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Xalapa, Veracruz. 01 de octubre de 2008

Según nota de El Universal, de hoy Miércoles 01 de octubre de 2008, el l líder campesino, Ramiro Guillén Tapia, que se inmoló el día de ayer, falleció la mañana de hoy en el Hospital Civil “Luis F Nachón” de esta capital, debido a las graves heridas que presentaba en la mayor parte del cuerpo. De acuerdo con fuentes de dicho nosocomio, el presidente de la Comisión Pro Derechos Humanos AC de la Sierra de Soetapan, Ramiro Guillen Tapia, murió a las 9:40 horas de la mañana de hoy.

“Las heridas que tenía eran incompatibles con la vida”, destacó la fuente del hospital, la cual detalló que el hombre además de presentar quemaduras de segundo y tercer grado en la mayor parte de su cuerpo, tenía las vías respiratorias dañadas.

Autoridades estatales y federales niegan negligencia en la atención a las demandas del grupo encabezado por el ahora fallecido.

Acto de desesperación, no de locura: familiares y obispo

Ramiro Guillén, quien fue maestro rural 32 años, se jubiló en 1997 y fundó en Acayucan el Comité Pro Defensa de los Derechos Humanos, cuya sede se trasladó posteriormente a San Pedro Soteapan.

Sus hermanos, Rosalino y José Guillén Tapia, lo recuerdan “siempre humilde; no tenía propiedades, no vestía con lujo, no tenía coche, vivía de su pensión como jubilado”. Por ello, reprobaron versiones propaladas desde el gobierno estatal que lo acusan de haber sido invasor de tierras y defraudador de campesinos.

“Hay una campaña para difamarlo. Hasta por demente pretenden hacerlo pasar, pero nada de eso es cierto: él era un luchador social y las personas en la sierra pueden dar testimonio de ello –dijo Jorge Alberto Guillén Blanco, sobrino del líder popoluca–. Nunca vimos en él un acto de locura. Lo que hizo fue por desesperación.”

El arzobispo de Jalapa, Hipólito Reyes Larios, dijo que la muerte del dirigente indígena es una “llamada de atención” a las autoridades para que tengan oídos y ojos abiertos a la realidad.

Coincidió con los compañeros del activista en que no fue un suicidio, sino “un acto de tremenda desesperación”. Señaló que es urgente hacer justicia y evitar que más personas “recurran a esto para ser escuchadas”.

La Jornada, jueves 2 de octubre

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