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Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

Todo cuerpo que sube tiende a caer; a toda acción corresponde una reacción, de igual o mayor intensidad. Principios elementales que, en el terreno de las ciencias sociales son equiparables a La espiral de Peter que establece: “Incompetencia más incompetencia, igual a incompetencia”, o bien,  el efecto Dunning-Kruger  aplicable a “ los individuos incompetentes que son incapaces de reconocer su extrema insuficiencia”. Lo que en lenguaje llano, refiriéndose a los mediocres, mi abuela pontificaba con la conseja popular: “El que nace para maceta no pasa del corredor”.

Y todo indica que gran parte de nuestra aldeana clase política se encuentra en tal tesitura, habiendo arribado a su más alto nivel de incompetencia y, de extrema insuficiencia para reconocer y actuar en consecuencia, de su incapacidad para conducir los destinos de Veracruz.

Su acción o reacción frente a una realidad que les rebasa, o que insuficientemente entienden o perciben, les hace caer del ladrillo.

Sólo así se explica el desgarre de vestiduras y gritos al cielo, clamando respeto a una dudosa democracia electoral ante la iniciativa y creatividad, pero también reflejo del hartazgo de la sociedad, de dos adolescentes que han puesto en jaque al proceso electoral en marcha, invitando a votar el próximo siete de julio por un gato.

Lo que para los adictos a las redes sociales no pasa de ser una inteligente y oportuna broma, para la clase política, tomada por sorpresa, adquiere el carácter de amenaza a la democracia;  obligando al Instituto Electoral Veracruzano (IEV) a emitir una declaración pública, invitando a la ciudadanía a no votar por el ya mundialmente famoso personaje gatuno, conocido como “candigato”.

Para otros, también escamados ante tal derroche de buen humor, la iniciativa parte del bunker adversario, ubicando un fenómeno mediático que ha merecido la atención de la prensa mundial, como parte de la guerra sucia, en el intercambio de lodo entre partidos y candidatos contendientes, formalmente registrados ante el IEV.

Sin faltar el candidato oportunista que ve en el voto por Morris, la ocasión para que el sufragio se divida, capitalizando para sí el conteo proporcional.

Para nuestros políticos no tiene nada de graciosa la broma que ya involucra a cerca de 50 mil seguidores. La propuesta del “candigato” a acabar con todas las ratas, los hace ver frente al espejo. La corrupción y la impunidad florecen en tanto la sociedad la tolere.

La inquietud ante tal fenómeno mediático que ya cobro naturaleza política e interés mundial, ya llegó también a nuestros círculos de intelectuales y académicos, generando polémica. Para unos es expresión de una juventud que se siente excluida y marginada, en tanto que para otros, es un claro atentado contra los afanes de una sociedad que se esfuerza por construir ciudadanía y alcanzar cambios sustantivos para el país por la vía de las instituciones democráticas. “Si perdemos el respeto por nosotros mismos, pierde México”, aducen.

Para las “buenas conciencias”, la broma es de mal gusto, propia de jóvenes desorientados influenciados por la televisión y las nuevas tecnologías de la información y la comunicación. “Los muchachos de hoy ya no son como los de antes”, dicen, sin parar mientes en que la sociedad mexicana ha cambiado, más para bien que para mal; entre los jóvenes, de manera aún confusa, se rescata memoria histórica y el afán de trascender rechazando el mundo que sus padres les están heredando.

Lo cierto es que, al igual que aconteciera con la irrupción del #yosoy132” en la vida política y social de México y específicamente en la elección presidencial del 2012 ó los “indignados” del presunto primer mundo frente a la crisis, los jóvenes exigen ser escuchados y tomados en cuenta en la toma de aquellas decisiones cupulares que les afectan cancelando su futuro.

En Veracruz, el vote por “candigato”, ni es broma ni debe ser tomado a la ligera. Está expresando el abierto rechazo de la juventud veracruzana (más los que se sumen de otras partes del país y del mundo), a la descomposición de la vida política en la que se refleja en paralelo tanto la crisis sistémica global como la que acusa el sistema de partidos en México. A lo que se suma la debacle económico financiera que ya impacta en el bolsillo de las mayorías y la pérdida de paradigmas morales, principios y valores universalmente reconocidos.

Crisis multidimensional sin salida a la vista, que orilla a los gobiernos a dar palos de ciego, atentando lo mismo contra principios democráticos que contra calidad de vida y expectativas del devenir de las nuevas generaciones.

Si surge en Veracruz tal manifestación, no es casualidad. La incapacidad e incompetencia de las clases dirigentes en la entidad, ofende a la inteligencia de los veracruzanos. El alto nivel de descomposición de la vida política, expresada en el actual proceso electoral, ha tocado fondo, llegando al límite permisible.

Tal crisis no es privativa de Veracruz. El régimen político a escala nacional transita por el mismo camino. No obstante, es aquí y ahora en donde a los veracruzanos nos aprieta el zapato. Hoy lo que parece ser una broma, llegará el día en que la ciudadanía pase de la algarabía desbordada como manifestación de su repulsa, a una toma de conciencia sobre la realidad y lo que hay que hacer para ponerla al servicio de las mayorías. Y, por lo que se escucha y observa, ésta bien podría adelantarse a la reforma política de maquillaje que se cocina en las cúpulas, obligando a la partidocracia a devolver representación y voluntad popular que por ahora mantiene secuestrados.

Por lo pronto, en Veracruz la incapacidad de la clase gobernante para reconocer su insuficiencia conceptual y operativa para atender a una realidad social y política que le desborda, pone en jaque al proceso electoral, amenazándole con la nulificación de la elección y, de dejar crecer la inconformidad, con un desgastante proceso de ingobernabilidad que Veracruz no se merece. El “candigato”, Morris o los que aparezcan, es apenas la punta del iceberg.

Hojas que se lleva el viento

Bien que se las arregla el Sr. Dr. Javier Duarte de Ochoa para dividir y destruir. Primero fueron victimados los partidos políticos de oposición, ahora la prensa, en la que ya se acusa una franca división entre los medios afines al régimen /Los Ginos), los intermedios que bien conjugan el interés económico con la neutralidad, y los independientes que no se deben ni al boletín ni al pesebre oficial, sin faltar los llamados “detractores” de inflamadas vísceras y el círculo rojo de corazón azul celeste. La celebración del Día de la Libertad de Prensa por los periodistas veracruzanos, se encargó de exhibir por donde transita un gremio cuya fuerza radicaría en la unidad frente al poder y no en la dispersión.

Por cierto, Doña Gina Domínguez, coordinadora de Comunicación Social y vocera del ejecutivo, tiene pendientes cuentas por pagar y sus acreedores empresas y personas físicas, ya no aguantan la espera que, según se filtrara, se prolongará hasta pasada la elección del 7 de julio.

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