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Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

Tal y como lo señalara en artículo anterior, el segundo debate no tendría mayor cosa que aportar como para modificar las tendencias ya definidas en la intención del voto. El domingo por la noche se confirmó. Tampoco se prestó para satisfacer el morbo de quienes esperaban un sainete mayúsculo en el que se hicieran pedazos los cuatro presidenciables. Lo único que de relevante hay que destacar es que gracias a la irrupción de los jóvenes a la política electoral, por primera vez en la historia un debate presidencial se trasmite en televisión abierta, al alcance de todo aquel que quisiera verlo en todo el territorio nacional. Ello es un avance que aporta a la vida en democracia.

 El debate entre los coordinadores de campaña de los cuatro contendientes, también trasmitido en televisión abierta bajo la conducción del presentador de noticias Joaquín López Dóriga, una vez concluido el presidencial en Guadalajara, transitó por el mismo camino. Nada nuevo bajo el sol que no hubiera sido ya tratado a lo largo del proceso electoral. Lo único novedoso quizá, fuera la tónica del spot cargado de perversidad y de mentira que el mismo domingo colocara en el espacio electrónico un PAN cuya candidata ya da patadas de ahogado. Por mendaz el spot ya fue retirado del aire.

 Y digo novedoso, porque hasta ahora no se había hablado abiertamente de que por segunda ocasión el pueblo de México debería considerar a López Obrador como “un peligro para México”. Utilizándose frases del propio candidato de las llamadas izquierdas fuera de contexto imagen y audio presentan a un Andrés Manuel proponiendo no perforar más pozos petroleros, en alusión a su propuesta en materia energética. Así como arengando a los universitarios en la Plaza de las Tres Culturas para que tomen el camino de la lucha armada.

 En el primer caso, Andrés Manuel si llamó a impedir se perforaran nuevos pozos en la Chontalpa y región lagunar del estado de Tabasco, en respuesta a los  graves daños al entorno ecológico y a la economía que en esos momentos registraba más de la mitad de los municipios tabasqueños, a consecuencia de la operación de Pemex en esa entidad federativa. Lo anterior quedó documentado en los informes que rendía el CICEN al presidente Salinas, al secretario de gobernación y al entonces titular de la Sedesol, Luís Donaldo Colosio.

 Por cuanto al llamado a tomar el camino de la violencia, nada más falso e insidioso. El discurso de Andrés Manuel en Tlatelolco fue ampliamente difundido en la mayoría de los medios comerciales de comunicación, en las redes sociales y en un video alusivo. El PAN y su abanderada a la presidencia de la república no sólo mienten sino que ponen de manifiesto el odio visceral que anima a quienes por cualquier medio pretenden impedir que el político tabasqueño pudiera alcanzar la presidencia de la República.

 lo que escuchamos el domingo fue un “anti-debate” en el que no se confrontaron propuestas concretas ni se atendió a profundidad y puntualmente a la temática pre establecida. Lo único que podría haber quedado claro es que en el último tramo del  proceso la contienda será entre Enrique Peña Nieto y López Obrador, Vazquez Mota y Gabriel Quadri están descartados. En este escenario Andrés Manuel reduce la elección de julio próximo a dos opciones para el electorado: “Más de lo mismo o un cambio verdadero”.

Para mi gusto, como lo señalara en mi artículo del 9 de mayo último, titulado El debate está en la calle, lo relevante es que si el IFE, partidos políticos y candidatos no propician un auténtico debate, si provocan que éste se de en el hogar, en las tertulias, en los centros de trabajo, con una muy amplia participación de ciudadanos discutiendo, defendiendo la camiseta, valorando y calificando lo que vieron y escucharon de acuerdo a las preferencias electorales de cada quién.

 Este segundo debate lo confirma. Más que la confrontación acartonada auspiciada por el IFE, en la plaza pública miles de ciudadanos atienden a la disyuntiva de elegir entre el más de lo mismo y la opción de un cambio con autenticidad que saque a México del atolladero. Marchas y concentraciones de jóvenes y no tan jóvenes se pronuncian a favor o en contra de las dos únicas opciones en las que se confía puedan dar lugar a un nuevo rumbo en la marcha de la sociedad; enriqueciendo la vida política secuestrada por una partidocracia insensible y voraz.

 Si se está a favor de uno u otro candidato ya rebasó el debate en la calle. Lo que está puesto sobre la mesa en la plaza pública es el cuestionamiento de un régimen político caduco, en el que los partidos y medios de comunicación dejaron de ser referentes válidos en el esfuerzo colectivo por construir y fortalecer un clima democráticamente solidario con oportunidades para todos. Para quien esto escribe, ahí reside lo relevante y trascendente del actual proceso electoral, con o sin debates entre presidenciables.

Hojas que se lleva el viento

 Al Sr. Dr. Javier Duarte de Ochoa le invade la paranoia. Sus últimos sondeos de opinión apuntan a la derrota de su partido en la mayoría de los distritos electorales en la entidad. El pasado fin de semana de urgencia convocó a su gabinete legal y ampliado para jalarles las orejas. No están cumpliendo en las circunscripciones que les fueran asignadas con las tareas de proselitismo a favor del PRI que se les encomendara. El “Jefe” teme con sobrada razón que en Veracruz el primer domingo de julio se le entreguen malas cuentas a Enrique Peña Nieto.

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Amigos priístas afirman que en democracia una elección se gana por un voto. Acepto sin conceder tal interpretación pero, a cambio, en con la misma lógica simplista afirmo también que una elección deja de ser democráticamente válida y, por tanto fraudulenta, con la compra-venta de un solo sufragio cuando este es oficialmente contabilizado a favor del candidato x o y. Dada la fragilidad de una democracia en pañales, no es posible esperar una elección químicamente pura y transparente, luego la posibilidad de que en algunos sectores de la población se perciba que el fraude ronda la elección presidencial en puerta, es a mi juicio legítimo. Cuanti más si a lo largo del proceso el voto es inducido entre la población económicamente más vulnerable con la distribución masiva de bultos de cemento, láminas, despensas y, ahora, hasta electrodomésticos como refrigeradores, estufas, computadoras y televisores de pantalla plana. Sin contar las amenazas. Cuando se observan tales irregularidades sin que la autoridad electoral se de por enterada, da que pensar.

López Obrador no aceptará la derrota, me dicen, por lo que recurrirá nuevamente al argumento del complot y el fraude. Yo contesto, ¿Peña Nieto la aceptará caso de ser vencido en las urnas? ¿Cuál será su estrategia post electoral y la de los partidos políticos que le postulan caso de ser derrotados?

 No anticipemos vísperas. Hagamos votos porque uno u otro de los candidatos punteros y los partidos políticos entiendan que el horno no está para bollos. México necesita y quiere paz social, unidad de propósitos y esfuerzos comunes para salir del bache. Pero también entendamos que para poder avanzar en democracia, la elección debe ser lo más transparente, creíble y aceptada por todos.- Xalapa, Ver., junio 11 de 2012

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