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Tag Archives: Descomposición

Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

Los procesos electorales en México históricamente no son otra cosa que una cadena de esperanzas frustradas. La democracia representativa es un mito; secuestrada por un régimen de Estado surgido de una Revolución interrumpida y traicionada, responde a los intereses fácticos y no al bien común.

Partiendo de esta premisa, a mi juicio es que la vida política nacional y, en lo particular la de Veracruz, gira en torno a una cúpula elitista en la que gobierno y partidos políticos cumplen con su papel de administradores del poder real dominante,  en tanto que las mayorías cumplen su rol subordinado de simples mirones de palo.

Y es a partir de este supuesto que, a mi juicio, la descomposición de nuestra aldeana clase política da lugar a que los patos le tiren a las escopetas, bordando en el vacío en su  intento de mantener viva la relación de dominio y subordinación que se ratifica periódicamente con el sufragio.

A dos semanas de la elección de autoridades edilicias en los 212 municipios veracruzanos, la llamada clase política y la ciudadanía transitan por caminos divergentes, sin que se observe punto de encuentro alguno. El corto periodo legal de campaña y la ausencia de propuestas viables de partidos y candidatos, amén del descrédito y desconfianza que merecidamente arrastran, impide un acercamiento real entre aspirantes y electores.

Los medios de comunicación, banda trasmisora lo mismo del mensaje electoral que de la legitimización de la elección, perdidos aún en la resaca postduartista, lejos de cumplir con su misión, trivializan el quehacer político,  contribuyendo al distanciamiento entre propósitos y objetivos del poder formal y real y los votantes potenciales; profundizándose el escenario del divorcio anunciado.

La elección del 4 de junio próximo será legal, más no legitimada por una voluntad popular  sustentada en la búsqueda del bien común por una ciudadanía participativa,  informada y consciente de sus derechos y obligaciones,  como se esperaría en   una auténtica  democracia representativa.  

Y es en este marco referencial en el que estando de por medio el futuro económico y social de los veracruzanos, estos deberán optar por elegir entre avanzar por un cambio en forma y contenido que responda a expectativas de progreso y bienestar  o seguir por el camino trillado del más de lo mismo sumando eslabones a la cadena de esperanzas frustradas. 

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Hojas que se lleva el viento

El Senador José Yunes Zorrilla, encaminando sus esfuerzos hacia su postulación en el 2018 a la gubernatura de Veracruz, confía en que los miles de” priístas honorables” dispuestos a imprimirle una nueva cara al PRI en la entidad contribuyan a la restauración de la hegemonía perdida. Buen intento y loable reconocimiento a la honestidad y buena fe de los sin duda honorables priístas que habiendo cruzado el pantano sin enlodarse el plumaje, aún se cuentan por miles en Veracruz, sin embargo, Pepe Yunes olvida que esos miles fueron insuficientes para frenar el saqueo brutal a manos del duartismo. No pudieron o no quisieron, contribuyendo con su silencio y  apática indiferencia a la debacle de un PRI que hoy por hoy acusa total descrédito ante una ciudadanía que ya vive en carne propia la lección del sí se puede.

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La paradoja del momento.  En la capital veracruzana lo que queda del priísmo votará a favor del sedicente capitán, Alejandro Montano Guzmán, presuntamente impuesto y respaldado  como candidato a la alcaldía xalapeña  por el gobernador panista Miguel Ángel Yunes Linares,  en el afán por frenar el por ahora imparable ascenso de MORENA, en consonancia con el acuerdo en lo oscurito de Peña Nieto, el PRIAN y el poder fáctico por evitar la instauración en el 2018 del “populismo en México”.

Xalapa, Ver., mayo 24 de 2017

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J. Enrique Olivera Arce

Javier Duarte de Ochoa

Javier Duarte de Ochoa

Tras un prolongado y madrugador pre proceso electoral 2016, formalmente arranca la contienda por la absurda minigubernatura de Veracruz que, de manera arbitraria, el congreso local le aprobara a Javier Duarte. Pre proceso que entre otras cosas, a más de desgastante, se viera descarrilado por el propio gobernante en su afán de dar continuidad al proyecto transexenal de Fidel Herrera Beltrán. A ello se suma el estira y afloja en torno a la designación de candidatos a la diputación local que entre otras cosas, habrá de calificar la elección de gobernador.

En consecuencia y en congruencia con usos y costumbres veracruzanos, toda la atención de la llamada clase política y por lo consiguiente la prensa de la entidad, está puesta en el proceso que iniciando el pasado lunes está arropado por un clima negativo de especulación, chismes y rumores, lo mismo al interior de los partidos contendientes que al exterior de éstos. Bombardeando con dimes y diretes a un electorado potencial que, por principio mirón de palo, se mantiene al margen alimentando lo mismo desconfianza que rechazo a una actividad político electoral que no le merece credibilidad.

Incredulidad, desconfianza y rechazo que se ha ganado a pulso una partidocracia simuladora y rapaz, alejada de los intereses más caros de una ciudadanía que no se siente representada en la toma de decisiones que le competen.

Aspirantes y expectativas en el arranque

Son tantos los que queriendo alcanzar la gubernatura estatal, aspiran a la soñada nominación como candidatos por sus respectivos partidos o por la vía de candidatos independientes, y hasta sin registro oficial, que el arranque del proceso es un verdadero galimatías en el que lo único que genera en la percepción ciudadana, es que todos aspiran al poder por el poder mismo. Mucho ruido mediático y pocas nueces en el sube y baja de personajes conocidos unos y desconocidos otros para la población, que el objetivo central que debería importarnos, como es el rescate y reconstrucción de Veracruz se pierde en el río de tinta vertido para hacer pesar mediáticamente a uno u actor beligerante..

Acostumbrados a la rancia dinámica inercial del juego electoral, todo se hace girar en torno a los personajes que de manera directa o indirecta, cuentan con mayores posibilidades de éxito en su propósito. Lo mismo para ensalzarlos que para exaltarlos o denostarlos y descalificarlos, a la par que éstos, afanosamente muestran el músculo con la clásica movilización y concentración de simpatizantes y presuntos seguidores ávidos de escuchar y aplaudir el manido discurso, preñado de promesas y lugares comunes, incluído el hoy de moda que habla de crítica y distanciamiento para con el gobernador fallido.

Paradójicamente, aspirantes, seguidores y amanuenses a modo, coinciden en destacar del discurso la hueca alusión al cambio y rescate, enriquecida con la vana promesa de ejemplar castigo para los prevaricadores. Paradójico, en tanto que cambio, rescate y reconstrucción no pasan por la vía electoral ni los aspirantes se expresan con claridad en lo que para cada uno significa el sacudir a Veracruz de su marasmo y ponerlo en el camino correcto, con más ánimo de expresar lo que la audiencia quiere escuchar que de tomar con autenticidad el toro por los cuernos.

Verdadera Torre de Babel que anidada en el ruido mediático, hace de la palabra hablada o impresa cortina de humo tras la cual se oculta ausencia de voluntad política para afrontar con seriedad y al costo político implícito, las tareas que exige un proceso real de cambio y tranformación para la entidad. Lo cual dentro de la turbiedad de la contienda electoral que desembocará en la elección de julio del 2016, resulta hasta cierto punto lógico. Nadie en sus cabales se comprometería a transformar la realidad presente con un límite de tiempo acotado, en el mejor de los casos, de no más de 15 meses calendario.

Y tan es así esto último, que no hay nada que verse sobre propuestas fundadas en un diagnóstico puntual, sectorial y regional, a partir del cual trazar un curso de acción viable cuando menos para crear las condiciones necesarias para que, en los años posteriores al absurdo de dos años, se cuente lo mismo con brújula que con rumbo cierto para encauzar a la entidad en las tareas del crecimiento y desarrollo. Esto bajo la premisa de que las finanzas quebradas de la administración pública no constituirán palanca alguna para un plan o programa aceptable para limpiar el cochinero, antes al contrario.

Pero aún hay más. No basta con un buen diagnóstico del estado que guarda la vida económica y social de la entidad para sustentar un plan emergente de gobierno. A ello obligatoriamente habría que sumarle en previsión, las tendencias más generales de la estrategia neoliberal peñista que inciden o no para avanzar o retroceder y, con mayor razón, aquellas tendencias que en el marco del mundo globalizado, amenazan al todo y, por ende a las partes, con transitar por un periodo de tiempo no cuantificado de estancamiento, recesión y deterioro social que a partir del 2016, condicionan la marcha de la sociedad planetaria.

Sin este marco de referencia, sea cual fuere el llamado a gobernar a Veracruz en el mini periodo de dos años, a juicio de quien esto escribe, toda propuesta, programa o promesa no pasaría más allá de un simplista onanismo retórico y esto, es desafortunadamente lo que a estas alturas se alcanza a percibir lo mismo en partidos, coaliciones y aspirantes a candidatos que en el coro mediático. Lo cual debería parecernos grave y preocupante en tanto el futuro de Veracruz nos atañe a todos.

El V informe

Y es en este escenario turbio y desalentador que Javier Duarte de Ochoa, en un acto más de triunfalismo sin sustento y exaltada simulación, rinde su V informe de gobierno sin el mínimo de honestidad y conocimiento de causa de una realidad que le rebasa y abruma. Con el más bajo índice de aceptación, popularidad y credibilidad, el gobernante fallido se exhibirá desnudo ante sus gobernados, firmemente convencido de que vistiendo atuendo de finos hilos de oro y pedrería sin par, justifica la prosperidad de los veracruzanos que sólo anida en su mente desquiciada

Y al final del día, prolegómeno del nuevo año de mal gobierno, despilfarro, corrupción impune y desvaríos, de su V informe sólo quedará en el imaginario colectivo la interrogante de donde quedó el dinero que hoy es deuda.

Xalapa, Ver., 14 de noviembre de 2015.

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J. Enrique Olivera Arce

Como en los matrimonios desavenidos, el llevar diferencias y discusión al límite de la pérdida de respeto de uno para con el otro, o entre ambos, pone fin a la posibilidad de diálogo civilizado y constructivo entre las partes. Así podría interpretarse el pleito al interior de la cúpula de Acción Nacional.

Habiendo subido de tono acusaciones, dimes y diretes entre las diferentes facciones del panismo, es muy difícil, si no imposible, que puedan alcanzar un acuerdo duradero que permita el rescate y reconstrucción de un partido que cuenta ya apenas con el mínimo legal necesario de militantes para conservar su registro.

Podrá lograrse una tregua, un adiós a las armas de dientes para afuera pero, este será tan coyuntural como transitorio, en tanto no se retorne a los orígenes del partido y este asuma responsablemente su carácter ideológico y programático de oposición de derecha, con el consenso pleno de todas las facciones en pugna. Lo cual, desde mi modesta opinión, en los tiempos que corren parece ser más que imposible. La simulación, pragmatismo, corrupción y gatopardismo, así como el sometimiento y colaboracionismo con el régimen peñista, parece ser la constante.

El poder marea y evita aprender de los errores propios y ajenos. Doce años fueron más que suficientes para que el “partido de la gente decente y las buenas conciencias” alejándose de ideología y programa para la acción, perdiera las formas y exhibiera el cobre mostrando los mismos vicios del PRI, partido al que en el pasado combatieran encarnizadamente. Hoy día nadie se atrevería a negar que la corrupción y la simulación le iguala con sus adversarios de siempre.

La crisis del PAN ya se veía venir. En el marco de la crisis general del régimen político y decadencia de los partidos en que se sustenta, el añejo conservadurismo decimonónico para el neo panismo, pragmáticamente constituye un obstáculo en el Congreso de la Unión para lograr la unidad y consenso en las bancadas blanquiazules para oponerse o seguirle el juego al gobierno del Sr. Peña.

El instrumento meta institucional, creado y sostenido desde las cúpulas de los tres más importantes partidos políticos en México a instancias del presidente Peña, secuestra, de hecho, al cuerpo de la estructura militante de los institutos signantes, a la par que coloca al Congreso de la Unión como simple oficialía de partes. Lo cual reduce en la vida institucional de la Nación el peso específico,  tanto del PAN como del PRD  como oposición  frente a un  PRI que se siente dueño de todas las canicas.

Inaceptable condición para la vieja guardia, que confronta a la cúpula del PAN, ahora como partido de masas, con la tradición histórica de su militancia como partido de cuadros, al igual que sucede al interior del PRD con una dirigencia ya rebasada por lo más radical de sus militantes.

En otra ocasión comentamos que para el país representa  un riego mayor el que el PRI no cuente con fuerzas políticas opositoras. La tentación autoritaria de irse por la libre para un partido que lejos de evolucionar involuciona, no puede ignorarse y así parece estarlo entendiendo más de una fracción del panismo. Esto, a mi modesto entender, más que estar de por medio la pugna por el poder y el dinero (que no es poca cosa), es la manzana de la discordia entre el pragmatismo de unos y el radicalismo conservador de otros en las filas blanquiazules.

Lo complejo del asunto, es que frente a la ciudadanía el régimen político en su conjunto ya es obsoleto e inoperante. Sin excepción partidos y clase política son cuestionados y señalados como corruptos y contrarios a los intereses de la Nación. Sin autoridad moral, representatividad democrática y credibilidad, los escándalos de unos y otros ventilados en los medios, son su “Talón de Aquiles”. En este escenario, cualquier intento de rescate, saneamiento e innovación del régimen político, es visto con desconfianza y calificado de gatopardismo demagógico. El PAN está inmerso en este marco,  su protagonismo en hechos de descomposición y corrupción partidista, le resta capacidad de maniobra para su recuperación y legitimación democrática.

Caso similar al del PRI en los procesos electorales del  2000 y 2006, cuando la gente dudó de la renovación del tricolor y le dio la espalda. Con la diferencia de que las circunstancias eran otras. Hoy la correlación real de las fuerzas políticas, no la que asume Enrique Peña Nieto ofreciendo la zanahoria a una partidocracia corrupta, es distinta; el equilibrio está roto y las mayorías populares aunque de manera aún dispersa y desorganizada, están haciéndose escuchar. El freno ya casi en desuso de la manipulación  partidista., descansa únicamente en un frágil pacto cupular.

La prueba de fuego para el PAN será la presentación, debate y aprobación de las iniciativas de reformas hacendaria y energética, que van de la mano, se retroalimentan y una sin la otra significaría el fracaso de la estrategia peñista.

En la encrucijada tendrán que decidir si se suman pragmáticamente al PRI atendiendo a su vocación de derecha, o se oponen arriesgando el poco oxígeno que les proporciona el Sr. Peña por conducto del Pacto  Entre la espada y la pared, como partido, tendrán que estar a favor o en contra del PRI y de los intereses de la Nación.

El presidente Peña ha sido claro, o están conmigo o contra mí. Los tiempos de las medias tintas están contados. Para el segundo semestre del año, concluido el proceso electoral en curso, por conducto del pacto por México se presentarán y definirán los alcances de las iniciativas claves de ambas reformas y, para entonces, no sólo el PAN, también el PRD, deberá haber resuelto su disyuntiva.

De la conducta que asuma en su momento, dependerá su futuro. Si se suma al PRI no podrá parar el reclamo de de una base electoral plural que hoy le sostiene. Si opta por oponerse, le levantarán la canasta privándole del oxígeno que hoy les prolonga la vida tras la derrota del 2012. Compleja y difícil  decisión, cuando lo que está en juego es su supervivencia como expresión política de la reacción.

Hojas que se lleva el viento

Inútil esfuerzo del candigato Morris. Las ratas son como la cosecha de mujeres, nunca se acaba. El dominio de las ratas está en su naturaleza, la gestación de la hembra dura de 22 a 24 días con 8 a 12 nidadas por año. Cada nidada posee de 8 a 12 individuos con una supervivencia de 12 a 20 individuos por hembra al año. A eso agréguele los ratones que no por ser depredadores menores causan menor daño al entorno.

Si no puedes con ellas ¡Úneteles! votando por la rata de tu preferencia.

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De acuerdo a la opinión de Ricardo Ahued, candidato del PRI a la diputación local por el distrito Xalapa urbano,  los “detractores” de las finanzas públicas estatales se quedan cortos en su estimación de la deuda pública.. No son 35 mil ni cuarenta mil millones de pesos, sino alrededor de 85 mil entre los que destacan las obligaciones de corto plazo que impactan sobre disponibilidades líquidas para operar. De ser correcta la apreciación del candidato priísta, los espectaculares anuncios sin sustento y nunca concretados vertidos por el Sr. Dr. Duarte de Ochoa a lo largo de su mandato, han salido más caros que las albóndigas. Sin obra pública de mérito, pésimos servicios públicos y corrupción evidente, en lenguaje llano el gobierno de Veracruz está en quiebra técnica tanto en el orden financiero como en el político. Y aún así, se destinan recursos humanos, técnicos y financieros a respaldos poco claros a las campañas políticas de un selecto grupo de aspirantes a diputados locales y autoridades edilicias.

Ya lo dijo el santo papa en histórica ocasión, sólo Veracruz es bello y, para muestra, su pendón de corrupción.

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Lastimosa actitud de un candidato a alcalde que medrando a costa del sufrimiento ajeno, se publicita como la “Madre Teresa”, auxiliando a la población afectada por los aguaceros que trajera consigo la tormenta tropical “Barry”.  Patético, pero a Veracruz le conviene. -Xalapa, Ver., junio 23 de 2013.

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J. Enrique Olivera Arce

En medio del tendero público de trapos sucios, las campañas de proselitismo de partidos y candidatos transitan sin pena ni gloria en territorio veracruzano. Mientras éstos cubiertos de un manto de simulación ofrecen y prometen, un sector importante del electorado circula en sentido contrario, expresando  malestar y rechazo.

Lo que se percibe en el entorno mediático de un régimen político en franca descomposición, no es nada halagüeño. Es más lo que hay que reclamar y condenar que lo que pudiera tener de positivo en el imaginario popular el ofertar más de lo mismo.

Sin embargo, en tal escenario, una elección no es cualquier cosa. El elegir a la representación popular y a quien habrá de gobernar el municipio, lleva de por medio algo más que expectativas y esperanzas, confianza en el futuro ó la otra cara de la moneda, frustración, desanimo, desconfianza y pérdida de credibilidad en las instituciones, también ofrece la oportunidad para el electorado de refrendar la reivindicación de larga data de la democratización de la vida política y social.

Luego no es tarea fácil tomar una decisión sensata frente a las urnas ni conveniente el simplemente descalificar y darle la espalda a un proceso electoral amañado, desaseado y pedestre, en el que lo que cuenta es el número de votos y no la calidad de candidatos en contienda. El no ejercer el derecho al voto, implica renuncia tácita y flagrante a la lucha permanente por hacer de la vida en democracia marco propicio para alcanzar mayores niveles de libertad y bienestar individual y colectivo.

Contra desconfianza y rechazo, la decisión de no ceder terreno en los logros históricamente conquistados, obliga a sufragar. Los resultados de la elección, con antelación previstos, es otro cantar, un nuevo reto al que enfrentar en el largo camino de la construcción de democracia y ciudadanía. Llegará el momento en el que la auténtica correlación de fuerzas políticas, expresada en la conciencia y voluntad popular, conduzca al rescate de lo que hoy se nos tiene secuestrado.

Es por ello que vale la pena echar un ligero vistazo, ya no a partidos y candidatos, propuestas y promesas de campaña, sino al comportamiento de quienes con su voto a la par que materializan la defensa del sufragio libre, hacen o no hacen suyo el ejercicio de un derecho universal plasmado en nuestra Carta Magna, como es el de votar y ser votado como sustento de un gobierno del pueblo por el pueblo y para el pueblo. Soberanía popular hoy en manos de una representación espuria y servidores públicos que le dan la espalda a los electores.

Como en botica, hay de todo. No obstante y por lo que se refiere específicamente a la capital veracruzana, me llama la atención la confusión de los presuntos electores frente a los candidatos. Unos piden, esperando que de lo alto caiga el maná que les permita ratificar o incrementar status personal y familiar, anteponiendo el interés egoísta, personal o de grupo, a un solidario anhelo por hacer de nuestra ciudad un lugar digno para vivir y formar a nuestros hijos. Sin parar mientes que con ello hacen factible el que para la clase política sea más útil y redituable comprar votos que convencer.

Otros, con mayor conciencia y conocimiento, con visión de largo aliento exigen respuestas claras y contundentes a la problemática cotidiana de una ciudad víctima del atraso y abandono y, porqué no, también del saqueo de aquellos que dando la espalda a sus conciudadanos, se han enriquecido a costa del futuro del municipio y su cabecera.

Entre el pedir y exigir media una gran distancia en términos democráticos. El que pide se conforma con lo que le den, el que exige contribuye a la construcción de ciudadanía y al fortalecimiento de la democracia.

Para nuestro infortunio, quienes lejos de pedir exigen, es una minoría. Quizá por ello es que corrupción, impunidad y simulación salen triunfantes en las urnas.

La indiferencia es otro patrón de conducta frente a una elección. No son pocos los que optan por quedarse en casita a disfrutar el enajenante transcurrir de las horas frente  al televisor; ni les va ni les viene, con su presunto rechazo a la política, cómodamente aceptan lo que le dan, ni se benefician ni benefician a los demás, sino todo lo contrario. Son estos los que alimentan con su indiferencia el dejar hacer, dejar pasar, fortaleciendo a una clase política parasitaria que ofreciendo y no cumpliendo, vive y medra al amparo del silencio cómplice del indiferente.

Es la condición humana, muchos afirman, la que determina la conducta a seguir por cada quién frente a una elección. Cada cabeza es un mundo, dicen otros, a lo que yo agregaría  que cada bolsillo es un universo. Entre el tener o no tener para satisfacer necesidades básicas, nos da la diferencia. Lo grave del asunto es que tanto los que piden, los que exigen y los indiferentes, no dejan de ser considerados por la clase política como un mal necesario, utilitario accesorio en la pugna por el poder.

El resultado electoral iguala a los desiguales, otorgando parejo a unos y otros el más de lo mismo que se opone a un cambio auténtico que posibilite desandar el camino, rescatar y avanzar por un nuevo sendero que asegure el bienestar colectivo. Con la salvedad de que son más los excluidos de los beneficios que la minoría que se despacha con la cuchara grande en la mesa de los vencedores.

Ya los estudiosos se tomarán el tiempo para una disección precisa de votantes y ciudadanos frente a una elección. Baste entonces concluir que partidos, candidatos y medios de comunicación, les resulta más redituable el poner el énfasis en destacar virtudes y confrontar limitaciones de los contendientes en campaña, que tratar de escuchar, conocer y entender a quienes habrán de emitir su voto.  De ahí las sorpresas.

Hojas que se lleva el viento

Patético el esfuerzo de los muy contados medios informativos impresos y electrónicos que aún insisten en tapar el sol con un dedo, pretendiendo ocultar que es el antipriísmo el que anima a la sociedad veracruzana en la actual contienda electoral. Solos en la brega, desde sus “ocho columnas”, gacetillas cartones y columnas periodísticas ponen su mejor empeño para denostar a los adversarios políticos del tricolor y sus comparsas, bordando en un vacío que ya no tiene retorno. Se respeta y se justifica, es su negocio en el marco del libre mercado, pero no por ello son dignos del aplauso ciudadano cuando cotidianamente ponen más leña al fuego en el cochinero de la guerra sucia que enloda a Veracruz.

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La revista “Semblanza” de la periodista, Virginia Durán Campollo, festejará su séptimo aniversario el próximo miércoles 19 de junio, a las 18 horas, en el Centro Recreativo Xalapeño. Nuestras felicitaciones a Vicky, sostener una publicación contra viento y marea no es tarea fácil.

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Agradecemos a los enanos del tapanco su interés por sacar de la red de redes al semanario pulsocritico.com. Con sus travesuras de aprendiz de brujo, se incrementa simpatía, aprecio y comprensión de nuestros amables lectores para un modesto medio independiente y sin fines de lucro.- Xalapa, Ver., junio 16 de 2013.

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J. Enrique Olivera Arce

Cuando más requiere México de serenidad, buen juicio y visión de futuro en su clase política, esta se desliza vertiginosamente en el tobogán de la descomposición y el descrédito, como se puede observar al través de la ventana jarocha.

No bastan pactos, acuerdos y hasta comisiones especiales y observadores de alto nivel para frenar la pugna antidemocrática que, deviniendo en cochinero electoral, tiene de cabeza a Veracruz.

Sólo hay un responsable: quien por comisión u omisión ha perdido el control político en la entidad que dice gobernar. No hay de otra, así debemos aceptarlo y exigir pague lo justo quien diera al traste con la cristalería.

Ya señalábamos en otra ocasión que el actual proceso electoral que desembocará en la elección de diputados locales y alcaldes, nació enfermo. Para la mayoría de los veracruzanos el diablo lo besó.

Y la enfermedad parece ser terminal. El cáncer que corroe a la vida política de Veracruz, no tiene cura, si a su vez lo ubicamos en los terrenos de la descomposición  y crisis de un sistema de partidos políticos que ha perdido credibilidad, vergüenza y vigencia en México, como ya también lo comentara en pasados maquinazos.

Primero fue el PRD el que en Veracruz colgara los tenis. Fallecido y sepultado, su alma en pena sigue dando de que hablar. A continuación el PAN, fragmentado, sin rumbo cierto y ajeno a su raíz ideológica y programática, a jalones y estirones se niega a reconocer su calidad de cadáver insepulto.

¿Y el PRI? En espera de su turno en la debacle partidista. Su estructura y operatividad en la entidad se sostienen con ganchitos. La corrupción y simulación a su interior brotan cual nauseabundas póstulas en los 212 municipios puestos en subasta. Si algo le sostenía era el libre juego electoral haciéndole la contra a una tibia oposición. Sin esta, queda ausente la motivación del renuevo y se fortalece la tentación autoritaria de comerse a solas todo el pastel. El cinismo desbordado terminará más pronto que tarde por devorarle.

Sin dirigencia legítima, ahora aherrojada literalmente por un clientelismo obrero insurrecto, y con un primer priísta sin autoridad y control político en su estado, el PRI, o lo que queda de este, no deja de ser ya un vacío cascarón al que la gente rechaza. Lo único que le da respiro es su relación con el primer priísta de la nación y eso, está en duda.

La morralla no cuenta. O los partidos menores, estatales o con registro nacional, son cómplices, simple comparsa de sus hermanos mayores ó por su tamaño y ausencia de conexión con las mayorías, juegan porque tienen que jugar. Los dineros públicos con que se sostienen, no son nada desdeñables como para rechazarlos tirando el arpa a mitad de la contienda.

En este escenario de descomposición la ciudadanía ya dice ¡Basta!

No es nada circunstancial que esté prosperando entre los votantes la idea de los candidatos independientes o sin registro. Aún a sabiendas de que no se tiene posibilidad alguna de que prospere tal propuesta, todo, antes que sufragar por un candidato o partido que no representa a nadie, salvo a los intereses espurios personales o de grupo de una tan corrupta como desacreditada clase política.

Dañada la nave en su línea de flotación por intereses locales en Veracruz, la federación acusó el golpe que amenazara con llevar la lumbre a los aparejos del llamado pacto por México. Se negoció un “Adéndum” cupular, como cupular es el propio pacto, para preservar el clima de civilidad, equidad y competencia en los procesos electorales que en 14 entidades federativas tienen lugar en el presente año. Palabras, papeles y firmas que se lleva el viento, el esfuerzo federal es en vano, como nulo es el interés jarocho en el rescate de un proceso electoral que ha nacido muerto.

La única salida sería el ciudadanizar vigilancia, seguimiento y control de la elección por parte de los principales interesados, los votantes. No entra en los planes de la partidocracia tamaño despropósito. Las reglas del juego, la cancha, el balón y los tiempos tienen dueño, el poder no se comparte y menos con la indiada.

Y aún así, hay que votar, ejerciendo y defendiendo un derecho que aún conservamos. Así que no queda de otra y hasta que el cuerpo aguante. No para hacerle el juego a partidos y candidatos, no se lo merecen, pero sí para hacer valer dignidad y voluntad ciudadana.

 Votemos por “Cantinflas”, si ello nos place, pero con pleno conocimiento de causa de por qué y para qué, confiando en que nada es eterno, ya llegarán los tiempos del desquite.

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J. Enrique Olivera Arce

Eduardo de la Torre Jaramillo en su artículo semanal propone “salir de la emergencia electoral en Veracruz”. Buen intento aunque incompleto, ya que para una mayor comprensión de lo que propone, tendría que establecer con toda claridad cual es la emergencia a la que se refiere, su origen y naturaleza y quienes son los actores protagónicos de la anormalidad democrática a que se refiere, entre los que por cierto, no son los electores. No obstante,  cifra esperanzas en el llamado pacto por México y en un marco jurídico al cual deberían de sujetarse los partidos políticos en el futuro, así como en un proceso discriminatorio de eliminación de la militancia partidista a los beneficiarios de los programas sociales  de combate a la pobreza.

Independientemente de la valoración de su cuestionable argumentación, queda claro que nos remite a la descomposición del régimen político prevaleciente  y a un sistema de partidos políticos que, en los maquinazos de quien esto escribe, se juzgan obsoletos, inoperantes y rebasados por una realidad social cuya dinámica va por delante de una clase política parasitaria y sin compromiso real con los destinos de la Nación.

Ya señalábamos en artículo anterior que la crisis del régimen y del sistema de partidos ha tocado fondo, manifestándose con mayor crudeza en Veracruz -por ahora el eslabón más débil del sistema-, una entidad federativa en la que la democracia representativa es mera ilusión. Lo que se constata al observarse que los partidos con registro nacional, están sometidos a las ocurrencias antidemocráticas de un gobernador que, en su inconciencia y desapego a la realidad, se ha propuesto imponer electoralmente un pensamiento único, el suyo.

Lamentable, pero así es. Para el Sr. Dr. Javier Duarte de Ochoa la oposición electoral no tiene razón de existir en una entidad federativa en la que sólo hay lugar para el PRI, su PRI con todas las deformaciones políticas y sociales que ello implica. Aplicándose a fondo lo mismo para evitar una alianza entre el PAN y el PRD que para cooptar dirigencias y militancia opositora ó desatar toda una campaña de guerra sucia en contra del más conspicuo de sus opositores, el neopanista y controvertido ex candidato a la gubernatura de Veracruz, Miguel Ángel Yunes Linares.

“Tengo la conciencia tranquila”, ha expresado públicamente el gobernador, en referencia al presunto desvío de recursos públicos destinados al combate a la pobreza, denunciado en los medios y ante la PGR por la dirigencia nacional panista. Expresión que no venía al caso si ya se tenía previsto el cese del Sr. secretario de finanzas, pero que vale la pena retomar puesto que no se puede tener la conciencia tranquila, salvo por inconciencia, cuando por comisión u omisión el gobernador es responsable de la conducción político electoral en el estado.

Es del dominio público que en Veracruz la atención al hambre y la pobreza pasa transversalmente por una comprobada intencionalidad electoral a favor del priísmo veracruzano. Negarlo es pretender tapar el sol con un dedo. Como también lo es el atribuir al PAN los mismos vicios de que se acusa al PRI en referencia a la campaña electoral del 2012, cuando precisamente el Sr. Dr. Javier Duarte de Ochoa en su carácter de primera autoridad en el estado, lo permitió para no bronquearse con el presidente Felipe Calderón.

Es difícil aceptar que existe la más mínima posibilidad de salir de lo que Eduardo,  siendo juez y parte califica como “emergencia electoral en Veracruz”. El mal está hecho; el desbarajuste es completo, el marco legal de sujeción de los partidos políticos a que se refiere, está en veremos y el proceso electoral que desembocará en los comicios del 7 de julio próximo es, por donde se le vea, un auténtico cochinero y así serán los resultados.

La única salida, a mi juicio, no de una emergencia electoral coyuntural sino de la descomposición persistente de la vida política y social en la entidad, es la participación y movilización de una ciudadanía que, asqueada de la política jarocha, de los partidos políticos y actores protagónicos, imprima por su cuenta un nuevo rumbo a los procesos electorales, reencausando el quehacer político desde la base misma de la sociedad rechazando lo mismo corrupción que guerra sucia y candidatos espurios para recuperar dignidad perdida. Empezando por exigir que el gobernador se conecte con la nueva realidad del país y de Veracruz, siendo imparcial en la contienda, sacando las manos  del manejo mediático de las bacinicas. El voto de castigo es una opción, la otra, nada aconsejable, es evadir la responsabilidad que a cada quien toca inclinándose por la abstención.- La ciudadanía tiene la palabra.- Cd. Caucel, Yuc., mayo 5 de 2013

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