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Pulso crítico
J. Enrique Olivera Arce
Conforme y en apariencia se van asentando las aguas tras el golpe dado a la economía popular con la aprobación de la Ley de Ingresos y la Miscelánea Fiscal para el 2010, para la clase política la atención sustantiva sigue puesta en la sucesión presidencial y no en la crisis que sigue profundizándose.
Para el PRI y el PAN la prioridad es recuperar su mermado capital político, y para la oposición de la autonombrada izquierda electoral, el como aprovechar la oportunidad en la coyuntura y llegar al 2012 con un candidato de unidad, como afirmara ayer jueves Marcelo Ebrard.
En Veracruz aunque se coincide en dejar de lado la atención a la crisis concurrente, la clase política gira en torno a la “guerra de bacinicas” entre los dos partidos mayoritarios, con vías a la sucesión del Maestro Fidel Herrera Beltrán. La tesitura de la contienda cobró su nivel más álgido con los pedestres y ridículos dimes y diretes entre las bancadas veracruzanas del PRI y el PAN en la Cámara de Diputados, exhibiendo los trapos sucios que deberían orearse en casa.
Del PRD, poco se puede decir al respecto. Ni la crisis ni la contienda por la gubernatura y mucho menos por la búsqueda de la presidencia de la República, está en el ánimo e intencionalidad del rupestre conglomerado de clanes menores presuntamente vinculadas a las tribus nacionales cuya mayor expresión se hace sentir en la Ciudad de México. Hasta donde es dable observar entre el polvo del reborunbio que levantan quienes aspiran a presidir al partido del sol azteca en Veracruz, la prioridad es pragmática, inmediatista, y gira en torno al manejo de las prerrogativas, acceso al maiceo y manipulación de aquella militancia de una casi absoluta carencia de conciencia social.
Mañana sábado, entre mutuas acusaciones de corrupción, tendrá lugar un nuevo intento por oxigenar al cadáver con una elección más, de claro corte fallido ¿Qué tanto podrá volver a ser el clásico cochinero?, está por verse. Lo cierto es que para la ciudadanía da igual si se elije una nueva directiva estatal, repiten quienes detentan los cargos por interinato o se opta por cancelar la elección y que sea un enviado del Comité Ejecutivo Nacional quien se haga cargo del tiradero. En el imaginario popular el PRD en Veracruz dejó de existir como opción electoral, permaneciendo latente la nada lejana posibilidad de que las bases reconozcan que su partido está muerto y enterrado y busquen nuevas opciones de participación política.
Mal o bien el perredismo veracruzano cumplió su ciclo histórico y a otra cosa mariposa.
Lo destacable es que así como el PRD devora sus propios restos, el PRI y el PAN se revuelven en su propio cochinero perdiendo ambos compostura, credibilidad y visión de futuro. Inmersos como están en su mutua y absurda guerra de descalificaciones, lanzándose todo tipo de detritus de espaldas a los acuerdos alcanzados a nivel central bajo las banderas del PRIAN, así como en la intestina que tiene lugar en el jaloneo por la candidatura a la contienda por la sucesión en el 2010, se manifiestan ajenos al clamor popular tanto por la aprobación de incrementos en los impuestos como por el deterioro creciente del sustento económico de la mayoría de las familias veracruzanas como consecuencia de la profundización de una crisis que, cuando menos en nuestro país, a juicio del gobernador del Banco de México no tiene para cuando amainar.
Lo que a su vez coincide con el también creciente deterioro del régimen fidelista; pese a la audacia, esfuerzos y palos de ciego del gobernador por generar confianza y mantener en alto las expectativas de una sucesión aterciopelada, sustentada en finanzas públicas sanas y un aparente crecimiento económico que salpica positivamente en lo social a los sectores más desprotegidos de la población, el deterioro es evidente. El control absoluto conforme pasan las semanas, es cada vez más relativo; el poder unipersonal del gobernador con mayor frecuencia es puesto a prueba y quien está llamado a pagar los platos rotos es Javier Duarte de Ochoa, novel diputado federal ubicado como el llamado a ser impuesto como candidato del PRI a la gubernatura, quien no logra atemperar con derroche de recursos y bombardeo mediático, el natural rechazo que sus aspiraciones despiertan en amplios círculos de la clase política veracruzana.
Para la mayoría de los que dicen saber como es el juego, el deterioro del régimen fidelista y la pérdida creciente de autoridad e imagen del gobernador no es de extrañarse; históricamente es repetitivo tal fenómeno, bajo la premisa de que “muerto el rey, viva el rey”, enfocándose los reflectores en el último año del sexenio en curso hacia quien habrá de ser el elegido para gobernar a Veracruz, con la salvedad de que, en esta ocasión y como una última concesión, sea el gobernador saliente quien imponga a su sucesor.
Sólo que la historia es dinámica, nadie se baña dos veces en el mismo río. Hoy vivimos circunstancias diferentes y específicamente inéditas frente a una crisis que no tiene ni pies ni cabeza; la vida política no es ajena a ésta y el comportamiento de los partidos políticos en los últimos tiempos da cuenta de que el descalabro sistémico les tomó con los dedos tras la puerta. Todo puede pasar y no precisamente lo que así se observa en esotérica bola de cristal. Veracruz no es la excepción como se afirma.
El haber optado por la propuesta menos peor y menos costosa en términos de capital político, aprobando el bodrio tributario, es muestra fehaciente de que tan tiene perdido el rumbo nuestro sistema nacional de partidos políticos que Calderón Hinojosa y los poderes fácticos se levantan como los ganadores, sin que se escuche otra cosa lloriqueo y arrepentimiento tras la mascara de un falso triunfalismo. Veracruz no está al margen de la ausencia de rumbo cierto y de respuestas certeras frente a una crisis que transversalmente trastoca toda la vida nacional, su aldeana clase política así lo manifiesta dándole la espalda también a una terca realidad que como bien lo expresara Narro Robles, Rector de la UNAM, en todo el país exige con carácter de urgente el refundar la República.
Demasiado futurismo electoral y muy poca inteligencia de la clase política son la constante. Es de desearse que los festejos del Bicentenario de los prolegómenos de la Guerra de Independencia y el centenario del inicio de la Revolución Mexicana, frente a tal pequeñez de miras no resulten infausto anuncio de un desborde de violencia popular.
Desde el tapanco
R. Pérez y Pérez
Caray, cuanta razón tienen algunos filósofos. No los de antes que pensaban para sí mismos como si la virgen les hablara, sino los de ahora que conjugan teoría y praxis como quien conjuga el pluscuamperfecto del verbo haber con la observación de la luna en cuarto menguante. Los que practicando la virtud de no perder el tiempo viendo y escuchando las sandeces de algunos muy bien pagados lectores de noticias o leyendo a aquellos comunicadores que se alimentan de lo que escuchan en la caja idiota, viven de observar el comportamiento de su vecino y del vecino del vecino, que bien pudiera ser un diputado federal. Uno de estos filósofos modernos, en un texto muy interesante afirma que: “La estupidez es la ideología más discreta (invisible y económica) de todas las que el ser humano ha (hemos) practicado”. A lo que agrega que es una verdadera lástima que aún no se estudie académicamente la estupidez como ideología, en la Sorbona, Oxford o Cambridge.
Y es que, como afirmara el doctor en Filosofía y Letras Pancracio Celdrán Gomariz en cierta ocasión, de la cual no guardo memoria, decirle imbécil a un imbécil es una verdadera ofensa, propia de un palurdo analfabeto, más si tenemos la atingencia de decirle al interfecto: “no sea usted imbécil, mejórese”, la cosa cambia. Tal connotación adquiere entonces categoría filosófica que bien podría encuadrar en la ideología de la estupidez que rige al mundo de hoy; disfrazar un hecho palpable, como el del ejemplo, con una puntillosa retórica, al imbécil no le quita seguir siendo un redomado imbécil, así aplique el mejor de sus esfuerzos para mejorar, y si nos hace igualmente estúpidos.
Para quienes no somos afectos a temas tan complejos como los filosóficos, ni tuvimos ni tendremos la dicha de leer a Platón o especular sobre si Carlos Marx se inspiró en Maquiavelo o en unos viejitos, a los que se les conoce entre la gente culta como los filósofos clásicos alemanes, esto de la ideología de la estupidez como que nos suena más familiar, mas cercano a nuestra comprensión y entendimiento. Sin mayor profundización basta ver a nuestros diputados federales, a los partidos que les asisten y a los gobernadores que les pagan sus ligerezas, para comprender, sin mayor trámite, que ideológicamente están más cerca de la llana estupidez de un Fox o un Bush, que de Sócrates, Heráclito, Hegel o el padre putativo de la teoría del fin de la historia, a los que por lo brumoso de sus aportaciones francamente nadie entiende.
Parece mentira, pero encontrándonos en los albores del Siglo XXI, apenas nos enteramos de que en México estamos igual que en los tiempos de Antonio López de Santa Ana o de Mamá Carlota: en pelotas y aportando tributos que jamás pasaría por la mente de un mandatario europeo de nuevo corte el aplicarlos. No. No es que paguemos impuestos por cada puerta, ventana o jardinera que adorne nuestro hogar. Mal haríamos en soportar tan tremenda ignominia fiscal; solo faltaría que se le impusiera un gravamen a Fido, nuestro perro tan querido como fiel, por mover la cola. No, lo que no entienden los señores diputados federales, tan cortos de mira y de cercanía con el pueblo de a de veras, es que es indudable que estamos obligados a pagar impuestos contribuyendo a nuestro propio desarrollo y bienestar pero, y ahí es donde la puerca tuerce el rabo, para su conocimiento es bueno advertirles que los mexicanos contribuimos a la hacienda pública con IVA, ISR, IETU, impuesto sobre la nómina, impuesto por dormir en un hotel de mala muerte, impuesto a la tenencia del auto sobre el que ya pagamos el impuesto de vehículos nuevos, impuesto predial, derechos sobre nacer, morir y ser enterrado en laica sepultura, consumo de agua potable que no es potable, drenaje y saneamiento que no es tal, recoja de basura por un mugroso camión que nunca pasa, alcabalas en las carreteras y puentes y, para acabarla de joder, el redondeo en el super como combate solidario a la pobreza y la mordida al gendarme de la esquina, como contribución al combate de la delincuencia. ¿Se me olvida algún gravamen? ¿El diezmo?
Carga fiscal que más antes que después, termina agobiando parejo tanto al más jodido de los consumidores como al más circunspecto y cumplidor de nuestros cuentachiles empresarios del montón.
Si. Todo esto que descansa sobre la espalda de los mexicanos no lo alcanzan a ver los señores, señoras y ¿señoritas? diputad@s. No es porque sean imbéciles y sujetos a que les demos un trato retóricamente puntilloso, para no contrariar a las buenas costumbres o a las buenas conciencias. No, no es así. Si fueran imbéciles o en lenguaje coloquial, pendejos, no se enriquecerían en menos que canta un gallo. Si votan a favor de más y más altos gravámenes, es porque así se los dicta su ideología. Sí, la ideología discreta y del menor esfuerzo de la estupidez.
Si su ideología fuera el marxismo o de perdida la que anima a Obama a querer hacer de la educación y la salud derecho universal, por ejemplo, bien que tendrían en cuenta que en tiempos de crisis, como el amor en tiempos de cólera, basta una gota o un mal rumor para derramar el vaso.
Que conste que no es un insulto colocar a la diputación federal priísta en esta corriente del pensamiento moderno. Lo mismo podría denominárseles platónicos si así fuera el caso, o bushistas si hablaran con Dios. Más que una ofensa es apenas es un acto de justicia popular, un acto de caridad o autocompasión, que filosóficamente no registran sus entendederas pero que hombres y mujeres comunes bien conocido lo tenemos. Tiempo ha que todos los mexicanos navegamos en la tal corriente ideológica.
Pulso crítico
J. Enrique Olivera Arce
“Más pronto cae un hablador que un cojo”

Compromiso no cumplido
Lo percibido era más que obvio: el interés partidista por sobre los intereses de la Nación ha sido la tónica de la discusión y aprobación, en su caso, de la Ley de Ingresos y Miscelánea Fiscal para el 2010. La partidocracia y el peso de los poderes fácticos que le sustentan, pudo más que la voluntad popular presuntamente representada en el Congreso de la Unión.
En la Cámara de Diputados la noche de ayer, y la de de Senadores el día anterior, PRI, PAN y su satélite verde, ratificaron la profunda brecha entre mandantes y mandatarios, haciendo de la simulada democracia representativa triste papel de caricatura.
Con honrosas excepciones, diputados y senadores matan así a la gallina de los huevos de oro. Negándose a toda posibilidad de sustentar la viabilidad del Estado mexicano frente a la crisis en principios sustantivos de equidad y justicia social. Haciendo prevalecer privilegios del gran capital por sobre las necesidades reales y sentidas de las mayorías, profundizando la brecha de la desigualdad y contribuyendo a una mayor polarización de la sociedad.
Destacando el papel vergonzante del PRI en el Senado, que por salvar su hoy en duda capital político, optara por la abstención negociada en un tema en el que ofreciera a sus electores oponerse por la vía del voto en contra.
Del PAN no podía esperarse otra cosa diferente que su voto a favor del incremento en el ISR y el IVA. Así lo mandata su naturaleza reaccionaria y contraria al interés de la Nación. La abstención del PRI en el Senado, lavarse las manos, no le resta responsabilidad; avalando lo votado por su bancada en la Cámara de Diputados le iguala con su adversario político, habiéndose identificado plenamente con la idea ya formada en el imaginario popular de un maridaje obsceno al que se le conoce como PRIAN.
Si lo que pretendiera el tricolor fue el no cargar con el costo político de la aprobación de una Ley de Ingresos y su correspondiente Miscelánea Fiscal, antipopular, absurda e injusta, a mi juicio el tiro le salió por la culata.
Si de capital político se trata, al anteponerse este al interés de la mayoría de los mexicanos y a lo que la razón recomienda para intentar salir de la crisis sistémica global cuyos efectos en México apuntan a un desastre, el PRI resulta el gran perdedor. Incapaz de oponer alternativas racionales, su salida es: “Nos inclinamos a favor de lo menos peor”, como lo expresan sus voceros oficiales y oficiosos. La gente sabrá, llegado el momento, poner en la balanza compromisos no cumplidos y soberbia triunfalista de un partido político que pretendiendo recuperar la presidencia de la República en el 2012, en los hechos coparticipa con el PAN en el retroceso social y económico, así como en el hundimiento del país que acarreará un bodrio fiscal que lejos de cumplir con el propósito de impulsar el crecimiento económico y la generación de nuevos empleos, resultará recesivo, contrario a lo que la lógica está indicando a nivel internacional como alternativa válida de búsqueda de caminos viables para salir de la crisis y, de paso, altamente lesivo para la economía de las mayorías populares.
Senadores y diputados federales, priístas y satelitales, no supieron o no quisieron estar a la altura de las circunstancias dominantes en el país. Ignoraron la realidad de un México que lleva a cuestas a más del 50 por ciento de la población en condiciones de pobreza, miseria y abandono. Olvidando que el saneamiento de las finanzas públicas es apenas un medio y no un fin en sí.
No les dijo nada que la población económicamente activa disponible para producir bienes y servicios (PEA), sujeto potencial a los gravámenes directos, representa el 59.8 % de los mexicanos en edad productiva y, de esta, como lo apuntara oportunamente el INEGI, el 27 por ciento apenas alcanza a percibir un mini salario. Tampoco escucharon al SAT que divulgara que el Padrón de Contribuyentes Activos se integra por 10 millones 463,436 personas físicas que representan 37% del total; 15 millones 379,721 asalariados que equivalen a 56.9%: 1 millón 179,405 personas morales que son 4.4% y 13,504 personas morales que representan 0.0% del total, considerados como Grandes Contribuyentes.
En total, 27 millones 36,066 personas físicas y morales las que están inscritas en el Padrón de Contribuyentes Activos hasta el pasado mes de agosto del año en curso; 24.5 % de la población total y a estos va dirigida la andanada fiscal, con la salvedad de que los asalariados pobres, ubicados en el umbral de hasta cinco mini salarios, no pagan ISR. Quienes cargarán sobre sus espaldas con la tributación directa serán los mismos contribuyentes cautivos de siempre; bajo el supuesto de que no habrá de agudizarse el desempleo entre las clases medias que perciben ingresos por arriba del umbral citado. Como contrapartida, eso sí, los pobres, ese más del 50 % de la población, tributará a la hacienda pública pagando impuestos indirectos sobre bienes y servicios, por el derecho a sobrevivir en un país que les da la espalda.
Tampoco escucharon la lastimera y a destiempo aceptación de Calderón Hinojosa y su secretario de hacienda, de que la mayoría de los “grandes contribuyentes”, poderosos consorcios nacionales y extranjeros que operando en México viven bajo resguardo, reciben un aterciopelado trato fiscal, contribuyendo apenas con el 1.8 de sus utilidades antes de impuestos.
El bodrio Fiscal aprobado, lejos de tender a fortalecer la capacidad real de compra y con ello a la dinámica del mercado interno, a más de romper el equilibrio ingreso-gasto de millones de familias, la restringen: abatiendo consumo, ahorro, producción, productividad y empleo, matando a la gallina de los huevos de oro que sustentando la economía nacional, pretenden salvar.
No cabe duda de que pese a todas las limitaciones y desviaciones que pudieren atribuirse a López Obrador y al movimiento que el tabasqueño encabeza, es más que evidente que han tenido razón en su persistente denunciar, protestar, y proponer como de urgente y pronta resolución un nuevo modelo de país.
Por ahí un político veracruzano llama a la ciudadanía “a no satanizar a los diputados federales” señalándoles por su falta de visión y compromiso para con sus electores. Su llamado cae en el vacío. No se les “sataniza” porque su actuación no corresponde al terreno de la mitología; se les señala y juzga objetivamente porque, salvo muy contadas excepciones, tanto éstos como los senadores, incurren en traición a sus representados y a la democracia representativa. Éstos han dado muestra fehaciente de que responden a intereses coyunturales de la partidocracia, los gobernadores, y los poderes fácticos, y no a sus representados y a los intereses superiores de la Nación.
Frente a tal traición no cabe el mayor o menor costo político electoral. En lo individual y en lo colectivo, y la excepción no hace sino confirmar la regla, la perspectiva electorera es irrelevante frente a lo que está en juego, el destino de México. Si algo en común tienen con el mitológico “Satán”, es que juegan con lumbre.
Pulso crítico
J. Enrique Olivera Arce

Dip. Duarte de Ochoa
Frase que ya siendo clásica entre los changarreros del país, es la que más se acerca al discurso de una mayoría jarocha y novel diputación federal priísta, a la que sin duda estuvo orientada la opinión del senador Dante Delgado Rannauro, quien en días pasados expresara que se dejó “chamaquear”.
Votamos para salvar al país. El PAN no nos cumplió faltando a su palabra. Aprobamos como priístas responsables el incremento del IVA, pero el Senado corregirá el entuerto. Hoy no supimos cumplir, mañana si… es la temática de moda.
Defendiendo lo indefendible, entre lloriqueos a los que no faltará quien los compare con aquellos emitidos por quien habiendo sido violado se consuela a sí mismo, recurriendo al pero…, haciendo víctima verbal de un mal mayor al victimario, lo más representativo de la novel bancada veracruzana en la LXI Legislatura federal, trata de evadir el “palo dado”, con discursos que no convencen a nadie. Antes al contrario, contribuyen en mayor medida a destacar la inexperiencia de la roja y fiel juventud tan ponderada por el gobernador Herrera Beltrán, trivializando un asunto de Estado de la mayor relevancia.
Destaca el libreto mal aprendido de un Javier Duarte de Ochoa, que no atina a tragarse con decoro el hecho de haber actuado en contrario a sus promesas de pre campaña como aspirante asignado a gobernar a los veracruzanos, votando a favor del incremento a la ya de si onerosa, desigual e injusta carga impositiva contemplada en la Ley de Ingresos y Miscelánea Fiscal para el 2010.
Atendiendo a los dictados del sentido común, más le valiera al delfín el guardar discreto silencio en espera de que el Senado le corrija la plana a la Cámara de Diputados y ponga en su lugar al panismo calderonista para, así con los pelos de la burra en la mano, apechugar y a su vez corregir en su tan pomposo como lastimero e inoportuno discurso.
La ligereza con la que otros miembros de la diputación federal emanada del priísmo veracruzano tratan de justificar lo que para un importante sector de la población está registrado ya como estigma de traición del PRI, dadas las condiciones de un proceso electoral anticipado parece irrelevante. La que trasciende es aquella de que hace gala el diputado federal por Córdoba, en tanto se le reputa como el más viable a ser nominado como candidato del tricolor en la contienda electoral por la gubernatura. A los ojos de propios y extraños, Javier Duarte de Ochoa se ha encargado de concentrar los reflectores en su persona y en torno a él giran lo mismo críticas que condena a la inexperta actuación de la diputación federal veracruzana, debiéndose asumir, por tanto, que correrá solo con el costo político de los platos rotos.
Y así parece ser en efecto. Pese a los esfuerzos mediáticos por mantenerle al margen de la “traición”, su novatez, inexperiencia y falta de carácter está ya bajo resguardo en el morral de la opinión pública. Prevaleciendo, por tanto en su perjuicio, el que ya se le considere como poco maduro para aspirar a una tarea como la de gobernar a Veracruz. Provocando, obligadamente, a que se le compare con otros personajes del priísmo veracruzano con mayor talento, formación, experiencia y visión. Como podría ser el caso del diputado local Héctor Yunes Landa, cuyos atributos personales, militancia partidista, formación académica y experiencia parlamentaria, frente al discurso de Duarte de Ochoa le colocan muy por encima del delfín y como el más idóneo para contender contra Dante delgado o Yunes Linares, en lo que se espera como una muy reñida competencia.
Pero no sólo la opinión pública en general juzga y emite sentencia. Javier Duarte de Ochoa por su blandengue discurso es condenado a la hoguera por sus propios correligionarios en el seno del priísmo estatal, siendo centro del debate entre quienes a ojos cerrados le ponderan y apoyan y quienes no lo consideran apto para la tarea del año próximo.
Así las cosas, la candidatura a favor del delfín se aleja de la primera intención del Maestro Herrera Beltrán, insistiéndose en corrillos y tertulias que habrá de prevalecer un “plan B”. No lo se, el gobernador es cuidadoso en exceso para dar color al respecto, pero de lo que si estoy seguro es que, en primera y última instancia, será al interior del PRI, bajo su propio riesgo y al tenor de lo que mejor convenga al gobernante, donde habrá de tomarse la decisión final en las próximas semanas.
Para los veracruzanos comunes, hombres y mujeres ajenos a lo que está en juego en la cúpula de la política, corresponderá en las urnas determinar quién habrá de suceder al actual mandatario en la titularidad del Poder Ejecutivo Estatal. Lo demás son simples especulaciones motivadas por el insistir de una clase política insensible en hacer descansar una muy alejada posibilidad de impulso al crecimiento económico, generación de nuevos empleos y combate a la pobreza, en más carga tributaria para una sociedad que en la incertidumbre de la crisis siente estar atenida a lo que los intereses electoreros partidistas determinen.
Pulso crítico
J. Enrique Olivera Arce
Lo he dicho y lo reitero. Si algo frena al desarrollo de Veracruz es la tendencia de su población a aferrarse a un constante estado de politiquería electorera. Natural o inducida, tal tendencia se retroalimenta de la mediocridad de una clase política que todo lo quiere ver a la luz de la competencia electoral, partidizando hasta lo más nimio de la vida social, económica y cultural de la sociedad veracruzana, dando la espalda a la racionalidad y hasta al sentido común.
No culmina un proceso electoral cuando ya le encimamos el siguiente; concentrándose recursos públicos y privados, materiales, financieros y humanos, para afrontar el incierto futuro de la sucesión de gobernador, diputados federales y locales, alcaldes, dirigencias partidistas, líderes gremiales, comisariados ejidales, y hasta presidentes de asociaciones de padres de familia, jefes de manzana, liderazgo estudiantil, o pseudo dirigentes de las varias decenas de organizaciones que dicen representar al periodismo veracruzano.
A todo esto habría que agregar la nociva tendencia de algunos funcionarios públicos afectos al lustre de imagen y al discurso fácil y triunfalista, que para sustentar y afianzar su protagonismo en la palestra político-electoral, hablan de más y a destiempo.
Lo anterior viene a cuento porque una vez más, gracias a eso que he afirmado es parte ya de nuestra naturaleza, no sólo ahuyentamos a una potencial inversión industrial chino-mexicana de varios millones de dólares, sino que también politizamos el tema. Especulando que la responsabilidad del siempre no de la empresa, es atribuible a la mala fe de panistas locales que por beneficiar a sus congéneres partidistas de Jalisco, sabotearan el proyecto.
La mayoría de los medios de comunicación, por motu propio o por consigna, se han hecho eco de tal especulación, cediéndole el paso al desgarre de vestiduras y a una nada despreciable oportunidad de desviar la atención de un caso juzgado y archivado en el morral de la opinión pública, como la aprobación por parte de la diputación federal priísta de una Ley de Ingresos y Miscelánea Fiscal.
Especulación, sólo eso, toda vez que las decisiones de invertir o no, millones de dólares en uno u otro sitio ni se dan de la noche a la mañana ni existe empresa que se repute como seria que no someta un proyecto de tal naturaleza a estudios acuciosos, evaluaciones financieras y considerandos sobre fortalezas o limitantes de orden social o económico. Si la empresa chino-mexicana ensambladora de tractores y camiones decidió no establecerse en Veracruz, no lo hizo ni por no gustarle el predio que se presume le sería cedido a “título gratuito” o vendido a precio de subasta de garaje, ni porque un político panista de medio pelo opinara en contrario a lo ya dispuesto por la administración a cargo de Fidel Herrera Beltrán.
A escasa una semana de que el Congreso local aprobara la enajenación del Agrocentro Siglo XXI para facilitar tanto la inversión ofertada como la generación de 5,000 empleos directos, y dos días antes de que la empresa de marras comunicará al gobernador la decisión tomada, Dionisio Pérez Jácome, jefe de la Oficina de Gobierno y Consejería Jurídica, no sólo ratificó que era un hecho que la ensambladora se instalaría en la entidad sino que, además opinó que “al reglarle el inmueble Veracruz sale ganando”.
Una de dos. O la empresa en ningún momento tuvo la intención de asentarse en los terrenos del Agrocentro y el triunfalismo desbordado local careció de fundamento, o factores y variables a considerar debidamente respaldados por los estudios respectivos, inclinaron la decisión final a favor de establecerse en Jalisco, no por ser un estado gobernado por panistas sino porque así lo recomendara la relación costo-beneficio a considerar. Decisión final que toda lógica indica que no se tomó en escasos cinco días ni es resultado de una pretendida ingerencia política de un panista deseoso de contrariar al gobernador Herrera Beltrán atendiendo a una consigna de Miguel Ángel Yunes Linares.
Más papistas que el Papa, nuestros políticos priístas, opinan en contrario. “El Pipo” ahuyentó a los chinos”. Sin ponerse a pensar que estos últimos, entre otras cosas y dada su racionalidad fruto de una cultura que sabe diferenciar negocios de política, pudieran haber sustentado su decisión final precisamente en el clima electorero de una entidad que vive de y para la polítiquería. Hay que aprender de los chinos. Mientras nosotros nos dedicamos al bla bla bla y a especular frente a la bola de cristal, ellos piensan, estudian, observan, trabajan y conducen a su país a ser primera potencia mundial.
Pulso crítico
El fenómeno de la comunicación afecta en profundidad a toda la organización social y ésta debe ser aprehendida en términos de relaciones de fuerza y no de comunicabilidad o de incomunicabilidad. Los modelos comunicacionales no explican la sociedad, sino que es la estructura social la que explica los modelos comunicacionales.
Armand Mattelart
Son muchas las lecturas a que se presta el absurdo accionar de un Calderón Hinojosa que aparentemente de buenas a primeras, decide de un plumazo extinguir tanto a la paraestatal Luz y Fuerza del Centro como al Sindicato Mexicano de Electricistas y sus más de 45 mil agremiados. Cada interpretación depende de la posición que se tenga en la escala social, del conocimiento sobre el tema y del grado de compromiso para con este sufrido país. Los mismo tratándose de la marcha de reclamo del pasado jueves, objeto de todo tipo de especulaciones, que del rumbo que debería tomar el movimiento de masas que encabeza Andrés Manuel López Obrador.
Como ciudadano común, dependiente de la información y desinformación mediática a que estamos sometidos, quiero detenerme en una de las tantas aristas del tema que hoy es motivo tanto de preocupación como de posicionamientos encontrados, así como de una desparpajada indiferencia: El papel que en el conflicto han jugado los principales medios de comunicación de masas, lo mismo electrónicos que impresos que contribuyen a la construcción de la opinión pública.
A mi juicio, si algo de relevante ha tenido la marcha y mitin en el Zócalo de la Ciudad de México, en un país en el que el reclamo popular sólo queda en eso frente a la ceguera y falta de sensibilidad de las autoridades, es su contribución a la toma de conciencia de sectores importantes de la población y, específicamente entre los que se consideran de izquierda en un amplio espectro que va del radicalismo extremo al colaboracionismo sistémico, en torno al papel que le corresponde jugar a los medios de comunicación de masas, como soporte ideológico de un sistema político, económico y social tan corrupto e ineficaz como el que domina en México.
Y no me refiero a aquellas personas que de manera intuitiva descalifican a tal o cual medio, lanzando improperios en su contra o en contra de sus personeros más destacados que día a día atraen la atención del auditorio, bajo el considerando que es a mentadas de madre como habrán de resolverse los graves problemas de un país sin rumbo cierto y sin avezado timonel. No. Me refiero a los sectores más avanzados de la izquierda que percibiendo el fenómeno, hasta antes del actual conflicto se circunscribían a denunciar lo obvio considerándolo per se y no como expresión intrínseca del capitalismo, sistema social, económico y político dominante en el planeta.
Para estos últimos, si nos atenemos a la poca información difundida al respecto, ha quedado claro que no son los medios en sí los que juegan en contra de los movimientos populares, sino el sistema capitalista en su conjunto del cual estos son lo mismo parte que voceros y conformadores de una opinión pública que debe ser manipulada ideológicamente y sujeta a los intereses trascendentes del sistema dominante. Tarea en la que los López Dóriga, o un desdibujado Ciro Gómez Leyva, entre otros, son apenas simples y serviles peones al servicio del patrón y el gran capital. Combatir a tal o cual medio o a estos últimos con estériles denuncias y reclamos, carece de sentido; si hoy son estos mañana serán otros, prevaleciendo siempre la función central de respaldar ideológicamente al sistema del cual son parte activa.
A estas alturas del conflicto social desatado por Calderón Hinojosa, cuyas consecuencias a favor del régimen y del poder fáctico real a decir de los voceros calderonistas son irreversibles, tal toma de consciencia rebasa las expectativas generadas por la movilización del jueves último, haciéndose acompañar por la convicción de que el avance de la izquierda tanto social como electoral por el camino de una simulada democracia representativa, tiende a cerrarse. No es coincidencia el que entre las bases del movimiento que encabeza López Obrador, algunos presionen a este a dejar de lado el camino pacífico de la protesta, el reclamo y la denuncia en torno a un gobierno insensible, ineficaz y anti democrático, para avanzar por la vía de la organización, el programa y la acción consecuente en el combate al sistema capitalista en su conjunto, haciendo sentir el peso específico del descontento popular frente a un estado de cosas ya inaceptable.
Como tampoco es coincidencia el que el tema de la muerte de las ideologías y la lucha de clases, ocupen ahora lugar destacado en el debate entre amplios sectores de la izquierda. Tema que transversalmente pasa por el papel de los sindicatos y organizaciones de masas, en un retorno al marxismo como instrumento de análisis de la realidad concreta y guía para la acción.
En política las coincidencias no existen como tampoco la angelical caridad cristiana que muchos esperan de los medios masivos de comunicación. Todo gira en torno a los objetivos del sistema dominante, sus contradicciones y su capacidad histórica de supervivencia. Así lo están entendiendo aquellos que leyendo entre líneas se ocupan de obtener de la marcha del SME las mejores lecciones, sin detenerse en la interpretación simplista de la desgastante pugna intra e interpartidista por sacarle el mayor provecho electoral a una movilización social que busca respuestas en escenarios y caminos diferentes.
Que tanto influya lo anterior en el conjunto de la izquierda en México, está por verse. Lo relevante es que el tema ya está puesto en el centro del debate.
Pulso crítico
J. Enrique Olivera Arce
En nuestra isla de la fantasía el Congreso local por mayoriteo de la diputación priísta y a instancias del titular del ejecutivo aprueba sin mayor trámite restarle funciones a la Secretaría de Desarrollo Social, transfiriendo programas y recursos destinados al combate a la pobreza a la Secretaría de Gobierno. Sin más propósito que, por un lado, bajar del caballo a Ranulfo Márquez en su aspiración de alcanzar la candidatura del PRI al gobierno de Veracruz y, por el otro, centralizar la operación político electoral para los comicios del año próximo.
Esto en un escenario y contexto de un ambiente político en la capital de la República que se calienta y se enrarece a consecuencia del albazo calderonista en contra del Sindicato Mexicano de Electricistas y la aprobación por mayoría del PRI y el PAN de una Ley de Ingresos para el 2010 y su miscelánea fiscal correspondiente, a todas luces recesiva y contraria al interés de la Nación.
Lo aprobado por el Congreso local en nuestra ínsula, sin ruido, a la chita callando y sin el mayor asomo de una oposición responsable y consecuente, no puede considerarse como un hecho aislado y ajeno al ríspido clima que prevalece en la capital del país. Por ahora y en tanto no se pronuncia el pleno del Senado a favor de modificar la minuta de la Cámara de origen, el costo político de la aprobación del paquete económico recae en el PRI y su sumisa diputación federal. Interponiéndose en el camino del joven diputado federal y delfín a quien se pretende imponer como candidato priísta a la gubernatura de Veracruz, por lo que hay que poner las barbas en remojo, anticipándose a lo que viene.
De ahí que lejos de proceder a adelgazar el pesado aparato gubernamental estatal, se recurre a una medida coyuntural de “reingeniería”; poniendo en manos de Reynaldo Escobar Pérez, o sea las del propio gobernador, aquellos programas y recursos previstos para inclinar la balanza electoral a favor del partido de la fidelidad.
Y no se esperaba menos cuando ya el propio maestro Fidel Herrera Beltrán en días pasados pusiera en evidencia la incapacidad de su gabinete para seguir puntualmente las directrices emanadas del titular del Poder Ejecutivo Estatal, constatando de viva voz del Secretario de Desarrollo social, las aspiraciones de este de desbancar al delfín de su posición de candidato impuesto. Con la medida aprobada por el Congreso, se descobija a Ranulfo al mismo tiempo que se asegura que programas y recursos no se dispersen ni sean empleados para un destino diferente a lo que electoralmente conviene.
El PAN viene con todo en su pretensión de ganar la gubernatura de Veracruz en el 2010, encabezándolo Miguel Ángel Yunes Linares. El todo incluye programas y recursos federales asistencialistas con clara orientación electoral. El maestro Herrera Beltrán así lo percibe y actúa en consecuencia centralizando bajo su control personal lo que a programas y recursos estatales se refiere. Lo que estaría por verse es si Escobar Pérez y su paso de elefante como operador político, tocará baranda o fungirá como simple figura decorativa, sumiso firmón al servicio del patrón.
Y mientras en el aldeano ajedrez se acomodan alfiles y peones con una estrechez de miras estrictamente de corte electorero, el consenso nacional crece y se fortalece en torno a lo que para el futuro ofrece una clase política insensible y corrupta que conduce al país al despeñadero. Ya no es un secreto; la gran mayoría de la población podrá ser ignorante pero de ninguna manera pendeja; lo que esta percibe, es que cada vez es mayor el distanciamiento entre sus intereses cotidianos de supervivencia en los que se sustenta la vida económica y social del país, y los propósitos, objetivos y “buenos deseos de salvar a México”, de una nefasta partidocracia que tiene secuestrada a la endeble democracia representativa.
Clase política y sociedad civil marchan por caminos paralelos sin un punto de encuentro aceptable. Se mueven con ritmos diferentes y con grados de pertinencia y urgencia cada vez más contrapuestos para afrontar las crisis concurrentes que se agudizan. La crisis de credibilidad, sentido común e ilegítima representatividad por la que atraviesa el sistema de partidos políticos en México, está expuesta en el terreno de lo obvio; correspondiéndose con el modelo agotado de un neoliberalismo fracasado que el gobierno de México y la clase política en su conjunto se resiste a abandonar, como ha quedado asentado con la aprobación por la Cámara de Diputados de La Ley de Ingresos y Miscelánea Fiscal para el 2010, al ponerse en el tapete de la negociación el costo político partidista y no el interés de la nación.
El PRI y el PAN, mejor conocidos hoy por la agudeza del ingenio popular como PRIAN, no son los únicos que tendrán que afrontar el costo político de las canalladas del régimen calderonista. Es el sistema de partidos políticos en su totalidad el que en las urnas habrá de cargar con el costo electoral de dejar en manos del pueblo el pagar los platos rotos de más de cinco lustros de neoliberalismo despilfarrador. Ni sabe ni quiere reconocer la profundidad de su propia crisis y mucho menos su derrota como instrumento de interés público, mediador del permanente conflicto que genera el poder fáctico confrontando al interés superior de las mayorías subordinadas.
Constituido en juez y parte, el sistema de partidos políticos en nuestro país se ha privado a sí mismo de legitimidad democrática. Sirviendo a dos amos, queda mal con aquel a quien se debe, traicionándolo. El mal que ello acarrea a México en su presente y futuro, está a la vista. En el terreno de lo estrictamente electoral no podría estar peor; debiendo recurrir, para mantenerse, al manido expediente de la simulación, la manipulación mediática y el grosero manejo de programas y recursos asistencialistas a cambio del voto, capitalizando en su provecho la miseria que dice combatir.
Lo mismo en el ámbito federal que en nuestra insular aldea, el obligado costo electoral se cubrirá con dinero de los propios contribuyentes. Diputados federales y locales, expresión concreta de la nefasta partidocracia, así lo entienden actuando en consecuencia. En tanto que el grueso de la sociedad civil, hasta ahora paciente, conservador, conformista y la mayor de las veces indiferente, está al límite de su resistencia.
Suele decirse que el hilo se revienta por lo más delgado. Esperemos por el bien del país que la cauda de contribuciones fiscales directas e indirectas que habrán de descarnar la espalda de más de 50 millones de mexicanos en condiciones de pobreza y pobreza extrema, entre los que se cuenta a 2.5 millones de desempleados que sin tener ingresos deberán pagar impuestos por lo que consumen, no sea la gota que derrame el vaso.
Desde el tapanco
No se si aún no despertaba del todo antes de tomar mi primer café del día o me dejé llevar por un inconsciente deseo de contemplar con optimismo cierto grado de congruencia entre el fresco amanecer y la realidad política de un país que a pasos acelerados se hunde en la incertidumbre y el caos. Algo de eso debió suceder; lo cierto es que al leer la noticia que a grandes titulares destacara mi diario favorito, mi primera impresión fue la de considerarme un ciudadano común de algún país nórdico, o de la Alemania previa a la peor crisis del capitalismo en su manifestación salvaje de su etapa neoliberal. “Estamos en la cima del desarrollo”, fue lo primero que vieron mis ojos al posarlos sobre la primera plana del diario. Frase nada inusual en la sociedad del bienestar tan ponderada en Europa.
Conforme el café fue haciendo sus efectos sobre la lucidez de mi pensamiento, fui prestando mayor atención a la lectura del texto. Cual sería mi sorpresa al reconocer que la frase citada se refería a Veracruz, entidad federativa de un país ajeno totalmente a lo que se concibe como sociedad del bienestar. De golpe terminé de despertar; de la sorpresa pasé a la indignación negándome a creer lo que el titular del diario destacaba. ¡Vaya, manera que tienen algunos medios de echarle a perder el día a sus lectores! ¿En la cima del desarrollo una entidad federativa que como Veracruz aporta a México uno de los mayores índices de pobreza y pobreza extrema?
Al ir leyendo la nota al calce, disminuyó mi espíritu belicoso. La redacción circunscribía la noticia a un plan estatal de desarrollo que a juicio del gobernador alcanzara sus niveles más altos en la consecución de objetivos y metas preestablecidas, gracias al contundente accionar de la administración pública de la entidad. Así la cosa cambia. Del enojo pasé a un estado de eufórica alegría, en la que la risa desatada por la noticia contribuyó a mejorar mi matutino estado de ánimo. ¡Vaya broma! Como si en Veracruz existiera un plan con propósitos claros de impulso al desarrollo, metas específicas por alcanzar en tiempo y espacio, y una administración pública regida racionalmente por plan alguno.
Conociendo el listado de buenos propósitos que anima al actual régimen sexenal, cualquier cosa se puede decir, así lo diga el gobernante, hasta el considerar que al cuarto para las doce del quinto informe de gobierno de Fidel Herrera Beltrán, Veracruz se encuentra en la cima de los logros por alcanzar por el gobierno de la fidelidad plasmados en el documento de marras. Cualquier cosa, sabiéndose de antemano que nada tiene que ver con la realidad que vive la mayoría de los veracruzanos.
El diagnóstico más superficial, de ser honesto y bien intencionado, seguramente diría que gracias a la crisis y la persistencia en seguir las recetas de un neoliberalismo caduco y ya inoperante, Veracruz se encuentra peor de lo que registraba al inicio del actual sexenio. Sea en educación y salud pública, crecimiento económico o atención al endémico lastre de la pobreza y miseria extrema. Ya no digamos en materia de finanzas públicas, hoy ostensiblemente quebradas.
Decir que pasé a un estado de eufórica alegría, es eso, un simple decir. Nadie en su sano juicio puede alegrarse por constatar el deterioro que por todos lados anuncia la gravedad de una crisis que se acompaña de la también endémica enfermedad de la corrupción. Más cuando tal deterioro lo vive y lo sufre con mayor intensidad el segmento de la población más desprotegido. Nada es al azar, inconscientemente pude haberme referido a la alegría que nos produce el sabernos, como clasemedieros atenidos al pago quincenal que nos asegura el aún figurar en la nómina, ajenos a las vicisitudes de miles y miles de familias que con salarios de hambre o en el desempleo pasan en el día a día.
De lo que estoy cierto y no tengo por que negarlo, que la noticia destacada en la primera plana del diario, mueve a risa. Más no sorprende. ¡Nuestros políticos así se las gastan! Viven tan ajenos a la realidad y tan ocupados en dar lustre a su imagen mediática, que poco o nada saben de lo que es vivir cotidianamente en el medio de una crisis que, por cierto, para la gran mayoría de la población se remonta en México a los anales de su historia.
