden hacer y deshacer.

Así, el discurso, como la parafernalia al estilo de los viejos tiempos no logra penetrar la coraza de indiferencia de una sociedad dormida. Anclada en el más de lo mismo como expectativa presente y futura, la mayoría de incipientes ciudadanos, deja hacer, deja pasar, sin esperar nada que no sea un milagro. Y en ese punto muerto, para beneplácito del gobernador fallido, el más de lo mismo de la clase política, con el respaldo de la mayoría de los medios de comunicación, actúa como eficaz distractor librándole de la picota pública. El poner nuevamente en escena el combate a muerte entre los Yunes buenos y los Yunes malos en una grosera campaña proselitista adelantada de quienes aspiran a sucederle, libra al Sr. Duarte de Ochoa de dar la cara como único responsable de entuerto tras entuerto en una entidad federativa que arrastrando la cobija .no encuentra rumbo ni destino cierto.

El no pasa nada y el valemadrismo de una administración pública desfondada, en medio del cochinero político se retroalimenta, agudizando los efectos de una crisis que no se resolverá con una gubernatura de dos años. De perdida lo que aparezca y lo que se nos oferta políticamente en Veracruz, marcha en tal tesitura. Nada en los adelantados indica posibilidad de cambio real, ampliando los terrenos del desanimo e indiferencia. Voceros oficiosos de un modelo de país que no ofrece garantías de progreso, lo más destacado de un ejército de aspirantes a la gubernatura no tiene nada sólido que ofrecer.

Paradójicamente, el que se considera puntero en la justa adelantada, nos dice que el enemigo a vencer es la pobreza, cuidándose de no aclarar que ésta es consecuencia y no causa resultado del modelo privatizador y empobrecedor de un neoliberalismo que en el mundo entero está agotado. El paradigma es Peña Nieto y en su nombre se oferta más de lo mismo, retroalimentando indiferencia, así como profundización del divorcio entre las clases subordinadas y los administradores formales del poder fáctico real que vela por los intereses sistémicos del gran capital.

La correa de trasmisión que armoniza el interés común está rota. La política como expresión objetiva del régimen que en teoría los mexicanos nos hemos dado, está fracasando en el intento. La suma de las partes arrastra al todo y en ello Veracruz no es ajeno.

En esas estamos, México y Veracruz viviendo un perverso punto muerto. Ni la clase gobernante ni los gobernados, tienen asidero confiable para romper el círculo vicioso. Unos y otros en espera del milagro coyuntural que ilumine el camino.

Hojas que se lleva el viento

Entre lo nauseabundo del fango, algunas voces clasemediaras se levantan en Veracruz, apostándole al rescate. La fórmula: más de lo mismo con un candidato a la gubernatura de dos años que desde las filas del PRI se asuma como el Mesías salvador.- Xalapa, Ver., julio 24 de 2015.

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