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Pulso crítico
J. Enrique Olivera Arce
Dentro del marco del pragmatismo a ultranza que, en ausencia de ideología definida, programa y propuestas acordes con las necesidades y retos de una realidad social y económica que se ignora, a la partidocracia se le hace bolas el engrudo.
Mientras Calderón juega petate, ocultando sus cartas prolongando el período de definición de quien abanderará al PAN en la contienda presidencial, obligando a los demás contendientes a mostrar las suyas ante el electorado potencial, la descomposición del régimen político va en crescendo alterando la aritmética electoral de un proceso en marcha al que ya no se le ve ni pies ni cabeza.
Si se trata de contar, no cuenten con Elba Esther, diría la vetusta plana mayor del PRI al Sr. Peña y su cofradía mexiquense, tras acuciosa revisión del cálculo aritmético de lo que representaría la rebelión de la granja que, de la periferia al centro se iniciara en Chiapas y Sinaloa, poniendo en riesgo la candidatura presidencial.
Es más lo que se ganaría rompiendo con Elba Esther que sumando los votos que aportaría la franquicia magisterial, fue el criterio al que se sometiera a un Peña Nieto cazado con su estrategia aliancista, construida a espaldas del partido con la complicidad de Humberto Moreira y la propia líder moral vitalicia del SNTE. Sería ingenuo pensar que el artífice de la Coalición PRI-PV-Nueva Alianza, fuera el denostado ex gobernador de Coahuila haciéndole el juego a la Gordillo. La mano del Sr. Peña Nieto meció la cuna y el tiro le salió por la culata.
Uno más dos no da uno, como aconteciera en el pasado. La aritmética electoral que tan buenos resultados dejara al PRI en su carácter de partido hegemónico, ya no funciona. La realidad de México, sin un presidente priísta que imponga unidad, orden y disciplina, es otra y ésta fue ignorada por Peña Nieto, quien adelantándose a los tiempos, ensoberbecido confundió precandidatura con su aún lejano e incierto poder como inquilino de Los Pinos.
A la hora de sumar, uno más dos arrojó como resultado más de tres. Pragmáticamente, cada partido político ve por sus intereses más inmediatos y, a su vez, la militancia en cada uno de éstos, ve para su santo en la capilla de su preferencia a la hora de definir candidaturas a gobiernos estatales, senadurías y diputaciones federales y locales. Lo que parecía ser una sola fuerza unitaria para apabullar al PAN y al PRD, con Peña Nieto como precandidato único de la coalición terminó en un puñado de tepalcates.
Quiéralo o no, lo acepte o no lo acepte, el PRI con la ruptura hundió en unos cuantos días el trabajo de varios años con el que se construyera e impusiera la imagen del mexiquense como candidato ganador. Por más que se quiera minimizar el daño por parte del CEN del tricolor y por más que el Panal asuma que rompe con el viejo PRI pero mantiene su cercanía con Peña Nieto, el control de daños no será suficiente para borrar los traspiés del mexiquense y de Moreira en su pretendida alianza con las huestes de Elba Esther.
Sin embargo, el PRI, o más bien su plana mayor, gana perdiendo. La ruptura al cuarto para las doce deja sin efecto las posiciones comprometidas de antemano, así como coloca en total indefensión al Panal de la líder moral del magisterio.
Como el perro de las dos tortas, Nueva Alianza queda fuera de la coalición con el PRI y, para su desgracia, sin posibilidad de sumarse al PAN. Tendrá que ir sólo a la contienda y Elba Esther, en el margen, viviendo la amenaza de un nuevo “quinazo”. El dinosaurio le cobró con creces la factura de agravios no cicatrizados.
De aquí para adelante, si no se decide otra cosa, la vieja guardia priísta marcará la pauta, dictando la agenda del Sr. Peña, antes que permitir un nuevo desliz
Afortunadamente para bien de México, la supervivencia del férreo control corporativo del magisterio, tiene los días contados.
Así, de una coalición de tres, dos pierden y el que sale ganando es el Verde “Ecologista”, al fin experto en saber cachar las migajas que en su momento caen de la mesa del PRI o del PAN. Se conforma con lo que le den a cambio del voto ingenuo que ve en el partido del niño verde al adalid en la lucha por la preservación del medio ambiente y el combate al cambio climático.
Exhibida la fallida estrategia del PRI y la debilidad de Peña Nieto, hoy rehén de la vieja guardia, cabe preguntarse:
¿Para qué coalición electoral con dos rémoras, si el priísmo está convencido de que caminando solo derrotará a Calderón Hinojosa, festinando de antemano su retorno a Los Pinos?
¿Tan necesitado está el Sr. Peña de los votos que le arrimaría su alianza, hoy fallida, con Elba Esther y el niño verde? ¿No confía en la fuerza electoral de su partido?
Lo que mal empieza, mal acaba, dice la conseja popular. Si en las cabañuelas al PRI se le hizo grumos el barniz, ¿que se esperará en los meses venideros cuando Calderón suelte a los perros?
Y mientras en la farándula política se habla de sumas, divisiones y restas que no cuadran, Andrés Manuel López Obrador y su frágil estructura partidista, gana ventaja, sumando de uno en uno.- Xalapa, Ver.- Enero 25 de 2012
Pulso crítico
J. Enrique Olivera Arce
Si aún grazna como pato, se mueve y camina como pato, ¿podemos dudar que el ave dejará de ser pato? Para algunos ingenuos la duda persiste, no porque estén convencidos de que el palmípedo del estanque ha dejado de ser tal, sino por pensar que por su oscuro plumaje, su linaje hoy es de cisne real, ajeno al mundanal estira y afloja de la elección presidencial.
Y cuidado que son muchos los ingenuos que se han ido con la finta de que el distinguido ideólogo veracruzano, artífice de la corrupción institucional, el engaño y el desastre político y administrativo, deja la política para erigirse en académico de altos vuelos, politólogo experto en crisis y oportunidades, cuya palabra por sobre todas las cosas, debe ser escuchada lo mismo en el ámbito internacional que en los círculos del poder doméstico.
Fidel es Fidel, hoy y siempre, hasta el momento en que deba entregar cuentas al creador. La política a la mexicana está en su sangre y en su intelecto, irredento no puede abandonar, nació para la corrupción y en ella morirá.
Veracruz por derecho propio y de nadie más es su universo. Fuera del estanque quien se asume cisne negro, patito feo es, así está marcado en su naturaleza. Luego no podemos esperar que de buenas a primeras deje gobernar en paz a su próspero comodín, hechura fiel de sus insulares sueños de omnímodo virrey.
Erick Lagos al PRI. Así lo decidió Fidel. Y con el, Reynaldo Escobar Pérez a la candidatura priísta a la diputación por el distrito de Xalapa Urbano. El fidelato como proyecto trasexenal permanece incólume. Un paso más en el propósito de llevar hasta sus últimas consecuencias la imposición de la dinastía Herrera-Borunda. Le pese a quien le pese, el virreinato primero, la elección del jefe de jefes, materializado este en la persona de Enrique Peña Nieto, objetivo subordinado en tanto el fortalecimiento del presidencialismo a que aspira el mexiquense, resta autoridad e independencia a los gobernadores hoy virreyes emanados del tricolor.
Siempre mejor cabeza de ratón que cola de león asume el ideólogo que marca rumbo a Veracruz. La experiencia de la relación con Vicente Fox, no se escatima en los planes de quien sigue gobernando a la entidad desde los oscuros rincones de “la vida privada y académica”, pretendidamente impuesta “de facto” a Fidel por la camarilla que, desde Atlacomulco, aspira retornar al pasado para imponer en el futuro inmediato el viejo estilo de gobernar desde Los Pinos.
Sabedor de quien realmente gobierna en Veracruz, a regañadientes el priísmo estatal agacha la cabeza. Deja atrás rumores y maledicencia. Lo que piense el centro no atañe a la periferia. Erick Lagos va al PRI en tanto Alberto Silva vela armas en previsión a lo que para el futuro se le tiene encomendado.
Duarte de Ochoa, entre la espada y la pared, como siempre, deja hacer, deja pasar en espera de la oportunidad que no llega ni desea. El cetro virreinal, lo sabe, es prestado y así lo manifiesta.
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Pulso crítico
J. Enrique Olivera Arce
“Como mujer indígena y oprimida me doy cuenta de que unos cuantos mexicanos han desgraciado a nuestro país, llevándose sus riquezas, y con sus políticas han hundido en la pobreza a millones como yo”. Dijo Eréndira Be’j Hernández, ante miles de indígenas congregados en la cabecera municipal de Margaritas, Chiapas, para escuchar las propuestas del virtual candidato de la izquierda electoral a la presidencia de la República (La Jornada 15 de enero de 2012), y también para exigir que “los pueblos indígenas debemos ser incluidos por fin a este país con nuestros derechos plenos”.
La joven indígena, a decir de lo publicado, fue contundente al expresar ante el tabasqueño y sus compañeros ahí reunidos: “Nosotros los chiapanecos y las chiapanecas producimos energía eléctrica con el agua que tenemos, pero por las malas políticas somos los que pagamos las tarifas de consumo más caras; en la región norte del estado tenemos petróleo, y cada día nos castigan con el aumento a las gasolinas, y con eso sube el precio de la canasta básica. Sumado a todo ello, se carece de fuentes de empleo. Luego, con nuestro coraje nos vamos a las urnas con la esperanza de cambiar la situación de pobreza que padecemos, y después nos dicen que perdimos porque se robaron nuestros votos. Entonces, ¿qué nos queda, compañeros?”.
Lo expresado por la joven integrante de “Morena” (Movimiento Nacional de Regeneración Nacional), a más de impactarme, me recordó lo que Eréndira Be’j con pocas palabras resumiera de una realidad inocultable de quinientos años de explotación a que han estado sometidos nuestros pueblos indios. Llevándome a reflexionar sobre el proceso electoral en marcha y lo que sobre los aspirantes a la presidencia de la República dicen las encuestas.
A diario la prensa nacional da cuenta de si tal o cual personaje va adelante en las preferencias de los electores potenciales. Hablan de porcentajes, de un muestreo entre 4 o cinco mil entrevistados, dando por hecho que lo resultante es el sentir de más de ochenta millones de votantes potenciales. Nada más falso que lo que arrojan tales números y, peor aún, el que nos dejemos llevar por tal manejo mediático para sumar rechazo o simpatía en torno al producto mercadotécnico que nos venden encuestadoras y medios de comunicación.
¿Quiénes son los encuestados? ¿Qué sector de la población representan? ¿Quién paga las encuestas? Nadie entre la audiencia lo sabe. Lo que si es posible colegir es que una muestra de no más de cinco mil entrevistados, en su gran mayoría con residencia urbana y con teléfono en el hogar, no refleja el sentir y preferencias del México profundo, del México hastiado y desencantado, del México que no cuenta con teléfono pero que si padece hambre y exclusión del derecho a una vida digna; del México que late en los corazones de nuestros pueblos originarios.
¿O acaso alguien encuestó a los miles de indígenas chiapanecos que se concentraran en Las Margaritas? ¿O a los tarahumaras que se suicidan por hambre? No. Nadie los toma en cuenta, salvo para el día de la elección trocar su voto a cambio de limosnas, aprovechándose de su miseria pero ignorando su cultura milenaria, su identidad, su paciencia cifrada en una esperanza que nunca llega, su dignidad como seres humanos; no, al corazón de México no llegan las encuestadoras.
Los medios de comunicación nos dicen que de acuerdo a las encuestas Peña Nieto va a la cabeza de las preferencias electorales y que Andrés Manuel López Obrador apenas rebasa el 20 por ciento. Permítanme dudarlo, el mundo real, el de pie a tierra, el que conoce cara a cara al político tabasqueño, al que escucha su propuesta municipio por municipio a lo largo y ancho de este país, no conoce al virtual candidato del PRI. No puede el Sr. Peña estar en las preferencias de la mayoría de un país que, por cierto, el mexiquense no conoce. No puede ni debe confiarse en el “poder” de las encuestas.
Las palabras expresadas por Eréndira, también me han hecho reflexionar sobre un tema recurrente en los medios: el carácter “mesiánico” de la personalidad y propósitos de Andrés Manuel. Lo dicho por la joven indígena nos dice todo lo contrario. No se espera nada de López Obrador que no sea honestidad y compromiso, ni se espera que el anhelado cambio baje del cielo. Se le exige al lider indiscutible, con conocimiento de causa, a sabiendas de que el transformar a México no es tarea de un solo hombre o mujer. Es tarea de todos, incluidos nuestros pueblos originarios. Pero se reconoce su liderazgo y en él se deposita confianza y, una vez más, la esperanza de un país más justo, más humano.
Concluyo entonces que López Obrador no es ningún “Mesías” ni se propone ser tal. Es apenas, a mi juicio, un hombre-símbolo; el movimiento que encabeza, crisol en el que se funde la voluntad de cambio, y nada más. Con él, a través de “Morena” y no del PRD o ningún otro partido político, se identifican miles y miles de mexicanos, sin perder de vista que con él o sin él, el proceso de cambio ya inició y se consolida en el corazón de Chiapas, en el corazón de los olvidados de siempre arrinconados en las serranías, como lo dejara entrever Eréndira Be’j, al demandar y exigir y no pedir lo que en justicia corresponde. Lo que no nos dicen las encuestas.
Pulso crítico
J. Enrique Olivera Arce
El gran ausente en el primer círculo de la coordinación de campaña de Enrique Peña Nieto, es ni más ni menos que Fidel Herrera Beltrán, ex aspirante a la candidatura presidencial de su partido y hoy relegado. Por algo será, pero de que tal ausencia influirá en la integración final de la lista de candidatos a Senadores y Diputados Federales en Veracruz, ni duda cabe. La cúpula del tricolor y su abanderado no quieren saber nada de la “fidelidad” y su nefasta herencia. Pero ese no es nuestro rollo, que se hagan bolas los priístas.
Lo que si es de la competencia de todos los veracruzanos es la promesa incumplida de Tomás Ruiz, Secretario de Finanzas del gobierno duartista. Pasó navidad, pasó año nuevo, pasó el día de reyes, y es la hora en que no se cumple al cien por ciento con la promesa de pago a constructores y prestadores de servicios. De lo único que se da razón, en los términos declarados por el titular de finanzas, es lo relativo al logro de la reestructuración de la deuda bancaria contraída por la administración anterior.
Léase bien, reestructuración con nuevas condiciones de pago en plazo de capital y obligaciones anuales por servicio de la deuda, más no reducción de la misma. Luego el multimillonario adeudo subsiste, garantizado con las aportaciones federales que le corresponden a Veracruz.
Lo que en pocas palabras, significa que la sequía en las arcas de la administración pública estatal va para largo. Haciendo nugatorios los buenos deseos que para el 2012 formulara el gobernador. La sociedad veracruzana tendrá que seguir rascándose con sus propias uñas, sin aspirar a políticas públicas de alto impacto en apoyo a la producción y al fortalecimiento de la infraestructura.
Salvo, claro está, aquello que con fines estrictamente electorales, impacte mediáticamente en la población, como las medidas asistencialistas de presunto combate a la pobreza, vía programa “Adelante”. Asistencialismo que no resuelve gran cosa pero que contribuye a paliar exigencias y demandas en un año electoral.
Por cierto, nuevamente ha trascendido que se persiste en la práctica de exigir un “diezmo” adicional del 30 por ciento tanto a los acreedores por el pronto pago de lo que se les adeuda, como a los beneficiarios de programas de apoyo a la producción. Esto con el fin de contar con un colchón para lo que se ofrezca a lo largo del proceso electoral y, peor aún, para el bolsillo personal de algunos funcionarios de primero y segundo nivel de la administración estatal. Las finanzas públicas transitan por la calle de la amargura; la corrupción llegó para quedarse. Caray, lo que trae a colación nuevamente a Fidel Herrera Beltrán y su reducida cohorte de pasadores de charola, hoy ninguneados por la cúpula nacional priísta que encabeza Enrique Peña Nieto. Así se dan las cosas.
Y si que así se dan. Puesto que el ninguneo implica modificaciones sustanciales en el ajedrez político veracruzano. Personajes de triste memoria como Erick Lagos, Jorge Carballo y Reynaldo Escobar, de alfiles pasarán a simples peones, gracias a su estrecho nexo con el hombre fuerte de Nopaltepec. La corrupción, tarde o temprano, también devora a sus artífices.
Lo que muchos se preguntan es si el Sr. Doctor en Economía, Javier Duarte de Ochoa, se verá afectado al no ser tomado en cuenta Veracruz en la integración del primer círculo de la coordinación de campaña del virtual candidato del PRI a la presidencia de la República, y lo que venga después si el mexiquense llega a Los Pinos.
Fidel ordenaba, Duarte de Ochoa cumplía en su carácter de secretario de planeación y finanzas. Entre otras cosas, a este último servidor público se le atribuye la maniobra bursatilizadora con la que se pretendiera tapar un agujero para terminar abriendo otro mayor. Todo depende de si ante Peña Nieto tiene éxito su orquestada campaña en contra del gobierno federal a cargo de Felipe Calderón. Cosas de la política que hombres y mujeres vinculados a la grilla cortesana o al periodismo oficialista, perciben pero se lo callan.
Quien seguramente no guardará silencio tras su sonado fracaso al frente del Comité Directivo Estatal del PRI, es Héctor Yunes Landa, quien tomando como trampolín el cargo ganado por su abyecta sumisión, trabajó para su santo. Hoy desde su tribuna personal, “Alianza Generacional”, en su carácter ya de aspirante formal al Senado, volverá a su vieja táctica de ofrecer enderezar entuertos, así sea pateando el pesebre. Está en su naturaleza.
Y mientras los dimes y diretes en torno a lo electoral calientan el ambiente en el cotarro doméstico, Europa se derrumba, amenazando llevarse entre las patas no sólo a quien se deje, también a quien no quiere ver que el horno no está para prósperos bollos con jalea. Xalapa, Ver.-
Pulso crítico
J. Enrique Olivera Arce
Lejos de asumir una actitud autocrítica, ajustando discurso y quehacer a la cada vez mayor exigencia y reclamo democratizador de una ciudadanía harta y desencantada, la partidocracia, curándose en salud ante lo que se viene en la elección de julio próximo, a instancias de la bancada del PRI en San Lázaro está por aprobar la obligatoriedad del sufragio así como sanciones en caso de incumplimiento. Medida cómoda de endilgarle a la llamada sociedad civil la crisis del régimen político en México.
Tal reforma al Código Federal de Instituciones y Procedimientos Electorales (Cofipe), tendría plena vigencia a partir de la elección federal de presidente, senadores y diputados en julio próximo, buscándose de acuerdo a lo declarado por el diputado priísta David Sánchez Guevara, que el voto no sólo sea un derecho sino una obligación, como aporte a la democracia.
“El voto voluntario ha debilitado el sistema de representación política y ha elevado los costos de la democracia”, afirmó el legislador del PRI. Reflejando el miedo de los partidos políticos que, en su conjunto, han sido incapaces de generar credibilidad y confianza en una ciudadanía que les ve más como un estorbo a la democratización de la vida pública de México que como catalizadores de la voluntad popular.
No es circunstancial el que hoy en la Cámara baja del Congreso de la Unión se discuta y esté por aprobarse la reforma citada. Es público y sabido que al no merecer confianza y credibilidad tanto partidos políticos como sus candidatos a cargos de elección popular, crece la tendencia en amplias capas de la sociedad al abstencionismo y, en el mejor de los casos, al voto en blanco o nulo. Tendencia que la partidocracia contempla como amenaza real a la legitimación de la elección presidencial.
Tampoco es circunstancial que la credencial para votar que expide el IFE, sea considerada por los mexicanos más como instrumento de identificación para la vida cotidiana que como herramienta para ejercer en democracia el derecho al voto.
No obstante los números frios de los resultados de las últimas elecciones federales y locales en el país, los partidos políticos con mayor apego a intereses personales y de grupo que a ganarse la confianza de la gente, no han hecho nada para revertir la tendencia, antes al contrario, la estimulan insistiendo en ofertar más de lo mismo a una ciudadanía harta de simulación, corrupción e impunidad en todos los órdenes de la vida política nacional.
De ahí que, lejos de asimilar la nueva realidad del país, la partidocracia pretenda, con medidas autoritarias, más que enriquecer nuestra incipiente democracia, imponer el ejercicio del voto como una obligación; forzando a la ciudadanía a acatar a rajatabla lo que bien a bien conviene a los partidos políticos, como si cuantitativamente a mayor número de sufragios se enriqueciera cualitativamente un sistema de representación política que, de facto, tiene secuestrada tanto a la ciudadanía como a las vida pública de México, incluidas las instituciones nacionales y el Estado de Derecho.
Así que la obligatoriedad del voto propuesta por el PRI, criminalizando la abstención y pervirtiendo la intencionalidad del ejercicio de un derecho constitucional, se suma a los diversos factores que negativamente inciden en el proceso electoral federal en marcha, contribuyendo a su atipicidad y agudizando el rechazo de aquellos, mayoría por cierto, que consideran que la elección de presidente de la República, Senadores y diputados, sirve para maldita la cosa, salvo para mantener un statu quo que propicia atraso y retroceso en todos los órdenes de la vida nacional.
Los partidos políticos tendrían que dar respuesta, con ánimo autocrítico, a la interrogante que bulle en el ánimo del electorado: ¿Elecciones para qué?
Desafortunadamente, la autocrítica y la voluntad de actuar en consecuencia, no cabe en un régimen político decadente, obsoleto y bueno para nada, que tiempo ha dejara de ser paradigma de representación de la voluntad popular y sí, una carga demasiada onerosa en la construcción de la balbuceante democracia.
El alto costo de los procesos electorales, se pretende justificar ampliando el número de votantes obligados y no enriqueciéndoles a partir de la participación libre, consciente y consecuente de la ciudadanía. Fórmula simplista de una clase política sin imaginación y sin vergüenza, para un pueblo al que se le sigue considerando menor de edad. ¡Vaya ofensa a la inteligencia popular!
Xalapa, Ver.-
Frente a algunas de las figuras más relevantes de México, Peña no articula una sola idea original, un solo planteamiento brillante, un solo destello de lucidez que escape al lugar común.
Los miembros del Estado Mayor se retiran discretamente, comprobando el rumor que circula de mesa en mesa: el presidente Felipe Calderón no llegará al banquete de Los 300 -la reunión anual convocada por la revista Líderes Mexicanos-, con lo cual el gobernador del Estado de México se convertirá en el único orador de la tarde. Enrique Peña Nieto no quiere desaprovechar la oportunidad y, en vez de leer el breve discurso que tiene preparado, improvisa uno que se prolongará durante cerca de una hora.
La expectativa es enorme: el aspirante del PRI a la Presidencia podrá detallar sus propuestas frente a un auditorio inmejorable. Conforme los meseros traen y llevan los platillos, los rostros de los invitados pasan de la curiosidad al aburrimiento y de la decepción a la ira. A lo largo de esos inagotables minutos, Peña no hace sino exhibir la vetusta retórica priista, ese newspeak perfeccionado a lo largo de 72 años que consiste en enhebrar vaguedades, eufemismos y anacolutos.
Frente a algunas de las figuras más relevantes de México, Peña no articula una sola idea original, un solo planteamiento brillante, un solo destello de lucidez que escape al lugar común. Al final de la comida, las mismas preguntas flotan entre los comensales. ¿Éste es el joven líder que se presenta como el renovador del PRI? ¿Éste es el político que encabeza las encuestas?
Por supuesto, cualquiera puede tener un mal día. Parecería justo concederle el beneficio de la duda y contrastar ese discurso con sus intervenciones posteriores. La tónica se mantiene: una retahíla de oraciones subordinadas carentes de sustancia. Sin duda, Peña recibió lecciones de oratoria -esa disciplina que floreció en el priismo a través de concursos municipales y estatales-, y es capaz de memorizar largas parrafadas, conservando un tono arrebatado y vehemente, pero las ideas originales brillan por su ausencia.
Si no en sus apariciones públicas, quizás éstas podrían encontrarse entonces en su libro México, la gran esperanza. Un Estado Eficaz para una democracia de resultados, justo el que presentó en la FIL cuando no pudo mencionar los tres libros más importantes de su vida. Aquí la retórica priista ha sido maquillada con un lenguaje pretendidamente moderno, barnizado por algún experto en políticas públicas. Pero, si uno lo revisa con cuidado, la espuma es aún más escandalosa: un regreso al anquilosado presidencialismo priista, enmascarado bajo un alud de encuestas y tecnicismos.
Según Peña, México posee un “Estado ineficaz” por culpa de 12 años de panismo, sin recordar que ese Estado fue creado por el PRI y que las reformas estructurales que éste ha necesitado desde el 2000 han sido bloqueadas por el PRI. Un ejemplo: su visión de la seguridad pública (a la cual dedica 15 páginas de 212): Peña culpa -correctamente- a Calderón por el incremento de la violencia, pero olvida decir que la gran mayoría de los estados donde ésta se recrudece se encuentran gobernados por priistas. Y concluye: “La meta es reducir la violencia, recuperar la seguridad ciudadana, construir un país más justo, hacer de imperio de la ley una constante para garantizar las libertades, el orden y la tranquilidad de nuestras familias”. Otra vez, espuma.
Sólo se me ocurre un descargo a su favor: sin darse cuenta, Peña representa la quintaesencia del PRI contemporáneo: ese partido que, una vez derrotado en el 2000, jamás supo hacer autocrítica, jamás pidió perdón por sus abusos, jamás se renovó, jamás supo encontrar el papel que le corresponde en el 2012. Hoy resulta imposible discernir cuál es la ideología de la organización política que podría ganar las elecciones de julio. Ni derecha ni izquierda. Un pragmatismo reconcentrado que aspira a vencer por una sola razón: el desgaste del PAN y la fallida estrategia de Calderón frente al narcotráfico, aunque sin proponer ninguna alternativa.
De ahí la estrategia que Peña y el PRI han seguido hasta ahora: no decir nada, mantenerse en el vago reino de la oratoria y, sobre todo, tratar de no cometer errores. Dejar que sean los hechos -los horribles hechos que nos hostigan a diario- quienes derroten al PAN. Si somos sinceros, este silencio intencional es la única razón por la cual Peña acumula tal ventaja. Porque su pose de galán hollywoodense o el estar casado con una estrella de Televisa no son más que burbujas que serán reventadas en cualquier confrontación medianamente seria con sus adversarios.
Sin embargo, la indefinición y la cautela que Peña ha escenificado hasta ahora han comenzado a hacer agua. Sus deslices no son simples errores o lapsus: son las fugas que demuestran que el zepelín retórico del PRI está ponchado de antemano. Si Peña no emprende una sólida crítica del pasado priista, si no apuesta por ideas y apuestas claras y si no escapa de la posición de niño bonito que lo ha llevado a adelantarse en las encuestas, la espuma que lo rodea terminará por asfixiarlo. Y el camino del PRI hacia Los Pinos, que hoy parece tan claro, terminará por convertirse en otra de sus frases sin sentido. Fuente: Reforma
México, D.F., enero 11 de 2012.- El secretario de Educación, Alonso Lujambio, se mantiene hospitalizado en el Instituto Nacional de Nutrición, debido que presentó una recaída. El principal problema que aqueja el servidor público es insuficiencia renal. En la dependencia se ha especulado en el sentido de que en las siguientes horas se podría anunciar el relevo del exaspirante a la Presidencia de la República. El Economista
Pulso crítico
J. Enrique Olivera Arce
Mientras los halcones de la guerra persistan en poner en riesgo la seguridad mundial y gobiernos y banqueros no le encuentren salida a la crisis sistémica globalizada, lo que nos ofrece el futuro es poco halagador. Sin embargo, como se dice, la esperanza muere al último. De ahí que en medio de un panorama incierto, nos aferremos a nuestros buenos deseos, para uno y para todos, con un renovado optimismo en que el año que recibimos, a diferencia del anterior, traerá torta bajo el brazo.
Que bueno, salvo que nuestro esperanzador optimismo se cifre en enterrar la cabeza bajo la arena y no en la valoración de una realidad en la que, como sociedad y en lo personal, estamos inscritos. El levantar el rostro en medio de la tormenta podría acarrearnos nada gratas sorpresas.
Por lo pronto, al margen de nuestros buenos deseos de bienestar y prosperidad, los malos augurios se dejan sentir en el inicio del nuevo año. Ya en pleno proceso electoral el presidente Calderón deja en manos de Dios la esperanza salvadora ante la incapacidad humana para desfacer sus propios entuertos, al mismo tiempo la bancada del PRI en la Cámara baja, auspicia reformas constitucionales que eliminan candados de control a las organizaciones eclesiásticas, haciendo permisible que se metan hasta la cocina en la vida pública de la Nación.
Esto, como ya lo han analizado y comentado expertos en la materia, reviste a mi juicio extrema gravedad. No estando el horno para bollos, el agregar el condimento religioso al desmadre de un régimen político en crisis, crispa los nervios en los tendidos. Perdida la confianza en la institucionalidad se cae en actitudes de anárquica autodefensa, depositándola cada quien en el santo de su devoción o en la capilla dogmática y sectaria de su preferencia. Incidiendo negativamente en todo esfuerzo de cohesión del tejido social y unidad en torno a la atención de los grandes problemas nacionales.
La participación social y política se substituye con la oración, responsabilizando a Dios lo mismo de la reparación de entuertos presentes como en el devenir del mundo y de la Nación, mientras los pastores de rebaños enteros se uncen a la carreta de la corrupción.
Nuestra historia patria da cuenta de adonde puede llevarnos el mezclar lo divino con las tareas mundanas en la lucha por el poder. No se puede poner más leña al fuego atentando contra un ya de por sí cuestionado Estado laico de derecho.
Paradójicamente, el movimiento nacional que encabeza López Obrador llama al despertar de la sociedad, a la par que confundiendo amor al prójimo, solidaridad con los menos favorecidos y profundo amor a México, genera una corriente de opinión cada vez más cercana a los postulados de las tribus neo cristianas que, cual hongos en tierra fértil, proliferan por doquier en detrimento del tejido social. Amor en el Dios dogmático, perdón a los agravios, ofreciendo a nuestros enemigos la otra mejilla como respuesta al mundano sufrimiento.
Todo sea en nombre y a cuenta del triunfo en la elección de julio próximo. El fin justifica los medios. El sometimiento a los designios del Señor de una sociedad inerme y agachona, definirá el resultado del sufragio, calculan los estrategas electorales de partidos, coaliciones y candidatos, sin advertir que están destapando la “Caja de Pandora”. Mérida, Yuc.- Enero 4 de 2012
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Pulso crítico
J. Enrique Olivera Arce
Veracruz, “estado próspero”, munipios pobres
Una de las más agudas contradicciones de la administración pública veracruzana, radica en la distribución regional de los presupuestos municipales. La polarización en la asignación de recursos destinados a obras y servicios a cargo de los Ayuntamientos, es evidente, recreándose año con año lo mismo marginación que desigualdad y pobreza microregional, gracias a la carencia de visión de Estado de la Legislatura local en turno.
Al perro más flaco se le cargan todas las pulgas, castigándose a la población más vulnerable a un proceso permanente de falta de oportunidades, en el que la dialéctica del subdesarrollo hace de la desigualdad denominador común irreversible, en perjuicio de quienes menos tienen en todo el ámbito estatal. Los Ayuntamientos menos favorecidos presupuestalmente, marcan rumbo y destino de Veracruz.
Así, mientras se insiste en que el gobierno estatal da una batalla frontal contra pobreza y desigualdad, la distribución del presupuesto de egresos municipal indica que en realidad se propicia la profundización de tales flagelos.
El presupuesto de egresos para el 2012 asignado por la diputación local a los 212 Ayuntamientos, no indica otra cosa. Mientras que por un lado a los ocho municipios poblacionalmente más importantes de Veracruz, se les favorece en promedio con más de 463 millones de pesos para solventar las necesidades de sus respectivos programas anuales de gasto corriente e inversión, a los diez más pobres, también en promedio, se les asignan apenas 8 millones anuales, destacando el de Cuetzala con 6.9 millones de pesos.
A nadie en la diputación local se le ocurre siquiera pensar que la exclusión y falta de oportunidades en los Municipios pobres, habra de repercutir necesariamente en mayor desigualdad y pobreza en los Municipios con mayores privilegios. La migración de los bolsones de pobreza a los municipios más favorecidos en busca de empleo y oportunidades de sobrevivencia, incrementa a su vez las necesidades crecientes de obras, servicios públicos, gobernanza y paz social en éstos últimos, haciendo nugatorio propósitos y objetivos de crecimiento económico y desarrollo, presuntamente considerados en la asignación presupuestal desigual y focalizada con énfasis en los municipios con mayores índices de desarrollo relativo.
Si lo que se pretende es fortalecer polos de desarrollo específicos, a partir del presupuesto asignado a los diez Ayuntamientos más favorecidos, suponiendo que éstos derramarán beneficios compensatorios a los más pobres de su entorno regional y microregional, los resultados esperados actuarán en contrario, igualando pobreza y desigualdad en todo el estado.
El Sr. Doctor Duarte de Ochoa en uno de sus mensajes navideños declaró que: “El orden, la disciplina y la eficacia en el ejercicio presupuestal permitirán el desarrollo en todas las regiones del estado”, pidiendo a las autoridades municipales “que apliquen estos criterios de la administración pública estatal para generar economías que permitan hacer más obras y acciones en beneficio de los veracruzanos”. Propósito sustentado en una lógica razonable, sin orden, disciplina y eficacia en el ejercicio de la función pública, no hay gobierno que salga adelante. No obstante, cuando se atiende a la distribución presupuestal en los 212 Ayuntamientos de la entidad, lo primero que salta a la vista es que aquellos con una asignación inferior a los 10 millones de pesos anuales por ejercer, están de hecho imposibilitados no solamente para ser eficaces, también para “generar economías que permitan hacer más obras y acciones en beneficio de los veracruzanos”. Si no cuentan con recursos para contratar un policía de esquina, menos para mantener una administración eficiente.
Eso sin considerar que la mayoría de los Ayuntamientos pobres arrastran adeudos de las administraciones anteriores.
Así, con un presupuesto de egresos de supervivencia, poco o nada pueden aportar estos Ayuntamientos al desarrollo estatal, agudizando sí, las condiciones de desigualdad y pobreza microregional y regional cancelando oportunidades de crecimiento a sus gobernados.
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