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Category Archives: Percepciones

Pulso crítico

Enrique Olivera Arce

Dicen que autoelogio es vituperio. Acepto el riesgo.

Siempre dentro de la esfera subjetiva de la percepción me anticipe observando que negros nubarrones en la vida de la Nación anunciaban el tocar fondo de un régimen político sustentado en una partidocracia en crisis; los partidos políticos habiendo perdido confianza y credibilidad se desbarrancaban y con ellos la incipiente democracia representativa que el pueblo de México se ha dado, y así lo publique en diciembre del 2011 en un maquinazo que llevaba por título: “ ¿Crisis del régimen político en México”.

Me colgaron la etiqueta de tremendista y “contreras”. Pareció exagerado lo que en mis juicios se contradecía con una realidad en la que no pasaba nada; argumentándose que el seguro retorno del PRI ante el mal gobierno de Felipe Calderón, aseguraba el rescate del Estado-nación, afrontando con responsabilidad los estropicios de la alternancia, dando un nuevo rumbo a la economía, a la política y a la vida social del país.

Con el arribo de Enrique Peña Nieto al gobierno de la república, la integración de un gabinete federal de experimentadas chuchas cuereras y un experto economista al frente de la secretaría de hacienda, así como posteriormente la aprobación en cascada de reformas presuntamente estructurales ampliamente difundidas como panacea para sacar a México del ostracismo, mi reiterada insistencia en una crisis que sólo en la forma pareciera inexistente, fue suficiente motivo para ser objeto de burla y descalificación.

Aguanté la burla sin quitar el dedo del renglón, la crisis política percibida se profundizaba, ahora acompañada de descalabros concretos en la economía e incremento de conductas antisociales radicales que la guerra declarada de Calderón en contra de la delincuencia organizada exacerbó. Guerra que Peña Nieto continuó, con otra estrategia igual de ineficaz.

Hechos posteriores ratificaron la percepción vertida en mis maquinazos; politólogos y analistas en la prensa nacional con mayor información y mejores elementos de juicio y olfato político concentraron sus baterías en un proceso galopante de descomposición política, deterioro de la economía y malestar social. Persistiendo en quienes siguiendo llamándome “contreras” la idea de que no pasaba nada, antes al contrario, en México se respiraba un aire de seguridad, certidumbre, bonanza y prosperidad bajo la conducción priísta del país que se reflejaba en Veracruz. El PRI si sabe gobernar, me insistían.

Peña Nieto desestimó la gravedad de la crisis

En el gobierno federal el estado crítico del régimen fue desestimado, así como sobreexpuesto por el llamado “Pacto por México”. La crisis hizo crisis, arrastrando consigo a todo el régimen político en su conjunto con consecuencias directas en credibilidad y confianza en las instituciones republicanas así como en el consenso social en torno al gobierno peñista. En este marco de deterioro, Ayotzinapa jugaría el papel de detonador del descontento y hartazgo acumulado, abriéndose la caja de Pandora y exhibiendo la carencia de capacidad de respuesta del régimen político vigente para administrar el control de daños, primero, para posteriormente mostrar las llagas de una sociedad enferma paradigmáticamente conducida por una cleptocracia corrupta, voraz y sin llenadera.

El considerado “crimen de Estado” por lo acontecido en Iguala, paralizó al gobierno, enmudeció a los partidos políticos y desató una movilización social sin precedente en las últimas décadas; aflorando abiertamente en una sociedad lastimada, los signos inequívocos de la corrupción e impunidad en las altas esferas del gobierno y una resistencia creciente en la base de la pirámide poblacional. A ello siguió la brusca caída en el precio del crudo mexicano, el deterioro de las finanzas públicas en los tres órdenes de gobierno, el recorte al presupuesto federal aprobado por el Congreso de la Unión, el estancamiento del crecimiento y la paulatina pero constante pérdida del empleo y poder adquisitivo del salario así como el punto de quiebre de las fuerzas político-electorales. Los negros nubarrones en la percepción de un tundeteclas provinciano se materializaron en una compleja y muldimensional crisis del Estado mexicano que el gobierno de Peña Nieto parece o pretende ignorar o subestimarle.

México vive hoy lo que la maestra Dulce María Sauri Riancho, ex presidente nacional del PRI calificara como “la tormenta perfecta”. Pasada esta –cuándo, quien sabe- Es de esperarse el inevitable “tsunami” y el pago de los platos rotos por los mismos de siempre.

Mi observación no estaba del todo errada; mi percepción personal de la crisis es apenas pálido reflejo de estudios más agudos y profundos de analistas y politólogos calificados, que por diversos caminos están llegando a la conclusión de la necesidad impostergable de un proceso de rescate y renovación ya no sólo del régimen político, sino de la estructura misma del Estado mexicano como un todo, proponiendo un Congreso constituyente que dé a México una nueva Constitución Política para el Siglo XXI que de viabilidad a la refundación del Estado.

El régimen político rebasó su fecha de caducidad

Hoy día, la crisis de representación tanto de los partidos políticos como de la administración pública en sus tres niveles de gobierno, ya no anida sólo en la percepción colectiva; objetivamente en hechos concretos se exhibe como tal en todo el territorio nacional. El régimen político, alcanzó su fecha de caducidad, los partidos políticos sin excepción han perdido su razón de ser, están divorciados de la sociedad con el agregado de que la llamada clase política se niega a reconocer la gravedad de una crisis con síntomas de padecimiento terminal. El Sr. Peña Nieto y sus “reformas estructurales” pagan el costo de la imprevisión, impaciencia y ausencia de un diagnóstico preciso de la realidad nacional, en medio de un torbellino que se refleja en estancamiento económico, creciente deterioro del tejido social y una movilización de hartazgo y resistencia.

No es la economía ni la crisis globalizada del neoliberalismo, como muchos piensan la que arrastra al resto en este proceso de deterioro, en México es a mi juicio, la política política que ha perdido rumbo, principios y justificada existencia. Bajo este supuesto, la elección de junio próximo no es la mejor salida para corregir el entuerto, antes al contrario, agudizará las contradicciones del régimen con resultados nada optimistas.

Con preocupación aquellos que me llamaran “contreras”, expresan el existir de un consenso cada vez más amplio de que Peña Nieto llevó a las muchachas al baile equivocado y que eso habrá de reflejarse en las urnas.

¿Y de Veracruz y su pésima administración pública?

Bajo el título: “Duarte un peligro para Veracruz” en mayo del 2010 y en plena campaña electoral del entonces candidato priísta a la gubernatura de Veracruz, ya advertía que nada bueno esperaba a la entidad.

El 25 de diciembre del mismo año, ya siendo gobernador el Sr. Duarte de Ochoa, en otro maquinazo expresé que: “Javier Duarte de Ochoa está obligado a poner las barbas en remojo;  por lo que publican los medios de comunicación el joven gobernador tiende a seguir el mismo camino de su antecesor, improvisando, errando el camino, y apoyándose, con honrosas y contadas excepciones, en lo más nefasto de la llamada clase política y cúpula sindical, en aras de un inconsciente deseo de legitimarse con exacerbado protagonismo y falso triunfalismo; a sabiendas de que la situación que guardan las arcas públicas, la reducida captación y déficit fiscal que le hace dependiente en grado superlativo de las aportaciones federales, el cada vez mayor endeudamiento público, así como el deterioro creciente de la economía veracruzana, obliga a gobernar con cautela, mesura, humildad  y buen juicio”.

Rematando, en abril del 2011, ya siendo del dominio público la tendencia de la nueva administración pública veracruzana a cargo del Sr. Dr. Duarte de Ochoa, bajo el título El discurso de Javier Duarte. Entre la realidad y la utopía en un maquinazo más expresé: “… La honestidad de un gobierno no sólo radica en cuidar el buen manejo de las finanzas públicas y que nadie le meta mano al erario en provecho propio. Eso es relevante, pero no substituye a la honestidad intelectual que exige el reconocer, con humildad y buen juicio, que la siempre necia realidad supera nuestras fortalezas y posibilidad de transformarle por decreto. No reconocer nuestras debilidades es engañarnos a nosotros mismos y, en su caso, como conductor de la vida política, económica y social de Veracruz, es engañar al pueblo que en usted confía.”

Percibiendo que el gobernante veracruzano transitaba ya por el delgado hilo de un triunfalismo desbocado y sin sustento, colocándose en la cúspide del arco iris ocultando o pretendiendo ignorar la realidad de la entidad y de su propia administración. “La prosperidad” consolidada, como cortina de humo mediática, pretendiendo ocultar el arribo de lo más atrasado y corrupto de la llamada clase política al gobierno de la entidad, confirmándose que el Dr. Duarte efectivamente resultaba ser y es un peligro para Veracruz.

Ya en los prolegómenos del quinto año de gobierno del Sr. Dr. Duarte de Ochoa, la realidad, sí, la necia realidad se está encargando de exhibir todo el daño que un gobierno fallido puede acarrearle a una sociedad ávida de progreso, seguridad y bienestar. Hechos concretos, no palabras que se lleva el viento, así lo confirman. No me equivoque advirtiendo de la proximidad de la llegada del lobo, los números duros hablan por sí de ineficiencia, desorden administrativo y “una licuadora” financiera que no logra ocultar a los ojos de la Auditoría Superior de la Federación el saqueo de que ha sido objeto el erario público veracruzano. Mis detractores ahora coinciden en que el peor legado de Fidel Herrera Beltrán ha sido el haber impuesto a su delfín.

Si el autoelogio es vituperio, asumo el riesgo de escupir para arriba. Está confirmado que el nuevo PRI no sabe gobernar. Mis maquinazos a lo largo de los últimos seis años, han pecado de congruencia, así como de una atinada y oportuna crítica sin más ánimo que contribuir con un granito de arena a despejar el fétido ambiente político que ahoga a México y a nuestra entidad.- Xalapa, Ver., febrero 22 de 2015.
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Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

Cuando el descontento y hartazgo de amplios sectores de la sociedad se tiñen de rojo, ni perdón ni olvido, es el mensaje a la nación que, en contrario a los llamados del presidente Peña, está moviendo a México.

La percepción que anidando en el imaginario colectivo se objetiviza en hechos concretos, cobra día con día más amplio consenso. La nave navega al garete en medio del desconcierto de un proceso mediático de construcción fallida de administración y control de daños. El gobierno de México en sus tres órdenes que le componen, no logra recuperar confianza y credibilidad entre las mayorías de una sociedad dolida e indignada. Antes al contrario, entre más se insiste en minimizar la crisis de Estado, mayor es la convicción de que el poder público carece, además de brújula, de la necesaria y urgente voluntad política para recomponer el tiradero, empezando por aceptar la gravedad de lo que se vive en el país entero.

Inmersos ya en el proceso electoral que desembocará en los comicios de junio próximo, falto de imaginación el caduco y superado régimen político lo más que alcanza a blandir como argumento justificatorio de su torpe y errática conducta, es que no pasando nada, cuando pasa es fruto de politización, manipulación y complot desestabilizador; partiendo siempre de la premisa de que el pueblo de México, además de ignorante y falto de entendimiento, es ciego y sordo, presa fácil de manipuladores e ideologías extra lógicas relacionadas con la izquierda electoral.

El país está de cabeza. Los caricaturistas críticos lo ilustran como un país en ruinas, y para allá vamos, en tanto que los responsables del desaguisado lavándose las manos, se preocupan y ocupan por dar vialidad a un proceso electoral de antemano cuestionado, pretendiendo que no hay relación alguna entre indignación y hartazgo social con objetivos y propósitos de la democracia representativa.

No sintiendo lo duro sino lo tupido, el Sr. Peña con el índice de aceptación por los suelos (El pantano mexicano), vuelve a exhortar al olvido de lo que lastima y ofende y sí a recordar y valorar lo positivo de los logros gubernamentales. Carpetazo con borrón y cuenta nueva, para retornar al clima de expectativas y esperanzas en las bondades de sus llamadas reformas estructurales. Insensibilidad y torpeza que a su vez da marco para alentar descalificación de la protesta y movilización social, autoritarismo y represión, como ya se observa en orquestado bombardeo mediático condenando y exigiendo se aplique todo el peso de la ley a quienes promuevan o participen en marchas y protestas.

Ni perdón ni olvido, es la respuesta de un cada vez mayor número de mexicanos.

¿Sabe gobernar el PRI?

“El PRI si sabe gobernar”, se decía hasta el cansancio en la elección presidencial que sacaría al PAN de Los Pinos en alusión al mal desempeño de Vicente Fox y Felipe Calderón. Hoy día el PRI no está en condiciones de refrendarlo y, para completar el escenario, ningún partido político de los que animan el cotarro como comparsa, tendría tamaños para construir un buen gobierno. Peor aún, ratificando que no saben de sus pequeñeces y limitaciones, PRI, PAN y morralla acompañante, lejos de asumir una autocrítica constructiva, insisten en seguir dándole vueltas a la noria, profundizando su crisis de representatividad y confianza en un duelo sin cuartel blandiendo la ya clásica bacinica rebosante de improperios y descalificaciones.

Cual convidados de piedra, los mexicanos observan, reflexionan y sacan conclusiones. A la luz del desastre, convencidos ya de que el PRI no sabe gobernar, tampoco encuentran opción válida en las llamadas izquierdas o derechas del espectro partidista. Dubitativos frente al bombardeo mediático, entre la incertidumbre y el ya basta, sin condiciones para construir un auténtico, legítimo y pacífico cambio desde abajo, están a la espera de un cambio desde arriba. Milagro este último no contemplado en las esferas del poder real y sueño inalcanzable para las mayorías.

Y en esas estamos.

Hojas que se lleva el viento

Mal de muchos, consuelo de tontos, reza la conseja popular, sirviendo de marco para que la administración pública veracruzana acelere su deslizamiento en el tobogán de la ineficiencia, ineficacia y saqueo impune. Veracruz no es Guerrero o Michoacán afirma ufana nuestra aldeana clase política, y al amparo de una descomposición política y social en la mayor parte del todo nacional, se pretende pase desapercibido el pésimo desempeño del poder público en la entidad. Todo a su tiempo dice la ciudadanía, en junio ante las urnas se cobrará la factura a un PRI cuyo principal capital político reside en la imagen mediática de un gobernador que no las trae todas consigo.

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Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce
“Lo más seguro es que quien sabe…” Sabiduría popular

La imagen del México de hoy que se ofrece tanto en el orden interno como en el exterior, se ilustra con pinceladas mediáticas en las que se reflejan lo mismo hechos objetivos irrefutables, que percepciones subjetivas de una agobiante realidad de un país sin rumbo ni brújula.

Lo objetivo y lo subjetivo se entrelazan y se retroalimentan, mostrando una realidad única que para unos guarda tintes de optimismo y de esperanza en tanto que para otros, los más, lo que domina es un pesimismo justificado e incertidumbre ante un futuro incierto que, ofreciendo más de lo mismo, apunta a un desastre.

En un país plural, con altos índices de desigualdad, cada quien ve lo que quiere ver, según le va en la feria. Lo mismo trátese de quienes teniendo todo, o aspiran a tenerlo, que quien no tiene nada, salvo una mísera existencia, pasando por una clase media, ya no tan media y en proceso constante de empobrecimiento, cuyas expectativas de un futuro próspero se antojan canceladas.

Y en este marco referencial, en el que lo objetivo del diario acontecer nacional fortalece la visión subjetiva de la realidad real que alimenta al imaginario colectivo, la llamada clase política vela armas ante la contienda electoral en puerta, bordando al margen de una realidad que no ve, no entiende, o considera irrelevante para sus propósitos y objetivos cortoplacistas.

La mayoría de medios de comunicación masiva, se hacen eco de este ignorar de la realidad, lo mismo de la objetiva que la subjetiva que anida en la percepción de los presuntos votantes. Privilegiando lo accesorio y circunstancial del momento por sobre lo sustantivo de un país en crisis cuya salida no descansa precisamente en las urnas.

Tan es así, que al actual proceso electoral se le ubica en un contexto históricamente superado, sin aceptar que el México de hoy ya no es el mismo en el que se pretende aplicar rancias estrategias electorales que si bien dieran resultados en el pasado, en el presente carecen de agarraderas. La población sobre la que operan los partidos políticos es otra; mejor informada, más participativa y más consciente, hoy la población sabe a ciencia cierta lo que significa confiar o no confiar en su llamada clase política.

Y en este saber colectivo, es más que evidente que los partidos políticos ya no cuentan con credibilidad, confianza, legitimidad y beneficio de la duda. Como también carecen de una estructura orgánica que pueda con eficacia revertir en el corto plazo lo que con deshonestidad intelectual, corrupción impune y descarado cinismo cada partido político ha construido para ganarse la animadversión del electorado.

De ahí que cabe preguntarse entonces si en este nuevo e inédito escenario, los partidos políticos de espaldas al sentir de la gente, podrán ser competitivos sin recurrir a la compra de votos y dignidades.

El Instituto Nacional Electoral (INE), se anticipa asegurando que en el peor de los escenarios, bastaría con que un partido político se levantara con el 5% de la votación total para ser declarado ganador. Y a eso le apuesta la llamada clase política. La elección sería legal, pero como siempre careciendo de legitimidad democrática; de ahí que en los círculos políticos la crisis nacional lo mismo en lo económico que en lo social, vale madre en tanto no interfiera con el proceso electoral.

En este orden de ideas, cabe preguntarse también si bajo este esquema de inmoralidad política, en el que la legitimidad lo mismo que el sentir de las mayorías pasa a segundo término, vale la pena el preocuparse u ocuparse en elegir a un diputado federal.

Así como también obligado es preguntarse para qué sirve un diputado federal en el régimen presidencialista, si no es más que para levantar el dedo aprobando lo que en principio lesiona el interés más general de la nación. El desempeño de los actuales diputados en el Congreso de la Unión, atentando contra el patrimonio de todos los mexicanos, nos da la respuesta.

Y si bien existen honrosas excepciones que levantaran más que el dedo la voz, en contra de las iniciativas presidenciales, estas voces son contadas y los resultados obtenidos del discurso opositor son irrelevantes, como irrelevante es la gestión de un diputado para que se pavimente una calle o se instale una farola cuando en lo sustantivo no cumple con su encargo.

Luego, para que queremos diputados, si la representación popular está secuestrada por una partidocracia oportunista, corrupta, impune e insensible, que no quiere, no puede, o no le interesa el cómo salir de una crisis de Estado que hoy por hoy no tiene más salida que el dejar hacer, dejar pasar, hasta que reviente por el hilo más delgado.

Hojas que se lleva el viento

Imprevisión, improvisación, y palos de ciego frente a la crisis globalizada y la que en lo específico vive el Estado mexicano, parecen ser las variables que sustentan la errática política energética de la actual administración pública federal. Sólo así se explica el que en un escenario internacional negativo para la mezcla mexicana de crudo, se privilegie el mercado externo por sobre el mercado interno de los energéticos que mueven al país. Persistiéndose en vender barata la materia prima e importar caro y en dólares, gasolinas y gas industrial y doméstico, dañando lo mismo a la industria, el transporte y distribución de mercancías, que a la economía familiar.

Petróleo crudo barato para el exterior y combustibles caros para el consumo nacional, es la tónica que nos receta el “hombre del presidente” desde la Secretaría de Hacienda.

Y en este marco de lo absurdo, el Sr. Peña Nieto desde Oaxaca afirma que en el presente año se verán los resultados positivos de la llamada reforma estructural energética, sin parar mientes en que lo que el país requiere son refinerías que generen nuevos empleos y combustibles a precio accesible para consumidor final y no ventas de garaje de nuestra materia prima básica.

Lo verdaderamente grave de este absurdo proceder, es que en una economía petrolizada como la de México, el bien estratégico de la nación sea administrado bajo una óptica de improvisación y saqueo en nombre de un modelo de desarrollo del país que para el Sr. Peña es el idóneo para “mover a México”.

Muere un periodista, grande entre los grandes. Descanse en paz Julio Scherer.-

Cd. Caucel, Yuc., enero 7 de 2015

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Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

Sin pena ni gloria se celebró en tierras veracruzanas la XXIV Cumbre Iberoamericana. Con importantes ausencias, legaciones de 22 países bordaron en vano con buenos propósitos en torno a una realidad global que, como bien señala José Mújica, presidente de la República Oriental del Uruguay y el único que explícitamente se solidarizó con el pueblo de México, no se puede ocultar con  el paraguas.

Cumpliéndose con la parafernalia protocolaria propia de estas estériles reuniones, el presidente Peña como anfitrión, no pudo evitar que la preocupación en el seno de la Cumbre y en el exterior de los recintos destinados para el efecto, se concentrara implícitamente en la profunda crisis que se vive en México y la incapacidad nuestro gobierno para darle un cauce satisfactorio.

La temática, como suele suceder en Cumbres de igual naturaleza, giró en torno al crecimiento, innovación y desarrollo, así como  la cooperación económica y social para la construcción de sociedades más justas. Peña Nieto le definió como la oportunidad para potenciar la riqueza en los países concurrentes, desentendiéndose de la crisis globalizada que rondando los terrenos del estancamiento y recesión,  hace nugatorios los esfuerzos neoliberales por darle salida en el marco de las reglas impuestas por las grandes potencias.

Y en este orden de cosas, la mandataria brasileña de haber asistido es la única que podría aportar algo a nuestro país en la reactivación económica, ya que con excepción de Uruguay, tanto España como la mayoría  de países iberoamericanos con mandatarios y Jefes de Estado presentes en la Cumbre, se encuentran en igualdad de condiciones críticas que México. Sin embargo, Dilma Rousseff está más comprometida con la agenda de UNASUR que con América del Norte.

Independientemente de los logros que pudieran haberse alcanzado en conversaciones bilaterales entre los mandatarios asistentes, las conclusiones generales y acuerdos específicos dados a conocer al término del encuentro, no son nada alentadoras para el bloque iberoamericano como tal. Dando la impresión de que los acuerdos signados son más buenos propósitos y lugares comunes que compromisos viables.

Propósitos como poner empeño en promover la inclusión de los sectores más marginados y de construir sociedades igualitarias, al tiempo que trabajar en estrategias para garantizar una educación universal y de calidad,  en un clima de fortalecimiento de la Conferencia Iberoamericana para una cooperación horizontal que refleje la realidad de la región, son sólo palabras de dientes para afuera cuando la prioridad real es como salir airosos de la crisis globalizada en cada uno de los países participantes.

La Cumbre satisfizo el libreto preestablecido, cumpliendo, para el presidente de México como distractor a la par que oportunidad para recuperar autoridad en el ámbito internacional. Empero, la crisis en México sigue, profundizándose bajo una dinámica en la que los tres poderes de la Unión y los tres órdenes de gobierno, están atrapados frente a una auténtica rebelión de la sociedad movilizada,  a la que no satisface ni la temática del control de daños propuesta por el Sr. Peña Nieto ni la respuesta a bote pronto tanto de los órganos de procuración de justicia como del poder legislativo.

La interrogante que flota en el aire, es: ¿Qué sigue? Cuando 2014 concluye sin restañarse aún  las heridas abiertas.

Hojas que se lleva el viento.

Habida cuenta de que el gobierno de Veracruz no tocó baranda en la organización, desarrollo y clausura de la Cumbre Iberoamericana, al titular del poder ejecutivo estatal le tocó jugar el papel marginal de convidado de piedra y, por más esfuerzos que se le acreditan por estar cerca y tomarse la foto, tanto con el Sr. Peña Nieto como con los mandatarios asistentes, su presencia careció de relevancia alguna, pese a que su vocero y coordinador de comunicación social afirmara lo contrario en sus ya clásicos anuncios de ocasión.

Salvo, claro está, el que para el presidente de México sea relevante el clima de inconformidad social que se manifestara en diversos puntos de la entidad veracruzana durante la Cumbre, dándole marco a la inocultable crisis de gobernabilidad y de inseguridad que con carácter expansivo va cubriendo la casi totalidad del territorio nacional.

-ooo-

Concluidos tanto los Juegos Centroamericanos y del Caribe como la XXIV Cumbre Iberoamericana, Veracruz retorna a su permanente estado de letargo, disponiéndose sus habitantes a terminar el año en las mejores condiciones posibles; dándose espacio para albergar un poquitín de esperanza y optimismo y pasar las fiestas decembrinas sin sobresalto que altere tranquilidad en el seno de la familia y en el ya de antemano desfondado bolsillo.

Por cierto que las comparecencias de los integrantes del gabinete del jefe ejecutivo estatal que ya también quedaran atrás, aparte de prácticamente no interesar para nada a nadie, confirmaron tanto la vacuidad del IV Informe de Gobierno del Sr. Dr. Javier Duarte de Ochoa como la mediocridad de  diputados locales y comparecientes de entre los cuales, destaca el secretario de turismo, que se aventó la desafortunada puntada de elevar al infinito tanto el número de visitantes como derrama económica a lo largo del IV año de gobierno en la actividad bajo su responsabilidad, mereciendo la rechifla de un respetable harto de engaño y simulación.-

Xalapa, Ver., diciembre 10 de 2014.

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J. Enrique Olivera Arce

Hay dos maneras de perder el tiempo. Una no haciendo nada, otra es que te lo roben, y esto último es lo que parece está atosigando a importantes mayorías de mexicanos que sintiéndose defraudadas, toman la calle para expresar hartazgo y rabia.

El tiempo, bien intangible que jalona la presencia del ser humano sobre la faz de la tierra, es valioso y debería considerársele como sagrado, integrado e integrador en la cosmovisión de nuestra efímera existencia.

Valioso por tanto para un país que no logra superar sus condiciones de subdesarrollo y éste, el tiempo, gozando de autonomía e independencia se escurre entre los dedos de quienes se lo han robado, perdiéndose miserablemente en la nada, día con día, en un México que transita entre esperanza agotada y estéril incertidumbre de lo que mañana depara.

No son los dos años de gobierno del Sr. Enrique Peña Nieto. Es la acumulación histórica de un proceso de aproximaciones sucesivas de acierto y error, en el que éste último, acumulado, hoy hace crisis, derramado el vaso. Y en el fluir del tiempo robado a los mexicanos, el país lejos de avanzar por los amplios caminos del progreso, frenado está y ya camina en la estrechez de la inmovilidad y el retroceso.

No sólo la economía se estanca y retrocede en perjuicio de todos, también todos retrocedemos en nuestras expectativas de una vida digna normada por principios y valores trascendentes, en perjuicio de la economía. El círculo perverso se cierra y el tiempo no se detiene, perdiéndose lo mismo por robado que por el no hacer nada de las mayorías que ocupadas en lamentar su suerte buscando culpables, poco hacemos por recuperarlo.

¿Qué nos lo impide? La respuesta está en un “qué hacer” en épocas de cólera. En el qué hacer consciente y responsable para tomar en nuestras manos el tiempo secuestrado y encauzarlo por su aprovechamiento en mejores y más amplios senderos. No basta con percibir los obstáculos que se nos oponen como pueblo engañado, frustrado y ofendido; el qué hacer para hacerlos a un lado, superándolos en el camino del rescate y de la reconstrucción del México hoy por hoy desquebrajado, es la tarea.

Marchas, plantones, gritos y sombrerazos ya cumplen con el cometido. El pueblo despierta y el régimen político, arrinconado, balbuceante, ciego y sordo no ofrece la mejor respuesta al clamor popular, pero es insuficiente; sin organización y unidad en torno a un programa mínimo para la acción, propositivo y consecuente con visión de Estado y de futuro, la cólera en la calle se diluye, así como se diluye un tiempo precioso para la construcción de ciudadanía y democracia.

Sabido es ya que los partidos políticos, la clase política larvaria y comodina, son quienes el tiempo han robado. Nada podemos esperar de éstos para la tarea exigida al pueblo. De entre estos, los autonombrados de izquierda, están muertos y sólo resta sepultarlos. ¿Qué hacer y con qué compañeros de camino entonces?

Para quien esto escribe, con un juicio renovado que el optimismo en la fuerza y voluntad permanente de cambio y transformación del pueblo alimenta, sólo hay un camino, el que el pueblo elija de entre el mismo pueblo. De éste, el pueblo, y de nadie más, habrá de gestarse y elevarse la respuesta al qué hacer y con quién para, en épocas de cólera, recuperar el tiempo.

Hojas que se lleva el viento

Menudo paquete. De entre los palos de ciego que el Sr. Peña turnara al Senado como iniciativa para recuperar la seguridad e integridad física de los mexicanos, se contempla el responsabilizar a los gobernadores de la acción inmediata en contra de la creciente delincuencia. Sólo ante la incapacidad de éstos para afrontar la tarea que constitucionalmente la federación delega, será esta última la que se haga cargo de tomar al toro por los cuernos. No más pretextos ni lavado de manos, la tarea queda a cargo de las entidades federativas, así que, para desgracia de los veracruzanos, se cambia para seguir igual, o peor, cuando el punto de partida es el aquí no pasa nada tan acorde y congruente con el aquí no hacemos nada del Sr. Dr. Javier Duarte de Ochoa.- Xalapa, Ver., diciembre 3 de 2014.

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Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

“La gente que mejor comprende la justicia son aquellos a quienes se les ha negado”. Daniel Raventós · Julie Wark.

Que mejor oportunidad para que el decálogo para el control de daños del Sr. Peña, dado a conocer en cadena nacional, sea aprobado sin ruido ni sombrerazos por el Congreso de la Unión, que la muerte presuntamente súbita del PRD. Senadores y diputados sin obstáculos otorgarán su respaldo absoluto a las reformas legales y medidas anunciadas.

Sin necesidad de un nuevo “pacto por México”, simplemente porque así lo ha concebido y decidido el primer círculo del poder presidencial, en fast track, sin consulta previa a la ciudadanía y ni siquiera a las bases partidistas, las nuevas reformas van.

Nuevamente una minoría partidocrática, representada por un insignificante –en cantidad y calidad- grupo de notables, se impondrá sobre el interés más general de la población en un intento más del control de daños del régimen y darle salida a la crisis.

Esto sin importar la soberanía de las 32 entidades federativas que conforman la Unión y los esfuerzos autonómicos del Distrito Federal.

Dándose un paso más en la marcha atrás de la vida democrática en el Estado mexicano con la profundización del estado de excepción en marcha.

Lo grave no es la farsa legislativa, a ello ya se nos tiene acostumbrados en el marco de la democracia representativa secuestrada y simulada. Lo verdaderamente grave es que con medidas tardías y antidemocráticas, se pretenda resolver la crisis multimodal y multidimensional por la que atraviesa el Estado mexicano, dejando intacta con el borrón y cuenta nueva, una estructura sustentada en abuso de poder, corrupción, impunidad y saqueo, origen del conflicto que hoy se pretende resolver.

Con un mayor control centralizado y fascistoide de la población, estima el Sr. Peña salir del aprieto, atacando consecuencias e ignorando el origen de la crisis.

Para quienes saben del paño, y ya no sólo en el ámbito de la academia, el decálogo no resuelve lo sustantivo. Andarse por las ramas sin enderezar el árbol torcido, ya fue juzgado y condenado en cuestión de minutos por una opinión pública que, en su despertar, ya no cree ni en el Padre Nuestro.

Modificar la Constitución y someter a la población con una cauda de medidas administrativas, presuntamente novedosas, a costa de la soberanía del Municipio Libre y de las propias entidades federativas, así como de las libertades ciudadanas, desde su anuncio ya generó descontento y rechazo; enrareciendo aún más el clima de “insubordinación” consecuencia del deterioro económico y los crímenes no resueltos que ofenden, agreden y lastiman a los mexicanos.

Tapar el pozo tras el niño ahogado, no es controlar los daños, antes al contrario, hacen más complejo e irresoluble el conflicto en marcha. Dando paso a intolerancia y represión por parte de los tres órdenes de gobierno, ante la impotencia de éstos para frenar oleada tras oleada de indignación y resistencia.

La prensa internacional, que ya tiene vela en este entierro, da ya por sentado que el decálogo propuesto es un fracaso anunciado más del régimen político mexicano, con el Sr. Peña a la cabeza. La prestigiada casa editorial, The Economist vocera de los centros del poder global, hace patente sus dudas respecto a la eficacia de las medidas por adoptar del gobierno mexicano. Dudas que se hacen extensivas a la opinión pública mundial y, con mayor razón entre los mexicanos que, en su mayoría están entendiendo que el problema no es de malandrines y policías, criminalidad y justicia, de tal o cual malandro, incluyendo los de cuello blanco, sino de la incapacidad de un régimen cuya crisis interna ya no le permite dar más, salvo más de lo mismo.

Deslindándose la población del ejercicio de gobierno de un régimen cuestionado, el problema ya ocupa el ámbito de problema de Estado, exigiendo, como señala el rector de la UNAM, de cirugía mayor y no de paliativos inicuos como las medidas anunciadas.

El PRI perderá ganando

Muerto, insepulto y mal oliente el PRD, como desde endenantes se ha venido afirmando en estos maquinazos, paradójicamente el PRI pierde ganando. Sin la connivencia de las llamadas izquierdas que la corrupción y carencia de sustento ideológico redujera a oscuros intereses tribales, la cadena de trasmisión de control y manipulación de las grandes masas de desposeídos, está rota y, con ello, negados los canales de comunicación, concertación y gatopardismo a modo que, a lo largo de varias décadas, equilibraran la correlación de fuerzas político electorales. El equilibrio se ha perdido y las masas buscan su propio camino al margen del control institucional.

En los próximos comicios el PRI podrá levantarse con el triunfo legal, con una mayoría relativa consecuencia de ignorancia, valemadrismo, y no poco masoquismo social que inercialmente arrastra la sociedad mexicana, pero no podrá aspirar al mínimo de legitimidad que gobernanza y gobernabilidad exigen. No más beneficio de la duda; desde el primer momento descontento, rechazo y resistencia popular determinarán la agenda electoral y quehacer gubernamental, percibiéndose con justeza que el Sr. Peña tiene razón cuando coloca a Iguala-Ayotzinapa como en parte aguas de un antes y un después en la vida económica, política y social de México.

El Revolucionario Institucional seguirá siendo el mismo de siempre, medrando larvariamente en una sociedad distinta que se niega a reconocer.

El después construido con memoria histórica sobre el antes, en el terreno electoral será el punto de quiebre para el régimen caduco; la respuesta a los grandes problemas nacionales estará en la calle y el PRI estará atado de manos para recomponer a su favor un nuevo escenario que ya en este momento le es adverso. Paradójicamente, no es la oposición sino el propio presidente priísta el que define la debacle de la hegemonía septuagenaria del tricolor.

Hojas que se lleva el viento.

De plácemes un gobernador que no aprende en cabeza ajena. Nuevamente el Sr. Dr. Javier Duarte de Ochoa se toma la libertad de asumirse como la voz autorizada de todos los veracruzanos, afirmando que el presidente Peña Nieto cuenta con el respaldo absoluto de Veracruz. Y nadie entre su pequeño círculo de consejeros de cabecera le indica que hay que hincarse al paso de la procesión. En su discurso ni son todos los que están, ni están todos los que son, privando en la entidad una mayoría que rechaza las medidas de control de daños anunciadas por el Sr. Peña, e incluso, en desacuerdo con la administración pública veracruzana que no ofrece elementos para que el gobierno fallido recupere credibilidad y confianza

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Y dale que dale, duro y tendido, nuestros senadores priístas de frente y hasta topar con pared, mantienen su adelantada campaña proselitista orinando fuera del tiesto, incapaces de entender el tardío mensaje del Sr. Peña de que llegó la hora de modificar el discurso. Y aún hay más, incapaces también de entender que la agenda electoral ya no la define la cúpula de su partido sino la presión popular en rebeldía que ya no está aceptando más atole con el dedo. El “yo soy Ayotzinapa” del presidente es la señal, y no la digieren.

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Sentido por el pueblo de México el deceso de Don Alberto Bolaños “Chespirito” y con este sentir nos solidarizamos, deseando que el emblemático artista descanse en paz. Lo que no se vale es que tanto Televisa como el PRI capitalicen la sensible pérdida manipulado para crear una cortina más de humo, para así distraer la atención del respetable en momentos de álgida crisis. Menos mal que la película “La dictadura perfecta”, ya se encargó de desnudar el clima de complicidad entre los oscuros intereses económicos de Televisa y los del régimen político en México, y el pueblo de a pie ya no se traga la triquiñuela. La crisis sigue y las movilizaciones sociales también.

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Las redes sociales rebasaron en mucho al papel tradicional de la prensa oficialista. Realidad que deberían tomar en cuenta las áreas de comunicación social de los gobiernos estatal y municipal en la asignación de recursos públicos para propaganda de imagen. Cuando la prensa, sobre todo la impresa va, las redes sociales ya vienen de regreso, nulificando todo esfuerzo gubernamental tendiente a convencer a la opinión pública de que aquí no pasa nada, Veracruz cabalga en caballo de hacienda, y tenemos el mejor gobernador y el mejor alcalde de toda la historia. – Xalapa, Ver. 30 de noviembre de 2014.

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Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

Para quienes pensaran que Dulce María Sauri Riancho, ex presidenta nacional del PRI, exagerara al percibir la aproximación de una “tormenta perfecta” en la vida política, económica y social de México, deben ahora estar reflexionando sobre la justeza de lo afirmado por la también ex gobernadora de Yucatán.

Bastaron unos cuantos días para que la madre de todas las tormentas percibida, se conformara. La crisis del régimen político choca frontalmente con una movilización social que se extiende y profundiza, a la par que el deterioro de la economía nacional impulsado por la caída internacional del precio del petróleo, equívocas medidas fiscales, y la pérdida creciente del poder adquisitivo del salario, tocando fondo, arrastra consigo a las finanzas públicas nacionales.

La combinación, interacción y retroalimentación de economía y política en la conformación de una crisis que envuelve al Estado mexicano, se refleja en un conflicto social preñado de descontento y hartazgo que pone en duda legitimidad de un estado de derecho rebasado.

México está hoy bajo la mira internacional, manifestándose preocupación en las élites del poder real que determinan rumbo y destino de la sociedad global, por lo que acontece en el patio trasero del país más poderoso del mundo. La amenaza del efecto dominó es real y el senado norteamericano toma ya cartas en el asunto.

Y es en este ominoso panorama que se cuestiona el mandato del presidente de México, incapaz de dar una salida medianamente decorosa a la “tormenta perfecta”. Si hace apenas unos meses se considerara a Enrique Peña Nieto como el adalid del neoliberalismo en América Latina, hoy el poder fáctico global le tiene por un estorbo a sus propósitos y objetivos de cambio, transformación y consolidación del modelo neoliberal de crecimiento económico en el ámbito de los países emergentes.

Peña Nieto estorba y con él, un régimen político que ya no le es funcional a los poderes fácticos. Las llamadas reformas estructurales orientadas a cumplirle a los centros del poder mundial, quedaron atrás; el optimismo puesto en la eficacia de tal herramental está perdido y, lejos de satisfacer los apetitos privatizadores del gran capital, son un obstáculo en tanto contribuyen al deterioro económico, concitando desconfianza, resistencia y rechazo social, polarizando a la sociedad.

Si el crimen de Iguala fuera la gota que derramara el vaso del descontento y el hartazgo, la ineficiente e ineficaz administración del conflicto y control de daños, exhibe en todos sus términos la gravedad de la “tormenta perfecta”; la profundidad de una crisis que abarca al todo político, social y económico de un Estado que como en su momento el presidente de Uruguay expresara, ronda los límites de lo fallido.

Mala señal para el poder fáctico global. No estaba en sus planes que el imponer a Enrique Peña Nieto como presidente de México, acarreara más problemas y no un terso camino al logro de propósitos y objetivos del capitalismo salvaje, en un país al que ya se consideraba paradigma latinoamericano de hegemonía neoliberal.

Señales

En este marco, no es de dudar que el coqueteo del gobierno de Peña Nieto con los chinos sin previa consulta con el gobierno norteamericano, prendiera los focos rojos de alerta en el país vecino. La abrupta cancelación del resultado de la licitación del ferrocarril México-Querétaro, bien pudo haber sido ordenada desde Washington y no una burocrática medida interna tomada como consecuencia de corrupción e irregularidades en el proceso de adjudicación. Todo es posible en un escenario de dependencia que ha marcado indeleblemente la asimétrica relación entre México y el poder fáctico del imperio norteamericano.

Si esto es así, cabe la posibilidad de que la mano que mece la cuna en la descalificación mediática del mandato del Sr. Peña Nieto por los más destacados exponentes de la prensa mundial, así como “el complot” que éste avizora en contra de su proyecto de nación, no apunta precisamente en dirección al extremismo violento de una minoría, sino a los centros de poder fáctico internos y externos que indirectamente hacen saber del estorbo que para estos representa un gobierno fallido.

De ahí la preocupación del mandatario por intentar calmar las ánimos en los altos círculos del empresariado nacional, expresando que se tiene todo bajo control. Preocupación que no se ve respaldada con hechos concretos de políticas públicas y operación política y, mucho menos, con la aquiescencia de los gobernadores que de dientes para afuera dicen apoyar y, por debajo del agua, se desentienden del conflicto privilegiando sus intereses “virreinales”.

Tocaría a politólogos, analistas y expertos que saben del paño, determinar cuál es la profundidad y alcances de la “tormenta perfecta”. Para quien esto escribe, basado en percepciones personales, la situación que vive México es de pronóstico reservado; la gravedad del conflicto se hace acompañar de desconfianza, carencia de credibilidad e incertidumbre, ya no sólo en las instituciones republicanas y sus voceros, sino que también en la capacidad de una sociedad lastimada y polarizada para absorber los efectos de la crisis.

Partidocracia

Por cuanto a los partidos políticos, su propia crisis estructural les mantiene al margen de la administración del conflicto y control de daños. El eslabón más débil de la triada partidocrática paga el costo de su participación activa en el llamado “pacto por México”; la renuncia del Ing. Cuauhtémoc Cárdenas al PRD anuncia en este instituto político desbandada, velorio y entierro. El “que se vayan todos” expresado por una mayoría ciudadana, pone en la misma tesitura de contradicciones internas y externas a todos los partidos por igual, salvándose quizá, Morena por su reciente acceso a la institucionalidad.

Partido este último más cercano a las demandas y reivindicaciones de la movilización social y, hoy por hoy con mayores posibilidades de encontrar respuestas positivas por parte de los electores en las próximas contiendas electorales, pues no sería nada extraordinario el que para los poderes fácticos, el mal menor fuera el contar con un gobierno reformista de izquierda, muy al estilo de los gobiernos sudamericanos, que sumando, diera rumbo, certeza y destino al país, con un proyecto de nación mejor diseñado y encuadrado en congruencia con la compleja realidad multimodal y multidimensional de México, sin romper con lo que en primera y última instancia favorece a los intereses del poder global. Esto si el destino no nos alcanza con la renuncia forzada del Sr. Peña Nieto, ofreciéndonos otros cantares.

Tiempo al tiempo. Parafraseando a nuestro amigo Jesús J. Castañeda Nevárez, este es mi pienso.

Hojas que se lleva el viento.

No se puede hacer de lado que Veracruz es protagonista privilegiado en la crisis que aqueja al país. La vida económica, social y política en la entidad también contribuye con su estancamiento, retroceso y carencia de rumbo cierto, a un conflicto de Estado que nos compete a todos los mexicanos. El afirmar que aquí no pasa nada cuando el país se desquebraja, no abona satisfactoriamente a favor del control de daños emprendido por el Sr. Peña, antes al contrario, confronta al gobierno central induciendo a la comparación entre un gobernador eficiente y un presidente de la república que, tronándose los dedos, pone en riesgo a eso que se ha dado en llamar el camino de la prosperidad.

Xalapa, Ver., noviembre 26 de 2014.

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Pulso crítico
J. Enrique Olivera Arce

“Antenoche fui a tu casa y me ladraron los perros/ Quise agarrar una piedra, y se me embarraron los dedos”. Bomba yucateca

La sensación de pequeñez e impotencia en los quehaceres políticos, lleva al sectarismo y al encasillamiento de capilla. Si a esto le sumamos el miedo ante lo incierto de una situación dada, que no se entiende, que no quiere entenderse, o que rebasa capacidad para afrontarla con relativa serenidad y buen juicio, a mi modesto entender ello deviene en paranoia política y esto es lo que se percibe en un régimen político agotado como el mexicano.

Paranoia política que induce a un autoritarismo defensivo e irracional, privilegiándose actitudes de intolerancia frente a fantasmagóricas imágenes que amenazan poner en riesgo seguridad y confianza.

El percibir un complot con el fin avieso de desestabilizar el país y oponerse con oscuras amenazas al proyecto de nación neoliberal que el gobierno adopta e impone pretendiendo con ello alcanzar estadios superiores de modernidad, crecimiento económico y bienestar general, sólo porque no se entiende o no se quiere aceptar que la sociedad está harta de partidocracia, corrupción, impunidad e inseguridad, no puedo sino encuadrarle en dicho padecimiento, que suele devenir en una indeseable violencia de Estado.

Lo hemos afirmado en estos modestos maquinazos. El Sr. Peña Nieto rebasado por acontecimientos por el nunca imaginados, e incapaz de generar aceptación y confianza en sus presuntas reformas estructurales como para que estas tersamente aterricen, expresa impotencia asumiendo actitudes paranoicas de intolerancia y ausencia de visión de Estado.

No encontrando más salida para administrar conflicto y crisis, que amenazar con el uso de la fuerza en defensa de su cuestionado y rechazado manojo de políticas públicas antipopulares, el control de daños por la cloaca destapada en Iguala, Gro., se le revierte y agudiza.

“El Estado soy yo” y hay de aquel o aquellos que se oponen a mi proyecto, es el mensaje, sin parar mientes en que en una sociedad plural aquejada por desigualdad y pobreza, no cabe ni es deseable el pensamiento único. El proyecto de nación impulsado por su gobierno, ni es el único ni necesariamente es el mejor. Imponerlo, bajo la premisa de que ha sido aprobado democráticamente por las diversas fuerzas políticas, cuando la opinión generalizada cuestiona a la democracia simulada, no es el mejor camino.

Empero, sin medir las consecuencias, a su voz, se suelta el desgarre de vestiduras y descalificaciones tratando de acallar ya no sólo la protesta social, sino todas las voces discordantes reflejadas en una prensa nacional e internacional que habiéndole ayer aplaudido y enseñoreado, hoy lo exhibe en la alfombra del escarnio.

Mala señal, como ya se encargaron voces calificadas de interpretar la paranoia presidencial. El más leve desliz de intolerancia y represión por parte del régimen político vigente, puede desencadenar situaciones lamentables al interior de un horno que no está para bollos.

Si de noche te ladran los perros, no intentes agarrar una piedra porque te embarras los dedos, dice una conseja popular yucateca, y en ella debería pensar el partido tricolor que, a su viejo estilo interpretando y haciendo suya la nada velada amenaza presidencial, exhibe a bote pronto intolerancia e incomprensión de la crisis, rompiendo lanzas contra “los enemigos de México” que, ocultos en el tapanco y con el pretexto de los normalistas y varios cientos más de desaparecidos y sembrados en fosas clandestinas, arman un “complot” para desestabilizar al gobierno y al país entero.

Tratar de combatir visiones fantasmales en la oscuridad de la noche con sectarismo trasnochado, podría costarle muy caro al PRI a y todo el país. La crisis es del régimen político en su conjunto, atañe a toda la clase política sin distingo partidista, así como a todos los mexicanos y así deberían entenderlo como bien lo interpreta el secretario de la Defensa Nacional, al afirmar que el problema no es del gobierno, sino que es un problema de Estado, que atañe a todos y con todos y entre todos debe buscársele solución.

Ubicar crisis, conflicto y movilización social en el terreno electoral, y en este estrecho contexto pretender minimizar los daños descalificando al adversario, es no entender génesis y desenvolvimiento histórico del descontento y el hartazgo social que hoy le explota entre los dedos al Sr. Peña, al PRI, y al régimen político en su totalidad.

Antes que embarrarse los dedos, bien harían los beligerantes priístas que hoy se desgarran las vestiduras blandiendo los palos, en ver, escuchar y sentir en carne propia el por qué una sociedad lastimada y dolida, cuyo único camino viable de protesta y resistencia es la manifestación de su descontento, toma la calle.

Sin comprenderlo con objetividad, el control de daños basado en descalificaciones y amenazas, habrá de revertírseles.

Confundir a tirios con troyanos, dejándose llevar por la imagen mediática de provocación y violencia que el mismo PRI construye y alienta, haciendo de lado que es el régimen político caduco el que está exhibiendo el alcance de su propio concepto de violencia con la barbarie que hoy todo México condena, solo expresa miedo a verse en el espejo.

Temor al reflejo de su propia pequeñez e impotencia, frente a un pueblo que está diciendo basta. Miedo a toparse de frente con el México bronco que anda en busca de histórica revancha. De ahí la histeria y paranoia frente a un conflicto anunciado que les tomara por sorpresa.

Lo hemos comentado, a mi juicio todos los partidos políticos comparten la misma tesitura. Todos, sin excepción, viendo moros con tranchete en el patio del vecino, se resisten a aceptar que son origen y consecuencia de lo que ellos mismos han construido. Hoy no pueden echar mano de la democracia como camino para administrar por la vía institucional crisis, conflicto y control de daños. La democracia simulada y secuestrada por la partidocracia, no responde en la coyuntura a sus propósitos, de ahí su miedo y de ahí su violenta reacción y su ocultar la cabeza en la arena frente a un fenómeno social y político que pone en duda su supervivencia.

Hojas que se lleva el viento

La Revolución Mexicana no está muerta. Toma un respiro para seguir adelante impulsada por la resistencia de un pueblo que reconstruye el hilo de la memoria histórica.

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Es de llamar la atención el que medios informativos no oficialistas, pongan énfasis en lo accesorio y callen ante lo sustantivo, exhibiendo la aldeana ocurrencia del secretario de gobierno de Veracruz, Erick Lagos, de armar un circo con acarreados en el Congreso local para ser aplaudido con motivo de su comparecencia en la glosa del IV Informe del Sr. Dr. Duarte de Ochoa, y se pase por alto lo que el boletín oficial destaca como eje central de la participación de este mediocre funcionario menor en tribuna: “Gobernabilidad, paz social y estado de derecho durante estos cuatro años de administración”. ¡Vaya desfachatez! Y que insulto a la inteligencia de los veracruzanos.- Xalapa, Ver., noviembre 23 de 2014.
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Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

Si partimos de la idea –parafraseando al escritor Rafael Junquera Maldonado- de que el mañana también es pasado, no podemos dejar de considerar que el proceso electoral 2014-2015 que desembocará en la reposición de la Cámara baja del Congreso de la Unión, debería ubicarse en el contexto de la crisis de Estado que tocara fondo con el crimen de Iguala.

Nada será igual que endenantes. El peso de la carga histórica de lo que ya se tipifica como un crimen de Estado, definirá mañana la circunstancia en la que los mexicanos votarán a favor o en contra del más de lo mismo que habrá de ofertar la partidocracia.

Si como afirma la ideóloga del CDE del PRI en Veracruz, Dra. Zaida Alicia Lladó Castillo, todo está sujeto a la ley de probabilidades, lo más probable es que pese a los arquetipos de la química tradicional, el modelo matemático se apegue más a lo improbable que a lo deseable en el universo de opciones político electorales de un régimen caido en desgracia.

Hoy no hay nada para nadie, nos dice la Dra. Zaida Alicia. Y tiene razón, partidos y candidatos no están en el ánimo de un pueblo que lo mismo exige que se vayan todos que la renuncia del primer priísta de México.

Mañana es más que improbable que se ignore y olvide lo que en el pasado reciente se define como parte aguas en la vida institucional del Estado mexicano. Pasado, presente y futuro en unidad dialéctica conformarán la circunstancia en la que la correlación de fuerzas, ahora manifestándose en la calle, definirá rumbo y destino de la democracia representativa en México.

Más de lo mismo o cambio verdadero, es la disyuntiva.

A la violencia institucional, de la mano va la respuesta popular con un ascenso en la toma de conciencia de la necesidad de cambio. Lo que a la luz de la percepción pareciera lo mismo un vaso medio vacío que un vaso medio lleno, la terca realidad lo exhibe como un recipiente que derrama al peso de una gota. Un hoy, que ya es pasado, mostrando la cantidad acumulada de agravio e indignación transformándose en calidad, en el imaginario colectivo da un paso hacia delante en la construcción de ciudadanía y vida en democracia que habrá de reflejarse, mañana, en las urnas.

¿Podrá mañana el modelo matemático, arquetipo de una democracia simulada, dar viabilidad al conjunto de probabilidades que hoy la incipiente ciudadanía cuestiona y condena, exigiendo que se vayan todos?

La carga de un ignominioso pasado o el masoquismo de siempre dirán la última palabra, reduciéndose el abanico de opciones electorales a un simple votar o no votar.

Si mañana es pasado, y se da como válida la ley de probabilidades en el quehacer político electoral, ésta no podrá ni deberá ignorar entre sus variables sustantivas que el peso específico de una ignominiosa afrenta a los Sentimientos de la Nación, podría contar más que la alquimia electorera de un viejo régimen que no termina de morir.

Hojas que se lleva el viento

El valemadrismo frente a la crisis del régimen político nacional, se refleja en el rubicundo rostro del Sr. Dr. Duarte de Ochoa. ¿Será por eso que se comenta que no hay diferencia entre el ex gobernador de Guerrero y el que dicen manda en Veracruz?.- Xalapa, Ver., noviembre 9 de 2014.

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Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce 

Los días corren, sumando. Autoritarismo, desinformación y cortinas de humo a modo encaminadas a desviar la atención del respetable, están muy lejos de frenar la ola de indignación y protesta que invade la apacible paz social del país de aquí no pasa nada.  

La crisis política en México tiende a profundizarse. Desde el epicentro de la República los tres poderes de la Unión no le encuentran la punta al mecate. Un hasta ahora frustrado esfuerzo por encauzar el control de daños por la vía institucional, se diluye entre desgarre de vestiduras, dimes y diretes de una clase política que tardíamente intenta tomar conciencia de que el daño les concierne, y no precisamente en el ámbito electoral. 

No hay distingo partidista ni de encumbrados personajes, la ola del ¡Que se vayan todos”, a todos afecta por igual. De ahí la paranoia y el todos contra todos en el reparto de culpas. 

El presidente Peña, rebasado el primer círculo de sus colaboradores, toma el toro por los cuernos y se hace cargo de la conducción de la administración del conflicto y control de daños, así sea únicamente en los terrenos de lo mediático. 

Hace un llamando a todas las fuerzas políticas a cerrar filas en torno lo mismo a las instituciones republicanas que a un combate frontal de corrupción e impunidad. Después del niño ahogado, un nuevo pacto en previsión a “otro Ayotzinapa” que ponga en riesgo ya no a un régimen político cuya crisis parece irreversible, sino a la supervivencia del Estado mexicano como tal.  

Y en esas estamos, con la salvedad de que la correlación de las fuerzas políticas convocadas, ya no tiene como referentes a  gobernadores, partidos políticos y agrupaciones formales de la llamada sociedad civil vinculadas a la simulada democracia representativa. El México de hoy ya es otro, muy diferente al de 2013. La resistencia   social entró en escena, llamando por su lado a parar. 

La correlación de fuerzas políticas parece haber mudado a la calle. Frente a una clase política rebasada, a la defensiva, confundida e incapaz de discernir lo que en política representa el “efecto mariposa”, las fuerzas políticas reales se manifiestan en  protesta y reclamo, manifestaciones, marchas y bloqueos de una movilización social que tomando  conciencia de su fuerza, se pronuncia por resistir a los embates de un régimen político que siéndole  adverso le ofende y le lastima. 

La falsa representación popular institucional pagando el precio de su soberbia, desnuda queda frente a una resistencia ciudadana que no sabe, ni desea saber, de pactos cupulares que prolonguen en el tiempo su estatus de secuestrado por la corrupta y voraz partidocracia cuya crisis toca fondo en medio de otra crisis, la de una economía que no despega en la medida de lo deseable, ni tiene para cuando bajo el modelo neoliberal de desarrollo adoptado; incrementándose desigualdad, pobreza, exclusión y, de paso, violencia en todas sus manifestaciones. 

El llamado presidencial borda así en el vació. El equilibrio está roto. Las fuerzas políticas formales marchan en solitario, divorciadas de la fuerza real que toma la calle. 

 Son ya más quienes expresan indignación y hartazgo que quienes están a favor de mantener el nocivo clima de corrupción e impunidad. Es a los primeros a los que convendría escuchar para actuar en consecuencia convenciendo con hechos del imperio de la ley, sin distingos ni privilegios. Pretender pactar con los corruptos, no es el mejor camino para abatir impunidad y la gente lo sabe, exigiendo ¡Que se vayan todos”; mostrando en donde es que se ubica la fuerza social y política real y por donde es que hay que caminar para restañar heridas en un esfuerzo auténtico por controlar los daños.  

Y en este escenario se viven en México los prolegómenos del proceso electoral 2014-2015, destacando las carencias de visión de Estado e incapacidad de la llamada clase política para ubicarse en los tendidos. Como respuesta al control de daños propuesto por el presidente Peña, sin el menor asomo de humildad los partidos políticos anteponen su interés mafioso anticipando rotundo triunfo para sus candidatos en las urnas. Esto sin parar mientes en que de seguir las cosas como van, lo electoral pasa a ser lo que menos importe a una población adulta en su mayoría montada en la indignación, protesta y resistencia. 

El México del 2015 ya no será igual al de 2012. Ni dudarlo.

La respuesta a la actual crisis que vive México no está en las urnas. Elegir a los mismos para que todo quede igual, o peor, no es opción. El pacto social está roto, vulnerado el estado de derecho, y esto no se resuelve bajo la mecánica tradicional de la política electoral.  

El daño infringido al Estado es mayor y así debería considerarse. El control de daños requiere de cirugía también de mayor calado; debiendo contemplar la regeneración del Estado desde abajo, con la participación consecuente y responsable de las fuerzas políticas legítimas. El futuro de México está de por medio, no puede ni debe sustentarse en decisiones de barandilla que señalan culpables, pero que no resuelven el problema de fondo en un país en el que la corrupción y la impunidad lo es todo. 

Hojas que se lleva el viento 

El camino está despejado. Con la decisión de la SCJN de no avalar la consulta ciudadana sobre la reforma energética, “el andamiaje esta lísto” para acoger la inversión privada en la explotación de los recursos energéticos que algún día fueran patrimonio nacional.

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¿Y Veracruz? Muy bien gracias, todos contentos aprestándonos para asistir a una justa deportiva que en esencia nos es ajena, pero que nos da la oportunidad de valorar la importancia del circo cuando el pan escasea.  Cd. Caucel, Yucatán., Noviembre 5 de 2014.

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