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Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

Cuanto más corrompido es el Estado, más numerosas las leyes, decía, y sabía por qué lo decía, Tácito (Publius Cornelius Tacitus), historiador, senador, cónsul y gobernador del imperio romano.  José Blanco

La evidente derrota de Peña Nieto en Veracruz tiene muchas lecturas, tela de donde cortar sobra, sin embargo no puede hacerse de lado que el voto anti priísta ha estado y sigue siendo alimentado por el propio gobernador emanado de las filas del tricolor. Aunado a la parálisis gubernamental resultante de los cuantiosos adeudos heredados de la administración fidelista, como de manera reiterada se ha estado señalando a lo largo de más de 18 meses, el gastado discurso triunfalista con el que mediáticamente el Sr. Dr. Javier Duarte de Ochoa adorna su precario paso por la titularidad del poder ejecutivo estatal, más que convencer lastima, ofende la inteligencia de los veracruzanos y genera rechazo más que aceptación, reflejándose ello en las urnas.

Carente de sustento, el triunfalismo de saliva, onerosamente soportado con propaganda política pagada (¿o fiada? Inserta cotidianamente en los medios de comunicación, choca lo mismo con la realidad que con la percepción ciudadana, deslegitimando el quehacer de la administración pública y poniendo en duda el manido slogan publicitario que afirma que “el PRI si sabe gobernar”. Los hechos, frente al palabrerío hueco, desmienten tiro por viaje al gobernador Duarte de Ochoa. Lo mismo trátese de seguridad pública, procuración e impartición de justicia, que de crecimiento económico, generación de empleos ó bienestar de la gran familia veracruzana.

No hay día que mediáticamente no se destaque el primerísimo lugar que ocupa la entidad en el camino del progreso y la prosperidad. Cuando simplemente se trata de tapar el sol con un dedo para tratar de ocultar lo que la realidad ofrece a la gran mayoría del sufrido pueblo gobernado por el Sr. Dr. Duarte de Ochoa, que en más del cincuenta por ciento rasguña los umbrales de la pobreza, el abandono y la desesperanza.

El discurso triunfalista si desde el inicio de la actual administración como continuidad de la precedente, fuera desmentido por la realidad misma, a estas alturas, actúa en contrario de los propósitos de legitimación de una administración pública calificada por la ciudadanía como inepta, proclive a la corrupción y ajena a las necesidades reales y sentidas de la población.

Paradójicamente, cuando el gobierno estatal se declara satisfecho por encontrarse a la vanguardia en materia legislativa frente al cambio climático, la Secretaría de la Función Pública exhibe a Veracruz como un pésimo administrador de los recursos que por conducto del FONDEN, se destinan a paliar los efectos de fenómenos climatológicos que en los últimos años afectaran social y económicamente a miles de familias veracruzanas. Improvisación, simulación y corrupción frente al desastre y no previsión, racionalidad y honestidad, arrojan las estimaciones del gobierno federal respecto a la atención de regiones enteras afectadas.

Lo que apenas se calificara como tormenta tropical puso al desnudo el nivel de previsión, políticas públicas y eficacia operativa del gobierno estatal. “Ernesto” exhibió lo mismo la indefensión de Veracruz frente a fenómenos naturales como la ineficacia de una legislación a modo en materia de prevención frente al cambio climático. La ley no controla a la naturaleza ni esta respeta esfuerzos legislativos que buscan taparle el ojo al macho. Sin la acción consecuente de autoridades y población, la ley es letra muerta. Veracruz en materia de prevención, si que es un desastre, como lo señala la Secretaría de la Función Pública.

Y así como se señala tal contradicción, lo mismo se podría destacar otras de igual o mayor envergadura. Lo mismo en turismo, educación, salud, generación de empleo, seguridad pública, agricultura y ganadería, desarrollo urbano, comunicaciones y transporte, obra pública, que en gobernabilidad y transparencia, Veracruz a los ojos de sus habitantes es un desastre que no se corresponde con la tónica del discurso oficial preñado de triunfalismo y buenos deseos.

Las preferencias electorales expresadas el pasado primero de julio lo confirman. El voto en contra del PRI y de su candidato presidencial, fue voto de castigo. Nadie en su sano juicio calificaría con nota de excelencia a la administración que preside el Sr. Dr. Javier Duarte de Ochoa.

Se dice que el Sr. Peña llamará a cuentas al gobernador veracruzano. Lo deseable es que sean los propios veracruzanos los que juzguen, califiquen y exijan cuentas claras, en un esfuerzo por corregir y enderezar el rumbo de la administración pública que hoy padecemos. Los votos perdidos por el PRI son palo dado, lo que cuenta en adelante es saber si Duarte de Ochoa está dispuesto a corregir.

Tal para cual

Lo mismo podría decirse de la administración pública que a nivel municipal preside la alcaldesa Elizabeth Morales en la capital del estado. Mucha saliva, mucha paja verbal y excesivo y oneroso apoyo brindado por los medios de comunicación, pero el ruido no se hace acompañar de ls nueces esperadas, como no se puede esperar cosechar peras de frondoso olmo. Son más las voces que descalifican la labor de la Sra. y su cuerpo edilicio que las que le aplauden y queman incienso a su paso. Xalapa y sus cientos de colonias colgadas de los cerros, abandonadas a su suerte o asentadas en zonas de alto riesgo, es pálido reflejo de una realidad veracruzana que no va de la mano del discurso triunfalista.

Hojas que se lleva el viento

Estamos a escasas horas del que el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la federación califique la elección presidencial. Tirios y troyanos en espera de una decisión sobre un tema que se percibe ya como cosa juzgada. El resultado previsto deberá poner a prueba lo mismo a Calderón Hinojosa que al Sr. Peña. Ya veremos si a una voz desde Los Pinos, parafraseando a Alfredo V. Bonfil, “este país se incendia o se apacigua”.

En el ínter, la acometida en contra de la exigua canasta básica de la mayoría de los mexicanos va que vuela a la confirmación de que un estómago vacío ni toca buen son ni mucho menos, lo baila al ritmo que le imponen.

En la prolífica inventiva de los mexicanos ya se acuñó la frase que dice que lo mismo hay escasez de huevos en el mercado que en el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación. Ni hablar. Mérida, Yuc., agosto 28 de 2012

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