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Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

Ni hablar, los “agoreros del desastre” a los que se refirió el Sr. Doctor. Javier Duarte de Ochoa en Coatzacoalcos, tendrán que tragar sapos y aceptar que “Veracruz no está quebrado”.

A los que ni nos va ni nos viene el exabrupto visceral del gobernador somos los pocos que hemos afirmado de manera reiterada que son las finanzas de la administración pública veracruzana las que están desfondadas. Más todavía, tratándose de quien esto escribe, al haber señalado que Veracruz está por encima de quienes le gobiernan, sin que eso se aproxime a un mal augurio de desastre inminente, a menos que se tome como tal el considerar que, de seguir las cosas como van, engañando a los veracruzanos sobre una fortaleza institucional que no se observa por ningún lado, pudiera dar lugar al fracaso de la batalla del gobernador contra la desigualdad y la pobreza.

Pretender reducir pobreza al 50 % en seis años, si que es un mal augurio. Del optimismo sin sustento al fracaso solo hay un paso y, en menos que canta un gallo, desigualdad y pobreza creciendo diariamente por arriba de la meta establecida para cada día, cada mes, cada año del sexenio duartista, podrían derrumbar la joya de la corona paradójicamente denominada “Adelante”; arrastrando consigo en su caída la visión utópica de una prosperidad que no existe en el mundo real. Eso si sería un desastre.

 Por cierto el propio gobernador veracruzano, que no es ningún agorero del desastre sino simplemente un soñador, entre más pronuncia la palabra “prosperidad” más confirma la percepción de un fracaso anunciado.

Si algo sabe el gobernador, es de finanzas públicas

Ocultar la realidad pretendiendo tapar la luz del sol con un dedo, no es manera de desmentir a aquellos que no comulgamos con el sueño duartista. Si por un lado el Sr. Doctor Duarte de Ochoa declara que se está pagando en tiempo y forma a proveedores y, por otro, su secretario de finanzas afirma que el 24 del mes en curso se  pagará lo adeudado a constructores y proveedores, algo anda mal. O se oculta la verdad o se recurre a medias verdades y medias mentiras para salvar el año, como suelen decir los derechohabientes del Instituto de Pensiones que exigen cuentas claras y chocolate espeso ante el adeudo del gobierno estatal al organismo.

Lo mismo dirían aquellos constructores y proveedores de bienes y servicios, que desde noviembre del 2010 no ven para cuando se les pague lo adeudado, pese a que, como es público y sabido, algunos cubrieran una jugosa cuota para cuando menos tener prioridad  a la hora del pago prometido. ¿O no es así Sr. Benítez?

El Doctor, como lo afirma, si algo sabe es de finanzas públicas. Por lo cual debería de saber lo que significa pagar en tiempo y forma. Ni se ha pagado a tiempo ni se respetan las formas, habiendo transcurrido ya un año de torear con promesas incumplidas a los demandantes de pago.

Por otra parte, el propio gobernador en su Primer Informe de Gobierno, dejó asentado el monto de la deuda que viene arrastrando la administración pública tras el desaguisado fidelista. Así como quedó asentado que en el proyecto de reestructuración de la deuda pública, tenía como pendiente la contratación del último crédito autorizado por la diputación local. Lo cual fue confirmado por el secretario de finanzas en su comparecencia ante el Congreso. Si la banca privada no suelta el billete, pese al aval de Banobras, no hay reestructuración, así de simple.

¿Podrá efectivamente al cierre de año quedar saldada la deuda que el gobierno estatal contrajera tanto con particulares como con el IPE? Por salud pública sería importante que el gobernador Duarte de Ochoa, pasadas las fiestas decembrinas, dijera a los veracruzanos a cuanto ascendería el monto de la deuda pública con el que se inicia el 2012.

“No confundir gimnasia con magnesia”

No se puede culpar a los “agoreros del desastre” cuando a ojos vistas no se ha dado solución a la problemática heredada de la pésima administración a cargo de Fidel Herrera Beltrán. De la cual, el Dr. Duarte de Ochoa, que si sabe de administración pública, conoce sus alcances. Los “agoreros” podrán estar confundiendo a Veracruz con quien le gobierna, sin embargo, no es en stricto sensu su responsabilidad, el propio gobernador en sus peroratas triunfalistas es el primero en recurrir a mendaz juego de palabras. Los demás, como en todo, simplemente le siguen la corriente.

“No hay que confundir gimnasia con magnesia”, ya lo aseveró el Dr. Duarte. Insisto, la grandeza de Veracruz, con sus asegunes, no es equiparable a los hombres y mujeres que en la corrupción, mediocridad e ignorancia le gobiernan. Afirmarlo ni se inscribe en el tema electoral ni guarda relación con diatriba y maledicencia alguna, es percepción que se construye día con día frente a hechos, personajes y conductas que si apuntan al desastre. Cancún, Q.Roo

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